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Chapter 5 Case Application

5.6. Remarks and lessons learned

En un encuentro realizado en Córdoba en 1974, una decena de agrupaciones pertenecientes a la izquierda socialista revolucionaria acordaron formar la Organización Revolucionaria Poder Obrero (ORPO), que integraron el grupo El Obrero, cuyo núcleo cen- tral era de Córdoba, Poder Obrero, de Santa Fe, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), de Buenos Aires, Acción Comunista y otros. Orientación Socialista, que venía participando de los debates pre- vios, se apartó por sus desacuerdos en torno al papel

de la lucha armada en la etapa y, fundamentalmente, por la caracterización del peronismo y el balance en torno a las posiciones adoptadas por la izquierda socialista en 1973.

El núcleo programático de ese acuerdo funda- cional se apoyaba en los siguientes puntos:

Que la creación de una nueva organización revolucionaria que unifique los destacamentos de la izquierda socialista surge _luego de un proceso de intensos debates con las organizaciones ya existen- tes_ de la convicción de que la acumulación teórica y política de la Izquierda Revolucionaria Socialista llevó a la ruptura con las concepciones de la izquierda tra- dicional y aún con las de las corrientes surgidas en los sesenta, lo que plantea la necesidad de constituirse como una nueva alternativa revolucionaria. (La deci- sión de autodenominarse “organización” y no ”parti- do” obedece a una concepción de la construcción del partido revolucionario, al que se considera resultado de un proceso, paralelo al advenimiento de una situa- ción revolucionaria, en el que los distintos destaca- mentos de origen marxista y peronista arriban pro- gresivamente a términos de unidad políticos y organi- zativos.).

Que el carácter de la revolución en la Argentina es predominantemente socialista, ya que se trata de un país políticamente independiente _no obs- tante su dependencia económica del imperialismo_ con una formación económico-social capitalista y una composición del proletariado predominantemente urbana e industrial. (Esta caracterización rompía con las concepciones del stalinismo y el trotskismo, ya que la primera, crudamente expresada aquí por el Partido Comunista primero y luego por el Partido Comunista Revolucionario, postulaba una revolución democrática y antiimperialista, en tanto que el segundo definía a la Argentina como un país semicolonial, aunque plante- aba la revolución socialista basándose en la célebre tesis del propio Trotsky sobre la Revolución Permanente).

Que la Argentina atraviesa una situación prerrevolucionaria, es decir que las fuerzas del prole- tariado, su organización y su conciencia no han madu- rado lo suficiente, aunque están en gestación las con- diciones revolucionarias. (En este punto, se considera imprescindible el nacimiento de formas de doble poder para la apertura de la situación revolucionaria). Que, en un marco de acelerada derechiza- ción de la gran burguesía, la lucha por la democracia y el socialismo exige una tal acumulación de fuerzas sociales y políticas que sólo es posible a través de la creación de un vastísimo Frente Democrático, cuyo núcleo es el proletariado industrial, que ayude a resol- ver la crisis a favor del campo popular.

Que el clasismo es la expresión natural de la lucha reivindicativa del proletariado, ya que marca su independencia del Estado, la patronal y las burocra-

cias, pero que no constituye en sí mismo una política de masas ya que la clase obrera construye su lideraz- go político sobre las otras clases y sectores en el Frente de Masas, en cuyo seno libra la lucha por la democracia política. Concebir al clasismo como la política revolucionaria reduce a ésta al marco de la lucha sindical y aísla a la clase obrera de las otras cla- ses y sectores que son sus aliados, transitorios o dura- deros, en la lucha por profundizar la democracia y abrirle paso a una situación revolucionaria. (Esta con- cepción expresa otra de las diferencias con las corrientes de la época, incluso con otros grupos de la izquierda socialista, ya que considera al proletariado peronista y a las organizaciones revolucionarias que lo expresan como parte fundamental del frente de masas y de la dirección del proceso revolucionario. De ahí que la forma política del poder revolucionario se enuncie como Gobierno Obrero y Popular.).

Que la construcción de las vanguardias polí- ticas se da en el proceso mismo de construcción del Frente de Masas, distinguiendo entre dirección revo- lucionaria _que es colectiva, compartida por los dis- tintos destacamentos prerrevolucionarios y no nece- sariamente comunista_ del partido de la revolución, al que se prevé posterior a la toma del poder y como consecuencia de ella. En esa orientación, la apertura de un proceso que contemple niveles crecientes de unificación de las organizaciones revolucionarias se considera como una tarea decisiva.

Que, frente a la situación política existente, es necesario extremar los esfuerzos por incorporar a todos los sectores democráticos, cualquiera sean sus niveles de compromiso y consecuencia, para extender y generalizar la lucha por una democracia avanzada y necesariamente inestable, ya que el afianzamiento de cualquier gobierno de la burguesía conducirá inevita- blemente a una contrarrevolución preventiva y a la desarticulación del movimiento de masas mediante una represión aún más violenta que la de este momento.

Que, en este contexto, la política de alianzas ha de ser sumamente flexible y dinámica, respondiendo a los distintos momentos del proceso político, y que la hegemonía proletaria en el Frente Democrático no se garantiza de ningún modo con un programa previo sino que la cuestión se define en cada momento concreto de la lucha. (También aquí OCPO rompe con la tesis de los frentes populares, que teorizó Dimitrov, y que Stalin impulsó en China y Europa, a la vez que con la pro- puesta de Trotsky, que, a propósito de la insurrección alemana y, más tarde, de la Guerra Civil Española, redu- ce la lucha antifascista al Frente Único, es decir a la uni- dad de los partidos obreros. En realidad, para Poder Obrero el Frente Democrático expresa los niveles de alianza para la lucha democrática, en tanto que el Frente Único es la unidad de los revolucionarios, y ambos son parte de la construcción del Frente de Masas).

Que la lucha por la democracia y el socialis- mo tiene un carácter ineludiblemente violento, lo que plantea la necesidad de construir un ejército proleta- rio basado en las milicias obreras y populares. Aunque la acción militar independiente de las organizaciones revolucionarias se considera necesaria, ella forma parte de las tareas preparatorias para el armamento general del proletariado una vez abierta la situación revolucionaria. En ese proceso, se propone la genera- lización de los piquetes obreros armados como una tarea fundamental de la coyuntura.

Que el carácter del enfrentamiento armado entre el proletariado y sus aliados, por una parte, y la gran burguesía y el imperialismo, por la otra, exige una estrategia de Guerra Civil Revolucionaria. (Esta tesis, fuertemente inspirada en las insurrecciones europeas, marca una diferencia fundamental con las otras dos propuestas vigentes en la época: la del PRT, de guerra popular prolongada, inspirada en China y Vietnam y que supone un papel fundamental del cam- pesinado, y el insurreccionalismo del PCR y otros gru- pos –recuérdese la consigna “Ni golpe ni elección, insurrección”–, que las organizaciones guerrilleras llamaban “pacifistas”, porque postulaban un levanta- miento generalizado del proletariado sin proponerse ninguna acumulación militar para garantizar que se pueda tomar y defender el poder).

Un año más tarde, en 1975, en un nuevo encuentro en Buenos Aires, se incorporan FAL, de Rosario y Santa Fe, y Lucha Socialista, de La Plata, cuyo principal dirigente era Luis Rubio. Poco antes ya se habían integrado grupos más pequeños de Mendoza y San Juan, dirigentes estudiantiles de Filosofìa/70, de Buenos Aires, y ARDES, una agrupa- ción fundamentalmente estudiantil de Tucumán, aun- que su principal dirigente, Héctor Marteau, tenía una proyección popular importante en esa ciudad.

Luego de un corto debate sobre la necesidad de asumir la identidad comunista, pese a décadas de des- prestigio, el nombre mudó a Organización Comunista Poder Obrero (OCPO).

El núcleo central de ORPO, primero, y luego de OCPO, fue El Obrero, que nació hacia fines de los sesenta por iniciativa de un grupo de militantes cor- dobeses, entre ellos, varios que habían participado de la etapa final del Movimiento de Liberación Nacional, conocido como “Malena”. De esa breve experiencia había quedado la apertura hacia el peronismo, la valo- ración de las condiciones nacionales en la elaboración de una estrategia revolucionaria y la concepción, por entonces novedosa, de que el partido de la revolución no surge de la autodefinición de un grupo de intelec- tuales sino de un proceso masas en el que convergen los distintos agrupamientos de la vanguardia.

Hasta el Cordobazo, El Obrero era un grupo pequeño formado por estudiantes y unos pocos cua- dros obreros. Entre los fundadores, Carlos Fessia,

Jorge Camilión, Juan Iturburu, Rodolfo Espeche y Dardo Castro. Su potencialidad radicaba, en todo caso, en una poderosa capacidad de elaboración polí- tica, en la formación intelectual y política de sus cua- dros y en su aguda sensibilidad frente al proceso de masas. Sin referencias en la historia de la izquierda argentina, no provenía de ninguna de las grandes escisiones del Partido Comunista, ni del peronismo, ni de las vertientes trotskistas que estuvieron en el ori- gen de organizaciones tan distantes entre sí como el PRT, PO o el PST.

En realidad, El Obrero, como el resto de los grupos que formaron OCPO, era hijo del fervor inte- lectual y político de los años 60, alimentado por la resonancia mundial de las luchas de liberación nacio- nal en el Tercer Mundo, la Revolución Cubana y las insurrecciones obrero-estudiantiles en varios países, que en la Argentina convergían con los cambios eco- nómicos y sociales introducidos a fines de los ´50. Así fue como los actores fundamentales del Otoño Caliente italiano y del Mayo francés fueron los mismos que aquí protagonizaron la gran huelga estudiantil de Córdoba en 1966, el Cordobazo en 1969 y el Viborazo en 1971: el obrero fordista y el estudiante masa.

Esta impronta marcó desde el inicio la identi- dad de El Obrero y de los grupos que formaron OCPO. Varios de ellos, aún sin conocerse, venían de procesos y elaboración teórica y política asombrosamente simi- lares, como fue el caso de El Obrero y Lucha Socialista. En ambos grupos, por ejemplo, se interpre- taba que las insurrecciones urbanas de fines de los ´60 cuestionaban profundamente las estrategias revolucionarias obrero-campesinas heredadas de las revoluciones soviética, china y vietnamita. Por eso es que, para El Obrero, el Cordobazo fue el hecho decisi- vo que le permitió pensar una nueva teoría política que estará en la base de su desarrollo posterior.