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7 Predictive Quantization for Data Volume Reduction in Staggered

2.5 Chapter Summary

La palabra parapsicología hace referencia a las funciones naturales de la mente humana que todavía no se comprenden. El campo de la parapsicología se divide en dos grandes áreas: la psicokínesis (PK), es decir, la influencia de la mente sobre los sucesos físicos, y la percepción extrasensorial (PE), que incluye la telepatía (percepción de sucesos objetivos a distancia por medios distintos a la percepción sensorial) y la precognición (percepción de sucesos antes de que ocurran). Para probar la clarividencia, se hacen experimentos en los que se pide a los sujetos adivinar el orden de una serie de cartas a una distancia determinada o detrás de las barreras. Para probar la psicokínesis se utilizan los dados. Los sujetos intentan influir el sentido de su caída repetidamente.

En general, los resultados experimentales resultan, para los defensores de la parapsicología, plenamente confirmatorios, pero el mecanismo causal o la base de las transmisiones son todavía desconocidos. Muchos psicólogos son, sin embargo, escépticos sobre los supuestos o procesos implicados, bien porque éstos no se ajustan a la visión materialista del mundo o porque desconfían de los métodos estadísticos utilizados. Otros psicólogos señalan que, a medida que se mejoran las técnicas experimentales en parapsicología, se obtienen menos confirmaciones, con lo que se podía pensar que muchos de los resultados ofrecidos hasta ahora se deben posiblemente a deficiencias de carácter experimental. También es verdad que es demasiado pronto para tener una experimentación rigurosa cuando no tenemos todavía teorías plausibles del fenómeno paranormal que nos puedan decir dónde buscar su presencia.

3. Percepción de la realidad física

En el estudio de la percepción de la realidad física, la investigación psicológica ha dado prioridad a la consideración de estas áreas: la constancia, la percepción del espacio, del movimiento y del tiempo.

3.1. Constancia perceptiva

La constancia perceptiva, es decir, el hecho de que la realidad que percibimos a diario permanezca constante a pesar de la variabilidad de los estímulos que llegan a la retina es un fenómeno de gran trascendencia psicológica, ya que nos permite identificar objetos estables a pesar de las grandes variaciones producidas en los patrones sensoriales. Es un hecho de experiencia, habitualmente comprobado, que percibimos a todas las personas que asisten a una conferencia como teniendo el mismo tamaño, a pesar de que la proyección en la retina de la imagen de las personas acomodadas en las últimas filas es mucho menor que la de las más próximas a noso tros cuando miramos al público de frente desde la mesa presidencial.

Este fenómeno tiene un significado biológico, ya que el organismo, en su proceso de adaptación al medio, trata de reaccionar a objetos y no a estímulos cambiantes; seria imposible la supervivencia del organismo en un mundo en el que cambiaran los objetos como cambian los estímulos que los representan. Pero tiene también una significación psicológica profunda, por cuanto la constancia constituye de hecho la base sensorial donde se apoya la elaboración conceptual y la dinámica de los procesos inteligentes. Difícilmente podríamos formar conceptos, si los objetos a los que se refieren no se mantuvieran estables en medio de las variaciones que sufren los estímulos. Hay tres tipos especiales de constancia: del color, del tamaño y de la forma.

3.1.1. Constancia del color

Este tipo de constancia alude al fenómeno por el cual tendemos a percibir los objetos familiares con el mismo color original, a pesar de los cambios que pueden sufrir las condiciones de luz que los iluminan. La constancia del color se debe fundamentalmente al hecho de que el color de un objeto se juzgaen función de lo que rodea a ese objeto, es decir, el color de un objeto no viene determinado por el nivel de energía de la fuente que lo ilumina, sino por la proporción de esta luz que el objeto refleja en relación con la proporción de luz reflejada por otros objetos de comparación en el mismo ambiente. Así se entiende que un coche verde alga nos parezca verde tanto de día como de noche, tanto si está iluminado por el sol como si está iluminado por una luz amarillenta, y que el terciopelo negro al sol nos parezca negro y el terciopelo blanco a la sombra nos parezca blanco.

3.1.2. Constancia del tamaño

La constancia del tamaño revela que el tamaño percibido de los objetos permanece constante y cer cano al tamaño objetivamente medio, a pesar de que el tamaño de un objeto cualquiera, proyectado en la retina, disminuye a medida que se aleja del ojo.

Esto quiere decir que si el tamaño percibido guardara relación con el tamaño original, a medida que los objetos se alejan de nosotros deberían parecemos cada vez más pequeños, pues el tamaño de la imagen retiniana se hace más pequeño a medida que aumenta la distancia de ellos a los ojos.

En realidad son tres los criterios que podemos utilizar para percibir el tamaño de los objetos. Si siguiéramos el criterio de la perspectiva, veríamos los objetos tanto más pequeños cuanto más alejados están del ojo; el tamaño percibido sería inversamente proporcional a la distancia. Si siguiéramos el criterio de tamaño real del objeto, veríamos los objetos tal como son; la constancia sería perfecta. Si siguiéramos un compromiso entre el tamaño en perspectiva y el tamaño real del objeto, que es el seguido en la percepción humana, los objetos percibidos disminuirían algo a medida que se alejan de los ojos, pero no tanto como exigiría el criterio de perspectiva.

3.1.3. Constancia de la forma

La constancia de la forma alude al hecho habitual de la experiencia en el que la forma percibida de un objeto se mantiene constante a pesar de los cambios producidos en la imagen retiniana. La mesa de la sala de conferencias nos sigue pareciendo rectangular tanto si la miramos de frente como si lo hacemos desde una esquina, en cuyo caso la imagen de la retina adopta una forma trapezoidal.

3.2. Percepción del espacio (profundidad)

La percepción de la profundidad constituye un problema no sólo para los pintores, los militares o los ingenieros, sino, sobre todo, para los psicólogos, dado que, mientras nuestra percepción de los objetos es tridimensional, la proyección de los objetos en la retina es plana. El fenómeno así presentado se convierte en un verdadero desafío a la explicación científica y no queda más solución que apelar a la intervención de claves indirectas.

Algunas de estas claves indirectas e inmediatas son percibidas por cada uno de los ojos, por eso se llaman claves monoculares de la distancia y aprecian la distancia relativa, es decir, la distancia basada en los efectos comparados de profundidad de unos objetos con otros. Otras claves son percibidas sólo con los dos ojos -son las claves binoculares- y aprecian la distancia absoluta de un mismo objeto en diversas posiciones de distinta lejanía estimada en términos, por ejemplo, de lo que hay que andar para llegar a él.

Entre las claves monoculares está el tamaño percibido: cuanto más lejos está un objeto de los ojos, más pequeño nos parece. Así, pues, el tamaño aparente de un objeto nos dice algo sobre la distancia a que se encuentra. Otra clave es la superposición: todo objeto que tapa a otro se considera más cercano, y la perspectiva, que ha sido utilizada habitual-mente por los pintores y dibujantes para expresar el grado de distancia. También funcionan algunos criterios bastante familiares como la convergencia lineal y la densidad visual. Por ejemplo, las vías del ferrocarril aparecen más anchas y sus traviesas más espaciadas en nuestra proximidad, mientras que las vías se aproximan y las traviesas se hacen más densas en la lejanía.

Los objetos que tienen contornos más borrosos parecen más lejanos, como se puede observar en el cuadro de Las Meninas de Velásquez, donde se consigue una impresión de relieve y realidad mediante el desdibujamiento de los contornos. Es el efecto de la perspectiva aérea. Igualmente actúan como criterio de distancia la luminosidad y la cromática. Así, por ejemplo, cuando dos pelotas se colocan a la misma distancia, la más iluminada parece más próxima. De los colores, el verde parece aproximarse, mientras el rojo retrocede. Por último, hay que se ñalar el movimiento del perceptor. Cuando viajamos en tren, los postes telegráficos parecen moverse en sentido contrario al viajero, mientras que las montañas se desplazan en el mismo sentido del tren.

La clave binocular más importante y más utilizada en los efectos de profundidad visual es la disparidad retinal, derivada del hecho de que los dos ojos, al estar separados por unos 45 mm., reciben perspectivas ligeramente distintas del mismo paisaje, que son traducidas por los centros visuales del cerebro en profundidad percibida. Si si- tuamos un lápiz a una distancia de medio metro y lo observamos con el ojo izquierdo, teniendo el ojo derecho cerrado, y cambiamos el proceso, cerrando el ojo izquierdo y observando el lápiz con el ojo derecho, advertiremos una diferencia en la visión que cada ojo recibe. Si acercamos el objeto hasta medio palmo delante de nosotros y repetimos el proceso, observaremos que la diferencia entre las dos imágenes del lápiz es mucho más pronunciada, y es que la disparidad retinal es una clave poderosa para percibir la profundidad o distancia.

Es pues la disparidad retinal la causa de nuestra visión del volumen y de la distancia. En esta disparidad reti nal se apoya igualmente el efecto estereoscópico de profundidad que se consigue cuando dos dibujos se muestran separadamente uno a cada ojo.

La clave de convergencia del ojo, aunque aceptada por todos, resulta, sin embargo, más dudosa. Reside en el hecho de que cuando observamos un objeto que está a menos de veinte metros, los ojos deben volverse el uno hacia el otro para poder fijar el objeto. Cuanto más cercano está el objeto, mayor será el grado de convergencia.

Parece que los músculos que controlan la convergencia transmiten mensajes relacionados con la cantidad de la tensión implicada en la vuelta de los ojos. Esa información sirve como clave cinestésica de distancia.

Un tema de especial interés es si los niños pequeños son capaces de percibir la profundidad. En los experimentos realizados hasta ahora se suele utilizar el famoso acantilado visual (que consiste en un tablero colocado de través sobre una fuerte lámina de cristal con un tejido de dibujos geométricos puestos directamente sobre el cristal, en un lado, y a varios metros por debajo, en el otro). Colocado el niño sobre el tablero central, se arrastra gateando hacia su madre a través del lado llamado superficial, cristal sólido bajo el cual está el tejido de dibujos geométricos. Cuando se le llama, en cambio, desde el lado profundo (que da la impresión de profundidad), el niño da palmadas sobre el cristal y, a pesar de que ve que el acantilado es una superficie sólida, no se atreve a cruzarlo para llegar adonde está su madre. Los experimentos demuestran que los niños pueden percibir la profundidad en cuanto pueden arrastrarse, pero no prueban que la percepción del niño y la evitación del acantilado sean innatas, aunque esta interpretación viene avalada por los experimentos hechos con animales pequeños.

3.3. Percepción del movimiento

La percepción del movimiento se puede explicar sobre la base de la estimulación de partes sucesivas de la retina. Cuando se mueve, por ejemplo, una imagen a lo largo de nuestra línea de visión, produce un patrón de estimulación sucesiva de bastones y conos y percibimos la sucesión de movimiento. Pero esta explicación no parece tan convincente cuando se observa que puede haber una estimulación sucesiva sobre la retina sin que se perciba la sucesión de movimiento; por ejemplo, al volver la cabeza para mirar alrededor de la habitación, las imágenes se mueven a lo largo de la retina y los objetos, sin embargo, permanecen estacionarios. Es la cabeza la que se mueve, y no la habitación ni los objetos que se encuentran en ella. Por otra parte, se puede producir una sensación de movimiento sin que se produzca una estimulación sucesiva; por ejemplo, al presionar el ojo con el dedo ligeramente de derecha a izquierda o viceversa. En todo caso, parece necesario que intervenga algún proceso cerebral su perior que integre la información de la estimulación retinal y la información producto de la cabeza.

a) Movimiento aparente

El movimiento autocinético es el movimiento aparente de una luz estacionaria dentro de una habitación oscura. El sujeto que se sitúa frente al punto luminoso, en medio de la oscuridad, observa al poco tiempo que esa luz comienza a moverse de un punto a otro de una forma errática. No se ha encontrado todavía explicación satisfactoria de este fenómeno, pero se sabe que se produce en un ambiente visualmente empobrecido, sin marco de referencia frente al cual determinar que el punto de luz está estático, pues en cuanto se ilumina la habitación desaparece el efecto. El movimiento estroboscópico es otro tipo de movimiento aparente y constituye la base de las películas. Se produce cuando se presentan en sucesión estímulos inmóviles y separados. Al presentarse los esquemas del film ligeramente diferenciados unos de otros, en rápida sucesión, las imágenes se combinan y producen movimiento. El movimiento phi es el movimiento aparente que se produce cuando una luz, de las varias luces dispuestas en círculo, por ejemplo, se enciende y se apaga, encendiéndose inmediatamente la siguiente, y así de forma sucesiva todas las demás. El efecto producido es la ilusión de una luz moviéndose de una posición a otra a lo largo del círculo.

b) Movimiento real

La percepción del movimiento real es mucho más compleja y depende de las relaciones entre los objetos dentro del campo visual. Es el cerebro el que tiene que decidir lo que está moviéndose y lo que está quieto respecto de algún esquema de referencia. De hecho, cuando sólo tenemos una información visual, tendemos a pensar que los objetos mayores son estacionarios y que los pequeños están en movimiento. Así, por ejemplo, cuando el cielo está limpio, la luna parece estacionaria, y cuando el cielo aparece cruzado por nubes en movimiento, la luna parece moverse a lo largo del cielo mientras las nubes parecen, en cambio, fijas. Cuando vamos en tren, no sabemos a veces si es nuestro vagón o el de enfrente el que se está moviendo.

En el mundo real, nuestros ojos no están nunca completamente quietos, sino que están moviéndose incluso cuando están centrados en objetos en reposo. Sin embargo, vemos los objetos estacionarios como inmóviles, a pesar de los suaves y constantes movimientos de nuestros ojos que producen imágenes retínales continuamente cambiantes. Y vemos los objetos en movimiento como moviéndose, a pesar de producirse una imagen retinal estacionaria.

Parece probable que sean los centros superiores del cerebro los responsables de nuestras percepciones de movimiento o estabilidad, de acuerdo con lo que ocurre en el ambiente. En realidad, el cerebro compara la información comunicada y recibida de los movimientos del ojo con la información recibida de la retina del ojo. Si la imagen retinal se mueve, pero los ojos también están moviéndose, entonces el cerebro decide que el objeto observado está quieto.

Si la imagen de la retina está estacionaria, pero los ojos están moviéndose, el cerebro concluye que el objeto está entonces moviéndose. Al cerebro se le puede engañar aparentemente; por ejemplo, si cerramos un ojo, miramos esta página del libro y presionamos ligeramente el lado del ojo abierto, comprobaremos que la página se mueve. Lo que está ocurriendo es que el cerebro, privado del feed-back usual del movimiento normal del ojo proveniente de los músculos que controlan el ojo, provoca una imagen retinal en movimiento; pero sin los movimientos del ojo, necesarios para informar al cerebro de que los ojos están explorando, la decisión del cerebro es que el objeto está moviéndose.

3.4. Percepción del tiempo

Todos tenemos conciencia del tiempo, de que éste pasa lentamente o de prisa, según las ocasio nes, e incluso llegamos a tener la sensación de que nos falta el tiempo. Esta experiencia del tiempo sig nifica en realidad que estamos comprometidos en muchos cambios, pues la experiencia del tiempo no es otra cosa que la experiencia de la conducta en relación con los cambios.

Psicológicamente, suelen destacarse tres cuestiones relacionadas con el tiempo. En primer lugar, la percepción de la sucesión. Nuestra experiencia personal del tiempo depende de la excitación de los centros receptores de la corteza. Si se producen excitaciones simultáneas de estos centros, se producen paralelamente percepciones simultáneas, y si las excitaciones son sucesivas, las percepciones lo son también. Con todo, para que se pueda percibir una sucesión no sólo se requiere una excitación sucesiva por parte de los acontecimientos físicos esti- mulares, sino que intervienen distintas variables que pueden retardar o acelerar la transmisión de la información estimulada hasta los receptores centrales. Entre estas variables están los factores físicos (el relámpago precede al trueno, al ser mayor la velocidad de la luz que la del sonido), biológicos (entre otros, la distancia de los receptores a la corteza) y psicológicos (la actitud del sujeto: el estímulo ante el cual nos concentramos se percibe antes que el estímulo inesperado).

La duración del tiempo sólo podemos percibirla cuando es breve (menos de cerca de dos segundos). Cuando se

alarga, sólo podemos estimarla o evaluarla. La psicología ha estudiado los mecanismos y factores de la estimación de la duración cuando faltan marcos de referencia suficientes que permitan su medida.

Un factor importante es la naturaleza de la situación. Algunos autores han estudiado la reproducción de una duración de 1 a 26 segundos en condiciones distintas: cuarto iluminado con o sin ruido, y cuarto oscuro con o sin ruido. La conclusión es que el silencio produce, con relación al ruido, una sobreestimación de la duración, mientras que la oscuridad y la luz no producen efecto alguno.

También se ha estudiado la naturaleza de la tarea. El resultado general de los experimentos en los que se han estudiado los efectos de tareas vacías (descansar con los ojos cerrados sin hacer nada), tareas rutinarias (como escribir letras del abecedario al revés), y tareas difíciles y comprometidas (como resolver problemas), es que, siendo constante la situación, cuanto más elevado es el nivel de la actividad, más breve parece su duración. La explicación parece residir tanto en el aspecto motivacional (cuanto más elevado es el nivel de la tarea, más interesante se hace) como en la experiencia del cambio (pues cuanto más elevado es el nivel de la tarea, menos fragmentaria parece). Otro factor importante es la motivación del sujeto. Todos sabemos por experiencia que los estados anímicos de aburrimiento o interés influyen poderosamente en la vivencia subjetiva de la duración y que el tiempo se alarga en la medida en que fijamos nuestra atención en él. Nunca parece un minuto tan largo como cuando miramos el segundero que recorre los sesenta segundos. Pero, ¿cómo actúa la motivación? El principio general es que cuanto mayor es la motivación en la tarea, más brevemente transcurre el tiempo que invertimos en ella. Así, por ejemplo, cuando en un momento determinado el interés del sujeto se proyecta hacia una actividad posterior y la situación