Chapter 5 Case Application
5.5. Case application with assessing team
predominantemente militar”. Para Flaskamp “...era necesario estar muy identificado con los esquemas lógicos de la conducción montonera para no encon- trar equívoca la idea de una ofensiva armada como forma de retirada” 11. Pero a contrapelo de otras
interpretaciones, las causas de esta actitud radican en que los presupuestos estratégicos falsos –la guerra popular y prolongada_ de los años sesenta, en los que se fundamentaba la estrategia de la organización, cobraban ahora una nueva validez. La lucha armada revolucionaria hasta la toma del poder había dado origen a las organizaciones: “...en esa medida era ella [la conducción nacional], y no sus críticos, quién podía reivindicar consecuencia con el proyecto origi- nario.”12
El más castigado de los frentes políticos por las decisiones tomadas fue el territorial, o sea, la Juventud Peronista. Su estructura fue disuelta y los militantes barriales pasaron a integrar la periferia de las acciones armadas de los combatientes. En la segunda mitad de 1975, como consecuencia de la decisión de retirada, cada militante fue encuadrado como miliciano.13
Muchos fueron integrados en los aparatos de logística de la organización. El proceso de clandestinización, pero aún más el de militarización de la militancia, que- bró los lazos que aún quedaban entre Montoneros y el pueblo. En Flaskamp, estos sucesos provocaron que cada vez estuviera más seguro de “...que existía una opción por el militarismo y no una mera combinación inadecuada de los distintos métodos.”14
La disidencia siempre es un proceso doloroso. Aunque en primera instancia se encuentran las convic- ciones que obligan al militante a otra búsqueda, los sacri- ficios realizados y los afectos mutuos se encuentran pre- sentes para complicar la situación. A ello se agrega que en la etapa predominara el llamado “centralismo demo- crático sobre la democracia”, derivado de la adopción de la forma partido leninista. Para Flaskamp “...algunos gru- pos aceptan esta hegemonía del centralismo sobre la democracia como una necesidad impuesta de la lucha revolucionaria”. Pero, dadas estas condiciones, el disi- dente siente que “los niveles superiores se le presentan como una unidad sin fisuras”. Cuando los militantes no encuentran llegada con sus críticas, la vanguardia –que lo es en su interacción con el pueblo– “se entera vaga- mente del estado de ánimo popular.” Privada de su cable a tierra, la vanguardia conduce fatalmente al vanguar- dismo15, a la “patrulla perdida” de Rodolfo Walsh.
Luego de una serie de cuestionamientos al militarismo de la organización, la Conducción Regional, de la que Carlos dependía, decidió separarlo de la orga- nización. En la discusión del ámbito respectivo, Monra16, representante de la regional, argumentó:
“...que lo que yo cuestionaba como una orientación militarista no era un rumbo elegido por la organización, sino un desarrollo objetivo, al que no teníamos otra alternativa que adaptarnos. No era la conducción mon-
tonera la que buscaba la guerra; era la guerra, impues- ta por el enemigo, la que imponía sus leyes. Era la tesis que desde hacía tiempo venía sosteniendo la conduc- ción, pero a esa altura yo estaba convencido de que nuestra propia línea había contribuido a determinar ese curso de desarrollo y seguía estimulándolo.”17
A pesar de su separación, Carlos fue detenido por el ejército en 1976 y torturado en los campos de concentración. Tiempo después fue oficialmente reco- nocido como detenido a “disposición del Poder Ejecutivo”. Leído como una atrapante historia de vida, a la vez que como una de las más lúcidas críticas de la experiencia montonera, el libro no elude prácticamen- te ningún tema. Mucho menos se avergüenza de la crí- tica fácil de los apologistas que, con el argumento de que “no hay que dar armas al enemigo”, esconden bajo la alfombra aquello que debería formar parte de un debate historiográfico y político, aún cuando a muchos les avergüence hacerlo. Cuando el pasado queda con- gelado en su evocación nostálgica no lega nada a las preguntas del presente.
ERNESTOSALAS
Historiador - UBA 1 - Se han denominado así a una serie de cartas y documentos que Rodolfo Walsh dirigió a sus amigos ante las muertes de su hija Vicki y del poeta Paco Urondo, así como algunos escritos a la conducción nacional de Montoneros con críticas y pro- puestas ante la militarización de la organización y el avance del plan de exterminio de los militares. Recién a principios de los 80 comenzaron a circular, publicados por los grupos que rompieron con Montoneros en el exilio en 1979 y 1980. 2 - Walsh planteaba que era un error creer que la identidad popular peronista se radi- calizaría para apoyar el proyecto del peronismo montonero. A la inversa, opinaba que había que acompañar la retirada del pueblo hacia posiciones menos expuestas. 3 - La influencia del movimiento zapatista, con su irrupción desde 1994, y su recu- peración del concepto de sociedad civil opuesto al de sociedad política fue deter- minante en esta reflexión.
4 - El diario Clarín recién cambió el eufemismo “Proceso de Reorganización Nacional” por dictadura luego del vigésimo aniversario del golpe militar, en 1996. 5 - Organizaciones político-mmilitares. Testimonio de la lucha armada en la Argentina, Carlos Flaskamp, Buenos Aires, Nuevos Tiempos, 2002, 229, pág. 77
6 - Op. cit., pág. 82 7 - Op. cit., pág. 93 8 - Op. cit., pág. 96 9 - Op. cit., pág. 170
10 - Op. cit., pág. 170-171. Además de lo que implicaba como opción, la campaña militar consumía inmensas energías de la organización en tiempo ocupado por los combatientes en la planificación y ejecución de las tareas, que en Montoneros, según el autor, era metódica para evitar en lo posible la influencia del azar. 11 - Op. cit., pág. 170; el subrayado me pertenece, ES.
12 - Op. cit., pág. 172; destacado en el original.
13 - Nuevo concepto militar que incorporaba a los militantes políticos a pequeñas acciones de corte de calles, incendios y, en general, como periferia de las acciones armadas desarrolladas por los combatientes.
14 - Op. cit., pág. 180 15 - Op. cit., pág. 183
16 - Marcelo Kulrat , representante en la reunión de la Conducción Regional. 17 - Op. cit., pág. 188
L
a historia de la Organización Comunista Poder Obrero (más conocida como Poder Obrero) es brevísima: abarca menos de un lustro. No obstante, entre 1974, cuando se constituye nacionalmente, y 1976, año del golpe militar, Poder Obrero logró un desarrollo teóri- co, político y organizativo que lo llevó a participar de las experiencias más importantes del movimiento obrero y popular argentino de la década del 70, tales como las luchas obreras de Córdoba, Villa Constitución y, el punto culminante, las Coordi-nado- ras de gremios en lucha de 1975, que fueron los orga- nismos político-sindicales más avanzados de la histo- ria del proletariado argentino.Poder Obrero fue la síntesis de una de las tres grandes vertientes revolucionarias de la Argentina: la de origen peronista, que culminó en Peronismo de Base-FAP y Montoneros-FAR, la marxista, que tuvo su mayor desarrollo en el PRT, y la socialista revolucio- naria, con FAL y OCPO como principales expresiones. En esos breves años, se incorporaron a OCPO, aportando su experiencia militar y política, algunas de las tendencias emergentes de la crisis de FAL y nume- rosos grupos independientes nacidos a fines de los 60. En 1975 la organización dio un salto cualitativo, cuan- do cumplió un papel decisivo en las Coordinadoras a través de sus cuadros obreros y formuló una propues-
ta de
avanzada frente a
la crisis abierta por la ban-
carrota de Isabel Perón y el avance de
la derecha, lo que la ubicó como tercera fuerza, a menudo en un papel mediador, junto Montoneros y PRT.
Pese a que, por origen, Poder Obrero estaba ideológicamente más próximo al PRT, la política de masas lo acerca a Montoneros, sobre todo a partir del surgimiento de las Coordinadoras, donde OCPO y Montoneros, en ese orden, adquieren una influencia determinante.
La historia de OCPO puede sintetizarse en las siguientes etapas:
El período de gestación previa en varios grupos afincados en Córdoba, Tucumán, Rosario, Buenos y La Plata, cuando el debate teórico-político está fuerte- mente impregnado por la recuperación de la teoría marxista clásica. Aunque este debate implica, a la vez, un fuerte cuestionamiento al stalinismo y, poco des- pués, a algunas tesis centrales de León Trotsky. En esta etapa la inserción es predominantemente estu- diantil y en la comunidad intelectual, como la de casi todos los nuevos grupos de izquierda.