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Performance-Optimized Quantization for InSAR Applications

7 Predictive Quantization for Data Volume Reduction in Staggered

4.4 Performance-Optimized Quantization for InSAR Applications

La posición de Watson es semejante a la posición del monismo materialista, que resuelve el problema de las relaciones entre los dos elementos de la relación reduciéndolos a uno de ellos, el material. Según Watson, los fenómenos mentales no pueden ser estudiados con procedimientos científicos —reduccionismo metodológico-, y además no existen —reduccionismo metafísica-. En este sentido, el problema mente-cuerpo no existe como tal, sino que es un pseudo-problema.

La psicología de la gestalt ha postulado una relación isomórfica para explicar las relaciones entre la mente y el cuerpo. Según esta explicación, el campo perceptual se corresponde con el subyacente campo excitatorio cerebral, aunque no de forma exacta. Más concretamente, existe una estrecha correspondencia entre los procesos químicos y eléctricos del cerebro y la experiencia subjetiva, es decir, una correspondencia de patrones entre uno y otro, pero no identidad. Se trata, en el fondo, de una solución dualista, ya que exige, por una parte, la experiencia sensorial y, por otra, la excitación neural.

De acuerdo con el fisicalismo, movimiento iniciado por Carnap, las leyes psicológicas son casos especiales expresables en lenguaje físico. Esto quiere decir que los fenómenos mentales se pueden describir en términos físicos y las leyes que los rigen se reducen a las leyes que imperan en la naturaleza física.

Para Skinner, se trata también de un pseudo-problema, pues la única diferencia que existe entre lo que ocurre en el interior del hombre y lo que ocurre en el exterior a él es simplemente que lo que hay en el interior es menos público, pero puede ser pensado igualmente como conducta. La conducta de ver difiere de la conducta de andar en que la segunda puede ser observada, mientras la primera no. La primera es encubierta y la segunda es abier ta. Pero los principios de la conducta humana, basados en las relaciones de conducta abierta, pueden ser extrapolados perfectamente para explicar las conductas encubiertas.

La solución aportada por Skinner es una solución semántica, por tratarse de un pseudo-problema creado a través del uso del lenguaje. Según Skinner, los términos referidos a estados mentales (términos subjetivos) se adquieren como parte del proceso de adquisición del lenguaje. La mamá observa a Juanito y le dice:«Juanito, estás cansado, o estás triste...». Juanito aprenderá más tarde a decir: «estoy cansado, estoy triste...». Ahora bien, mediante estas expresiones, Juanito no está haciendo un informe de su examen introspectivo, sino adscribiéndose a sí mismo términos que le aplicó inicial-mente su madre a partir de los síntomas o situaciones de conducta previamente observados por ella.

Feigl propone una teoría de la identidad de lo físico y lo mental. Según este autor, ciertos términos neurofisiológicos (científicos o técnicos) y ciertos términos fenoménicos (términos que aluden a la experiencia subjetiva) se refieren a los mismos sucesos, es decir, tienen idénticos referentes. Cuando decimos «yo estaba enfadado», estamos usando una terminología fenoménica para describir un cierto suceso que sería descrito por un fisiólogo en térmi nos diferentes diciendo, por ejemplo, que el cuerpo producía una gran cantidad de adrenalina, o que el ritmo cardíaco se aceleraba a tantas pulsaciones por minuto. Más que dividir el mundo en dos reinos, lo físico y lo mental, Feigl postula una realidad única, pero que puede ser descrita por medio de dos sistemas conceptuales distintos.

¿Cuál es la posición más aceptable en estos momentos? La mayor parte de los investigadores actuales (Wolman, Rodríguez Delgado, Sperry, Eccles, Popper, Pinillos) son partidarios del monismo emergentista, según el cual la mente puede considerarse como un grado superior del gran repliegue que la materia ha realizado sobre sí misma en su proceso de organización; de esta forma, la continuidad de origen entre lo material y lo mental hace posible la acción recíproca de un nivel con otro. La mente surge pues con el tiempo de la propia materia, y es esa comunidad de origen la que hace posible la interacción; es evidente que no se trata de una interacción entre elementos heterogéneos, pero, como señala Pinillos, esto no significa que no existan diferencias cualitativas importantes entre los dos niveles de la realidad que en la evolución se han producido.

2. La conciencia

Aunque ambos términos, mente y conciencia, resultan sinónimos y pueden utilizarse de forma intercambiable en algunos casos, tienen significados distintos. Los estructuralistas ya habían distinguido entre conciencia, como el conjunto de experiencias que un sujeto tiene en un momento determinado, y mente, como el conjunto de experiencias que un sujeto ha tenido a lo largo de la vida.

La conciencia hace referencia hoy a la manera en que el organismo procesa la información del am biente. Se trata por tanto de un constructo basado en los sucesos observados. La mente, al igual que la conciencia, es otro constructo, aunque más amplio y bastante menos preciso, que abarcaría la totalidad de las experiencias conscientes.

La conciencia es algo que se acepta sin discusión desde el punto de vista de la experiencia personal y colectiva, lo que no impide comprender que sólo se trata de un constructo, y que tanto su status científico como sus relaciones con los procesos cerebrales son algo problemático que encierran, por otra parte, una indudable trascendencia. El punto central en torno al cual se organiza la discusión científica sobre la conciencia es el de las relaciones entre la conciencia y el cerebro. Parece claro que hay unas relaciones causales directas cerebro-conciencia, cerebro- conducta y conducta-cerebro, pero no están claras las relaciones causales conciencia-cerebro, es decir, no está claro si la conciencia juega un papel activo en los procesos cerebrales, o si, por el contrario, la conciencia queda relegada a desempeñar un papel meramente pasivo en relación a esos procesos.

La teoría activa de la conciencia supone que entre cerebro y conciencia se establece una relación bidireccional activa y causal, mientras que la teoría pasiva sólo admite una relación causativa unidireccional, desde el cerebro a la conciencia, y no al revés, de forma que los sucesivos estados cerebrales están directa y únicamente influidos por los estados del cerebro, ignorando por completo el posible papel activo que los estados mentales puedan tener sobre la actividad cerebral.

A favor del papel activo de la conciencia hay argumentos de naturaleza muy diversa: experiencial, teórica, experimental y neurofisiológica. La evidencia experiencial se basa en la seguridad que todos hemos alcanzado a través de la introspección de que lo que percibimos afecta a las decisiones que tomamos, y lo que decidimos determina el rumbo de nuestras acciones personales. Desde el punto de vista teórico, conviene recordar la idea de James, que dice que si la conciencia no hubiera jugado un papel importante en la conducta, no habría sobrevivido en la evolución humana. Su papel es selectivo, permitiendo al hombre adaptarse a las condiciones cambiantes de una manera eficaz.

La argumentación experimental arranca de la influencia comprobada de la imaginación sobre algunos procesos como el aprendizaje y la memoria. Se sabe que la imagen -representación interiorizada de las experiencias preceptúales- facilita las tareas de aprendizaje y memoria, como se ha constatado al comparar los resultados obtenidos en diversas prácticas realizadas con ayuda y sin ayuda de imágenes de cosas concretas. Por ejemplo, cuando no se puede recordar el nombre de una persona a través de claves verbales, basta imaginar el rostro de esa persona para recordar inmediatamente su nombre.

La prueba neurofisiológica se apoya en los experimentos realizados por Sperry 28 en sujetos humanos con el cerebro

dividido. Sperry estudió una serie de enfermos a los que se les desconectaban los hemisferios cerebrales, incluyendo la sección completa del cuerpo calloso que comunica las dos mitades del cerebro, para controlar ataques epilépticos graves. El interés del estudio era descubrir qué ocurre en la experiencia consciente, manifestada a través de los informes verbales de la conducta del sujeto, cuando se separan los dos hemisferios cerebrales.

Uno de los datos más fascinantes de esta aventura experimental fue la existencia de una especie de duplicado de conciencia, es decir, los pacientes se comportaban como si tuvieran dos conciencias, una en cada hemisferio y alejada del contexto mental de la otra. Cada hemisferio parecía tener sus propias sensaciones, conceptos, impulsos y aprendizajes; incluso cada hemisferio tenía su propia memoria desconectada por completo de los almacenes de memoria del otro hemisferio; había pues, al parecer, dos mundos mentales distintos.

Los experimentos realizados con este tipo de sujetos son reveladores. Si el experimentador presenta una estimulación visual, a la mitad derecha del campo visual, que está servida por el sistema óptico del hemisferio izquierdo -por el cruce de la mayor parte de las fibras nerviosas—, las personas diestras que tienen el cerebro dividido hablan y escriben de manera normal.

Pero cuando se presenta el mismo material en el lado izquierdo, activando por tanto los centros cerebrales del hemisferio derecho en el sujeto diestro, éste no puede informar de lo que ha visto, a lo más dice que ha sentido un flash de luz; pero en cambio puede señalarlo de forma correcta con su mano izquierda.

Así, cuando se presenta al sujeto un dibujo, por ejemplo de una fruta, en el campo visual izquierdo, servido por el hemisferio no dominante en el sujeto diestro, éste puede localizar el objeto apropiado con un toque ciego, pero sólo cuando utiliza la mano izquierda. La mano derecha aparentemente no sabe lo que está buscando cuando están los hemisferios desconectados.

La repetida observación del duplicado de conciencia, dice Sperry, permite afirmar que la conciencia es, por tanto, una propiedad dinámica emergente de la excitación cerebral; es decir, que los procesos conscientes son de alguna manera producidos por clases especiales de funciones cerebrales al modo como el agua resulta de la combinación de dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno. Respecto a la relación entre la conciencia y el cerebro, aún es más explícito, llegando a decir que los fenómenos conscientes de la experiencia subjetiva actúan sobre el proceso cerebral activa y causal-mente, de forma que la conciencia tiene un papel directivo en la determinación de la corriente de excitación cerebral. El papel de la conciencia, sin embargo, es el de supervenir, más que intervenir, en la fisiología del cerebro. Quiere esto decir que los procesos conscientes desempeñan un papel autónomo e independiente como procesos superiores, aunque son producto de mecanismos cerebrales y no influyen directamente en procesos cerebrales específicos; su papel es más de instrumento causal regulador o moderador (superviniente) que de instrumento directo, inmediato o de intervención.

La visión del problema mente-cuerpo o conciencia-cerebro que hemos examinado detenidamente ha tenido en cuenta sólo dos dimensiones del problema: la que podríamos llamar dimensión biológica: las acciones o cambios que tienen lugar en el cerebro son la causa de las experiencias subjetivas en la mente (versión pasiva del papel de la conciencia) y la dimensión intrapsíquica: la conciencia controla la actividad cerebral y corporal del sujeto (versión activa del papel de la conciencia). En realidad cabe otra tercera dimensión, la social, que acentúa la influencia del mundo exterior sobre nuestra manera de pensar. Los defensores de esta posición creen que el ambiente determina desde los primeros años la mayor parte de los pensamientos y acciones del sujeto. Este adquiere esas conductas porque es premiado por aprenderlas y porque tiende a imitar a otras personas que realizan esas mismas conductas. A medida que va desarrollándose, descubre otras maneras de cambiar deliberadamente su conducta, de manera que su ambiente le ofrezca diferentes estímulos. Así, pues, el sujeto y el ambiente constituyen un sistema interactivo influyendo uno en el otro de manera predictible.