2.5 Development of the Research Questions
NIHSS score
4.3.4 Case Studies
LÍTICO
Las personas comprometidas en un discurso argumentativo se caracterizan por estar orientadas hacia la resolución de una diferencia de opinión y mantener ciertos estándares críticos de razonabilidad, además de esperar que las otras partes también los cumplan. Esto puede considerarse un compromiso con las normas para alcanzar este objetivo. Al mismo tiempo, sin embargo, estas personas están también, y quizás incluso principalmen- te, interesadas en resolver las diferencias de opinión con eficacia en favor de su causa, es decir, de acuerdo a su propio punto de vista o a la posición de aquellos a quienes representan. Al examinar casos reales de discursos argumentativos, la conceptualización de la argumentación como un acto de habla complejo, comunicativo e interactivo, tendiente a resolver una dife- rencia de opinión ante un juez razonable mediante el despliegue de una constelación de razones que el argumentador pueda brindar para justificar la aceptabilidad de un punto de vista en cuestión, necesita, por lo tanto, complementarse no sólo con la presunción de la razonabilidad involucrada en la argumentación, sino también con la búsqueda de la eficacia. Cabe se- ñalar que «eficacia» o «efectividad» no es sinónimo de «persuasión», por- que el objetivo de la eficacia no se limita (como es el caso de la persuasión) a partes del discurso argumentativo (argumentos) que puedan reconstruir- se como pertenecientes a la etapa de la argumentación, sino que se aplica también a aquellas partes del discurso que pertenecen a la etapa de la con- frontación, la etapa de apertura o la etapa de la conclusión, a la cual no pertenece, naturalmente, el término «persuasión».33
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33 Uno puede hablar de «argumentos convincentes» en defensa de puntos de vista
En todas las fases o etapas del discurso argumentativo, los objetivos de mantener la razonabilidad y lograr la eficacia van de la mano en cada mo- vimiento que se realiza. La búsqueda simultánea de estos dos objetivos ca- racteriza el comportamiento real del discurso argumentativo. Con el fin de hacer justicia a la «encrucijada argumentativa» de tener que combinar efi- cacia y razonabilidad, Peter Houtlosser y yo introdujimos el concepto de «maniobras estratégicas» (Van Eemeren y Houtlosser, 1997).34 La manio-
bra estratégica se relaciona con los continuos esfuerzos realizados, en todos los movimientos que se llevan a cabo en el discurso argumentativo, para mantener el equilibrio entre la razonabilidad y la eficacia.35 En principio,
las personas comprometidas en un discurso argumentativo siempre tienen que conciliar sus intentos por mantener la razonabilidad y su búsqueda de la eficacia, ya que siempre deben maniobrar estratégicamente esta encruci- jada argumentativa. Sus maniobras estratégicas no se manifiestan sólo en el acto de habla complejo de la argumentación, sino también en todos los
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hablar de «argumentos convincentes» en defensa de puntos de vista descriptivos es impar, al igual que hablar de «puntos de vista persuasivos», «dudas persuasivas», «puntos de par- tida persuasivos», «conclusiones convincentes», etc. El término «verosimilitud» también se aplica sólo a las partes del discurso que puedan reconstruirse como argumentos en la etapa de la argumentación. Por lo tanto, la ecuación «razonable más efectivo es igual a conven- cer» no puede utilizarse como una caracterización general.
34 Krabbe (2002ª: p. 35, nota 13) piensa que es necesario distinguir entre el objetivo de
una actividad y los objetivos de sus participantes una vez comprometidos en esa actividad: «Podría decirse que el objetivo principal de los discursos, como prácticas, es [...] resolver los conflictos, mientras que el objetivo retórico es persuadir a la audiencia». Para ciertos propósitos puede ser útil distinguir entre estos dos objetivos y de esta manera estudiar el discurso argumentativo en tipos específicos de actividad comunicativa, pero para el propó- sito de iluminar la maniobra estratégica que tiene lugar en cada fragmento del discurso ar- gumentativo me resulta más esclarecedor suponer que el argumentador siempre tiene que combinar ambos objetivos y perseguir, al mismo tiempo, los objetivos de ser razonable y eficaz.
35 Cabe destacar que la búsqueda de eficacia en la racionalidad no está necesariamente
dirigida a lograr la eficacia de los individuos que llevan a cabo las maniobras estratégicas, pero puede muy bien estar destinada a lograr la eficacia en beneficio de otras personas a las que representan. Como señala Jacobs (2002: p. 124): «en el nivel del funcionamiento insti- tucional [...] los argumentos pueden cumplir con los intereses públicos».
otros actos de habla realizados en el discurso argumentativo que son perti- nentes a la hora de resolver una diferencia de opinión. Finalmente, los ac- tos de habla realizados en el discurso argumentativo están destinados a lo- grar el efecto perlocutivo de la aceptación del o los puntos de vista en cuestión, de una manera razonable, que sea acorde a un procedimiento adecuado, y correctamente ejecutado, para resolver las diferencias de opi- nión.36
¿Por qué hemos elegido, Houtlosser y yo, el término maniobras para re- ferirnos a los esfuerzos por hacer frente a esta encrucijada argumentativa? ¿Y por qué hablamos de maniobras estratégicas? «Maniobra» viene del verbo «maniobrar» que, como primera acepción, señala que maniobrar es realizar maniobras. El sustantivo «maniobra» puede referirse a un movi- miento planeado (en particular en las fuerzas armadas) o a un movimiento para ganar o hacer algo. Cuando los barcos están «maniobrando por posi- ciones», están moviéndose para llegar a posiciones ventajosas. Este moverse, destinado a dejarnos alcanzar la mejor posición posible en una situación dada, es exactamente lo que queríamos que significase nuestro término «maniobras». En este caso, por supuesto, en referencia a avanzar hacia la mejor posición en vista de las circunstancias argumentativas. Hemos aña- dido el término «estratégica» a la noción de maniobras puesto que el obje- tivo buscado en las maniobras que tienen lugar en un nivel operativo debe alcanzarse mediante una planificación inteligente y hábil que haga óptima justicia tanto a la razonabilidad como a la eficacia.37 En nuestra terminolo-
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36 Esta visión de la maniobra estratégica se basa, en primer lugar, en Van Eemeren y
Houtlosser (2002a).
37 «Maniobra» viene del francés «main» [mano] y «oeuvre» [obra] y originalmente se
refería al trabajo manual (en latín medieval, operari manu). Más tarde su significado cambió en «hacer un movimiento para lograr la mejor posición posible». «Estratégico» deriva en todas las lenguas modernas directamente del adjetivo griego stratêgikos, que está conectado con el sustantivo stratêgos, formado por los elementos «estrategia-» = ejército y «-êgos» = principal. El significado principal de stratêgos es el de comandante o general; stratêgikos significa pertenecer a las prerrogativas del comandante, que incluyen el diseño de planes para el ataque y la defensa. Sólo en griego posterior (siglo I d.C.) el sustantivo stratêgia ad- quirió el significado de «estrategia». Agradezco al clasicista Albert Rijksbaron (Universidad de Ámsterdam) por haberme explicado el trasfondo etimológico de estas palabras.
gía, las maniobras estratégicas en el discurso argumentativo se refieren a los esfuerzos que se realizan en el discurso para moverse entre la eficacia y la razonabilidad de tal manera que el equilibrio (equilibrium) entre las dos se mantenga.38
En la realización de un discurso argumentativo, se necesita de las ma- niobras estratégicas en todo momento, porque la encrucijada argumentati- va de tener que combinar eficacia y razonabilidad conduce a una tensión potencial entre la consecución simultánea de las dos metas necesarias para mantener el equilibrio que, precisamente, deben conservarse mediante las maniobras estratégicas. Las condiciones que deben cumplirse a fin de ga- rantizar la eficacia no están siempre necesariamente de acuerdo con las condiciones que deben cumplirse para garantizar la razonabilidad. Más a menudo de lo que se piensa, el discurso argumentativo puede considerarse razonable desde una perspectiva crítica y también ser eficaz desde una perspectiva empírica,39 aunque por supuesto también existen ocasiones en
las que esto no es así. La búsqueda de la eficacia, en algunos casos, puede sacar a relucir lo mejor del intento simultáneo de alcanzar la razonabilidad. Entonces, la combinación entre eficacia y razonabilidad está desequilibra- da. Haciendo uso de una metáfora ferroviaria, puede concluirse que la ma- niobra estratégica se ha descarrilado. En un caso de descarrilamiento de las maniobras estratégicas, la búsqueda de la eficacia ha ganado la partida a expensas de la búsqueda de la razonabilidad, de modo que se distorsiona el proceso de resolución de una diferencia de opinión. A causa de las graves consecuencias que conlleva para el proceso de resolución, considero más serios los desequilibrios de este tipo que una posible falta de eficacia, debi-
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38 Un término alternativo a «estratégica» podría ser «táctica», pero este último término
destaca en primer lugar, la conveniencia local de las maniobras a nivel operativo y trae la terminología demasiado cerca del polo de la eficacia mientras se aleja demasiado del polo de la razonabilidad. También creo que en el uso ordinario de «táctica» ésta es, en primer lugar, una herramienta para alcanzar un objetivo estratégico, lo cual es casi una estratagema. De manera más neutral, me referiré a las herramientas utilizadas en el mantenimiento del equi- librio entre la eficacia y la razonabilidad como «técnicas» (argumentativas).
39 Dentro de una perspectiva empírica, la «eficacia» puede identificarse con la maximi-
zación de la ganancia, lo que representa un sentido en el que se dice que un actor es «racio- nal» (Goffman, 1970: p. 86).
do a la sobrevaloración de la necesidad de razonabilidad, si tal peligro exis- te realmente.
Así como la búsqueda de la razonabilidad en el discurso argumentativo puede examinarse mejor desde una perspectiva dialéctica, la búsqueda de la eficacia puede examinarse mejor desde una perspectiva retórica. Visto desde la perspectiva que acabo de esbozar, siempre hay una dimensión dialéctica y una dimensión retórica en el discurso argumentativo. El mismo discurso argumentativo puede ser examinado por sus características tanto dialécticas como retóricas, y esto conlleva, en cada caso, distintos tipos de observaciones. Uno podría decir que, en el discurso argumentativo, la ne- cesidad de equilibrar un objetivo dialéctico de resolución con un objetivo retórico de conseguir la aceptación de la parte contraria es lo que ocasiona que las partes involucradas en una discusión efectúen determinadas ma- niobras estratégicas. Por medio de sus maniobras estratégicas, las partes in- tentan reconciliar la búsqueda de sus objetivos retóricos, orientados hacia la aceptación, y de sus objetivos dialécticos, orientados hacia la resolución de diferencias de opinión. En este esfuerzo, ellos tratan de aprovechar las oportunidades que ofrece la situación argumentativa que dirige el discurso, dentro de los límites dialécticos, hacia la dirección que más convenga de acuerdo a sus intereses retóricos.40
Puntos de vista retóricos pueden utilizarse en combinación con puntos de vista dialécticos para conseguir una comprensión más clara de las razo- nes estratégicas detrás de los distintos movimientos que se realizan en el discurso. Por lo tanto, puesto que Houtlosser y yo concebimos las manio- bras estratégicas que tienen lugar en el discurso argumentativo como me- dios para que los argumentadores alcancen sus objetivos retóricos, respe- tando al mismo tiempo los requisitos para resolver las diferencias de opinión de una forma razonable, colocamos las maniobras estratégicas en nuestro marco teórico de análisis pragma-dialéctico. En el desarrollo de es- ta concepción de maniobras estratégicas es importante darse cuenta de que la impregnación retórica del discurso argumentativo de ninguna manera significa que las partes involucradas en el mismo sólo estén interesadas en
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40 Cf. con la discusión de los problemas implicados a la hora de definir la situación de
que las cosas se hagan a su manera. Por muy difícil que parezca, al intentar que sus puntos de vista sean aceptados, los argumentadores también tienen que mantener la compostura como si fuesen jugadores que se atienen a las reglas. Esto significa que ellos pueden haber asumido compromisos con lo que dijeron previamente de modo directo o indirecto. Si un movimiento que ellos hicieron resulta ser falaz, no pueden eludir su responsabilidad dialéctica simplemente diciendo «no importa, sólo estaba siendo retórico». Por regla general, los participantes en el discurso argumentativo se intere- san sobre todo, o por lo menos fingen que se interesan principalmente, en que se resuelva una diferencia de opinión.
Tomando la perspectiva pragma-dialéctica como punto de partida, creo que puede demostrarse que tener en cuenta consideraciones retóricas en la reconstrucción pragma-dialéctica del discurso argumentativo reforzará considerablemente no sólo el análisis y la evaluación del discurso, sino también la forma en que se justifican ese análisis y esa evaluación. Este en- foque implica que, en la práctica, todos los medios que conducen a un dis- curso argumentativo reconstruible como discusión crítica se utilizan para ganar aceptación en relación con los puntos de vista controvertidos —por ejemplo, apelando patéticamente a las emociones de la audiencia—, por lo que, desde una perspectiva pragma-dialéctica, los medios utilizados no se consideran razonables, incluso aunque sean retóricamente eficaces.41 Si se
persigue la eficacia por otros medios que no sean argumentativos, por ejemplo mediante la adulación para influir en la otra parte a aceptar puntos de vista que de otro modo no hubiese aceptado nunca, entonces, a pesar de que un retórico aún podría estar agradecido, desde una perspectiva prag- ma-dialéctica, se ha violado una de las reglas para la discusión crítica (la Regla de Relevancia), por lo que la maniobra estratégica no puede conside- rarse razonable, sino que debe ser considerada falaz.
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41 No hace falta mencionar que otros propósitos, cuando se elije una perspectiva dife-
rente, pueden definir la razonabilidad de otras maneras. Esto no quiere decir, sin embargo, que la razonabilidad sea en sí un concepto relativo.
2.5. LA MANIOBRA ESTRATÉGICA EN LAS DISTINTAS ETAPAS DEL PROCESO