David (2006: 101-2) señala con razón que en el sexto pie del hexámetro podría haber habido una tensión entre la penúltima sílaba con la tesis del pie y el elemento que de hecho lo cierra. Esto es válido, en particular, cuando la última sílaba es larga, y por lo tanto lingüísticamente prominente (tanto acentual como rítmicamente). El autor sugiere NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT
entonces que el último pie del metro tendría un ritmo variable, determinado por la ubicación del acento en la palabra final. La idea es tentadora, porque permitiría interpretar al hexámetro como un verso con una variabilidad final notablemente mayor que la que tiene internamente, y por lo tanto como un metro mucho más atractivo para los poetas que si cada línea terminara de manera idéntica.
Aunque un análisis comparado amplio es necesario, se puede notar aquí que semejante variabilidad rítmica existe, si bien en otra forma, en la poesía hispánica. El ritmo marcado por el acento, en este caso, determina la cantidad de sílabas real (no métrica) del verso: una línea que termina en palabra aguda agrega una sílaba (métrica), por lo que si es, por ejemplo, un octosílabo, tendrá de hecho siete sílabas. Una línea que termina en palabra esdrújula resta una sílaba (métrica), por lo que si es, por ejemplo, un endecasílabo, tendrá de hecho doce sílabas. Esta licencia sólo se aplica en el final del verso y probablemente facilita la composición. Es cierto (y por eso se requiere un estudio comparado más amplio) que se da específicamente para preservar el ritmo acentual, es decir, para no alterar las expectativas que el resto de la línea genera. En el caso del hexámetro, la situación se invertiría en un sentido: la variabilidad al final del verso de hecho permitiría al ritmo allí ir en contra del resto de la línea. Sin embargo, al mismo tiempo habilitaría al poeta a terminarla con un ritmo descendente o ascendente, lo que de hecho es una propiedad que tienen todos los pies (excepto el primero).
Sea de esto lo que fuere, es posible comprobar si el ictus variable es un fenómeno real del metro a partir de un estudio de las formas que ocupan el sexto pie. En este caso, el análisis tiene dos partes. Una de ellas ya ha sido realizada: en la sec. 1.2.3 se observó que en los disílabos trocaicos hay una marcada preferencia, aun mayor que en el caso de los espondaicos, por colocar las formas oxítonas en el sexto pie. De acuerdo a los datos de las tablas 1.2.6 y 1.2.7, la posibilidad de hallar disílabos trocaicos oxítonos allí era ocho veces mayor que en el resto de la línea (Ω=8,67), mientras que la de hallar disílabos espondaicos oxítonos era casi del triple (Ω=2,89).
Una interpretación posible de esta diferencia en la razón de razones es que la interpretación del principio brevis in longo que se ha propuesto en 0.2.3 es incorrecta, dado que la abrumadora cantidad de oxítonas trocaicas podría indicar que la sílaba breve final se alarga hasta resultar indistinguible de una sílaba larga. En otras palabras, que las oxítonas trocaicas están allí porque allí pueden funcionar como oxítonos pre- pausales. Sin embargo, debe notarse que, mientras que las oxítonas espondaicas pueden ser colocadas dentro del verso en posiciones concordantes (por ejemplo, la
pentemímera), no es este el caso con las oxítonas trocaicas, que inevitablemente tienen acento en el arsis (si la sílaba final es cerrada dejan de ser trocaicas para el sistema y, de hecho, para el verso mismo). Por lo tanto, es de esperarse que el poeta prefiriera colocar este tipo de formas en la única ubicación del metro donde su acento no contrastaba con el ritmo, dada la determinación prosódica del ictus.
En otras palabras, aunque el alargamiento parcial de la sílaba final puede estar jugando un rol (incluso significativo) en la colocación de disílabos trocaicos oxítonos en el sexto pie, la diferencia notable con los disílabos espondaicos se explica mejor (en particular por las razones que se señalarán inmediatamente) a partir del deseo del poeta de poner esas palabras en la única ubicación de la línea en donde no generan discordancia con el ritmo métrico. Así, es comparativamente más común el oxítono de un verso como Il. 23.48 ( λλ' τοι ν ν μεὶν στυγερ πειθώμεθα ἀ ἤ ῦ ῇ δαιτί· [pero ahora ciertamente ocupémonos del detestable banquete]) que el de un verso como Il. 10.302 (τουὶς γε συγκαλέσας πυκινηὶν ρτύνετο ὅ ἀ βουλήν· [juntado a los cuales celebró un sabio consejo]) por el simple hecho de que βουλήν puede ir fácilmente ante pentemímera pero δαιτί sólo en el sexto pie no interfiere con la concordancia. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT La segunda parte del análisis es
específicamente rítmica. Si el sexto pie mostrara un ictus variable, entonces se esperaría que la cantidad de palabras estuviera determinada por la preferencia de los poetas con respecto a ciertos tipos de final de verso. Si, por ejemplo, hubiere una preferencia por finales de tipo masculino, debería haber más espondeos que troqueos. Si una preferencia por finales de tipo femenino, más troqueos que espondeos. Finalmente, si hubiere un deseo de maximizar la variación, se esperaría una cantidad más o menos similar de ambos tipos de finales.
En Homero se da este último caso, con 50,56% de las formas con final trocaico y 49,44% con final espondaico. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT En buena parte de los
autores la situación es similar, pero en Nono hay una preferencia más que notable por finales espondaicos (91,69%) y en Parménides y Apolonio una por finales trocaicos (37,50% y 37,09%, respectivamente). Ahora bien, esto en sí mismo no significa nada, porque los números podrían ser simplemente el resultado del azar en función de la disponibilidad de formas en cada autor. La tabla 2.2.6 demuestra que este no es el caso: NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT
Razón general Razón A1-A5 Razón A1-A2 Razón A6 Homero 2,25 4,54 1,42 1,02 Parménides 3,09 5,14 1,85 1,69 Apolonio 3,45 7,71 1,89 1,70 Calímaco 3,01 13,21 2,66 1,01 H. Órficos 2,53 5,93 1,95 1,16 Opiano 2,64 6,40 1,17 1,11 Nono 1,73 23,67 4,19 0,09 Proclo 2,27 10,08 2,12 0,57
Tabla 2.2.6 Razones entre palabras trocaicas y espondaicas por autor en el hexámetro (‘Razón general’), en los primeros cinco pies del hexámetro (‘Razón A1-A5’) y en los primeros dos pies (‘Razón A1-A2’), comparadas con la razón en la sexta arsis.
Introduzco en el análisis a todos los autores porque esto permite una visión más clara de la cuestión, y porque, además, en este caso puede hacerse sin multiplicar inmanejablemente las tablas. Cada número en ésta indica qué cantidad de palabras de final trocaico hay por cada palabra de final espondaico en todo el metro (la primera columna), en las primeras cinco arsis (la segunda), sólo en las primeras dos (la tercera) y sólo la sexta (la última). Como se ve, en todos los casos hay diferencias muy significativas entre la proporción del sexto pie, la general y la de las otras combinaciones. Si se compararan únicamente las razones entre el sexto pie y el primero (pueden hallarse los datos en https://greekmps.wordpress.com/tecnicas-compositivas- del-hexametro-dactilico-correlaciones-entre-el-3o-y-el-6o-pie-del-verso y más adelante, tabla 2.2.8), la mitad (Homero, Calímaco, Nono y Proclo) de los autores mostrarían diferencias estadísticamente significativas, y tres de ellos (los mencionados menos Homero) al nivel del 1% de significancia. Lo que los números hacen evidente, de cualquier manera, es la preferencia, en diferentes grados, por colocar palabras espondaicas en el final de la línea, incluso en los autores que en apariencia prefieren palabras trocaicas en esa posición (es decir, Parménides y Apolonio).
Una vez más, este análisis por sí mismo no es suficiente para concluir que hay una elección del ritmo del cierre del verso por el poeta. Dado que el principio del verso es el que más tolera las irregularidades, y que el exceso de palabras espondaicas en el primer pie es producto de esa tolerancia (cf. sec. 2.1.4), entonces la preferencia por espondeos finales puede ser un subproducto de la ventaja que ofrece al poeta la indiferencia de la sílaba final. En otras palabras, hay más espondeos en el final del verso por la sencilla razón que ahí es donde molestan menos. De hecho, éste parece ser el caso con palabras de final báquico (como χολωθειὶς en Il. 1.9), que en todos los autores estudiados
aparecen casi exclusivamente en esa ubicación. Lo contrario sucede con las palabras de
final moloso (como νθρώπων en ἀ Od. 1.167), que unánimemente se prefieren ubicar en
otros lugares de la línea, aunque aquí la preferencia por un quinto pie dactílico muy probablemente esté jugando un papel importante. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT Para
verificar si esto es lo que está sucediendo, la forma más simple es corroborar que de hecho las formas que molestan son las que se prefieren en el sexto pie. Para ello no se puede comparar simplemente con formas que no molestan (de hecho, esto es lo que se hizo hasta ahora), sino que es necesario controlar a partir de una categoría de formas que molestan más y otra de formas que molestan menos. En este caso, eso puede hacerse comparando la distribución de los disílabos espondaicos, que pueden colocarse en el primer pie sin problemas (por lo que molestan menos) con las palabras trisilábicas y mayores de final espondaico, que no pueden colocarse en el primer pie (por lo que molestan más). Esto, naturalmente, depende del supuesto de que el poeta no tiene uso para estas formas, es decir, que siempre son molestas. Aunque sabemos que no es así a partir del análisis de la distribución de palabras espondaicas en la sección anterior, como esta prueba se restringe específicamente al sexto pie el supuesto no será un problema.
Para controlar si la relación entre disílabos y palabras más largas de final espondaico está inclinada hacia estos últimos, se utiliza la proporción de disílabos trocaicos frente a palabras mayores de final trocaico, porque en este grupo no debería haber ningún tipo de preferencia, pudiendo ubicarse todas las formas en casi cualquier otro lado (y, por lo demás, estando sometidas a las mismas restricciones, en particular en Homero). Los resultados pueden verse en la tabla 2.2.7.
Disíl. troc. / Troc. ≥ a tres síl. Disíl. esp.. / Esp. ≥ a tres síl.
Homero 0,31 0,60 Parménides 0,67 0,38 Apolonio 0,41 1,04 Calímaco 0,22 1,07 H. Órficos 0,33 0,67 Opiano 0,14 0,82
Nono 0,19 0,90
Proclo 0,50 0,60
Tabla 2.2.7. Razones entre los disílabos trocaicos y palabras más largas de final trocaico y disílabos espondaicos y palabras más largas de final espondaico en el sexto pie del hexámetro por autor.
Lo primero que se observa es que en la mayoría de los casos hay menos disílabos que trisílabos en el final del verso. Dicho esto, como puede verse, los resultados no avalan para nada la hipótesis de que la preferencia por espondeos finales está motivada exclusivamente por la comodidad compositiva. Excepto en Parménides, todos los autores muestran una proporción mayor de palabras disilábicas espondaicas que trocaicas en el cierre de la línea, y de hecho Calímaco y Apolonio tienen aproximadamente la misma cantidad de disílabos y trisílabos espondaicos. En otras palabras, donde los poetas podrían colocar mayor cantidad de trisílabos molestos, prefieren colocar disílabos que podrían haber puesto en otro lado.
Esto no significa, merece señalarse nuevamente, que la comodidad no forme parte de la preferencia por colocar espondeos en el cierre de la línea: la cantidad de disílabos puede estar motivada por la sencilla razón de que en general hay muchos más disílabos (lo mismo sucede con los troqueos, sin embargo). Pero los resultados sugieren fuertemente que la preferencia por espondeos es deliberada. Y esto se refuerza cuando se observa su evolución a lo largo de la historia del metro, que muestra una cierta tendencia (muy clara hacia el final de la serie) hacia aumentar la cantidad de estas formas. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT Existe otra forma de verificar que la preferencia
por espondeos no es un mero subproducto de la comodidad. Si fuera así, se esperaría que estuviera negativamente correlacionada (esto es, que fuera inversamente proporcional) a la preferencia por troqueos en el resto de la línea y en particular en la primera arsis. En otras palabras, que los poetas que menos lugares tienen para colocar espondeos en el interior de la línea tendieran más a colocarlos en el final de ella, y viceversa, que los poetas que con más libertad usan los espondeos en el interior del verso coloquen menos en el final. Esta prueba se realiza en la tabla 2.2.8, donde los autores se presentan ordenados no cronológicamente sino en función de su preferencia por troqueos en el sexto pie.
Razón A6 Razón A1 Razón A1-A5
Apolonio 1,70 1,71 7,71 Parménides 1,69 1,60 5,14 H. Órficos 1,16 1,04 5,93 Opiano 1,11 1,03 6,40 Homero 1,02 1,17 4,54 Calímaco 1,01 2,40 13,21 Proclo 0,57 1,72 10,08 Nono 0,09 3,07 23,67
Tabla 2.2.8. Razones entre palabras trocaicas y espondaicas en el sexto pie del hexámetro (‘Razon A6’), el primer pie (‘Razón A1’) y los primeros cinco pies (‘Razón A1-A5’) por autor, ordenadas en función de la preferencia por formas trocaicas en el sexto pie.
Resulta bastante claro que, aunque hay una cierta correlación (especialmente en el caso de Nono), ésta bajo ningún concepto es absoluta. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT La
preferencia por espondeos en el sexto pie es independiente de la preferencia por troqueos en el primero y, si bien está correlacionada con la preferencia en el resto de la línea, esta correlación depende fuertemente del estilo de Nono. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT En otras palabras, aunque la conveniencia juega
un rol en la cantidad de espondeos en el sexto pie, parece haber una motivación independiente para su preferencia por estas formas en esa ubicación. Las pruebas realizadas en esta sección confirman, por todo esto, que la última ubicación del metro tenía un estatus rítmico especial. Dos posibles interpretaciones se abren ahora. Primero, asumir que este estatus es consecuencia de la pausa entre cada verso y del carácter clausular de las últimas sílabas en cada línea, sin por ello involucrar modificaciones del ritmo de base del hexámetro. Allen (1973: 296-303) postula, por ejemplo, un sistema especial para el ritmo de ciertas formas de palabra ante pausa, que permite (con una notable arbitrariedad), que los espondeos finales tengan stress no en última (como normalmente), sino en penúltima. Aun así, en esta línea de lectura, las palabras con final espondaico acentualmente prominente serían discordantes con el metro, a menos que se quisieran incorporar axiomas específicos que alteren la acentuación cuando la palabra está ante pausa. Es claro que esta línea de interpretación no es particularmente deseable. No parece razonable que en el tercer pie, en la cesura central, haya una marcada preferencia por la concordancia y en el sexto, la pausa más importante en el verso, ésta fuera completamente indiferente. Tampoco parece adecuado postular axiomas para NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT
solucionar el problema que alteren las reglas fundamentales del ritmo y el acento del lenguaje.
Pero el metro, como se ha notado en el caso del español, es más flexible en este sentido. Se abre por ello una segunda interpretación de los datos compilados: el ictus determinado prosódicamente o, en términos más generales, la libertad de cerrar cada verso con un ritmo masculino o femenino. Esta idea tiene, por supuesto, problemas, incluso graves. Viola el principio general de que no puede haber dos ubicaciones fuertes separadas por más de dos sílabas, por ejemplo. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT Sin
embargo, lo hace sin alterar el esquema: en la mitad de los versos, de hecho, hay coincidencia del ritmo del pie final con lo que se esperaría. En la otra mitad, el ictus trasladado a la sílaba final iría siempre precedido de una sílaba larga, lo que morigera sustancialmente su violación del ritmo. Por otra parte, existe de hecho una variante (más tardía, es cierto) del hexámetro, el miuro, donde la penúltima sílaba de hecho es breve, lo que demostraría que el esquema tiene un potencial al menos para ignorar el principio en su trecho final. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT Como se verá más adelante (sec. 3.5),
una variación similar, aunque de signo inverso, se observa también en el paso del trímetro yámbico al coliambo.La manera más simple (pero no por ello simple) de interpretar los datos, por todo esto, es que el último pie del hexámetro exhibe una libertad rítmica que permite a los compositores variar el ritmo del final de cada verso entre una terminación masculina o espondaica o femenina o trocaica. Persiste la pregunta de qué sucede con el acento. Se debe preguntar si en las oxítonas trocaicas la parte fuerte del final estaba en la última sílaba, como sugeriría la interpretación de David del ictus determinado por el acento, o en la penúltima, como sugeriría una interpretación que privilegiara el ritmo lingüístico sobre el acento en la relación entre lenguaje y metro. La primera prueba realizada en esta sección sugiere que David está en lo correcto, pero quizás en esos casos hubiera un alargamiento especial de la sílaba final. Por otro lado, quizás la consonante final cumpla algún papel que aquí no se ha descubierto. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT Se requieren más pruebas para decidir la
cuestión. Sin embargo, debe señalarse que en la enorme mayoría de los versos, es decir, NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT
NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT
en aquellos en los que el ritmo lingüístico y la parte prominente de la contonación coincide, no hay inconveniente: el ritmo métrico del pie final está invariablemente en la misma posición con la parte lingüísticamente enfática.