A.2 Figures
3.4 CEO backgrounds and Turnover
3.4.2 CEO backgrounds
Una de las cuestiones que ha despertado interés dentro de nuestro estudio es la de establecer la relación existente entre el nombre propio y el nombre común. La RAE (1973: 172) señala que “es difícil fundamentar esta distinción con criterios gramaticales, probablemente porque nada tiene que ver con la gramática”.
El estudio del nombre propio y del nombre común presenta una serie de semejanzas y diferencias entre ambas subcategorías. La distinción entre nombre propio y nombre común, según García Gallarín (1999: 11), nos coloca en el nivel del discurso porque la existencia de ambas categorías está influida por el contexto, lo que no impide reconocer una estructura prototípica del nombre propio, como clase gramatical con propiedades semánticas, sintácticas y morfológicas que son distintivas pero no excluyentes.
La primera oposición la encontramos en la función que desempeña cada uno de estos nombres. El nombre propio designa objetos que son únicos, ya sean únicos en absoluto, como el Sol o únicos en el contexto en el que se dan, como Juan, pero no informa de las propiedades de los objetos designados. El nombre común, por el contrario, tiene la función de clasificar los objetos que pertenecen a una clase y mantiene un contenido estable. Por tanto, el nombre propio distingue un ser de los de su especie y el nombre común agrupa los seres que constituyen una misma clase.
Desde un punto de vista semántico observamos que la mayoría de los nombres de la lengua contienen una función connotativa, mientras que los nombres propios
16 El origen de esto puede estar en sustituir sustantivos por adjetivos que pertenecen a la misma
presentan una función denotativa. Un nombre como perro, por ejemplo, informa de las cualidades y de los atributos que tienen los sujetos que se llaman así. Por el contrario, un nombre como Diana no informa de ninguna cualidad, carece de significado, simplemente designa un referente. Según Alcina y Blecua (1975: 502) “los nombres propios son, pues, por sí mismos, nombres sin significación propia, nacidos por la necesidad de particularizar las diferentes versiones de una misma clase, especie o género de la realidad”.
En el nivel sintáctico encontramos también diferencias cuando el nombre común y el nombre propio aparecen acompañados de algún artículo. En el caso del nombre propio, una de las primeras cosas que habría que recordar es que los nombres propios de persona no llevan artículo sino en algunas ocasiones. Por otro lado, encontramos casos como España, que nunca llevan artículo; otros como Los Alpes, por ejemplo, que lo llevan siempre, y otros nombres propios que alternan en la presencia o ausencia de
artículo, por ejemplo Coruña o La Coruña17. El proceso de formación de los nombres
propios a partir de los nombres comunes es el que explica la presencia o ausencia del artículo, especialmente en los topónimos ya que la mayoría de ellos procede de nombres comunes y estos normalmente lo llevan, por ejemplo: alpe “monte”, el Val aquí estamos ante un caso de fijación referencial por antonomasia. En el nombre común también se puede dar dicha alternancia. Una diferencia con respecto al nombre propio es que la presencia o ausencia de artículo con un nombre común sí modifica la función de identificar referentes ya que si un nombre común no lleva artículo no identifica sino que clasifica el objeto denotado, hace referencia a individuos o conceptos sin precisar, vagos, imprecisos que pueden dejar de ser así si están acompañados de artículos, determinantes, etc.
Otra oposición entre el nombre propio y el nombre común la encontramos en el nivel fonológico, pues el nombre propio se caracteriza por contar con una combinación de fonemas desviante respecto de la norma de la lengua y diferente a la que presenta un nombre común. Esto sucede de forma frecuente en algunos nombres propios de creación moderna, como pueden ser las siglas (CSIC) o préstamos adoptados de otras lenguas y que no han sido modificados (Bucarest). Por el contrario, si tenemos que construir el nombre propio o una parte del mismo, lo normal es utilizar esquemas fonológicos similares a los de cualquier otra palabra de la lengua, por ejemplo los acrónimos.
17 Como se puede ver, en cualquiera de estos casos el nombre propio sigue identificando un
Por último, la diferencia entre nombre común y nombre propio está presente
también en el nivel ortográfico18 y concretamente, aunque no es la única diferencia, en
la presencia de mayúscula o minúscula. Por un lado, si el nombre propio está acompañado de algún artículo y forma parte del nombre se escriben los dos con mayúsculas. Por ejemplo: El Cairo. En cambio, si el artículo no forma parte del nombre se escribe con minúscula, el Mediterráneo, por ejemplo. Si un nombre propio empieza con un dígrafo (ch, ll, etc.) se escribe con mayúscula la primera letra de la sílaba. El nombre común, por el contrario, se escribe con minúscula excepto en aquellos casos en
los que dicho nombre está funcionando como un nombre propio19. Por ejemplo, botas es
un nombre común que se escribe con minúscula siempre, sin embargo si funciona como un apodo (Juan Botas) se escribe con mayúscula porque el nombre común en este caso está funcionando como un nombre propio. La letra inicial mayúscula opone en algunas ocasiones el nombre propio al nombre común. En este caso, la letra mayúscula funciona como un signo diacrítico y permite oponer palabras que son iguales en la forma pero que se diferencian en el significado. Por ejemplo: Romanticismo es el nombre propio de un movimiento cultural y romanticismo es la tendencia a guiarse por los sentimientos.
Aunque las diferencias que encontramos son múltiples, también hallamos similitudes entre ambas subcategorías, pues en algunas ocasiones el nombre propio se convierte en común y viceversa. Por ejemplo, muchos de los apellidos proceden de apelativos que se han convertido en nombres propios. Por ejemplo: Sastre, Pino, etc. Estos apellidos pueden tener una significación que coincide muchas veces con los nombres apelativos de los que proceden. Por otro lado, el empleo de los apodos hace que se eleven palabras a la categoría mencionada. Por ejemplo El Bizco. Todo esto también tiene lugar cuando un nombre propio pasa o se transforma en nombre común o
18 Para ver más detalles sobre la ortografía del nombre propio remitimos al apartado 4 donde se
estudia el nombre de pila en el nivel gráfico-fonético y fonológico. Si se ha tratado por separado es porque en este caso se está estableciendo una comparación entre nombre propio y nombre común, mientras que en el otro apartado nos centramos sólo en el nombre de pila.
19 Remitimos al apartado número 7 del presente trabajo y concretamente al punto 7.1.3. donde
estudiamos los apellidos y donde se puede ver como muchos nombres comunes acabando siendo nombres propios al convertirse en apellidos.
apelativo20, nombres como dondiego han salido del campo del nombre propio para
ocupar el de nombre común21.