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Itá ni male Osha pata y cabeza
Muchos Olorishas defienden dos puntos de vistas interesantes con relación al Odún del que coloquialmente se dice "ser hijo". Tales creencias difieren entre sí. Algunos sostienen que el odú combinado que "los pare" es aquel que viene en su ángel tutelar; otros que es el compuesto entre el primer odú de Eleggua con el primero del Osha Alagba Tori. Abordaré dicho tema con la única intención de exponer un punto de referencia, que claro está, pueda coincidir o no con el de algunos de mis lectores; sin embargo, aclaro que no es mi intención convencer ni perturbar la creencia personal de nadie. Para mi todas las opiniones al respecto son respetadas.
En Cuba el culto a los Orishas se desempeñó desde sus inicios en un contexto brutalmente hostil que propició diferentes formas de ver y de aplicación entre sus creyentes; de alguna manera así ha llegado a nosotros, con variados matices que adornan la práctica y la teoría. A excepción de procedimientos retorcidos o inapropiados que también, aunque no nos agrade, tienen su explicación. Pero en este escrito prefiero dejar a un lado esos procedimientos porque me alejarían de la esencia del tema. Las primeras prácticas consagratorias que predominaron hasta los primeros veinte años del siglo XX eran más sencillas de lo que hoy suponemos.
En esos entonces, se aplicaban tres modalidades de culto y de oficio. Todas ellas bajo una perspectiva algo informal en comparación con lo que más adelante se estructuró. Tales modalidades coloquialmente eran conocidas como Pata y Cabeza, Medio Asiento o Cabeza Lavada y Orisha Filial o Santo Parado.
Los integrantes de las variadas etnias, bajo circunstancias muy difíciles (la esclavitud colonial) seguían sus estilos entre los miembros de su propia costumbre territorial: Egbadó, Oyó, Ijesá, Osogbo, Igbo, Gangá y Ketú; esto por supuesto, amasó lógicos conflictos y enfrentamientos entre las partes involucradas, que hasta la actualidad seguimos arrastrando. No obstante, a todo ello (después de la abolición de la esclavitud) predominaron los Oyó y los Egbadó, que con el paso de los años se fueron fundiendo entre si, ya que unos han tomado de los otros. Lo cual me ha parecido muy nutritivo. Permítaseme analizar cada modalidad de aquellos entonces:
1. El estilo Pata y Cabeza
Consagraba a la persona con Eleggua o guerreros y su Osha Alagba Tori nada más. En esta modalidad la Ori de la persona sufría un proceso iniciático algo parecido al que hoy conocemos; sin lugar a dudas se imponía un Itá pero no como el que hoy conocemos que está más estructurado. Sólo “hablaba” Eleggua y el Osha Alagbatori. Aquel que estuviera ungido como sacerdote de esta vertiente sólo podía participar en consagraciones relacionadas con el Alagba Tori u Orisha Eledá que tenía asentado en su Ori. Es decir, si la persona estaba consagrada en Oshún sólo podía participar en ceremonias consagratorias de Oshún y así sucesivamente. Hoy en día, algunos más jóvenes se aventuran a negar la existencia de esta modalidad en las primarias prácticas africanistas de la isla, lo que demuestra un claro desconocimiento. 2. El estilo del Medio Asiento o Cabeza Lavada
Consagraba a la persona con Eleggua o guerreros y con cualquier otro orisha (esencialmente su ángel tutelar) sin que se le hiciera algún procedimiento litúrgico de asentamiento en la Orí y mucho menos la configuración de un Itá ni Osha. Por aquellos tiempos los guerreros o Ajagún en Osha se entregaban de un modo diferente a como en tiempos posteriores se adoptó. Esta modalidad
también fue conocida como Shashá Eleerí o Shashá Olorí. No obstante a ello, se le consideraba a la persona igualmente como sacerdote pero con funciones muy limitadas, si las comparamos con la modalidad más globalizada que hoy aplicamos. Igualmente, algunos contemplaban a estos individuos como Jekigboyé o Pre Iniciados. Este término se empezó a manejar en los inicios del siglo XX.
3. El estilo Orisha Filial o Santo Parado
Se comportaba de otro modo. Se le hacía culto y se le daba atención a una deidad que regía sólo para proteger o amparar al Cabildo, en donde sus integrantes eran únicamente pardos libertos. Mencionada deidad se vitalizaba sólo con esta función y no iba al Orí de nadie; una sola persona era la encargada de su atención preferencial y de todos los por menores relacionados con el objetivo esencial del Cabildo, que no era otro que el de brindar apoyo a sus coterráneos.
Los miembros del Cabildo adoraban a dicha deidad y participaban en festejos que se ofrecían en honor al mencionado orisha. El culto era colectivo enfocado únicamente a una sola espiritualidad. La representación de dicha deidad pasaba de persona a persona por mandato del orisha (era heredable) a través de trance espiritual; es decir, la deidad usaba a su "caballo" y exponía públicamente quién, posterior a su deceso, sería el sucesor de aquel que la atendía. Dicha responsabilidad se tomaba con ciertas prerrogativas sacerdotales pero principalmente enfocadas al cuidado y culto de la deidad en cuestión. También fungía como curandero y hacía uso de sortilegios mágicos enfocados a resolver problemáticas de algún miembro del Cabildo. Por otro lado, se encargaba de las recolectas financieras para comprar la libertad de un esclavo o para costear medicinas si fuera necesario porque
decir, a través de plantas, bichos y otros elementos vivientes de la naturaleza. Todo lo anterior es historia Adosú Osha.
Para quienes han seguido de cerca este proceso acomodaticio en la praxis orisha, se les ha hecho visible que sufrió gradualmente modificaciones o adaptaciones sostenidas por condiciones contextuales. Todas las religiones conocidas se han visto afectadas por la misma dinámica, siendo este el único modo que han tenido para subsistir al ritmo evolutivo de la conciencia colectiva de la raza humana. El culto a los Orishas no ha sido la excepción. Me permito emitir una sana aclaración, que en este ensayo no menciono, la vertiente de Ifá por obvias razones. El oráculo de Ifá se sostiene en otro esquema muy diferente al del dilogún Osha y por ende no me corresponde desarrollarlo; además que no cumpliría algún objetivo dentro del tema en cuestión. Orunmila Iború, Orunmila Iboyé, Orunmila Iboshishé. Siempre mis respetos.
El término consagrar ha sido confundido muchas veces en todo este proceso de variedades litúrgicas. En el génesis de la praxis orisha se identificaron cuatro esquemas esenciales; y para sus seguidores quien se entregase directamente en algunas de estas modalidades se le consideraba un iniciado con potestades para oficiar pero sólo dentro de su vertiente. Estos cuatro esquemas fueron:
1. Sacerdote del Orisha Filial.
2. Sacerdote de Medio Asiento o Cabeza Lavada. 3. Sacerdote Pata y Cabeza.
Si hacemos un alto en el término Olorisha observaremos que su significado etimológico nos dice lo siguiente: Dueño del Orisha. Como verán, en las cuatro modalidades anteriormente expuestas cada sacerdote era dueño de sus orishas sólo que con responsabilidades místicas distintas.
Los consagrados en la modalidad del Adosú Osha fueron contemplados sacerdotes con un amplio espectro de funciones dentro del oficio litúrgico. A todas luces fueron los oficiantes más completos dentro de la praxis orisha a partir de 1920 en lo adelante. Las otras modalidades tenían funciones sacerdotales limitadas si las comparamos con las de un Olorisha con Adosú. Como verán, en las cuatro modalidades anteriormente expuestas cada sacerdote era dueño de sus orishas sólo que con responsabilidades místicas distintas.
Los consagrados en la modalidad del Adosú Osha fueron contemplados sacerdotes con un amplio espectro de funciones dentro del oficio litúrgico. A todas luces fueron los oficiantes más completos dentro de la praxis orisha a partir de 1920 en lo adelante. Las otras modalidades tenían funciones sacerdotales limitadas si las comparamos con las de un Olorisha con Adosú. Surgiendo la modalidad del Adosú Osha en los primeros veinte años del siglo XX en la ciudad de la Habana, más conocido como pacto con los linajes básicos: Obátala, Oshún, Yemaya y Shango, los estilos consagratorios anteriormente mencionados comenzaron a declinar (nunca desaparecieron) ya que el Adosú se impuso en la medida que iba tomando fuerza entre los creyentes. Fue en este momento donde se dieron las primeras migraciones de practicantes de territorios de otras provincias como Matanzas, Sagua La Grande y Cienfuegos orientados a la capital de la isla con el único fin de ser confirmados muchos de ellos y otros para consagrarse bajo la normatividad del Adosú Osha.
Teniendo claro todo este proceso de transformaciones, pasemos pues a la significación del signo pata y cabeza. Algunos confunden el signo que "los pare". Se cree que dicho signo ofrecido por el Osha Alagba Tori es el primordial; creencia confusa porque en dicho signo manifiesto en estera se involucra la mano del Iyawó y del Obá. Aunque no por esta razón deja de ser un odú combinado importante en el desempeño posterior del iniciado pero no es el que "lo pare". El odú compuesto que da inicio a la nueva vida del iniciado y en el que está recogido todos los indicadores de la predestinación es el primer odú simple que sale en Eleggua conjugado o casado con el primer odú simple que sale en el Osha Alagba Tori, ya que ambos son tirados intori lowo oré Iyawó sobre la estera. A través de este procedimiento, el astral del Iyawó está involucrado indisolublemente con dicho signo de nacimiento. Es por ello, sea el odú compuesto que factiblemente pueda contemplarse como el que "pare al Olorisha".
Si nos remontamos unos segundos a la modalidad de los inicios, en las consagraciones Pata y Cabeza acontecía el mismo procedimiento, sólo que no se manejaban odú compuestos sino odú simples. Es decir, el primer odú simple que se desparramaba sobre estera a través de lowo oré Iyawó en la conversación de Eleggua, se conjugaba con el primer odú simple que de la misma manera surgía a través del dilogún del Osha Alagba Tori o ángel tutelar. Con la combinación de ambos odú (Eleggua y Osha Alagba Tori) el Oriaté analizaba las predisposiciones que tendría que sortear el iniciado durante toda su vida y se las transmitía verbalmente bajo su propio conocimiento e interpretación; ya que a través del astral del Iyawó con sostenimiento de sus dos manos, Orí indicaba los consejos que seguiría el iniciado. Es por ello, en aquellos tiempos no era necesario el uso de la Libreta de Santo porque lo que se decía cabía perfectamente en una hoja. A partir de esta conjunción es cuando (primeros veinte años del siglo XX) comienza a tirarse el dilogún dos veces sobre estera, motivado por la modalidad del Adosú Osha que ya se imponía. Es en este contexto donde aparece La
Libreta de Santo; en dicho estilo había que escribir más porque eran más los orishas que hablaban a través del dilogún.
Con el paso de los años, las nuevas generaciones, comenzaron a ver en la narrativa brindada por Obátala, a través de su dilogún, una referencia primordial para quien se iniciaba. Porque al ser la deidad más relacionada con la creación de la humanidad junto a Odúduwa se contempló "su palabra" como una conversación extraordinaria para cualquier consagrado. Enfoque que comparto sin ningún conflicto. Como hemos apreciado, la regla Osha ha tenido temporadas de ajustes tanto en la praxis como en su perspectiva conceptual ante el manejo del dilogún. Esto no debería asombrarnos. Cuando la dinámica oracular de Osha comenzó a cobrar forma y maduración en sus bases a través del Adosú, surgen las siguientes visiones: Un sacerdote debe regirse para entender su desarrollo terrenal en el siguiente esquema:
1. El odú compuesto Pata y Cabeza es el destino irrefutable pero sin lugar a dudas susceptible a cambios favorables. El odú combinado Pata y Cabeza es el resumen de nuestro Ayanmó o destino. Dicho signo se compone del primero de Eleggua casado con el primero del Alagba Tori.
2. El odú compuesto ofrecido por Obátala debe tomarse como un consejo de suma importancia porque para nosotros los Olorishas, Obátala es el Embajador Supremo de Olodumare. Algunos antiguos aseveraban: "Obátala es como Olodumare, sin Él nada es posible en nuestra religión".
3. El odú compuesto ofrecido por Eleggua es el indicativo invariable de las pruebas y tentaciones que todo consagrado deberá superar para contribuir con Ori Inú en el cumplimiento de su predestinación o atunwá en el plano terrenal. Es
Eshú quien nos prueba para observar nuestra tenacidad en sortear las caídas de la vida. Eleggua, guía los pasos del consagrado por el sendero de su predestinación sosteniéndose en tentaciones que emite constantemente. Eshú Eleggua es por excelencia el Maestro del Olorisha. Lo que es lo mismo, dicho odú compuesto marca el camino que transitará el consagrado. 4. El odú combinado ofrecido por el Orisha Eleggua u Osha Alagba Tori marcará innumerables vivencias que el consagrado experimentará durante su recorrido terrenal. Pero más que eso marca la psicología o mentalidad del sacerdote frente a las pruebas que el mismo Eshú le irá emitiendo durante toda su vida. Es decir, dicho odú combinado marcará el comportamiento terrenal del Olorisha, ya que dicho signo proviene de su Ori en pacto estrecho con el Alagba Tori, el cual sugiere cómo debe ser su comportamiento y cuáles los ebbó a realizar para salir airoso de las problemáticas que vivirá. Siendo su ángel tutelar, es de suponer que conozca a la perfección las debilidades, flaquezas y necesidades de su protegido, lo que es lo mismo, está interrelacionado con la mentalidad o psicología del sacerdote; pero además conoce todo lo vinculado con su predestinación aunque su objetivo únicamente no es informárselo. Sino también contribuir para que se cumpla lo mejor posible con lo codificado en el odú de nacimiento Pata y Cabeza que se manifiesta al final del Itá Imalé Osha, además, de lo codificado en el odú combinado que nació en Eleggua ya que estampa el tránsito del Olorisha por este mundo.
Pocos Oriatés prestan atención sobre este signo que al final de cuentas es el que cierra el Itá con la conclusión de la narrativa del Osha Alagba Tori. La función del Orisha Eledá u Osha Alagba Tori es la de sostener al sacerdote en sus peores momentos, de darle fuerza, inspirarle buenas decisiones, colmarlo de salud y hacerlo entender que maneja una
mentalidad que muchas veces tendrá que esforzarse para moldearla para que su tránsito terreno le sea el apropiado y propicie así mismo experiencias edificantes; es decir, para que Ori regrese "a la patria del alma" con un grado mayor de evolución, lo que sería lo mismo: con la misión cumplida. Los signos ofrecidos por las demás deidades son Adelé. Es decir, apoyaturas, con la única función de sostener lo narrado en los anteriores odú.
Es por ello, que todo Oriaté debería hacer poco hincapié en estos signos, solamente narrando y sugiriendo lo necesario. De ahí, que en muchos casos escuchamos de boca de este: "Oshún viene repitiendo lo mismo que dijo Obátala o Eleggua, ella lo recuerda para que no se olvide". Estos odú compuestos (los Adelé) sólo son testigos de lo que narró el odú combinado "que parió" al sacerdote; son breves reseñas de todo el volumen de la predestinación que irá conociendo el Olorisha en su recorrido terreno, manifestado en códigos a través el odú Pata y Cabeza. De ahí, que pasan los años y siempre algo nuevo descubrimos de nuestro odú esencial. El odú Pata y Cabeza está interrelacionado con el odú compuesto que ofreció Eleggua y el Osha Alagba Tori; por eso ni uno ni el otro debe divorciarse para su conocimiento y aplicación. Recuérdese que en los inicios no existía el Adosú Osha, por ende estas narrativas no se conocían porque no había orisha que las emitiera.
Estoy seguro que cuando lean este escrito, pensarán: "entonces ¿la conversación de mi madre o de mi padre en Osha no tiene mayor importancia?".Y les respondería que si la tiene, del mismo modo que la tienen las demás narrativas a través de las deidades incluidas en el Adosú Osha. Debe dársele una connotación especial, claro está, porque viene siendo como su segundo ángel tutelar. Aunque este concepto fue asumido muchos años después dentro de la creencia popular, ya que en los inicios cuando se consagraba Pata y Cabeza sólo se conocía al que iba asentarse en la Orí del neófito. La "madre o el padre" alternos
al Alagba Tori fue una perspectiva que cobró poco a poco intención mucho después.
Conclusión:
Los odú compuestos de connotación son: 1. Odú combinado de Eleggua.
2. Odú combinado de Obátala.
3. Odú combinado de Osha Alagba Tori. 4. Odú combinado Pata y Cabeza.
Los demás odú combinados son testigos y sostienen las referencias emitidas a través de los anteriores ejemplos. Mi más sana sugerencia, para todo sacerdote que esté integrado en La Praxis Orisha, sería la de direccionar su atención mayoritariamente hacia el odú compuesto Pata y Cabeza porque surgió intori lowo oré Iyawó. Sin descuidar o menos preciar, por supuesto, lo que Eleggua y su Alagba Tori le hayan transmitido. Lo que es lo mismo, dicho signo Pata y Cabeza viene siendo algo así como: principio y fin, Erufin Erudá, Alfa y Omega.
Pinaldo (recibir Obbe)
Cuando se recibe el Pinaldo es igual que el día de Yoko Osha, lo único que varía es que no se hace nada a la persona que lo recibe, sino que se realiza con los Oshas. La ceremonia que se debe hacer la noche antes a la persona que lo va a recibir es rogarle la cabeza.
Debo aclarar que cuando se va a recibir Pinaldo, sólo comen los Oshas que fueron a su cabeza el día de Yoko Osha y Oggun; si no le han dado cuatro patas antes de este momento, Oggun debe hablar. Si el que va a recibir no tiene caracol de Oggun, tiene que recibirlo para que Oggun pueda hablar. En el Pinaldo, nada se tiene que preparar para el muerto; diferente de como si se fuera a hacer un Osha. Todos los Oshas del que lo recibe se ponen en el suelo en el orden correspondiente, sin agua y estando el caracol dentro de la sopera. También se pone el Eleggua del padrino y al ángel de la guarda del padrino, que tiene que comer ese día, porque el día de Itá hablaran a su hijo. En el cuarto de los Oshas se coloca la estera con las 21 hierbas de Ozain; si la persona que va a recibir Pinaldo tiene hecho Obátala, se ponen siete palanganas para Ozain en este orden: Eleggua, Oggun, Oya, Oshún, Yemaya, Shango y Obátala. Ya terminado el Ozain, se empieza el lavatorio del cuchillo. Antes de empezar, se le echa a los Oshas un poco de omiero de la palangana correspondiente, si la persona tiene caracol de Oggun, no hay que lavarlo de nuevo, pero si no lo tiene, este es el momento en que se lava. El lavatorio del Pinaldo es igual al de un Osha que nace. Se hace con dos cuchillos, dos fuentes, que se mandan a hacer especialmente para esa ocasión, jabón prieto y jabón blanco. Si la