A la luz del pensamiento contemporáneo, pareciera que los problemas urbanos no tienen ni universalidad ni localidad en sí mismos, el problema es de tal complejidad, que es imposible empacarlos en lo reductible, requiere del uno para suponer el otro. Beber en la universalidad anima la localidad y viceversa, no se trata de uniformar las acciones territoriales, más bien de complejizarlas en este escenario del todo y la unidad, actuando con otras dinámicas, en donde las diferencias no son contrarias, sino complementarias. Frente a la exigencia de ciertos sectores de poder, en la cual se da por hecho la necesidad de estar conectado con el todo para estar presente dentro de la realidad contemporánea; existen otras muchas opciones que reivindican desde la localidad otro tipo de relaciones que generan conexiones múltiples sin necesidad de la globalidad. Sin embargo insisto en que, si deseamos desarrollos territoriales equilibrados o sustentable necesitamos diálogos tanto desde la globalidad como desde la localidad.
Es posible que nuestra época global ostente ciertas características generales, sin embargo estas circunstancias homogéneas son asumidas por cada cultura de forma
particular. Unas culturas pueden crear o generar las condiciones, otras las pueden incorporar; unos pueblos las rechazan, otros las recrean; unas las imponen, otras las asumen. Nuestros típicos retazos de ciudad han querido estar y entrar en estas transformaciones, pero, ¿Cuál será la articulación de Firavitoba con New York? ¿Qué de indio soy, que de Matrix seré? ¿Qué queda ahogado cuando la generalidad entra en la particularidad, o viceversa?
El supuesto teórico del neocapitalismo salvaje en el cual, la globalización es un instrumento fundamental para la democratización del bienestar, aumentando los niveles de calidad de vida, beneficiando a todas las clases sociales y a todas las naciones sin distingo; En la práctica se desvirtúa sustancialmente, debido a que los beneficios siguen acumulándose en los circuitos de poder económico, fortaleciendo aún más las estructuras de comercialización y deteriorando los centros de producción con sus actores locales, que cada vez más ven mermado sus recursos. Ante este nuevo bucle “sostenible” del capitalismo, el “Desarrollo Sustentable Local” podría convertirse en un proyecto alternativo emergente, para enfrentar la crisis de la globalización homogenizante y hegemonizante; para enfrentar, el supuesto único valido desarrollo fundamentado en las teorías de la dependencia, el intercambio desigual y la acumulación interna del capital; se hace imperioso fundar otras alternativas para el desarrollo, nuevos modelos de producción y consumo, otras condiciones de vida que potencialicen la diversidad étnica, la particularidad de cada cultura, la autoconfianza participativa de las poblaciones para auto- gestionar sus propios recursos, sus propias tecnologías. Productos que requieren otros mercados, otros circuitos, otros intercambios.
Incluso algunas soluciones engañosas (a veces planteadas desde el mismo aparato de poder) pasan por la imitación de los modelos económicos de los países hegemónicos. Modelos que se disponen a estos miserables “otros” países, a manera de espejos para que imiten la imposibilidad, porque todas las estructuras que se establecen para el modelo son para mantener y reproducir el poder y la uní-direccionalidad. Cuestionar las estructuras sin arrasar con las infra-estructuras o las supra-estructuras, es seguir tomando el espejo como una golosina, es tal vez lo que el modelo espera de las alienantes imágenes del espejo. Entonces porque no pensar desde una “Otra Economía” en otros modelos, en otras opciones, en otros términos diferentes a la jerga neoliberal, neocapitalista salvaje (Desarrollo, Crecimiento, Progreso, Productividad, Competitividad). Pensar el bienestar no solo en la dirección, de lo Local a lo Global, sino también en la vía contraria, de lo Global a lo Local. Es claro que el mantenimiento a ultranza de este sistema con sus estructuras, está generando distorsiones más que a la agricultura (paisaje rural) y a los países pobres, a la humanidad en su conjunto; problemas sociales y ambientales (paisaje social, paisaje natural) que podrían ser irreparables.
Irónicamente junto a la fama de la globalización se ha producido una reivindicación de los valores de lo local, encontradas en sentencias como: “pensar lo global y actuar en lo local”.
Si entendemos la globalización-mundialización solo como la interrelación entre fenómenos económicos y sociales de diversos actores mundiales; es esta entonces una nueva
oportunidad del capitalismo ortodoxo para aumentar su acumulación de capital y para fortalecer sus circuitos internacionales cerrados de comercialización. De esta manera la globalización y sus regímenes corporativos, pueden representar la institucionalización de los conflictos económicos, políticos, sociales y ambientales que acechan a los países y sectores históricamente excluidos de los beneficios del progreso económico.
Es cada vez más evidente que este nuevo modelo de ordenamiento económico genera nuevos territorios sociales, que llevan a un porcentaje cada vez mayor de población a vivir en marginación progresiva. Al quedar las comunidades y países pobres excluidos de la circulación en estas nuevas info-autopistas, se ven sometidos a las reglas que se les imponen sobre sus pequeños mercados y productos, para quedar finalmente relegados a ser solamente consumidores pasivos de las mercancías y servicios globales.
Dadas así las cosas, es imperioso reivindicar Lo Local como estrategia alternativa, que impulse un desarrollo humano equilibrado y sustentable. Es en estos espacios en donde los procesos de planeación participativa se legitiman, en la construcción de tecnologías tradicionales aplicadas a nuevos contextos de producción, en la estructuración de mercados alternos y circuitos de intercambio solidario que construyan nuevos lasos económicos y sociales. Un ejemplo es los circuitos de resistencia que comunidades de borde en nuestras ciudades han establecido a través de la agricultura urbana.
Con respecto a la participación democrática, si bien es cierto que la globalización ha permitido una circulación más amplia y rápida de la información socio-política, también es cierto que al llegar esta información desde los circuitos globales a los procesos democráticos locales de las comunidades de base, en muchos casos, más que para complementar el debate político, se ha usado para que desde afuera se distorsionen, se entorpezcan y se manipulen los vínculos locales de participación y decisión democrática.