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2.3 Behavior-based Spam Link Detection
2.3.3 Click-based Features
Esta caracterización de la felicidad se introduce en la segunda sección de la
Fundamentación de la metafísica de las costumbres cuando se quiere explicar por qué
es imposible adquirir la habilidad o destreza (Geschicklichkeit) requerida para ser feliz. La causa la tenemos en una desgracia o una adversidad de la fortuna (Unglück):
Sólo que es una desgracia que el concepto de felicidad sea un concepto tan indeterminado que, aun cuando todo ser humano desea alcanzarla, sin embargo, no puede decir nunca con precisión y de acuerdo consigo mismo lo que propiamente quiere y desea.18
Analicemos los antecedentes del problema. En estas páginas Kant enumera tres notas que nos interesan en este momento: dice que el imperativo de la felicidad es asertórico, que es hipotético y que tendría que ser analítico pero que no lo es. Es asertórico porque “no se ha de exponer como necesario sólo para un propósito incierto y meramente posible, sino para un propósito que se puede presuponer con seguridad y a
priori en todo hombre porque pertenece a su esencia”.19 Su asertividad indica que nos movemos en el plano, no de la mera posibilidad, sino de la realidad efectiva
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Allein es ist ein Unglück, daß der Begriff der Glückseligkeit ein so unbestimmter Begriff ist, daß, obgleich jeder Mensch zu dieser zu gelangen wünscht, er doch niemals bestimmt und mit sich selbst einstimmig sagen kann, was er eigentlich wünsche und wolle. [Grundlegung zur Metaphysik der Sitten (1785). Kapitel: II. Übergang von der populären sittlichen Weltweisheit zur Metaphysik der Sitten. Basis- Ausgabe: Akad. (1905ff.), S. IV:418] En la Crítica de la razón práctica § 8 Observación II (S. V:36) se aduce este motivo para rechazar que el principio de la felicidad sea apto para proporcionar leyes prácticas universales (universelle), aunque se admite que las pueda proporcionar reglas generales (generelle): pues “el juicio depende de la opinión de cada cual, que además es muy variable”, a lo que se añade que el hecho de que se trate de un objeto cuya experiencia se recomienda hace que la diferencia de los juicios no tengafin (die Verschiedenheit des Urtheils endlos sein).
19 Man darf ihn nicht bloß als nothwendig zu einer ungewissen, bloß möglichen Absicht
vortragen, sondern zu einer Absicht, die man sicher und a priori bei jedem Menschen voraussetzen kann, weil sie zu seinem Wesen gehört.[Grundlegung zur Metaphysik der Sitten (1785). Kapitel: II. Übergang von der populären sittlichen Weltweisheit zur Metaphysik der Sitten. Basis-Ausgabe: Akad. (1905ff.), S. IV:415. Bis: S. IV:416] A Aubenque también le extraña esta terminología que Kant utiliza en el caso de los consejos de la prudencia : On serait tenté de trouver bien « problématiques » ces « conseils de la prudence », pourtant déclarés par ailleurs assertoriques. Ils sont en effet problématiques dans leur contenu, c’est-à-dire dans le rapport qu’ils instituent entre la moyens et la fin. Mais il faut rappeler que, par sa distinction entre impératifs problématiques et assertoriques, Kant visait, non le rapport des moyens à la fin, mais le mode d’existence de la fin : toujours donné dans le cas de la prudence, simplement possible dans le cas de l’habileté. (Pierre Aubenque: “La prudence chez Kant”, publicado como apéndice a La prudence chez Aristote, Paris, Quadrigue/PUF, 1993, pág. 191)
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(Wirklichkeit); indica que de hecho queremos el fin (la felicidad) y, por consiguiente, también queremos los medios que nos encaminan a él. Pero, a pesar de la certeza en el propósito y en la conexión de este propósito con los medios, esto no convierte al imperativo de la felicidad en incondicional o categórico, puesto que la fuerza que en él reside no tiene allí su procedencia. Su poder no está en él mismo, sino que le viene de esa necesidad natural o esencial con la que, como vamos viendo, hay que contar en todo momento. Él mismo es, entonces, condicionado o hipotético: sólo tiene vigencia en función del fin que se persigue y esta su estructura no queda suprimida por el hecho innegable de que el fin se imponga universalmente. Dicho de otro modo: por muy universal y segura que sea la prótasis de un juicio hipotético, ello no elimina su estructura lógica dual, no lo convierte en un juicio categórico: siempre sigue vigente la diferencia, la distancia, la tensión entre el propósito y el camino que a él conduce, entre lo condicionado y su condición. De la misma manera, por muy extendida que sea la existencia efectiva de un propósito, por mucho que se trate de “un propósito que no simplemente pueden tener, sino del cual puede presuponerse con seguridad que tienen todos en conjunto por una necesidad natural”,20 ello no lo convierte en necesario. Lo asertórico no puede devenir apodíctico como lo hipotético no puede convertirse en categórico.
Y una vez aclarado esto, enfrentémonos con la tercera de las notas que Kant nos suministra: la analiticidad. La única relación analítica que Kant considera en el terreno de la voluntad es la que relaciona medios y fines de acuerdo con una relación causal que entiende al agente como causa y al objeto de su propósito como efecto que se ha de seguir de su acción. Así pues, determinado el fin por el procedimiento que sea y conocido por principios que pueden ser sintéticos, el deseo de este fin incluye en sí la realización de los medios que lo producirán, por lo que los imperativos de la habilidad, que se rigen por esta norma de funcionamiento que acabamos de describir, son imperativos analíticos. Y los imperativos que tienen como fin la felicidad deberían serlo también:
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...eine Absicht, die sie nicht etwa bloß haben können, sondern von der man sicher voraussetzen kann, daß sie solche insgesammt nach einer Naturnothwendigkeit haben ...[Ebd. Basis- Ausgabe: Akad. (1905ff.), S. IV:415]
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Los imperativos de la sagacidad se ajustarían completamente con los de la habilidad y serían también analíticos con tal de que fuera tan fácil suministrar un concepto determinado de la felicidad...21
Los imperativos que se proponen la felicidad son, en cambio, denominados consejos de la prudencia o sagacidad, pues en ellos no puede decirse que haya una regla según la cual unos medios nos lleven a un fin tan deseado. La conexión que tendría que enlazar medios y fines y que tan bien funcionaba en los imperativos de la habilidad, ha quedado rota. La cadena se ha soltado. Pero los juicios de la habilidad, que eran analíticos, funcionaban gracias a la conexión causal que unía medios y fines. Eran analíticos porque eran hipotéticos. Parece, efectivamente, que no puede haber un imperativo analítico que no sea hipotético, es decir, que no remita al fin la efectividad del medio, que no adscriba al concepto de fin el éxito del medio. Luego la analiticidad depende de la hipoteticidad. ¿Significa esto que, al no poder ser analítico, el imperativo de la prudencia ha dejado también de ser hipotético? ¿En qué se habría convertido, entonces? ¿En sintético?... ¿en categórico?
Dentro de las dicotomías que Kant suele establecer estas serían, sin duda, las consecuencias. Para explicar por qué no es esto lo que ocurre tenemos que enfrentarnos sin más dilación a lo que es la indeterminación del concepto de felicidad. En la medida en que consigamos dilucidarlo habremos llegado a ahondar un poco más en la razón por la que este problema —de la felicidad— descoloca los conceptos y hace inservibles las dicotomías que la ética de Kant nos había acostumbrado a considerar tan firmes y asentadas como indiscutibles y comprensibles sin más.
En el texto de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres que venimos considerando la indeterminación del concepto de felicidad tiene dos vertientes: por un lado, ningún hombre puede decir qué es lo que propiamente quiere y desea; por otro lado, tampoco puede decirlo con un mínimo de acuerdo consigo mismo, de modo coherente o congruente consigo mismo.22 Indeterminación objetiva tanto como subjetiva, pues, que juntas constituyen los dos aspectos del deseo. La razón que en este pasaje sirve para explicar esta indeterminación es que, por una parte, los elementos de
21 Die Imperativen der Klugheit würden, wenn es nur so leicht wäre, einen bestimmten Begriff
von Glückseligkeit zu geben, mit denen der Geschicklichkeit ganz und gar übereinkommen und eben sowohl analytisch sein...[Ebd. Basis-Ausgabe: Akad. (1905ff.), S. IV:417.]
22 ...er doch niemals bestimmt und mit sich selbst einstimmig sagen kann, was er eigentlich
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los que se compone la idea de la felicidad son de procedencia empírica, están extraídos de la experiencia; pero, por otra parte, como hemos visto en el apartado anterior, la felicidad es un máximo o un absoluto.23
La felicidad tendría que ser un concepto empírico, es decir, tendría que recibir su materia de la experiencia. Pero esto no es posible, puesto que incluye la nota de la totalidad de una serie infinita por el lado de las consecuencias.24 Y el problema radica, entonces, en el contraste entre la infinitud de la serie y la finitud de nuestro conocimiento, es decir, de la experiencia. Kant lo plantea como el contraste entre la omnisciencia y la experiencia. Este contraste da paso a la indeterminación subjetiva o incongruencia del deseo consigo mismo. Nosotros, seres finitos, incapaces de calar el infinito, no podemos tener un concepto coherente de la felicidad. Y la indeterminación en la que lo dejamos lo pone a merced de los bandazos de la incoherencia, de los que Kant extrae los ejemplos en los que va desgranando la vanidad de nuestros deseos.25 En todos ellos asistimos a la preeminencia de un jirón de experiencia en detrimento de otras zonas que permanecen en principio ignoradas pero que posteriormente cobran un doloroso relieve y hacen huir la felicidad que nos prometíamos. En conjunto podemos decir que se trata de inclinaciones cuya satisfacción es incoherente con la de otras que también reclaman la suya en una pugna constante y sin tregua. No se ve cómo podría haber, en este terreno, regla alguna; ni siquiera cómo podría haber consejos que no fueran los puramente represivos. En cualquier caso, como estamos viendo, no se trata de que el mecanismo de la analiticidad no sea aplicable aquí, sino de que falta el elemento clave que lo pondría en movimiento, a saber, un concepto claro y conciso que
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Estamos, efectivamente, en el mismo fragmento que hemos citado en la nota 1 de esta parte del trabajo.
24 En los textos que analizábamos en el apartado anterior, en cambio, encontrábamos una serie
infinita por el lado de las condiciones. Ahora nos situamos en la serie de lo condicionado, en la serie descendente, que en principio veíamos que le era indiferente a la razón en su uso teórico.
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Merece la pena reproducir un fragmento del excelente comentario que escribe Norbert Hinske al texto de Kant al que nos estamos refiriendo a lo largo de esta sección: Denn jene Glücksvorstellung ist für sich genommen nur ein leeren Traum von Glück. Trockener formuliert: Sie ist nur ein rein formales Begriff. Jene inhaltliche Füllung dieses Traumes aber ist so vielen biographischen Zufälligkeiten, aber auch so vielen objektiven Unwägbarkeiten unterworfen, daβ darüber überhaupt keine allgemeinverbindliche Aussage möglich ist. In Wahrheit stochert der Mensch bei der Suche nach Glück unentwegt im Nebel herum. Ein Hafen ist nicht in Sicht. Wer definitiv zu wissen meint, was Glück ist, hat sich selbst noch nicht begriffen. Die Einsicht in den wahren Sinn von Glück verlangte „Allwissenheit“. Wahres Glück gehört zugespitzt formuliert, in den Bereich der Noumena. („Die „Ratschläge der Klugheit“ im Ganzen der Grundlegung. Kant und die Ethik der Griechen, 3. Abschnitt: Xenophon“ en Ottfried Höffe (Hrsg.): Grundlegung zur Metaphysik der Sitten: ein kooperativer Kommentar, Frankfurt a. M., Klostermann, 1989) Como veremos en seguida, si bien es cierto que nos movemos en el terreno de los noúmenos, se trata en el caso de la felicidad de un noúmeno muy especial.
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actuara como fin. Esta es la razón de que el orden de la analiticidad, que es el que tendría que aplicarse, no sirva; de que estos imperativos hipotéticos, sin dejar de serlo, sean débiles y vagos y se vean degradados al rango de consejos. Y en su caída arrastran consigo a los problemáticos, no considerados de uno en uno —en cuyo caso ya hemos comprobado que funciona a la perfección el mecanismo de la analiticidad—, sino considerados en su conjunto, pues ¿qué otra cosa se proponen los imperativos de la habilidad, en último término, si no es la felicidad?26
Ahora bien, ¿qué noción hemos obtenido de todas estas observaciones con respecto a lo que es la felicidad? Sabemos de su indeterminación, sabemos también que incluye elementos empíricos y que también comprende otro ingrediente fundamental que no puede ser empírico: el de totalidad o infinito. Todo esto hace que no podamos clasificarla como un concepto empírico. Y, dado que tampoco se nos ocurriría considerarla un concepto puro, eso significa lanzarnos a la busca de otro tipo de conceptos mixtos o híbridos. Los encontramos mencionados (de pasada) en un importante pasaje del capítulo II de la Analítica de los conceptos de la Crítica de la
razón pura, en el momento en que Kant decide valerse de la distinción entre quid iuris
y quid facti, procedente del lenguaje jurídico, y emprender la deducción —es decir: la demostración del derecho o pretensión— de los conceptos puros del entendimiento. Es en este momento en el que alude a un buen número de conceptos de los que nadie exige una deducción y de los que se hace uso comúnmente en la confianza de que podríamos recurrir a la experiencia para deducirlos si hubiera necesidad. Se trata de conceptos empíricos, susceptibles de una deducción empírica.
Pues bien, entre ellos circulan otros a los que Kant denomina conceptos usurpados:
También hay entre ellos conceptos usurpados, como por ejemplo felicidad y destino, que ciertamente circulan con una tolerancia casi universal a pesar de que a veces caen bajo las exigencias de la cuestión
quid iuris?; y entonces se encuentra uno no poco azorado por causa de
la deducción, al no poder aducir ningún fundamento de derecho ni
26 En el apartado titulado “El ideal de la imaginación” abordaremos este mismo problema de los
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procedente de la experiencia ni procedente de la razón por el cual se ponga de manifiesto que está autorizado su uso. 27
La felicidad es, pues, un concepto usurpado, o tal vez habría que entender que es un concepto usurpador, que roba a otro el derecho o la legitimidad, 28 que ocupa una función que no le corresponde a él, como un Sosias que se arrogara un derecho permanente. La prueba de que lo hace bastante bien es que circula desapercibido y tolerado y en general se lo confunde con su doble. Ahora bien: ¿cuál es su doble? ¿por quién se hace pasar la felicidad? ¿A quién está sustituyendo ilegítimamente el destino, concepto que no podía por menos de aparecer ahora como acompañante de la felicidad?29 ¿Quién debería ocupar este lugar que estos dos pseudoconceptos están usurpando?
¿O más bien ocurre que se cuelan en él y pretender hacerlo suyo porque se trata de un lugar que está vacío y tendría que permanecer vacante? Felicidad y destino ocupan el lugar del concepto, se lo reparten entre ellos. Y su impostura no es, por lo común, ni descubierta ni denunciada. ¿No será porque en realidad están haciendo las veces de nadie, como un Sosias cuyo rey hubiese muerto y al que nadie reclamara ya ni su disfraz ni su máscara? La interpretación habitual coloca a Gelücke y a Saêlde las máscaras convencionales de estos conceptos muertos y sólo cuando se da esta situación, dentro de esta farsa conceptual, se dispone a emitir imperativos analítico / hipotéticos de alcance universal que nos convierten en sujetos hábiles en felicidad, peritos en dominar los medios del goce ahora que tenemos claros los fines. La filosofía de Kant se puede considerar como una acusación dirigida a los usurpadores, como una exigencia de credenciales a los impostores, como el final de la mascarada. Al juzgar sobre su credibilidad, al dudar de sus pretensiones, al desconfiar de su presencia y, en último término, al planear arrojarlos del trono que pretendían detentar, nos coloca ante el trono vacío, ante la carencia de fines, en la no presencia, en el no lugar de la Verlegenheit.
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Es giebt indessen auch usurpirte Begriffe, wie etwa Glück, Schicksal, die zwar mit fast allgemeiner Nachsicht herumlaufen, aber doch bisweilen durch die Frage: quid iuris, in Anspruch genommen werden; da man alsdann wegen der Deduction derselben in nicht geringe Verlegenheit geräth, indem man keinen deutlichen Rechtsgrund weder aus der Erfahrung, noch der Vernunft anführen kann, dadurch die Befugniß ihres Gebrauchs deutlich würde. [Kritik der reinen Vernunft (1787). Kapitel: V. d. Deduction der reinen Verstandesbegriffe. § 13. Von den Principien einer tr. Deduction überhaupt. Basis-Ausgabe: Akad. (1905ff.), S. B:117.]
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Usurpar procede de usus y rapere = arrebatar un uso o un derecho a alguien.
29 Efectivamente, en la primera parte de este trabajo hemos estudiado la relación que existe entre
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