Chapter 3: Research Methodology
3.5 Methodology and Data Collection Methods
3.5.2 Reflective Journals (RJs)
3.5.2.1 The Process of Data Collection Using the Reflective Journals (RJs)
En su edición de Gli animali parlanti (Casti 1987), la investigadora no fija una fecha de inicio para la redacción del poema y, en mi opinión, sobre este aspecto de la obra solo escribe vaguedades:
Sulla data d’inizio della composizione degli Animali parlanti gli studiosi del Casti hanno avanzato ipotesi diverse, servendosi in vario modo delle poche notizie certe (e delle molte incerte) trasmesse dai suoi primi biografi, i contemporanei Da Ponte e Ginguené (Casti 1987: XII).
Sobre el tema de la cronología vemos que Pedroia no dice mucho más; es decir, no se pronuncia de una forma clara, lo que es coherente porque acaba de reconocer la escasez de noticias ciertas, en contraste con la abundancia de noticias inciertas, que hay sobre el tema. De todos modos considera que las cuatro fábulas sueltas: «La gatta e il topo, La lega dei forti, L’Asino, Le pecore» —ella curiosamente las ordena de ese modo, forma que no coincide con el orden tradicional en que suelen ser colocadas y es de todos los estudiosos que comento la única que lo hace así— son anteriores al poema mayor, es decir, son simples precedentes. Para justificar esa afirmación va a apoyarse en una cita del propio Casti extraída de la
Prefazione dell’autore:
Avendo pertanto maturamente meditato su questo piano, ed essendomi sembrato che utile riuscir ne potrebbe l’esecuzione e dilettevole la lettura, ebbi il coraggio di pormi all’opera. L’approvazione ed il gradimento che riscossero i pochi apologhi isolati che preventivamente io aveva composti, e che si trovano alla fine di questo poema, m’incoraggiò e mi confermò in quest’idea (Casti 1987: 6).
Es evidente que en estas líneas de Casti no se menciona en ningún momento ni un número de fábulas, ni un título, ni una fecha y lugar donde fueron escritos esos «pochi apologhi isolati». Sin embargo Pedroia se permite interpretar esas palabras — como ya lo había hecho antes con Nigro— muy libremente:
Il Casti stesso dichiara, nella Prefazione al poema, che il disegno di comporre la sua «zooepica» era stato molto favorito dal successo ottenuto dai quattro apologhi letti agli amici e ai frequentatori dei salotti letterari (Casti 1987: XII).
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Su opinión es claramente una interpretación personal desde el momento que Casti no escribe «quattro», sino «pochi apologhi».
Siguiendo con el tema de la cronología, hay que señalar que la estudiosa, para defender su postura sobre la anterioridad de las cuatro fábulas respecto a Gli animali hace mención a una carta escrita por Casti a su amigo Maurizio Gherardini106 meses antes de su partida de Viena. En ella (17-IV-1796), hablando de la tan deseada publicación de su obra completa, el abate explica a su amigo cual será el contenido de uno de los doce tomos que en aquel momento tenía previsto para la imprenta:
Per non farvi più lungamente mistero di ciò che deve formare uno dei dodici volumi delle mie opere, di cui la materia lasciai in bianco o solo misteriosamente vi accennai nel catalogo che v’inviai colla mia, se non erro, dei 14107, e di cui m’imagino che sarete curioso, vi dirò che detto volume deve consistere in dieci apologhi politici di circa cento sestine l’uno: dei quali otto già son fatti, e due soli mi restano a farne, che spero saran compiti fra due mesi o poco più (Casti 1984: 878).
Esa era, por tanto, la idea que Casti tenía en abril de 1796 sobre el presumible desarrollo que alcanzaría la obra. Hablaba en esa correspondencia privada de un total de diez fábulas, no de treinta y una108, lo que una vez más me lleva a considerar —como ya adelanté— que Gli animali parlanti no nació como la obra unitaria que hoy podemos leer, ni los Apologhi vari surgieron de la forma en que hoy los conocemos, sino que ambos títulos fueron apareciendo, muy próximos en el tiempo, incluso posiblemente entremezclados como una colección de fábulas, en principio independientes entre sí, aunque todas tuviesen ya, incluso en ese primer momento, un alto grado de unidad temática.
Pero en cualquier caso, en esa breve mención de la epístola Casti nos va a proporcionar mucha más información que Pedroia tampoco debe de considerar relevante desde el momento en que no la incluye en su análisis. Así, a simple vista se ve que, al menos, seis de los «dieci apologhi politici» que contendría el futuro gran poema, serían prácticamente contemporáneos a las cuatro fábulas que fueron después
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La relación entre Gherardini y el abate debió de ser muy estrecha ya que este le confía, en sus cartas, detalles y opiniones que no comenta con otros amigos y que podían volverse contra él, como veremos inmediatamente.
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Se ve en estas líneas que habla de memoria porque, en efecto, Casti se equivoca: el catálogo de obras se lo envió en carta del 7 de abril, no del 14; es más, en esta última carta el poeta no nombra su obra en absoluto (Casti 1984: 867).
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En este número incluyo las cuatro de Apologhi vari y los veintiséis cantos más el Origine dell’opera de Gli animali parlanti.
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excluidas de él. En esta carta a Gherardini aparece, por tanto, la primera referencia explícita y directa a esta colección de apólogos109.
Pero todavía aparece más información en esas pocas líneas que, en mi opinión, no es correcto obviar: la alusión que hace el poeta a la extensión de las fábulas que ya tiene escritas. Si La lega dei forti y la fábula de la gatta, —que están compuestas por treinta y dos y cuarenta y tres sextinas respectivamente—, hubieran estado elaboradas en ese momento, resultaría extraño que el poeta le hablase a Gherardini de diez apólogos políticos de aproximadamente cien sextinas cada uno, sin aclarar que dos eran mucho más cortos, de la misma manera que le dice que dos no están aún acabados, aunque lo estarán en breve. Todo esto me lleva a cuestionar si, entre esos diez apólogos que menciona en abril de 1796, se encontraba ya La lega
dei forti, de tan solo treinta y dos sextinas. Mi opinión es que no, como iremos
viendo.
Como ya he señalado, Pedroia en su estudio recoge este mismo texto, aunque sin añadir ningún tipo de crítica, reflexión o duda ante la información que en él se encuentra. Sin embargo, a mi parecer, sería obligado hacer algunos comentarios adicionales tanto sobre la propia cita, como sobre el resto de esa carta, tan larga y personal, en la que la cita se encuadra; paso por tanto a exponerlos.
Si leemos completa esa larguísima carta a Gherardini (Casti 1984: 873-880) nos encontraremos en unos renglones más adelante con una nueva mención del poeta a otro título: L’apologo della gatta110, sobre el que Casti añade esta reflexión:
L’apologo della gatta, che voi avete, ha dato occasione agli altri; ma quello della
gatta è infinitamente inferiore e meno interessante degli altri (Casti 1984: 879).
Se dice claramente que esa fabula no solo es anterior a las otras, desde el momento en que ha dado ocasión a las otras, sino que la considera de una calidad inferior. Sin embargo, pese a esta opinión que se podría considerar negativa —el poeta escribe «infinitamente inferiore»—, Casti la entrega a la imprenta junto a las restantes fábulas. Esta carta nos proporciona, al fin, el título del primer apólogo, aunque sin precisar la fecha, de la que sólo sabríamos que es anterior a abril de 1796.
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Apólogos aunque en otra carta a su amigo de diez días antes (Viena 7-IV-1796) la habría mencionado simplemente como «Opera postuma» que ocuparía un tomo (Casti 1984: 867).
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Obsérvese que en la mención no aparece nombrado el topo, que sí aparece en el apólogo conocido con el título de La gatta e il topo.
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En todo caso, al ser la primera fábula de las diez, debió de ser compuesta muchos meses antes.
Un dato más que, en mi opinión, avalaría la tesis que estoy defendiendo sobre la no inclusión de La lega dei forti —uno de los «quattro apologhi separati»— entre estas diez fábulas iniciales, lo encontraremos en esa misma carta. En otro párrafo y después de haber expuesto algunas opiniones políticas —ciertamente comprometidas— en las que Casti critica con dureza la forma que tienen de actuar algunos mandatarios austriacos, —se está refiriendo en particular a Johan Thugut111 y alguno de sus colaboradores más próximos— termina su quejumbrosa disertación calificando a Austria como un «regno d'inquisizione»:
Queste son materie che ci vorrebbe un tomo dettagliarle, io non volea neppure entrare a parlarne, ma pure v’ho fatto quattro scarabocchi, che sottosopra potranno darvi uno schizzo di questo gran quadro. E ve l’ho fatto, parendomi troppo sicura e ottima l’occasione che ho di mandarvelo. Ma voi bruciate assolutamente tutto questo raspaticcio di penna per prevenire tutti i casi possibili che potrebbero avvenire e che sarebero fatali in un regno d’inquisizione come questo. V’assicuro che un galantuomo ci si trova male, e se dura così, vi dò parola che non ci finisco i miei giorni (Casti 1984: 878).
Si el abate tenía esa opinión tan negativa sobre Austria, parece muy razonable que quisiera abandonar el país, como de alguna forma adelanta en el último renglón de la cita; pero también sería razonable que, en la última fase de su estancia en Viena, no quisiera exponer, y menos aún dejando su testimonio por escrito, algunas opiniones que pudieran resultarle comprometedoras. Sin embargo, como veremos cuando analice el sentido político que se encierra en La lega dei forti, Casti va a emitir en esta fábula una condena muy dura, en la que incluye también a Austria, al tercer reparto de Polonia.
Es evidente que escribir esta crítica en ese momento podría haber sido peligroso para él, o al menos un acto ‘no demasiado oportuno’, si lo hubiera hecho mientras vivía en la corte de Viena. Por otra parte, su opinión negativa sobre lo que estuvo viviendo él en la ciudad no es un enfado puntual, como se puede constatar a través de la lectura de otras dos cartas que el abate escribió desde Florencia —algún
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Se trata de Johan Amadeus Francis de Paula Freiherr von Thugut, (1736-1818), un diplomático y político austriaco extremadamente antijacobino que fue jefe del Consejo de Estado de 1793 a 1800. Curiosamente, cuando Thugut hablaba de sí mismo, solía presentarse como el «hijo del molinero», denominación que no es exacta pues el molinero había sido su abuelo materno; resulta extraño y casi provocador que recalcara ese origen plebeyo en un ambiente como el de la corte imperial.
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tiempo después de haber abandonado la corte austriaca para siempre—a otro amigo, el poeta Marcellino Serpieri. La primera de las cartas, fechada a 29 de febrero de 1797112, comienza así:
Dopo un felicissimo viaggio da Trieste, sono da due giorni in poi in Firenze. Non avendo osato per indispensabili riguardi di scrivervi dalla sospettosa Vienna, lo faccio ora perché credo di poterlo fare con più sicurezza (Casti 1984: 982).
Y en la segunda (25-III-1797) podemos leer una opinión similar:
Ora si può scrivere più liberamente fra noi, cosa che assolutamente far non si potea da Vienna, che presentemente è divenuta un luogo della più sospettosa e pericolosa inquisizione, e dove le cose più indifferenti, le più innocenti sono esposte ad interpretazione maligne e ad arbitrarie calunnie e talvolta prese per reità (Casti 1984: 991).
Por otra parte, y siguiendo con la idea de que La lega dei forti no hubiera sido escrita durante su estancia vienesa, quisiera recordar el acoso al que Casti se vio sometido, directa o indirectamente, en los dos últimos años que vivió en la corte por ser sospechoso de simpatías jacobinas. A Casti se le prohibió mantener el contacto con el cuerpo diplomático extranjero y, como él sabe que está en el punto de mira de las autoridades austriacas, refiriéndose a la nueva obra que tiene entre manos, añade en la misma carta a Gherardini de abril del 96:
Chiunque gli ha veduti che possa giudicarne, tutti convengono che questa mia ultima opera è infinitamente superiore a tutte le altre, perche unisce a quel qualunque sia merito delle altre poesie l’altro assai maggiore d’un vecchio osservatore di settantotto anni che ha scorso e scrutinato tutte le corti e il tuono de ministeri e de’ ministri: ed io volontieri convengo con essi che questa opera sola per la piccante sua materia sarebbe capace di farmi un nome nella posterità, se anche non avessi fatto altro al mondo. Ma la materia è troppo delicata (Casti 1984: 879).
El abate es perfectamente consciente de que la materia tratada en sus apólogos es troppo delicata. Escribir en el opresivo ambiente vienés una fábula como la de la Lega, en la que Austria aparece directamente señalada y criticada, no parecería una actitud sensata y el abate, que no es un joven alocado ya que tiene más de setenta años, conoce muy bien el terreno que pisa. De hecho el poeta se describe a sí mismo, ante su amigo, como un «vecchio osservatore di settantotto anni che ha
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scorso e scrutinato tutte le corti e il tuono de ministeri e de’ ministri»113. Hasta tal punto Casti consideraba su poema como ‘materia delicada’ que en otra carta anterior (Viena 7-IV-1796), dirigida al mismo Gherardini, hablando de la obra que pretende publicar, se refiere de este modo al tomo número doce114 que contendría el nuevo poema, el último de los que enumera y al que no le pone título:
da sapersi a suo tempo, e questo a colpo sicuro, è il più interessante, il più piccante e il nuovo di zecca, di riuscita infallibile. Opera postuma (Casti 1984: 867).
Aunque en la carta a Gherardini de diez días después ya aclare a su amigo que el contenido de ese tomo serán las diez fábulas políticas, no dejan de ser significativos dos aspectos en esta cuestión. El primero es que en la carta del 7 de abril califique a las fábulas como una ‘obra póstuma’ y el segundo, en mi opinión todavía más significativo, es que en la carta del 17 Casti escriba: «E ve l’ho fatto, parendomi troppo sicura e ottima l’occasione che ho di mandarvelo» (Casti 1984: 878). Es decir, si escribe determinados comentarios ‘comprometidos’ es porque sabe que la epístola a su amigo va a ir por una via segura; la posible libertad de expresión que le da esta seguridad aumenta el valor testimonial de lo que el poeta se atreve a exponer.
A todo esto habría que añadir que cuatro días después de haber abandonado Viena definitivamente, el 21 de diciembre de 1796, Casti fue detenido en Graz, en pleno viaje, por la policía que le confiscó todos sus documentos. Por este motivo el poeta escribió desde esa localidad una carta al canciller Johann Thugut (28-XII- 1796), en la que le explicaba con bastante detalle todo lo que le había sido retenido por la policía y le pedía su ayuda para recuperar los ocho paquetes que le habían sido confiscados y que contenían todas las obras que buscaba publicar. En la relación de los paquetes cuya devolución reclama, Casti describe así el contenido del que lleva el número dos:
«Un involto con alcuni apologhi non comunicati peranche a nessuno, e di cui io solo unicamente sono il possessore» (Casti 1984: 972).
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Casti no podía tener en ese momento setenta y ocho años, aunque siempre ‘juega’ con su edad; para más información sobre esta cuestión remito a Arce 2000a.
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La redacción de la carta es confusa y parece en algún momento, al hacer la suma, que el número total de tomos fuera trece, pero yo opino que es un problema de mala redacción, Casti después de haber escrito «in tutto tomi 12», repite en el párrafo siguiente que el numero de tomos es doce.
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Me parece llamativa la redacción de este párrafo en el que afirma que nadie conocía todavía esos textos y que él es «solo unicamente» el poseedor. Esa insistencia —escribir “solo” y “unicamente" en la misma frase me parece redundante— resulta sorprendente, más aún en alguien que escribía tan bien, y por eso me pregunto si Casti, al redactarla de este modo, lo que tenía en mente era no comprometer a nadie, como a Gherardini que sabemos que si era conocedor de esos apólogos.
Sus papeles le serían devueltos poco tiempo después, cuando el abate ya estaba viviendo en Trieste. El hecho de que lo confiscado le fuera devuelto íntegramente y de que él no sufriera ninguna molestia adicional, indicaría que o bien la policía austriaca no leyó el contenido de esos paquetes o, que si lo hizo, no encontró nada sospechoso ni punible en ellos. Entre estas dos posibilidades yo me inclinaría por la segunda ya que avalaría mi opinión de que, muy probablemente, La
lega dei forti —sin duda para la seguridad del poeta la fábula más comprometida de
la colección— no figuraba entre esas obras confiscadas y devueltas, simplemente por el hecho de que no estaba escrita todavía.
En otra carta de pocos días después (Trieste 18-I-1797) y dirigida a Paolo Greppi —otro de los amigos ‘asiduos’ en su epistolario— Casti le expresa su entusiasmo ante su último trabajo, calificando la colección de fábulas políticas como lo mejor de su producción literaria con estas palabras:
Se il pubblico ha auta per la mie poesie forse più indulgenza ch’esse non meritano, io sono intimamente persuaso che quest’ultima opera mia lasci grand’intervallo addietro tutte le altre e che conseguentemente, conosciuta che sarà dal pubblico, farà del chiasso non poco e avrà grande spaccio» (Casti 1984: 979).
Sin embargo, en aquel momento esa obra —a la que todavía no le pone ningún título— consistía únicamente, y así lo dice textualmente el poeta, en una colección de doce apólogos:
Inoltre vi leggerò le cose mie e in particolare l'ultima opera mia consistente in dodici apologhi politici che in tutto oltrepasseranno le millecinquecento sestine (Casti 1984: 979).
El texto epistolar nos proporciona un dato más, ya que mil quinientas sextinas repartidas entre doce fábulas supondría una media de ciento veinticinco estrofas por
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fábula. Este resultado sería, en aquel momento, imposible de alcanzar si Casti hubiera comenzado escribiendo primero todos los Apologhi vari —que suman entre los cuatro un total de doscientas noventa y seis sextinas, lo que supone setenta y cuatro estrofas de media— y hubiera seguido escribiendo lo que después se publicó como Gli animali parlanti, desde el primer canto en adelante.
Si mantenemos como válido este dato que nos proporciona la carta, el poeta no habría escrito ya mil quinientas sextinas, sino un número superior a esa cifra —no se me ocurre ninguna razón para dudar de este dato, ni para pensar que Casti hubiera escrito alguna fábula muy larga que, por algún motivo para mí desconocido, no haya llegado hasta nosotros ni siquiera en forma de referencia115— así que entre esos doce «apologhi politici» mencionados no podrían estar incluidos los cuatro apólogos116.
Como se puede comprobar en el Anexo 7.3 de este trabajo, los cantos más extensos de Gli animali parlanti —a los que en el momento de escribir esta carta el autor todavía llama fábulas— son el canto XXII (con 154 sextinas), el canto XXV (149), el canto XII (136), el canto XXIII (133) y el canto XXIV que tiene un total de ciento treinta y una sextinas. La única forma, pues, de alcanzar la media de ciento