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Chapter 3: Research Methodology

3.3 Case Study Research

A pesar de que la crítica castiana, incluso la más especializada, ha acostumbrado a separar, como si se tratara de dos obras distintas, los Apologhi Vari y

Gli animali parlanti, es mi intención estudiarlas como una obra unitaria en base a

tres argumentos principales:

1.- Por razones puramente cronológicas ya que casi todos os apólogos se escribieron en el mismo periodo de tiempo coincidiendo con los últimos años de la vida del poeta.

2.- Por razones métricas ya que estos son los dos únicos títulos de Casti, de cierta envergadura, que están compuestos en sextinas82.

3.- Por razones de tipo temático o ideológico, todavía me parece más clara esa unidad, como se intentará demostrar a lo largo de este capítulo.

No obstante, y para evitar posibles confusiones, quisiera aclarar que, pese a lo que acabo de anticipar, me veré obligado en algún momento de este estudio a separar la obra en dos, según la división tradicional, poniendo el acento en el título mayor dado lo desequilibrado de la división; es decir, cuando yo escriba Apologhi vari o Gli

animali parlanti, deberá entenderse que me estoy refiriendo a la parte de la obra que

se ha encuadrado habitualmente bajo ese título concreto.

La opinión que trataré de defender y demostrar es que casi todas esas fábulas tienen un origen común, una misma raíz. Nacieron independientes, como una colección de apólogos, de modo análogo a como nacieron las Novelle galanti o el

Poema tartaro; pero en el caso que nos ocupa, a partir de un determinado momento,

parece como si Casti hubiera tomado conciencia de las posibilidades narrativas tan

      

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No conozco ninguna otra obra de Casti escrita en sextinas a excepción de la sátira titulada A un frate cattivo suonatore d’organo (Casti 1987: XVIII) en la que el poeta se burla de un organista que, más que tocar el órgano, se dedica a maltratarlo. Muresu escribe el título de esta composición con la leve matización: A un frate, cattivo suonatore d’organo (Muresu 1973: 223, nota al pie 45); la colocación de una coma después de la palabra frate me parece de lo más acertado. Desde el punto de vista de esta tesis esa breve composición tiene un interés muy bajo.

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grandes que le ofrecía el material que tenía en sus manos y hubiera pasado a trabajar con una lógica sensiblemente distinta a la que había seguido hasta entonces. A partir, por tanto, de ese punto, y siguiendo con mi razonamiento, opino que el poeta se propuso enlazar las fábulas susceptibles de ser engarzadas, realizando con ese fin las modificaciones al texto que consideró oportunas en cada momento, como lo fue, por ejemplo, la necesidad de añadir alguna sextina de transición al comienzo y al final de cada apólogo para que, de modo natural, se pudiera pasar de una fábula a la siguiente es decir, de un canto a otro como después se publicaría, dando la sensación de haber seguido desde el principio un argumento unitario.

Las fábulas que se incorporaron y conformarían Gli animali parlanti pasaron entonces a ser llamadas «cantos», como subdivisiones dentro del contexto general del poema. A partir de ese momento, el poeta pudo dedicarse a escribir otros apólogos diferentes en función de los que ya tenía escritos, de manera que quedaron fuera del gran poema tan solo aquellas fábulas que, por su temática particular, no habría podido o sabido engarzar de ningún modo en el marco o argumento general de la obra.

Es así como, al final, esos apólogos ‘desechados’, que no tuvieron cabida dentro de la obra global, fueron agrupados y publicados como un apéndice al final de

Gli animali parlanti, precedidos del título Apologhi varj justo antes de los textos de

las fábulas (Casti 1802)83. Curiosamente en el índice de la obra (comienzo del volumen I) aparecen con el título de Apologhi separati84, lo que me sugiere una contraposición a las fábulas que van a aparecer ligadas, conformando el poema, además de una cierta sorpresa por el hecho de que ambas denominaciones sean diferentes.

Bajo el título de Apologhi vari se agrupan, por tanto, solo estas cuatro85 fábulas: L’asino, Le pecore, La lega dei forti y La gatta e il topo, apólogos temáticamente independientes entre sí, en los que se desarrolla también una severa

      

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Este título se encuentra en la página 309 del volumen III de la edición de 1802 que se encuentra en la Biblioteca Nacional.

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Así aparece en la edición de 1802 que he consultado en la Biblioteca Nacional. Por otro lado, estos cuatro apólogos aparecerán denominados de diferentes maneras según la edición de la obra o el autor que la cite; yo he optado por llamarlos Apologhi vari.

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En sus cartas Casti habla de estas fábulas en varias ocasiones —a partir de abril de 1796— mencionando siempre un número mayor de cuatro, quizá porque las estaba escribiendo en aquel momento. La razón por la que ahora se habla solo de cuatro es que las restantes, ya escritas y mencionadas por Casti, pasaron a formar parte de Gli animali parlanti, como ya he reflejado anteriormente. En el subapartado 3.2.5 de esta tesis, al tratar de la cronología, se podrán leer varias citas, sobre las fábulas políticas, extraidas del Epistolario.

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crítica política y que, posiblemente, Casti comenzó a escribir en Viena a partir de 179486. De esta manera los Apologhi vari serían tan solo una especie de “cajón de sastre literario” donde el abate agrupó las fábulas que no pudieron entrar en sus

Animali y que, en mi opinión, pese a su alto interés, han sido menospreciadas o no

tenidas en cuenta suficientemente por la crítica castiana. Lo cierto es que no he podido encontrar ningún estudio específico sobre estas cuatro fábulas separadas, cuyos textos, por otra parte, no están incorporados, ni apenas mencionados, en las cuidadas ediciones de Gli animali parlanti, publicadas por Gabriele Muresu (Casti 1978) y Luciana Pedroia (Casti 1987)87.

Los cuatro títulos que se conocen, pues, como Apologhi vari fueron publicadas por primera vez en París en 1802. Estas fábulas no se publicaron como si fueran una obra independiente porque no lo es, sino que aparecen como apéndice al tercer volumen de Gli animali parlanti88.

No puedo asegurar cuál fue el criterio editorial que se siguió para ordenar estos apólogos separados a la hora de fijar su posición dentro de la publicación, pero no creo que se debiera a un orden cronológico porque, como trataré de demostrar, La

gatta e il topo, que aparece en cuarto lugar, habría sido el primero en ser escrito. De

la misma manera que, casi con toda seguridad, La lega dei forti habría sido el último de los cuatro apólogos en ser compuesto, muy probablemente después de que Casti ya se hubiera alejado de Viena con la intención de no regresar jamás a la ciudad en la que de modo habitual se ha considerado que esta fábula fue escrita.

Por otra parte, no hay que olvidar que todas las fábulas protagonizadas por animales fueron compuestas por Casti por iniciativa propia, es decir, no obedecieron al encargo de ningún mecenas, teniendo todas ellas la naturaleza inequívocamente política que el autor quiso darles. Leemos ya en sus cartas que el poeta se refiere a

      

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En el apartado dedicado a la cronología de Gli animali parlanti y los Apologhi vari se matizarán e intentarán precisar estos datos de lugar y fecha.

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La importancia de estos estudios obliga a que se haga constante mención a ellos en este trabajo, pese a no estar siempre de acuerdo con alguna de las conclusiones a las que llegan ambos investigadores, desacuerdos que serán señalados en los lugares oportunos.  

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La portada del ejemplar que he consultado en la Biblioteca Nacional de España es: GLI | ANIMALI PARLANTI | POEMA EPICO | DIVISO IN VEINTISEI CANTI | DI | GIAMBATISTA CASTI | Vi sono in fine aggiunti quattro apologhi del medesimo | autore non appartenenti al poema || In PARIGI | Presso Treuttel e Würtz, libraj, quai Voltaire, | nº 2; ed in Argentina, grand’rue, nº 15, || In CREMONA | Presso li fratelli MANINI || In GENOVA | Presso Fantin, Granier e COMPª. | Anno X. 1802. 

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ellas, casi en todo momento, como «apologhi politici» entre el 17 de abril de 179689, en que se encuentra la primera referencia explícita a la obra bajo esa denominación, y diciembre de 180090, en que aparecerá la última. Vemos así como solo en la fase final del proceso de creación de esta obra, cuando el poeta ya vivía en París, las fábulas que pasarían después a formar parte de Gli animali parlanti —perdiendo por este motivo su inicial independencia narrativa—, comenzaron a ser llamadas «canti». Estos cantos van a desempeñar el papel de capítulos dentro del gran poema, mientras que, los apólogos sobrantes, enmarcados bajo Apologhi vari, pasaron a ocupar el lugar de apéndice de la obra conservando así sus títulos y naturalezas individuales y complementando el discurso del poema mayor.

En posición contraria a esta opinión, en la que estoy defendiendo que la obra nació unitaria, en la edición de Gli animali parlanti preparada por Pedroia (Casti 1987) a estos apólogos los considera directamente «un precedente», ya que no cuestiona en absoluto la afirmación ‘oficial’ sobre los Apologhi vari que asegura haber recogido de Nigro. He aquí lo que escribe Pedroia sobre lo que, supuestamente, se dice en la biografía: «La data proposta per la composizione di queste favole è il 1794» (Casti 1987: XII) señalando en una nota la procedencia91. Sin embargo, lo que afirma Nigro no es exactamente eso. Lo único que dice con respecto a la cronología de las fábulas sueltas son dos breves referencias: si en la primera señala que es en «Vienna, dove compose (nel 1794) quattro apologhi (L’asino, Le pecore, La lega dei forti, La gatta e il topo)» (Nigro 1979: 33), en la otra dice:

La pubblicazione del poema in veintisei canti fu portata a termine nel 1802. In appendice a quasi tutte le edizioni di quest’ultima opera si aggiungeranno i quattro apologhi del periodo viennese (Nigro 1979: 34).

      

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En una carta escrita el 7 de abril de 1796, dirigida a Maurizio Gherardini, al mencionar la obra que desea publicar, habla de doce tomos, entre ellos uno que denomina “Opera postuma” del que dice que es «il più interessante, il più piccante e il nuovo di zecca, di riuscita infallibile» (Casti 1984: 867). Aunque el poeta no especifica el contenido, ni las llama fábulas, diez días después queda claro cuál es el contenido de ese tomo: «vi dirò che detto volume deve consistere in dieci apologhi politici di circa cento sestine l’uno: dei quali otto già son fatti, e due soli mi restano a farne, che spero saran compiti fra due mesi o poco più» (Casti 1984: 878).

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En el Epistolario (Casti 1984: 1089) en la fecha de esta carta, que está dirigida a Giovanni Rosini, no consta el día.

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Es una nota muy breve, en la que no aparece ningún desarrollo u opinión de tipo personal, Pedroia se limita a escribir: «S. Nigro, in DBI, vol. XXII 1979, pp. 26-36». Contrasta esta nota tan escueta con la siguiente, que tiene diecinueve renglones, o con la 6 que tiene trece y un error histórico al señalar como sucesor de José II a Francisco II cuando fue Leopoldo. Como vemos, la estudiosa que es a veces muy prolija, aunque con errores, en este caso ni siquiera señala la página exacta —la 33— en la que aparece la cita de Nigro.

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Vemos que en ninguna de las dos aparece la palabra «precedente» en ningún momento. En la primera de las citas hace una mención, dentro de un paréntesis, a que fueron escritas en 1794, mientras en la segunda solo afirma que los cuatro apólogos eran del periodo vienés —que llega hasta diciembre de 1796— aunque Casti bien podría haber escrito con anterioridad a esos cuatro apólogos, o a la vez, algún otro de los que después incluiría dentro de Gli animali parlanti.

Por otro lado, Pedroia, va a ordenar las cuatro fábulas de modo diferente a como aparecieron publicadas en 1802, es decir, en la editio princeps:

Si concorda invece generalmente nel considerare precedente alla composizione del poema quella dei quattro apologhi –La gatta e il topo, La lega dei forti, L’Asino, Le

pecore- che l’editio princeps degli Animali, e spesso anche le edizioni successive,

collocano in appendice (Casti 1987: XII).

Su comentario no coincide, pues, con lo que Nigro había escrito y no es esta la única vez que Pedroia modifica el texto o la interpretación de una cita, restando quizá con ello credibilidad a un trabajo que, considerado en su conjunto, es casi impecable92.

Volviendo a nuestro discurso, quiero señalar que, en mi opinión, es importante tener muy presente que en cada uno de los apólogos Casti va a sufrir la influencia de La Fontaine —al que no duda en llamar áureo— y va a seguir la tradición fabulista asociada a Esopo, al que conocía bien y, según sus propias palabras, admiraba. Véase a este respecto lo que dice en la Prefazione dell’autore:

Famosisimo sopra tutti i loro scrittori in questo genere fu Esopo di Frigia che coll’acutezza dell’ingegno e colla sagacità dello spirito, poté vantaggiosamente compensare la deformità della figura e le avversità della sorte; poiché seppe egli con allegorici racconti, semplicissimi e alla portata di tutti, e colla forza de’ favolosi esempi tratti dalla natura, spargere fra i rozzi popoli utili insegnamenti di sensata morale (Casti 1987: 3).

Así, en sus fábulas los animales hablan, piensan y se relacionan entre sí y con el resto del mundo, según un alto grado de organización social voluntaria y consciente que recuerda a la organización de la sociedad humana —sin lugar a dudas

      

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Sobre estas cuestiones de cuándo y dónde la obra de Casti fue compuesta, me remito a los apartados siguientes de este mismo capítulo, en los que se discutirán los aspectos concretos vinculados a la cronología y la génesis.

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europea— que el ilustrado pretende presentar y criticar. Además, en toda fábula el narrador —sea Esopo o Casti— es omnisciente, ya que no solo sabe lo que los animales protagonistas hacen, sino que también sabe lo que sienten, piensan e incluso las razones más profundas que mueven sus actos.

Otra característica común a todos los apólogos de esta obra —que considero como unitaria en sus dos títulos— es la lucidez de la crítica y la modernidad del pensamiento político que el poeta nos va a presentar. Aunque la obra tenga un encuadre claro y específico en la sociedad de la época de Casti, muchos de los problemas sociales y políticos que se recogen en ella siguen siendo actuales, por la simple razón de que son universales y, por eso mismo, atemporales.

Ahora bien, desde mi punto de vista y pese a la unidad que defiendo, considero que existe una diferencia sustancial entre el bloque que representan los

Apologhi vari y el de los Animali parlanti. Me refiero a la diferente extensión de

ambos bloques y, como consecuencia, a las diversas posibilidades de desarrollo que las diferentes extensiones ofrecen al autor. Las cuatro fábulas separadas —que oscilan entre las 32 sextinas de la más breve a las 119 de la más larga, con un total de 1776 versos endecasílabos— no permiten a Casti perderse en ningún tipo de disquisición, ni ornamental ni argumental; su brevedad le obliga a ir de modo directo al núcleo de la cuestión. Por el contrario, las 3.186 sextinas de Gli animali parlanti, que suman 19.116 endecasílabos —a los que también habría que añadir el paratexto en prosa de la Prefazione dell’autore— permiten que el abate se recree en los aspectos que desee, también puede hacer las digresiones e incisos que le parezcan oportunos, volver sobre todos y cada uno de los temas tratados con anterioridad y perfilarlos cuanto desee; en definitiva, le permiten no dejar ningún aspecto sin tratar. Me parece oportuno señalar en este momento que si Gli animali parlanti y los

Apologhi vari ocupan un lugar tan destacado en esta Tesis, es debido a la naturaleza

de la materia que se trata en esta investigación: ideología y pensamiento, especialmente político, del autor. Por eso el trabajo, precisamente, se centra en esta colección de fábulas que son políticas y que nacieron con esa vocación declarada «apologhi politici», por encima del resto de la producción literaria de Casti, que será complementaria en este caso, aunque es evidente que algunos aspectos, posiblemente los más sutiles, sobre la manera de pensar del poeta son los que aparecen en obras como las Novelle galanti, en las que un lector únicamente debería esperar una lectura placentera o un mero rato de entretenimiento.

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Este es, pues, el motivo por el que hago en este trabajo un especial hincapié en el estudio de estos apólogos, si bien conviene tener en cuenta otras dos reflexiones más. La primera sería que, aunque Gli animali parlanti, con el complemento de

Apologhi vari, no fue la última obra de Giambattista Casti llevada a la imprenta93, sí es la última de naturaleza claramente política y, en ese sentido, se puede considerar como el colofón de su obra. En segundo lugar, siendo estas fábulas de carácter fundamentalmente político, también encontramos en ellas otros aspectos que bien podríamos considerar como puramente ideológicos94.

De esta forma esta colección de apólogos configura un mosaico del pensamiento vital del autor, de su filosofía de vida. Está claro que todas y cada una de las obras de un escritor contribuyen, en alguna medida, a darnos una visión parcial de su pensamiento, sus filias y sus fobias, pero donde mejor se refleja el pensamiento político global de Casti es, precisamente, en este poema.

Conviene destacar nuevamente que la extensión vuelve a tener importancia, ya que, aunque hay otras obras del ilustrado que son de una gran lucidez, solo tocan aspectos muy concretos de su pensamiento como sucede, por ejemplo, en la Cicalata

politica de 1790 —de la que tanto hemos hablado en el capítulo anterior— en la que

Casti ciñe su discurso al análisis de la política de asuntos exteriores de Austria y Rusia y cuya brevedad no le permite al autor extenderse más allá. Esto le impide hacer, por tanto, una crítica política general que, en mi opinión, el ilustrado tampoco buscaba desarrollar en ese ensayo95.

Con anterioridad a Gli animali el abate ya había desarrollado una severa crítica política, en el Poema tartaro96 y había tenido muchos problemas como consecuencia dela ‘fríaacogida’que la obra tuvo por parte de José II. Además, pese

      

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La edición completa de las Novelle galanti fue impresa con posterioridad, pero, además de que estos cuarenta y ocho cuentos no son particularmente políticos, los 18 primeros ya llevaban muchos años editados en 1802. Según Salvatore Nigro (1979: 32), fueron publicados en Roma en 1790, aunque algunas personas dudan de esa fecha. La primera edición que la profesora Ángeles Arce y yo hemos podido consultar es la milanesa de 1797, que es la edición más antigua de las que se conservan en la Biblioteca Nacional de España. Nuevamente apareció en 1800, una edición parisina con los 18 cuentos citados junto con una Protesta del autor escrita en octavas. La primera edición completa, conteniendo las 48 Novelle, es la póstuma de París de 1804, supuestamente revisada por el autor.

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En política, además de la ideología, se encierran otros aspectos como pueden ser intereses,