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5.16 HYPOTHESES DEVELOPMENT

5.16.2 Company Characteristics

En la carrera por la expansión imperial en la que participaban la mayoría de los países europeos, el príncipe prusiano Karl ordenó en 1845 que una comisión viajara a la Mosquitia para explorar la posibilidad de establecer allí una colonia alemana. Aunque los reportes no fueron favorables en ese sentido, se sugería la importancia de evangelizar a sus habitantes (Nietschmann, 1982, p. 98). Históricamente los ingleses habían mantenido una actitud distante ante la vida espiritual de las comunidades miskitu, y aunque manifestaban la necesidad de llevar la palabra de Dios a la Costa, lo cierto es que ninguna institución eclesiástica había emprendido esa tarea. Pero a partir de 1849 la Iglesia morava protestante con sede en Alemania sería la primera en concretar este proyecto106.

Los alemanes se establecieron en Bluefields y pronto se integraron al gobierno de la Reserva, donde fungieron como tesoreros y consejeros espirituales. En los primeros veinte años fundaron algunas misiones dentro

105 Rossbach y Volker, (1985); Hale (1988, p. 12); Díaz Polanco (2006, p. 276).

106 Esta iglesia era conocida como Unitas Fratrum, “la comunidad de hermanos” (ver Bataillon 2007) .

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del perímetro de la Reserva, pero luego de 1881 empezaron a tener presencia en comunidades ubicadas más al norte (sector del río Wawa, Tuapi, cabo Gracias a Dios y Bilwaskarma, entre otros), bajo un proceso de crecimiento exponencial de su membresía, catalogado por la Iglesia como el “Gran Despertar”. Pero el trabajo que realizaron los pastores en las comunidades no se limitó a la enseñanza del Evangelio, sino que incidieron en la vida política, económica, cultural y social de los miskitu, generando cambios fundamentales en la vida colectiva107. Para fines explicativos podemos organizar estos cambios en tres ejes:

1) Los moravos no sólo se dedicaron a estudiar el idioma miskitu para poder predicar en las comunidades, sino que fueron traduciendo y distribuyendo canciones y pasajes de la Biblia a esta lengua, hasta que a inicios del siglo XX publicaron la Biblia completa y un diccionario miskitu-inglés-español (García, 1996a, p. 77). Ello generó cierto nivel de alfabetización entre la población, sobre todo en términos de lectura. Pero además, el hecho de haberle dado

estatus y grafía al idioma fue vital para su reproducción —y en ese sentido para la

reproducción cultural del grupo— sobre todo si tomamos en cuenta que en la nueva coyuntura social la influencia anglófona iba ganando más y más terreno a partir de haber sido desplazados por los creole108.

A su vez, la llegada de las compañías extranjeras en la última mitad del siglo XIX trajo consigo importantes consecuencias para los miskitu. Bajo un nuevo régimen comercial basado en las relaciones salariales —y no en el intercambio de productos, como había sido en los últimos dos siglos— los miskitu perdieron autonomía frente al proceso productivo, lo que se tradujo en una mayor dependencia de las compañías extranjeras, donde los puestos calificados y semicalificados eran ocupados por los creole. El auge comercial de este período puso en contacto a la población miskitu con nuevos extranjeros (chinos, suecos, alemanes, franceses, italianos, caribeños y estadounidenses) que “en muchos casos habitaron en las comunidades” (Offen, 1998a, p. 23). Toda esta coyuntura se tradujo en cierta inestabilidad social, frente a la cual el trabajo de la Iglesia morava facilitó un sentimiento de unidad afectiva —como parte de una comunidad cristiana— y de seguridad social —como parte de una institución hegemónica (García, 1996a, p. 74).

107 De hecho, fue la primera institución externa que penetró el mundo afectivo miskitu a tal punto que, hasta la llegada de la Iglesia católica en las primeras décadas del siglo XX, la identidad miskitu estaba íntimamente ligada a la adscripción morava, adscripción que también compartían los creole y los mayangna.

108 En el otro extremo, el hecho de que los moravos no predicaran entre los rama y los garífuna utilizando sus respectivas lenguas fue un elemento que si bien no resultó determinante, al menos colaboró a que esas lenguas se perdieran.

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2) Este punto se entiende mejor si tomamos en cuenta que los moravos fueron creando un clero miskitu, empírico al principio, cuya presencia en las comunidades apuntaba a cubrir la demanda de pastores, sobre todo a partir del “Gran Despertar” y apuntaba también a generar una democratización de la Iglesia como parte de la filosofía no jerárquica de la Unitas Fratrum109. Estos pastores se instituyeron como autoridades morales dentro de las comunidades, y desde entonces ha sido común que en situaciones de crisis funcionen como representantes de facto ante cualquier actor hegemónico externo.

La población fue así incorporando valores que apuntaban a normar la vida cotidiana a fin de demostrar que eran buenos cristianos —fue así que se estigmatizó la poligamia y el consumo de alcohol y se fomentó el uso de ropas más encubridoras—, pero hubo reticencia a cambiar sus prácticas religiosas/ mágicas (García, 1996a; Bataillon, 2007). Sobrepasa los propósitos de este libro evaluar la persistencia, los cambios o los sincretismos que tuvieron lugar y seguramente siguen ocurriendo en el plano espiritual, pero puedo señalar a partir de mi propio trabajo de campo que muchos de los personajes mitológicos siguen estando presentes, y de hecho el mundo espiritual propio de la cultura miskitu sigue surtiendo explicaciones para interpretar enfermedades, acceder a los muertos, conocer el futuro, cambiar la suerte, etc. Sin duda eso forma parte de su autonomía cultural y sus márgenes de decisión para asimilar selectivamente las características culturales externas.

Ahora bien, la estructura morava fue disputándole terreno político y simbólico a los sukias, quienes hasta entonces habían monopolizado la interpretación del mundo espiritual. La Iglesia libró una batalla por estigmatizarlos. Frente a esa realidad, algunos optaron por mimetizarse como pastores o ayudantes en las congregaciones, y otros pasaron a llamarse paprit (profetas), osimplemente curanderos110. Si bien se ha reducido su número proporcional en la población, de ninguna manera han desaparecido estas figuras que siguen siendo importantes en la cultura miskitu.

3) El trabajo fue uno de los principales valores de la ética protestante que los misioneros intentaron incorporar en la cultura miskitu. El desinterés que esta población mostraba por acumular riquezas materiales, y la cantidad de tiempo “libre” de que disponían cuando no estaban trabajando eran para los

109 Ambos elementos fueron clave para que los misioneros pudieran integrarse fácilmente a la vida cotidiana de los miskitu. En la práctica, ambas organizaciones –étnica y eclesiástica– tenían rasgos comunes, en la medida en que eran autónomas, con vínculos igualitarios y tenían una estructura organizativa no jerárquica (García, 1996; Bataillon, 2007).

110 Sobre la vida espiritual miskitu pueden consultarse los trabajos de García (1996a) y Pérez (2002), quienes dedicaron gran parte de sus investigaciones a este tema. Resulta llamativo que la segunda autora no cite a la primera.

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misioneros la raíz de la “vida pagana” que, por tanto, se debía enmendar. En su afán por convertir a los miskitu en verdaderos cristianos, la Iglesia juzgaba necesario que esta población cambiara algunos hábitos, lo que incluía ampliar sus casas, poseer más muebles, utilizar otros utensilios de cocina y vestir más ropas. Pero como señalaba el obispo Muller, ello “requiere dinero y el dinero no puede ganarse a menos que los hombres dejen sus casas y sus familias por largos períodos” (Karl Muller, en Bataillon, 2007, p. 58).

Si bien la práctica de migraciones temporales para trabajar y el consumo de mercancías europeas no eran cosa nueva en la cultura miskitu, a partir de 1860 se dio un “desarrollo inusitado de las actividades extractivas y comerciales (banano, madera de caoba, caucho y oro) controladas por capitalistas extranjeros” (Bataillon, 2007, p. 46), y una mayor oferta de productos entregados como “salario por la vía del consumo” a través del régimen de comisariato instalado en cada empresa. En ese contexto, la labor ideológica de los pastores hizo coincidir “la imagen religiosa del buen cristiano con el paradigma capitalista del buen obrero” (Vilas, 1992, p. 91), lo que para la población se tradujo en una mayor dependencia del mercado externo, y para las empresas redundó en cierto nivel de disciplinamiento de la fuerza laboral. Sin embargo, por otro lado los misioneros moravos contribuyeron a la seguridad alimentaria al ayudara la propagación de árboles de mango, coco y fruta de pan111, y promovieron capacidades laborales al enseñar oficioscomo carpintería, costura y pastelería, por medio de los cuales podían obtener esporádicamente recursos, dentro o fuera de la comunidad.

III parte / Organización material del espacio y gestión del