Comerciantes y funcionarios de la Corona inglesa interesados en desarrollar el comercio, obtener materias primas y controlar espacios en el nuevo mundo se dispusieron a tener presencia en el Caribe. Al inicio lo hicieron a través de pequeños emprendimientos como el que desarrolló un grupo de puritanos en la isla Providencia, ya mencionado, o financiando viajes de piratería. Pero luego de la ocupación de Jamaica en 1655, el Parlamento inglés nombraría allí a un gobernador como representante de los intereses de Inglaterra en el Caribe.
El proyecto económico que impulsaba Inglaterra no sólo demandaba mano de obra esclava para las plantaciones de caña en Jamaica, sino también necesitaba aliados estratégicos que les ayudaran a sostener toda la ingeniería logística y bélica que suponían actividades como la captura de esos esclavos,
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el corte de madera fina, la extracción de campeche78, la pesca de tortugas verdes (fundamental para la dieta de los ingleses) y tortugas de carey (por su caparazón), el contrabando con las ciudades españolas de toda la región y, en última instancia, la justificación político-jurídica para tener presencia en tierra firme a partir del reconocimiento público, documentos de por medio, que deriva del hecho de que la población de un territorio sin conquistar se “subordinaba jurando lealtad” a la Corona inglesa. Si bien la primera experiencia de la Providence Island Company tuvo una breve vida de diez años, bastó para que los ingleses reconocieran en los miskitu a los aliados ideales en esa coyuntura geopolítica. Algunos investigadores han señalado recientemente que
antes de la llegada de los ingleses, los pueblos indígenas funcionaban a nivel comunitario (…) las comunidades no conocían clanes ni caciques, excepto en tiempos de conflicto con otras tribus, cuando el Consejo de Ancianos nombraba un encargado de operaciones militares. Además los miskitu no conocían el concepto de autoridades hereditarias (…) los ingleses buscaban la conveniencia de una alianza con autoridades locales. En ausencia de tales autoridades, las crearon (González et al., 2007, p. 17, énfasis propio).
Otros investigadores, refiriéndose a la época de pre-contacto, aseguran que “las formas de organización política existentes eran del tipo llamado jefaturas, formadas por jefes guerreros-sacerdotes conocidos como sukias quienes ejercían la máxima autoridad junto al Consejo de Ancianos” (Rivera et al., 1997, p. 92). Es justo reconocer que estas afirmaciones tienen un carácter más bien especulativo en cuanto a la tradición miskitu, puesto que los registros históricos con los que contamos no ofrecen mucha información sobre el comportamiento político de los miskitu antes de 1700. En relación al primer nombramiento de un rey, la documentación corresponde al año 1687, cuando un miskitu de nombre Jeremías viajó a Jamaica donde fue juramentado para dicho cargo por el gobernador de la isla, el duque Albemarle79 (M.W., 1699, p. 288). Ahora bien, a partir de 1710 los ingleses nombran otras autoridades con poderes locales que, juntas, empiezan a delinear los límites y la organización política de la Costa Mosquitia. Como se mencionó sin muchos detalles en el capítulo anterior, esta estructura política consistía:
78 El campeche (Haematoxylon campechianum) es un árbol del que se extrae un tinte natural. Durante varios siglos tuvo mucha demanda en la industria textil de Inglaterra. 79 En esa ocasión, Jeremías contó que su padre habría sido llevado a Inglaterra años atrás
por un comerciante de la PIC, y que permaneció un tiempo en aquel país y, luego de volver a cabo Gracias a Dios, fue declarado rey jurando desde aquel momento lealtad a Inglaterra (Helms, 1986, p. 508; Von Oertzen, 1985, p. 10).
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en cuatro distritos o parcialidades adyacentes semiautónomas que se ex- tendían desde el río Plátano en el norte hasta Laguna de Perlas en el sur. Un líder político mosquito que gozaba de poderes hereditarios estaba a la cabeza de cada distrito comisionado para gobernar en alianza con el rey mosquito, aunque por lo general con independencia de él y de los demás líderes. Un
general sambo mosquito controlaba el distrito más al norte, mientras que el
territorio del rey mosquito, se extendía desde cabo Gracias a Dios hasta Da- kura en el extremo sur. A partir de 1729 el rey fue siempre sambo mosquito. Entretanto un gobernador tawira encabezaba el siguiente distrito al sur, cuyo centro era la sabana de Twappi, y un almirante tawira vigilaba el distrito de Río Grande y Laguna de Perlas en el extremo sur del reino (Offen, 2008, pp. 12-13, énfasis propio).
Cada una de estas figuras llegó a tener, a su vez, capitanes y guerreros leales80. Es importante tener en cuenta que, más allá de que se “crearan autoridades nuevas”, estas no fueron elegidas ni controladas deliberadamente por los ingleses, aunque estos desarrollaron una preferencia por la figura del rey, misma que sólo al final de ese siglo se evidenció con mayor fuerza, cuando la coyuntura política, local e internacional cambió y les fue más útil ayudar a centralizar el poder simbólico en la imagen de un reino como tal, que negociar con cuatro distritos, con la dispersión de intereses que esto suponía. Hasta ese entonces, en la correlación de fuerzas el rey fue uno entre iguales (Helms, 1986, p. 513). Como señala Eleonore Von Oertzen (1985, p.6), además:
al incrementarse el intercambio con Inglaterra, los miskitu adoptaron el término rey, pero no así la institución, en lugar de reaccionar en contra de la política británica, ellos tomaron parte activa en la formación de una institución político social nueva y particular, asumiendo hábilmente las in- fluencias coloniales pero sin alterar sus patrones socio-culturales básicos81.
En esa misma línea, Pérez (2002, p. 36) agrega que “para los miskitu era ventajoso adherirse a Inglaterra, pues en realidad los ingleses no los habían conquistado ni obligado a transformar su organización social tradicional, como sucedía con los españoles”.
80 En este capítulo utilizaré indistintamente los términos, cargos, jefe o autoridad miskitu, para referirme a cualquiera de estos nombramientos, a fin de facilitar la lectura. 81 Siguiendo a esta autora, creo que a la hora de interpretar los registros históricos de
la Costa conviene abstenerse de buscar puntos cero y puntos prístinos que suelen presentar los cambios de contenidos culturales como modificaciones por contagio. Por otro lado, según mi propia experiencia en Sangnilaya, y sin intención de hacer una extrapolación mecánica, reconozco que resaltar información confiable sobre las lógicas de diferenciación social y construcción de poder en las comunidades miskitu constituye una tarea difícil, por el tipo de información delicada que ello entraña.
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Ahora bien, sobre la “diferenciación” entre sambo y tawira habría que dejar en claro algunas cosas. Tomando en cuenta los registros históricos, la distinción entre ambas categorías no remite a niveles de “pureza o mixtura indígena”, tan comunes en las clasificaciones europeas, sino a tres aspectos que formaban parte de la organización material del espacio que hacían los miskitu: la ocupación
geográfica (los sambos más al norte, los otros más al sur); una especialización laboral condicionada en buena medida por las opciones medioambientales
de ecosistemas diferentes (los sambos vinculados más al corte de madera en los bosques de Honduras y Belice, y los tawiras a la pesca de las tortugas verdes y de carey que llegaban a las costas del sur); y una diferenciación en las
alianzas (si bien ambos grupos mantenían buenas relaciones con los ingleses,
en determinados momentos, como contrapeso de cierta preferencia de los ingleses por los jefes sambos, los tawira tuvieron algunos acercamientos con los españoles). Pero en un nivel macro y más allá de estas distinciones, los tawira y los sambos representaban y eran representados como integrantes de un único pueblo miskitu, hablaban una misma lengua, compartían la cosmovisión y vivían bajo condiciones sociales, políticas y económicas similares. De hecho no hay registro de que estas categorías funcionaran como alteridades intraétnicas con un correlato de regulación en las relaciones de parentesco o de otro tipo. Así, en esta clasificación parece haber tenido más peso cómo eran vistos desde fuera, más que en la vida cotidiana y las autoadscripciones miskitu.