4.2 Surveys and experiments conducted with the users of Social News
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En los últimos años las poblaciones humanas de la cuenca del Pachitea vienen incorporando prác- ticas y costumbres que deterioran los sistemas acuáticos naturales, poniendo en peligro la per- manencia de los peces que albergan (Castro et al. 2008). En la cuenca del Pichis, los principales problemas derivan del mal uso de las técnicas de pesca, la contaminación y deforestación, todo ello relacionado a un crecimiento poblacional humano y a un aprovechamiento desmedido de los recur- sos pesqueros, en un marco de ausencia de polí- ticas locales de manejo (Castro y Orihuela 2011). Los malos hábitos y cambios en las técnicas de pesca representan un gran problema en la cuen- ca del Pichis y es bastante probable que estén ocasionando, junto con otros factores, la dismi- nución y deterioro de las poblaciones de peces. El uso de dinamita para la pesca se remonta a muchos años atrás; sin embargo, en la década del 90 su utilización se generaliza debido al poco control de comercialización en las zonas rurales; además, sus efectos directos en las poblaciones de peces eran poco difundidos. Si bien en los últi- mos años la utilización de la dinamita ha disminui- do gracias a campañas de sensibilización promo- vidas por organizaciones locales e instituciones privadas, en muchos ambientes acuáticos de las zonas de cabeceras con alta fragilidad ecológica todavía representa una amenaza. Es sabido que la pesca con explosivos tiene un impacto directo sobre la fauna acuática, produciendo mortandad masiva entre peces grandes y pequeños dentro de su radio de acción; además, modifica los hábi- tats naturales de los peces como las pozas y con- tribuye en los procesos de erosión de las orillas (Castro et al. 2008; Barthem et al. 1995). El uso de redes de paño grande, de tipo monofi- lamento, se ha intensificado en el Pichis en los últimos años debido a su bajo costo y alta pro- ductividad. Estas redes y principalmente el tipo agalleras, se usan a lo largo de toda la cuenca
con una frecuencia elevada, varias veces a la semana. Además, la mayoría de estas redes, al presentar aberturas de malla pequeña, no están acordes con la talla promedio de las principales especies de consumo, situación que probable- mente contribuya también al deterioro de las po- blaciones de peces.
Como se mencionó anteriormente, la pesca con tóxicos constituye una actividad de tipo familiar entre los asháninkas, al haber caído en el des- favor a nivel comunal debido a la disminución de la producción de barbasco, la disminución de las poblaciones de peces y los conflictos que genera con los pobladores colonos dedicados a la gana- dería cuando los animales mueren envenenados (Pinedo 2008). Al constituir una actividad familiar, las normas sociales que regulaban su manejo en las pescas comunales se han perdido a través de los años permitiendo así el uso indiscriminado de barbasco en zonas medias y principalmente altas de los afluentes del río Pichis. Si bien estos tóxicos son biodegradables (Dourojeanni 1990), su efec- to puede ser devastador sobre las poblaciones de peces cuando no existe un buen manejo (Barthem et al. 1995). Estudios realizados en la cuenca del Pichis en el año 2006 sobre el impacto de ictiotóxi- cos en las comunidades de peces, muestran que la tasa de recolonización en quebradas luego de 83 días del uso de barbasco corresponde al 59% de la riqueza inicial de especies y al 98% de la abundancia inicial de individuos (Rengifo 2009). A diferencia de otros impactos, la contaminación en el Pichis es focalizada y las fuentes correspon- den principalmente al procesamiento de la hoja de coca y la extracción de árboles maderables. Si bien el vertimiento de efluentes domésticos no repre- senta aún una amenaza, en un futuro puede cons- tituir un peligro de mantenerse el alto crecimiento poblacional y la no implementación de medidas de remediación por parte del gobierno municipal. En los últimos años, y debido al alto valor de la hoja de coca, los cultivos ilícitos de este produc- to se han incrementado exponencialmente en la cuenca del Pachitea. Si bien existe un cultivo in- cipiente en las zonas altas del Pichis, en la zona baja y colindante a la cordillera San Matías se concentran los mayores cultivos y el procesa-
miento de la coca. Los residuos de los insumos empleados para la transformación de la hoja de coca en pasta básica de cocaína son vertidos en las quebradas que sustentan la microcuenca del río Lorencillo, y posteriormente son derivados al río Pichis. Es un riesgo latente la ampliación de esta actividad ilícita a las zonas altas del Pichis, que produciría daños irreversibles a la flora y fau- na ecológicamente frágiles de los sistemas acuá- ticos, como se viene evidenciando en la micro- cuenca de Lorencillo.
La extracción de árboles maderables ocasiona también la contaminación de los ambientes acuá- ticos. Ello ocurre al depositar trozas de madera recién preparadas en el cauce de las quebradas y ríos, esperando que la subida del nivel de las aguas permita trasladarlas. Durante la espera, muchas especies arbóreas liberan sustancias al- tamente tóxicas causando mortandad en la flora y fauna acuática. Esto ocurre principalmente en las microcuencas del Apurucayali y Anacayali. En el Pichis, la deforestación de extensas áreas de bosques primarios para fines de agricultura y ganadería es un problema que se remonta a va- rias décadas atrás (Pinedo 2008); sin embargo, en los últimos años el incremento de la defores- tación ha sido enorme debido a la mejora de los precios de los productos agropecuarios. Los ma- los hábitos de muchos ganaderos, al desbrozar los márgenes de las riberas con el fin de facilitar la seguridad, el transporte y las fuentes de agua para el ganado, vienen ocasionando procesos erosivos en la zona media del Pichis en época de lluvias, lo que a su vez produce cambios en el curso del río, modificación de hábitats y cambios ecológicos en las comunidades de peces. Los cultivos, comerciales y de subsistencia, se desarrollan en las franjas de los suelos aluviales de las zonas ribereñas en la cuenca del Pachitea, los cuales se caracterizan por ser altamente pro- ductivos (McClain y Cossío 2003). Cultivos como el maíz, que se desarrollan en este tipo de suelos, vienen ocasionando problemas de erosión de ri- beras en gran parte de las microcuencas del Azu- pizú y Nazarategui, causando la sedimentación de hábitats utilizados por los peces. En años re- cientes, la agricultura comercial viene ampliando
su frontera hacia los bosques de zonas de cabe- cera, convirtiéndose en una amenaza potencial en desmedro de las funciones ecológicas que cumplen los bosques como reguladores de los caudales de los ríos, conservación de la calidad del agua y retenimiento de los procesos erosivos.