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Aunque el rápido proceso de urbanización del país se inicio comenzando el siglo XX, en la década de los treinta el ingreso básico de Colombia aún dependía de la economía rural, si bien, como lo analizaremos adelante, la industrialización del campo se inicia terminando el Siglo XIX, en esta década el nivel de mecanización rural es muy inferior a la de los países desarrollados, situación que define al país en una economía provinciana dependiente solo de mercados locales y regionales. Con esta preocupación el periodo de hegemonía liberal de los treinta y los cuarenta busca encontrar soluciones al “subdesarrollo del sector”. Es así como en 1948 ante el ofrecimiento de créditos blandos del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), entidad manejada por los Estados Unidos de América, el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez solicita un crédito por $78.000.000 US, con la idea liberal, criolla y vaga de “modernizar” el país. La solicitud es recibida con reservas por la entidad, condicionándola a que los recursos sean invertidos ajustados a un plan estructurado de desarrollo (por supuesto a la luz de lo que los países hegemónicos desarrollados consideran es desarrollo para un país sub-desarrollado). Es así como encargan al economista Lauchlin Currie, asesor del presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt, para que dirija la Misión Colombia. El estudio se inicia en 1949 y luego de diferentes análisis se presenta en 1950 un documento compuesto por dos partes gruesas; el primero muestra un diagnostico del país, el segundo hace las recomendaciones necesarias para que el país salga de las condiciones de pobreza en el que según los encargados, lo encontraron. Frente a los análisis y propuestas de la misión surge la pregunta ¿Porqué los países desarrollados de post-guerra estaban interesados en ayudar los países pobres? A priori, para los ganadores del conflicto era urgente armar el nuevo mapa político, de poder y de expansión. Dada así las cosas, el reclutar países hasta entonces neutrales, era parte de la prisa. Y las estrategias económicas empleadas ya desde el siglo XIX por el imperio ingles para someter, eran aún validas para este reclutamiento. Es por esto que el “botín de guerra”, el producto de las hostilidades, los excelentes dividendos económicos de postguerra, los excedentes de la producción bélica,

de la factoría y máquina de guerra, los países ganadores como U.S.A. no solo los destinaron a la reconstrucción, también fue importante destinarlos a este tipo de acciones de sometimiento. Tal vez podamos encontrar más preguntas y respuestas, en las orientaciones de los análisis y propuestas de la “Misión Colombia”.

El diagnostico. Lo primero que sorprende a la misión es encontrar una población plagada a tal grado de pobreza, en un medio plagado a tal grado de riqueza. Encuentran que las condiciones topográficas, climáticas y naturales en general, no solo son su virtud, sino que también son su carencia. Las montañas por ejemplo permiten gran cantidad de climas y por consecuencia diversidad de cultivos, pero son estas mismas montañas las que impiden una adecuada y fácil comunicación entre los centros de producción. Es entonces el transporte y la infraestructura en general una de las causas fundamentales en el atraso del desarrollo económico del país; el sistema fluvial a través del Rio Magdalena y el sistema férreo en un solo sentido, eran insuficientes para conectar las zonas de producción y consumo. Otra importante causa a la pobreza detectada, fue la corrupción y desorden administrativo, que se evidenciaba tanto a nivel local como a nivel nacional, hecho que desangraba los escasos recursos con los que disponía la nación. Encontraron que aunque el país era eminentemente rural, las condiciones de vida del campo eran particularmente dramáticas. Si bien, como lo comentábamos antes, la industrialización del campo se había iniciado, no era lo suficientemente eficiente y los niveles de productividad eran muy bajos, “En general y exceptuando algunas grandes haciendas de caña de azúcar, algodón, café y arroz, la agricultura que se da en el país es de subsistencia, en parcelas fragmentadas en promedio de 2 hectáreas” (Currie, 1951: 71)46, es claro con lo anterior que: por un lado, se entiende productividad solo en tanto hay grandes porciones de tierra, clara apología a la tradición terrateniente de nuestro territorio rural; y por el otro, que la eficiencia se da supuestamente, en tanto se industrialice y se traslade la economía de escala a la producción rural, desconociendo abiertamente la posibilidad y eficiencia de las tecnologías tradicionales de los pequeños sustentables pluri-cultivos, formas agrarias reivindicadas hoy en día. Con respecto a las jóvenes e insipientes industrias criollas, observaron que su tecnología estaba anquilosada, situación que sumada a las deficientes condiciones de las vías de comunicación del país, generaban gran dificultad para buscar nuevos mercados. Por esto, los bajos y competitivos precios que se generaban de la economía de escala, no eran factibles en estas factorías. Otro factor importante que descubrió la misión, fueron los bajos estándares de salud y servicios que ofrecía la nación; si bien los índices de natalidad eran altos, los índices de mortalidad también eran altos, según el informe la expectativa de vida en el país no superaba los 40 años de edad. Recomendaciones: Suponemos que la misión se puso por tarea descubrir las causas del atraso en Colombia y buscar soluciones que encajaran en las políticas y economías internacionales; en tal sentido la misión expone: “la mejor utilización de los recursos naturales, el mejoramiento en la calidad de los trabajadores y en la administración, el suministro de más capital y la mejor organización de los factores de producción, tienen

todos influencia directa en la producción per cápita y por lo tanto en el nivel de vida” (Currie, 1951: 408)47, para lo anterior la misión hace las siguientes propuestas: Ante las dificultades de la topografía nacional y la supuesta rigidez del sistema férreo, se propone privilegiar y desarrollar un sistema de tráfico vehicular de transporte pesado para conectar los productos desde el centro hacia los puertos y viceversa, consideran que las carreteras son más flexibles y permiten adaptarse mejor a las condiciones de intercambio interno; es así que desde entonces entramos en la carrera de carreteras tortuosas torturando las superficies montañosas del paisaje andino, olvidando poco a poco las posibilidades de transporte en masa del modo férreo y fluvial. Tratando de emular y trasladar al campo las economías de escala de las factorías urbanas, la misión propone industrializar “masivamente” el territorio rural, “eficiencia mecánica” que desplazaría al campesino generando también un desempleo “masivo” y forzando al excedente de mano de obra a emigrar a la ciudad para ocupar las “masivas” vacantes de la industria, institución urbana capitalista, que debería crecer proporcionalmente al desarrollo rural; la misión propone entonces “un cambio en la importancia de algunos productos agrícolas, con una consecuente disminución en la cantidad de trabajo necesaria para su explotación y el consecuente traslado de la población de las actividades agrícolas a otros propósitos para desarrollar los amplios objetivos trazados en los ramos de la industria, la construcción, los transportes y los servicios públicos” (Currie, 1951: 421)48; Así pues, el campo con relativamente pocos trabajadores, sería un escenario ideal para que los grandes terratenientes instalaran sus fabricas rurales de alimentos y la ciudad el escenario perfecto para el control y manipulación de la pobreza campesina y obrera, que tendría que ubicarse a las buenas o a las malas en las periferias físicas y sociales de las grandes ciudades, el crecimiento urbano garantizaría adicionalmente un mercado compacto sometido y favoreciendo el consumo local. Con respecto a la industria, en el propósito de bajar costos de producción, se hacía urgente poner en marcha 3 aspectos fundamentales: 1- Mejorar la infraestructura y vías, 2- Con una industrialización en el campo los costos de las materias primas supuestamente bajarían y los salarios al tener gran cantidad de demanda, producto también de las migraciones campesinas, bajarían también en su costo, 3- Además para mejorar la productividad se planteaba capacitación técnica para los obreros. Tres propósitos fundamentales para la institución preferida del capitalismo (La Factoría), bajar costos de transporte, de materia prima y de mano de obra, situación que permitiría no solo aumentar la rentabilidad de los emporios, sino bajar los precios de venta y entrar así en la competitividad de los mercados internacionales; es bueno aclarar que ya desde entonces existía una alta participación directa o indirecta de capital extranjero en estas industrias criollas. El informe también hace recomendaciones con respecto a temas de salud, de administración pública y de servicios públicos, todos encaminados al desarrollo, progreso, mayor productividad y eficiencia para la gestión privada.

Queriéndolo o no la teoría económica Currie generó la expulsión del campo de la población rural, desplazamiento y fuertes migraciones para conformar lo que se denomino

47 Enunciado en: Bogotá años 50, el inicio de la metrópoli. p. 46

el “ejército laboral rural de reserva”, multitud de campesinos ansiosos de cubrir las oportunidades de trabajo de las industrias urbanas, mano de obra de sobra barata dispuesta a regalar su trabajo para reemplazar los posibles malos trabajadores que además pudieran exigir mejores salarios. “Si el trabajador no es eficiente y no baja el valor del sueldo, afuera de la fabrica están 2000 campesinos hambrientos esperando a trabajar por la mitad de lo que usted está recibiendo”. Según Lauchlin Currie el alto desempleo rural era consecuencia de la mala distribución de los recursos humanos y técnicos. La solución estaba en llevar la fuerza de trabajo de los campos a las ciudades, ocupándola en actividades que requirieran mano de obra no calificada para la construcción, la industria y para trabajos menores, mientras que las actividades rurales deberían tecnificarse para elevar su productividad. En 1960, propuso una sustancial redistribución de los recursos humanos, creando 500 mil empleos nuevos en las ciudades en un lapso de dos años, según Currie, el problema del desarrollo colombiano se basaba en una demanda insuficiente, con la cual las actividades industriales no alcanzaban a obtener economías de escala y por consecuencia, tampoco lograban costos de producción bajos. Para entonces el presidente Lleras Camargo con la asesoría de su primo el futuro presidente Lleras Restrepo, rechazó los planteamientos de Currie, dado que eran evidentes los privilegios urbanos, en contravía del compromiso que Lleras había adquirido con los programas de desarrollo y reforma agraria propuestos por la “Alianza para el Progreso”, programa para Latinoamérica impulsado por el presidente de los E.U., John F. Kennedy, en el que se priorizaba la entrega de tierras a campesinos desposeídos.

El Plan Bogotá 1953 (Currie- Peñalosa)

Como consecuencia de los programas planteados para el país, en 1952 Currie es invitado de nuevo, esta vez a formar parte del Consejo Nacional de Planeación (C.N.P.), junto a Enrique Peñalosa trabajan en estudios de desarrollo para algunas ciudades del país, dentro de estos encargos se les encomendó el Plan administrativo y fiscal para Bogotá que supuestamente debería ser coherente y correspondiente con el desarrollo físico propuesto por el ya casi listo, Plan Regulador de Wiener y Sert. Según Currie y Peñalosa: “En lo sustancial armónico con el plan regulador…Los dos planes juntos proveen un completo planeamiento de la ciudad” (C.N.P. 1953:3)49 Muy a pesar de lo anterior, luego (¿o antes?) del análisis y el diagnóstico, el plan Currie Peñalosa concluye en la necesidad de expandir la ciudad con el consecuente ensanche de la infraestructura urbana, conclusión muy diferente a la propuesta de Le Corbusier, quien como lo vimos antes, planteaba la necesidad de controlar el crecimiento urbano, respetando los paisajes rural y natural vecinos a la ciudad; recordemos que una de las exigencias del “Plan Director” era sellar el “Plan Regulador” con un “Plan Regional”, última fase del encargo, que proyectaría integralmente la ciudad incluyendo la estructura ecológica, la estructura rural y las poblaciones vecinas. Lo que en principio se pensó como una estrategia en la cual, trabajarían mancomunadamente los dos planes en pro del desarrollo armónico de la ciudad y la región, termino siendo una pugna entre una visión del territorio expansionista y

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depredadora, basada en aspectos económicos y administrativos (Currie-Peñalosa) y una visión sustentable y equilibrada, basada en el estudio físico y geográfico del territorio (Corbusier-Wiener-Sert). El modelo moderno capitalista (enunciado en el capítulo 2.3) en su fase de producción y consumo, con sus engañosos y sesgados postulados de “Crecimiento, Desarrollo y Progreso” estaban de nuevo sobre el tapete con el plan fiscal y administrativo para Bogotá de Currie y Peñalosa, sus consideraciones de “desarrollo" son referidas al mejoramiento de los servicios, a la necesidad de expandir el tejido vial para mejorar la conectividad, ampliar la urbanización para albergar las futuras poblaciones, un crecimiento entendido como imposición de las estructuras urbanas sobre las estructuras de sostén ecológico y agrario, aquí el progreso social es equiparado al impulso de los dos motores económicos expuestos en la Misión Colombia, es decir la industria, el transporte y la construcción, ambos beneficios en última instancia de los intereses privados. Además estas consideraciones eran muy consecuentes con los conceptos de la “Misión Colombia”, recordemos que la misión planteaba frente a la poca productividad agraria, una intensiva industrialización del campo, inversión que a mediano plazo bajaría costos de insumos y mano de obra, pero que conllevaría a un desempleo masivo de campesinos, esta fuerza laboral cesante, esta masa de campesinos engrosaría lo que en adelante se llamo “el “ejército laboral de reserva”, de su informe: “La amplia pauta de desarrollo que se contempla, requiere que una menor proporción de la población esté vinculada a las labores agrícolas y una mayor proporción vaya a los sectores urbanos” (Currie, 1951: 411)50. Lo anterior desnuda la abierta intensión de la misión por construir un modelo económico en el que la urbanización del país era eje fundamental. Como lo comentamos antes, el lugar preferido del capitalismo para controlar la clase obrera y campesina es la ciudad, desde los cinturones de pobreza de Bogotá en donde a las buenas o a las malas se tendrían que ubicar, era posible en conjunto organizarlos y manipularlos. La “industria”, la gran institución económica urbana, tendría este gran ejército a su disposición, situación que aumentaría la oferta de trabajo obrero, presionando a la disminución de sueldos, es decir, bajaría el costo de mano de obra para una mayor rentabilidad de la producción de las industrias. Por otro lado, los otros beneficiados en la manipulación del ejército laboral, serían las empresas urbanizadoras, especuladoras del suelo natural y rural, convertido en urbano. Adicionalmente habíamos dicho que este crecimiento urbano garantizaba un mercado compacto, que aumentaría el consumo local y por consiguiente otra rentabilidad para las empresas de producción y comercialización. Todo un montaje económico, estructurado para el beneficio de una clase hegemónica, representada en la oligarquía agraria, industrial y constructora. Montaje que requería urgentemente un escenario para el “desarrollo” del “progreso” de unos pocos, ese escenario era el “crecimiento” urbano, era imprescindible la expansión para especular con la comercialización, con la urbanización y con la industria. No podemos olvidar que Currie venía de la “guarida secreta del autoritario capitalismo estadounidense”, este es el “modelo” que implanta en nuestras criollas tierras. Por supuesto la recomendación del plan, para el beneficio hegemónico, fue no solo extender la ciudad, sino garantizar tierras naturales y rurales suficientes, factibles de ser

urbanizadas para el explosivo crecimiento de la ciudad, que previeron y que efectivamente se dio, “que el área cubierta por el plan general (de nuevo recuerdo que Corbusier Wiener y Sert preveían en los planes un perímetro urbano contenido) y por los servicios más necesarios, corresponda no solo al área urbanizable, sino también que sea un poco mayor para dar margen al factor del crecimiento” (CNP,1953:10)51. Es así como desde el mismo plan se presiona, como lo veremos más adelante, al gobierno municipal, departamental y luego al gobierno nacional, para que se decrete un régimen especial para Bogotá y se anexe el arco de municipios circunvecinos de Bogotá (Usaquén, Suba, Engativa, Fontibón, Bosa y Usme). Idea nada nueva, vimos en el capitulo anterior como la reforma constitucional de 1945, preveía la posibilidad que Bogotá incorporara los municipios vecinos, previa autorización de los concejos municipales.

Frente a la retorica inicial del plan, ofreciendo con el crecimiento urbano y el desarrollo económico, progreso y bienestar para la clase campesina y obrera; ¿Porqué las décadas siguientes de crecimiento generaron grandes cinturones de pobreza y un fuerte deterioro del paisaje físico y social de la ciudad, el campo y la naturaleza? Es en este contexto es en el que Bogotá dispara su crecimiento a partir de los años cincuenta