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Bahía Blanca en sus inicios hacia 1828 fue creada como un fuerte militar, llamada Fortaleza Protectora Argentina, por un conjunto de funcionarios, militares y políticos ligados al gobierno de Manuel Dorrego, como parte de la avanzada militar y territorial de los terratenientes bonaerenses (Ratto 2003).

El espacio en cuestión, entendido como una zona de frontera (Mandrini, 1992) implicaba para el Estado una disposición organizada del mismo en función de su poder coercitivo, tratando de asegurar su dominio y vigilancia. Esta situación que marcó los comienzos del poblamiento en la zona comprendida por la Fortaleza Protectora Argentina, durante la segunda mitad del siglo XIX, cambió notablemente después de la década de 1880, luego de que el estado nacional avanzara militarmente sobre las poblaciones indígenas, a través del desalojo y la expropiación de tierras, comenzando un proceso de reorganización estructural en las zonas del sur pampeano, con la ocupación efectiva del suelo y el surgimiento de nuevos núcleos urbanos (Viñas 2003). En pocos años a partir de la década de 1880, el pequeño poblado de Bahía Blanca comenzó un proceso de crecimiento económico y demográfico, basado en el aporte del capital británico y la inmigración extranjera. La "Segunda Fundación de Bahía Blanca" (Cernadas de Bulnes 1995; Weinberg, 1988) comenzó a finales del siglo XIX, donde la ciudad se convirtió en un punto de desarrollo regional, adquiriendo las características propias de una ciudad portuaria, destinando productos ganaderos y cerealeros a la exportación, principalmente europea.

El dinamismo y el acelerado crecimiento urbano fueron el resultado de la construcción de emprendimientos económicos de importancia, como el puerto, en la zona de Ingeniero White (1885), y la disposición central en abanico de toda la red ferroviaria del sudoeste bonaerense (1884) que convirtió a la ciudad en el núcleo regional, ampliando su radio de influencia e interdependencia y conformando un considerable mercado interno (Cernadas de Bulnes 1993, 1996; Ribas 2003, 2007). El proceso de acumulación capitalista iniciado en este espacio mostraba la confluencia de sectores locales ligados al agro con el capital inglés y su inclinación a participar en el proceso a escala mundial como un punto de salida a esas exportaciones (Gorenstein, 1989).

Junto a estos elementos, el aumento demográfico estuvo signado por la inmigración europea, mayoritariamente italiana y española (Cernadas de Bulnes 1993). Con el transcurso del tiempo, a principios del siglo XX, se generaron procesos económicos de considerable magnitud que emplearon mano de obra, tanto en actividades secundarias (industrias y construcción) como terciarias (comercio y servicios) (Errazu de Mendiburu et al. 1970; Rey et al.1980; Viego 2003).

Los requerimientos del mercado internacional determinaron un cambio en la explotación ganadera y la expansión de la industria frigorífica, que tendrá su correlato con la estructuración regional del sudoeste bonaerense. En una localidad cercana a la ciudad cabecera del partido de Bahía Blanca, llamada General Daniel Cerri, se implanta un frigorífico cercano al puerto de esa zona denominado Frigorífico Cuatreros,

perteneciente a la Compañía Sansinena, una firma de hacendados locales35.

Los cambios económicos y sociales tuvieron una repercusión importante en la transformación del espacio urbano, lo que se evidenció además en la obra pública, que desplazó las actividades comerciales y pequeñas industrias desde el centro hacia la periferia de la ciudad (Grippo 2000; Ribas 2003).

Durante las primeras décadas del siglo XX, producto de diversas transformaciones, la ciudad de Bahía Blanca fue asimilándose como un espacio de polarización regional y punto de salida para las producciones agropecuarias de la región del sur argentino, siendo funcional a la posición de inserción de la Argentina en el mundo. El propio perfil productivo determinó el surgimiento de la ciudad como centro comercial y de servicios del amplio espacio rural circundante, y su posición portuaria le significó un importante flujo de inversiones (privadas y públicas) que la dotaron de infraestructura para la integración de la región pampeana con el exterior. Las conexiones viales y ferroviarias que se van conformando favorecen a la ciudad dentro del conjunto integrado de la región del sudoeste bonaerense y hasta la década de los setenta se la considera el “centro de transbordo” y la “puerta del sur argentino”. A partir de los setenta el crecimiento de otros centros urbanos, la construcción de nuevas rutas y el desarrollo del transporte aéreo – que posibilitan un acceso más directo con la zona metropolitana – ocasiona la pérdida de importancia del comercio mayorista bahiense (Gorenstein, 1989).

Durante la vigencia del esquema de industrialización sustitutiva, la actividad manufacturera regional del SO Bonaerense comienza a manifestar una acentuada desaceleración. El dinamismo de las actividades metalmecánicas de diverso tipo asociadas al sector agropecuario (fabricación de arados, máquinas separadoras de cereal, silos, carritos, sinfines, entre otros) y la construcción y reparación de vagones ferroviarios, así como de las actividades relacionadas con el petróleo, comienza a agotarse, y se inicia una reconversión industrial que apunta a la producción de bienes de capital e insumos intermedios. Si bien Bahía Blanca fue designada por el Onganiato36 como “Polo de desarrollo” bajo la Ley de Fomento Industrial N° 7.414, no pudo competir con las ventajas históricas acumuladas del conurbano bonaerense, donde se radicaban la mayor parte de las inversiones. Por ello, se inician en esta etapa los primeros estudios para la instalación de un complejo petroquímico, que se concretará a mediados de 1980.

En los años anteriores a mediados de 1970, la desocupación comienza a percibirse como un problema sistemático de la ciudad, cuando se pierde, entre otras tantas empresas, la concesión de YPF, cierra la firma Metalúrgica Bahía Blanca, que daba trabajo a 1.400 personas, y las plantas dedicadas a la construcción/reparación de vagones ferroviarios y una fábrica de implementos agrícolas. Los sectores con tasas de crecimiento positivas, como las ramas de alimentos y bebidas así como de fabricación de productos no metálicos, no alcanzan a absorber la masa de población sobrante entre 1960 y 1974. En un periodo de fuerte retracción del crecimiento global de la economía, como fueron estas décadas asociadas a la Industrialización Sustitutiva de Importaciones - Difícil (ISI) (Burachik, 2011), las actividades que se

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Este frigorífico, que pasará a manos estatales y se llamará posteriormente CAP, será de importancia capital para el mercado laboral de la localidad que se estructurará en torno a la producción de carnes para el mercado interno y de exportación regional y nacional (Baier, 2012). Sin embargo a fines de los ´80 empieza su desestructuración hasta convertirse en una empresa de tercerización de servicios y de cooperativas de trabajadores/as de la carne, donde la flexibilidad laboral y la inestabilidad laboral serán permanentes.

36 Hacemos referencia a la dictadura militar ejercida por el General Juan Carlos Onganía en la Argentina entre 1966- 1969.

mantienen son las vegetativas (alimentos, bebidas, maderas, papel, químicas, etc.) porque acompañan el crecimiento de la población con más resistencia en los periodos recesivos y sufren menos el impacto de la apertura de la economía.

La especialización relativa en ramas industriales asociadas a los alimentos y bebidas determinó una mayor vulnerabilidad frente a la política instaurada con la dictadura militar en 1976 y significó la continuidad con la funcionalidad agropecuaria de la región, principalmente en ganado, trigo y girasol. Es importante comprender que la producción agropecuaria local de los pequeños y medianos productores cercanos a Bahía Blanca y de localidades cercanas, como de gran parte del SO Bonaerense, expresan en una parte de la generación del producto, un porcentaje sustancial de la actividad manufacturera (agroindustrias) y de servicios.

La industria aceitera y las industrias encadenadas con la actividad cerealera (molino, fideeras, panificadoras, etc.) además de los frigoríficos han revestido una gran importancia como generadores de valor agregado para el mercado local. Sin embargo, en las décadas siguientes estas industrias comienzan a ser monopolizadas por firmas extranjeras que le imprimieron un carácter acentuadamente exportador.

El carácter industrial comienza a transformarse a fines de los años ’60, cuando Bahía Blanca se proyecta como una zona de instalación de industrias petroquímicas y con presencia de refinerías primarias de petróleo pertenecientes a las firmas Esso (Puerto Galván) e Isaura (Gorenstein, 1991)37. Estas refinerías no tienen carácter de exportadoras, sino que sus productos eran dirigidos hacia otros puertos del país (especialmente La Plata, Comodoro Rivadavia y recientemente Campana) para ser nuevamente procesados. De esta forma, se generan un conjunto de redefiniciones en la dinámica de la concentración de la riqueza de los grupos económicos, principalmente a partir de alianzas entre capitales nacionales y extranjeros asociados al complejo oleaginoso (como la firma Grupo Moreno de carácter local (Gorenstein, Barbero y Estrada, 2005), el sector cerealero y de harinas (Cargil, desde 1994, Dreyfus, Bunge y Born, Glencore- este último grupo se hace cargo de Oleaginosas Moreno en 1997) y petroquímico (Dow Chemical principalmente), que fortalecen la acumulación territorial de capital (Romero, 2012).

La decisión de la instalar industrias petroquímicas en Bahía Blanca se relaciona estrechamente con parámetros geoestratégicos significativos: recursos estratégicamente ubicados; confluencia de líneas de comunicación extensivas a través de la vía terrestre, la red vial y por mar; unión de tres gasoductos troncales38 que venían de las cuencas austral y neuquina; la presencia de salinas, y una infraestructura portuaria significativa e histórica. Con posterioridad, se construyó en 1978 un dique de contención de agua

37 El 21 de octubre de 1971, enmarcada en la Ley N° 17.318, quedaba constituida “Petroquímica Bahía Blanca, S.A. (PBB)”, como una sociedad anónima con mayoría estatal, aunque se oficializa su inauguración en julio de 1977, con la dictadura militar (1976-1983), que tuvo una intervención decisiva de promoción sectorial. Posteriormente, la conformación de un mercado oligopólico, reducido a un grupo minoritario de empresas en su mayoría nacionales con apoyo del capital extranjero, lideraron la constitución de la industria de bienes intermedios (papel, petroquímica y refinería) como únicos sectores que crecieron en medio de una actividad industrial en decadencia, orientando los excedentes al mercado internacional. La industria petroquímica modificó su marco regulatorio permitiendo la participación de distintos tipos de capital (nacional o extranjero) y orientándose a la conformación de complejos de gran envergadura.

38 El complejo petroquímico local utiliza como materia prima básica el gas natural de las cuencas Austral y Neuquina a través de los gasoductos Sur, Oeste y Neuba II que confluyen en la localidad de Gral. Cerri. En este punto, se ubicó la planta separadora de Gas del Estado, vinculada al complejo por un etanoducto de 15 km de longitud, en la que se realiza el tratamiento del insumo gasífero. La mecánica de compensaciones sugiere que esta materia prima se subsidien.

(Paso de las Piedras) que permitiría abastecer al complejo el recurso vital para el enfriamiento de maquinaria, aunque también es utilizado por la ciudad como red de abastecimiento del consumo local; a su vez, el abastecimiento energético estaba garantizado por la creación de la central termoeléctrica Luis Piedrabuena cerca del Puerto de Ingeniero White (Grippo y Visciarelli, 2000). Las significativas exenciones impositivas que se brindaban a este tipo de empresas, junto a la posibilidad de recurrir a mano de obra barata al inicio de la construcción, se convirtieron en ventajas comparativas para la burguesía industrial, que se complementaría con un laxo control sobre los aspectos de seguridad, mantenimiento e higiene de los mismos.

Existen otras características que definen el perfil de la ciudad. Sin lugar a dudas, su emplazamiento entre dos grandes espacios militares (el V Cuerpo del Ejército Argentino y Prefectura Naval Argentina en Puerto Belgrano) obedece a una posición estratégica para el gobierno nacional como punto de movilidad interna y externa para el disciplinamiento social represivo sobre distintos puntos del país. Por otra parte, la presencia de dos centros universitarios de nivel nacional (Universidad Nacional del Sur y Universidad Tecnológica Nacional) le otorga una dinámica científica-técnica y cultural de envergadura como factor de atracción para estudiantes de diferentes espacios regionales y de conexión con otros centros educativos y productivos del país (Odisio, 2008).

Los grupos económicos asociados a las industrias petroquímicas, consolidados en la etapa anterior, siguieron diversificando y acentuando su inserción en el mercado mundial, al amparo de los amplios subsidios estatales y exenciones impositivas.

Más aún, el programa de reformas estructurales de los años noventa permitió que grandes empresas extranjeras penetraran en sectores claves de la economía (proceso que se consolidó el 25 de noviembre de 1996, con la creación de una zona franca en el área Bahía Blanca y Coronel Rosales), lo que agravó la problemática de la dependencia e intensificó la apropiación de beneficios e intereses generados en el país por parte del capital extranjero.

En medio del fuerte proceso de reacomodamiento, PBB fue privatizada en 1995 a través de la Ley N° 24.045, en consonancia con las políticas pro mercado del gobierno menemista (Gerchunoff y Torre, 1996)39. Entre principios de 1990 y 2001, la capacidad instalada de la industria petroquímica en Argentina creció aproximadamente en 3,85 millones de toneladas, siendo el 75% correspondiente a la capacidad localizada en Bahía Blanca. Entrado el siglo XXI, cuatro grandes empresas se disputan el espacio aunque comparten el programa económico: PBB- Polisur, Solvay Indupa, Dow Chemical y Compañía Mega y cinco grandes grupos económicos conforman el oligopolio: Dow Chemical, Repsol YPF (que aparece en 1997, cuando la compañía compra las acciones de EG3- Isaura), Solvay Indupa, Agrium y Petrobras40.

39 El consorcio integrado por la empresa norteamericana Dow Chemical, la argentina YPF y la japonesa Itochu, se adjudicó el 20 de Noviembre de 1995, el 51% de PBB y el 38 % de Indupa. YPF y Dow negocian en Febrero de 1996 la venta de Indupa a la empresa belga Solvay. Dow, finalmente, se queda con 70% de Indupa e YPF con el 20% restante del paquete. Dow busca desprenderse de Indupa ya que su interés está centrado en la producción de polietileno que se realiza en PBB. En cambio, Solvay busca quedarse con Indupa para aumentar 7% su producción de ceniza de soda y 9% la de PVC. (Odisio, 2008).La empresas de fertilizantes Profertil dedicada a la producción de urea granulada, cuyo capital accionario mayoritario es controlado por la española Repsol y Agrium Inc. de origen canadiense, se instaló en el complejo petroquímico en el año 2000, siendo uno de los emprendimientos más grande del mundo(Romero, 2009). 40 En promedio y durante el período 1997- 2000 aproximadamente las dos terceras partes de las ventas del complejo petroquímico local se destinaron al mercado nacional y el tercio restante a exportaciones (166 millones). Solo el 3% de la producción tiene como destino el mercado local, lo cual confirma la naturaleza exportadora de las empresas. En el año 2001 el valor de las exportaciones alcanzó 487 millones de pesos equivalentes a un 234% superior al año previo. El

La especialización de Bahía Blanca en las últimas décadas, vinculada con las grandes plantas de proceso continuo (petroquímicas, refinerías, aceiteras, etc.), se asoció a la cercanía de la materia prima principal y la existencia de infraestructura de transporte. Sin embargo, si caracterizamos brevemente a las empresas petroquímicas podemos observar que las mismas no han tenido efectos inter-sectoriales “aguas abajo”, evidenciando una desarticulación con el aparato productivo local y facilitando una actividad concentrada y segmentada, que ha agudizado las contradicciones internas locales (Heredia Chaz, 2008). Esto se debió a varias razones: el producto de estas empresas no experimentó transformaciones ulteriores, no han existido políticas de comercialización y distribución en puerta de fábrica, y la demanda local de insumos asociada al proceso productivo fue muy escasa. La mayor parte de los pequeños proveedores y pymes industriales que surgieron alrededor de las industrias de Polo Petroquímico y del complejo agroindustrial cumplen un rol importante en tareas auxiliares, tanto en la ejecución de obras asociadas a la ampliación/construcción de instalaciones o de nuevos equipos (donde se practica la subcontratación y tercerización de empresas de montaje y mano de obra flexibilizada y temporal), de mantenimiento (rutinaria o asociada a la parada de plantas), o de provisión de bienes y servicios auxiliares (Gorenstein, Viego y Burachik, 2006).

Sin embargo, esta misma red de pymes manufactureras o de servicios no ha logrado inducir encadenamientos hacia atrás de procesos de fabricación en serie y la totalidad de las tareas cuasi artesanales se fueron generando de forma irregular en el tiempo41. Su grado de involucramiento con los principios tecnológicos en que descansa el proceso de producción es bajo, y la ejecución de las obras requiere empleo intensivo de fuerza de trabajo. La concepción del desarrollo local basado en un proceso endógeno donde las diversas partes colaboran mutuamente es una visión idílica empresarial que no coincide con la realidad bahiense. En el análisis del impacto directo e indirecto sobre el nivel de empleo debe contemplarse una implicancia fundamental de este tipo de desarrollo, que se refiere a las características intrínsecas de esta actividad productiva, que hace que las unidades del complejo sean intensivas en capital, con mínimas necesidades en materia de fuerza laboral (excluyendo el breve período de demanda laboral del sector para su construcción) (Odisio, 2008). Un sector del personal no estable de estas empresas petroquímicas fueron y continúan siendo contratados en forma tercerizada por pequeñas y medianas empresas de servicios auxiliares. En este sentido, se refuerzan vinculaciones con PYMEs locales en materia de servicios no transables (limpieza, acondicionamiento, transporte, alquiler, distribución) y de actividades ligadas a la producción indirecta (con la excepción de repuestos y componentes). Los modos de vinculación entre las grandes firmas y las PYMEs locales son de contrato directo, tercerización y compulsas de precios, siendo mínimas las licitaciones (Dichiara, 2006).

Durante la década de 1990, las transformaciones estructurales a nivel económico y social posibilitaron que Bahía Blanca adoptara su configuración estratégica actual ligada a la exportación de producción específica y como ciudad comercial/de servicios. Estos procesos incrementaron las desigualdades socioeconómicas y aceleraron la segregación socio-territorial, profundizando las diferencias en el acceso a los recursos y su

crecimiento de los productos químicos e inflamables en el tráfico portuario se incrementará en los años siguientes (Dichiara, 2006) junto con las transformaciones en el transporte marítimo y de los sistemas portuarios (Gorenstein et. al, 2006).

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El nivel de ocupación en las Pymes proveedoras no alcanzaba en 2001 a 1300 trabajadores, de los cuales un 43% pertenecía al sector de servicios industriales (Montaje y construcción), 38% al de servicios auxiliares (personal y refrigerios, seguridad, limpieza y jardinería) y un 19% a la producción de piezas y componentes.

usufructo en la propia ciudad.

Para 1993, la ciudad contaba, según datos del Censo Económico, con 212 locales en la rama Alimentos y Bebidas, lo cual representaba casi el 23% del total de plantas manufactureras locales. En términos globales, esta rama absorbía el 18% del empleo industrial bahiense y generaba el 14% del Valor Agregado Bruto (VAB) y el 16% del Valor Bruto de Producción (VBP). Por otra parte, esta misma rama puede dividirse entre actividades de primera y segunda transformación, donde las primeras generan más de la mitad de VBP de la industria agroalimentaria (IAA) local (55%) y prácticamente la mitad del empleo asalariado, mientras que reúne el 8% de los establecimientos (Gorenstein, Viego y Barbero, 2006).

Un rol superlativo en el proceso económico bahiense fue la constitución de su complejo portuario como un nodo del canal agroexportador hacia el exterior u otros puertos limítrofes42 . En el área de la ría existen dos puertos operativos de importancia comercial: el puerto de Ingeniero White y el puerto Galván. Con el paso del tiempo se fueron adjudicando distintos muelles privados a grandes empresas multinacionales: Cargill, Toeffler, Profertil, Mega, Glencore- ex Oleaginosas Moreno.

El puerto se encuentra bajo la administración del Consorcio de Gestión del Puerto de Bahía Blanca (CGPBB) desde 1993, creado por la ley provincial N° 11.414 en el marco de la Ley Nacional de Actividades Portuarias N° 24.09343. Es una entidad pública no estatal, administrada por un directorio de 9 miembros en representación del sector público (Municipalidad de Bahía Blanca) y corporativo (cinco miembros en representación de los usuarios del puerto y dos representantes sindicales), vinculados a las actividades realizadas en ese ámbito. El presidente del directorio actúa en representación del gobierno de la provincia de Buenos Aires.

El CGPBB ofrece un conjunto de servicios y operaciones vinculadas al comercio exterior (mayoritariamente de exportación) y al tráfico comercial de otros países que en conjunto representan el 97% de la operatoria

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