a) Modelo de Aceptación Tecnológica
Desarrollado por Davis, et al. (1989), por ser un modelo efectivo altamente probado en
predecir el uso de las Tecnologías de Información y Comunicaciones.
El Modelo de Aceptación Tecnológica (TAM) se usa para predecir el uso de las TIC,
basándose en dos características principales: (Ver Figura 5).
1. La Utilidad Percibida (Perceived Usefulness)
2. La Facilidad de Uso Percibida (Perceived Ease of Use).
Figura 5.El Modelo de Aceptación Tecnológica (TAM) Extraído de Varela (2004).
La Utilidad Percibida (PU) se refiere al grado en que una persona cree, que usando un sistema en particular, mejorará su desempeño en el trabajo. La Facilidad de Uso Percibida (PEOU) señala hasta qué grado una persona cree, que usando un sistema en particular,
realizará menos esfuerzo para desempeñar sus tareas. La Tabla 3muestra los estudios previos que han utilizado el Modelo de Aceptación Tecnológica.
El propósito del TAM es explicar las causas de aceptación de las tecnologías por los usuarios. El TAM propone que las percepciones de un individuo en la utilidad percibida y la
facilidad de uso percibida de un sistema de información, sean concluyentes para determinar su intención para usar un sistema. Según este modelo, existen variables externas que influyen directamente en PU y PEOU. A través de esta influencia directa en ambas percepciones, las variables externas tienen una influencia indirecta en la actitud hacia usar, intención
conductual para usar y la conducta de uso real. (Varela, 2004, p.171).
PEOU tiene un efecto causal en PU, además del efecto significativo de estas variables en la actitud del usuario (un sentimiento a favor o en contra) a usar el sistema. El modelo TAM lo podemos observar en la Figura 5. El propósito primario del TAM es indagar el impacto de los factores externos en dos creencias: la utilidad percibida y la facilidad de uso percibida, para adelantar o predecir el uso de las TIC. (Varela, 2004., p.171).
Tabla 3
Estudios previos con el TAM
b) Índice de uso, preparación e impacto de las TIC
En general, un indicador es una medida cuantitativa o cualitativa derivada de una serie de características que pueden revelar posiciones relativas en un área determinada. Los indicadores compuestos (IC) de la Figura 6 son útiles para marcar tendencia y focalizar en algunas áreas determinadas.
Los indicadores son herramientas de información del proceso de planeación e
implementación de políticas públicas. La literatura especializada en las ventajas y desventajas de los indicadores sintéticos es bastante amplia.
El índice se construye a partir de los subíndices que lo componen, resumidos en el Tabla 4.
Figura 6.Componentes del índice IUPITIC
Extraído de Medición de las Tecnologías de la Información y la Comunicación en empresas de Servicios de Colombia Alderete, 2012
Cada uno de los indicadores (subíndices) creados con el CATPCA se transformó en índices, a partir de la siguiente metodología:
Donde
Ix corresponde al índice del indicador x,
Yx corresponde al indicador x calculado para cada uno de los objetos, LI x es el límite inferior del indicador x, y
LS x es el límite superior del indicador x.
Los indicadores incluidos para la construcción del subíndice de uso de las TIC sigue la
metodología del Partnership. Las variables disponibilidad de TIC como al tipo de uso y a la conexión de banda ancha. Respecto de los indicadores para el grado de preparación en el uso de las TIC.
Tabla 4
Construccion del IUPITIC
2.2. Competitividad
Según la Real Academia Española (2016), competitividad es definida como “la capacidad de competir”. En correspondencia, Ramírez (2006) señala que la definición otorgada por la Real Academia Española puede ser interpretada como “la capacidad que tienen los agentes económicos de aprovechar escenarios favorables que se presentan en el mundo de la economía en forma permanente” (p.111).
Sin embargo, “en la literatura se encuentra consenso acerca de que no existe una definición única de competitividad, constituyéndose la misma en un concepto algo difuso y de compleja medición” (Otero, 2006, p. 10). Por ser un concepto multidimensional “tienen diferencias en cuanto alcance y dimensiones, desde nivel macroeconómico y
microeconómico” (Otero, 2006, p. 11). Dependiendo del nivel se considera el objeto de estudio; en el nivel macro se encontrarían los países como sujetos de análisis; en el nivel micro el objeto de estudio serían los sectores, empresas y productos. (Lombana & Gutiérrez, 2009).
2.2.1. Definición
Considerando los alcances y dimensiones, la competitividad se ha definido según los siguientes tres niveles: la competitividad a nivel nación, la competitividad a nivel firma y la competitividad a nivel industria.
La competitividad a nivel firma, se refiere a la competitividad empresarial en tal sentido la competitividad de una empresa dependerá de la diferenciación del desarrollo eficiente de sus actividades primarias y secundarias a la de su competidor en la búsqueda de la satisfacción de su cliente (Porter, 1990). También, Buckley, Pass, Prescott (1988), señala “una empresa es
competidores nacionales e internacionales” (p.176). Además, en referencia a competitividad internacional de la empresas López y García, 2005; Toppinen et al, 2007; Zeng et al, 2008 (como se citó en Peña et al. 2012, señalan que “La competitividad internacional de las empresas (CIE) se puede definir como el conjunto de resultados de una empresa (…) que tiene actividades en
mercados extranjeros, obtenidos en comparación con otras empresas que también ofrecen productos y servicios similares” (p.1046).
La competitividad a nivel nación, es para Fagerberg (1988), “la capacidad de un país para exponerse al mercado externo y mantener o elevar el nivel de vida de su población” (p. 7). De manera similar Porter (1990), señala que la competitividad de una nación depende de la capacidad de su industria para innovar y mejorar. Las empresas obtienen una ventaja contra los mejores competidores del mundo debido a la presión y el desafío. Ellos se benefician de tener fuertes rivales nacionales, proveedores agresivos y exigentes clientes locales. (p.1)
La competitividad a nivel industria, es conforme con Bonales et al. (2013) “el grado en que un sector industrial tiene el potencial de crecer y producir rendimientos atractivos para la inversión” (p. 56). De acuerdo con Zúñiga et al. (2016), el término competitividad procede de competencia. En el ámbito económico, la palabra tiene dos significados: por un lado, el grado de rivalidad económica que existe en un mercado y, por el otro, la forma de actuación de los agentes en dicho mercado. (p.1012)
2.2.2. Dimensiones
Las dimensiones de competitividad se ven influidas por un conjunto extenso de
variables macroeconómicas y microeconómicas. Siendo estas segmentadas según el nivel del objeto de estudio.
Es importante considerar que la dimensión microeconómica o empresarial se complementa con la dimensión macroeconómica y ambas son condicionadas por los elementos que inciden sobre el entorno. De tal manera que aunque la competitividad de la empresa es el resultado de una gerencia exitosa, también es necesario que el entorno empresarial contribuya a esa competitividad. (Suñol, 2006, p.182).
Las dimensiones para la competitividad a nivel de empresa se dividen en el desempeño financiero, la reducción de costes y el uso de la tecnología (Maldonado et al., 2012). Además, “la competitividad a nivel de empresa se determina por la habilidad de una organización para diseñar, producir y comercializar bienes y servicios que son más atractivos que los de los competidores en el mercado” (Bonales et al., 2013, p. 56).
Las dimensiones para la competitividad a nivel industria es “más comúnmente asociada con una mayor productividad, medida por la penetración en los mercados internacionales, los flujos de inversión y los costos unitarios de personal”( Bonales et al.,2013, p.56).
Las dimensiones para la competitividad a nivel nación desarrolla “los criterios agrupados en 4 factores principales (8) anteriormente: desempeño económico, eficiencia gubernamental, eficiencia empresarial e infraestructura, se dividen a su vez en 20 sub- factores” (El IMD World Competitiveness Center, 2001- 2016). Sin embargo, las empresas son el principal determinante de la competitividad de los países (Bonales, 2013).
2.2.3. Medición
Los instrumentos de medición de la competitividad también se segmentan según los tres niveles. A nivel nación la competitividad puede ser medida según el instrumento del IMD el cual tienes cuatro factores y cada factor posee cinco indicadores. El factor de desempeño económico tiene los siguientes indicadores: economía doméstica, comercio internacional,
inversión, empleo y precios. El factor de eficiencia del gobierno tiene los siguientes indicadores: finanzas públicas, política fiscal, modelo institucional, modelo empresarial y educación. El factor de eficiencia empresarial tiene los siguientes indicadores: productividad, mercado laboral, mercado financiero, infraestructura y valores. Finalmente el factor de
infraestructura tiene los siguientes indicadores: básica, tecnológica, científica, sistema de valores, salud y medio ambiente (El IMD World Competitiveness Center, 2001- 2016).
Según Buckley et al. (1988), las mediciones de la competitividad se pueden dividir en tres categorías relacionadas entre sí. Las categorías son: el desempeño competitivo, el
potencial competitivo y el proceso de gestión. Todas las categorías se organizan según el nivel del objeto de estudio, como se puede ver en la Tabla 5:
Tabla 5
Categorías de medición de la competitividad según nivel de análisis Nivel de
análisis Desempeño competitivo Potencial competitivo Proceso de gestión Empresa Participación en el mercado
de exportación, dependencia de la exportación, crecimiento de las exportaciones y rentabilidad La competitividad de costos, productividad, competitividad de precios e indicadores de tecnología. Ventaja de la propiedad, el compromiso con los negocios internacionales, aptitud de comercialización, la gestión de relaciones, la cercanía al cliente y economías de escala. Industria Participación en el mercado
de exportación, balanza comercial, crecimiento de las exportaciones y rentabilidad. La competitividad de costos, productividad, competitividad de precios e indicadores de tecnología.
Compromiso con los negocios
internacionales por medio de asociaciones.
Nación Porcentaje total de la producción de manufactura, participación en el mercado de exportación, balanza comercial, crecimiento de las exportaciones y rentabilidad. El acceso a los recursos, ventaja comparativa, la competitividad de costos, productividad, competitividad de precios e indicadores de tecnología. Políticas gubernamentales, Educación / Formación y compromiso con los negocios
internacionales.
2.2.4. Modelos
La alta competitividad entre las empresas ha generado que diversos expertos propongan modelos con el fin de elevarla, sin embargo, dichos modelos están dirigidos particularmente a las grandes empresas debido a su importancia económica, olvidando a las Pequeñas y Medianas Empresas (Pymes) y sus necesidades específicas. (Garcia et al., 2015, p.216) Los modelos de competitividad expuestos en los siguientes párrafos son aplicables a las pymes e industrias en las que se desenvuelvan.
El modelo del diamante de Porter evalúa la competitividad mediante cuatro dimensiones, las cuales mantienen una constante conexión. En la Figura 7, se ejemplifica mejor el modelo.
Figura 7. Diamante de la competitividad de Porter Extraído de Lombana & Gutierrez (2009).
Dicho modelo fue asumido en la investigación de Giraldo & Herrera (2004), donde asocio el modelo del diamante con el modelo la cadena de valor para así poder evaluar la competitividad del sector de floricultivo de la ciudad de Aguascalientes en México. En la Figura 8 la cadena de valor está conformada por actividades primarias y de apoyo. Estas
actividades pueden generar ventajas competitivas al ser respaldas con Tecnologías de Información y Comunicación (Giraldo y Herrera, 2004). Además, Porter (1985), menciona “una diferencia importante es que la cadena de valor de una empresa pueden ser diferente en su alcance competitivo a la de su competidor, lo que representa una fuente potencial de ventaja competitiva” (p.34).
Figura 8. Sistemas de información habilitadores de ventaja competitiva para las empresas del clúster. Extraído de Giraldo & Herrera (2004).
En la Figura 9 se gráfica el modelo de cadena de valor y el de clúster propuesto por Lombana & Gutierrez (2009), su modelo podrá estudiarse desde dos perspectivas: por un lado, proponer estudios de clúster regionales. (…) Por otro lado, la cadena de valor incorpora los agentes fuera de las fronteras del país. Por ello se pueden realizar estudios de estrategia para la inserción internacional de los clúster domésticos, en donde la demanda externa es el principal factor. Su modelo pretende ser una guía para el estudio de la competitividad de la región Caribe en la DCA. (p.28)
Figura 9. Modelo de clúster y cadena de valor Extraído de Lombana & Gutierrez (2009).
En la Figura 10 Rangel, Aguilera y Martha (2013), plantean un modelo práctico que analiza dos factores de la competitividad. Los resultados obtenidos en su investigación señalan que la innovación y el capital intelectual representan factores significativos en la competitividad de pyme manufactureras de Aguascalientes, México.
Figura 10. Modelo teórico de factores que influyen en la competitividad Extraído de Rangel et al. (2013)
En la Figura 11 “se muestra el modelo general, en el que se describe la relación entre la calidad, el precio, la tecnología, la capacitación y los canales de distribución, presentados como variables independientes y la competitividad como variable dependiente” (Bonales et al., 2013,p.59).
Bonales et al. (2013), determinó que las variables independientes (calidad, precio, tecnología y capacitación) afectan fuertemente a la competitividad, ya que existe una
vinculación positiva considerable entre las variables independientes y la variable dependiente, con excepción de los canales de distribución, donde su efecto es menor que el de las variables mencionadas. (p. 67)
Figura 11. Modelo general de variables independientes de la competitividad Extraído de Bonales et al. (2013)