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El concepto de dispositivo se distingue de la noción de episteme, pero no la abandona, sino que la amplia. Abarca un conjunto heterogéneo de aspectos discursivos como no discursivos; la relación entre saber/poder y la función estratégica generada dentro de un ejercicio de poder (Foucault, 1991). La disciplina está relacionada con los dispositivos de saber y poder. En el orden del saber

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se trata de “un principio del control de la producción del discurso” (Foucault, 2005, p.32) y en el orden del poder constituye “el conjunto de técnicas en virtud de las cuales los sistemas de poder tienen por objetivo y resultado la singularización de los objetivos” (Foucault, 1999, p.105). Las disciplinas son creadoras de aparatos de saber que generan un poder dominador sobre el cuerpo, ellas conllevan al discurso a tener efectos normalizadores, que proponen un modelo óptimo en función del resultado, intenta que las personas, los gestos y los actos se ajusten al mismo (Zangaro, 2011). Un poder que vigila, sanciona y examina para adecuar el sujeto a la norma, reducir la desviación y extraer un trabajo útil del mismo.

La fábrica se asemejó a una ciudad cerrada (Foucault, 2002), fue el lugar de la producción y una institución en la que se materializaban las relaciones de saber/poder de la sociedad disciplinaria (Zangaro, 2011), correspondiente con el Estado Benefactor del siglo XX. Durante gran parte de este siglo, el desarrollo fabril, caracterizado por la centralidad y la figura heroica del empresario industrial, permitió el esplendor de Medellín como la primera ciudad industrial de Colombia, bajo la estrategia del modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones y la intervención estatal. No obstante, a partir de la década de 1980, la crisis generalizada de los sitios de encierro dio paso a un nuevo escenario denominado sociedades de control, la empresa remplaza a la fábrica y el marketing se impone en el cuerpo social (Deleuze, 1999, p.277). Con la hegemonía cultural de la forma-empresa, la era de la economía disciplinaria del Estado de Bienestar quedó atrás y la NGP inserta prácticas empresariales al gobierno, reglas de juego de la arquitectura financiera y medidas administrativas que se orientan hacia la financiarización estatal.

En el Municipio de Medellín este proceso histórico ha permitido evidenciar un Estado que adquiere dimensiones de la forma-empresa. Allí, el traslado de prácticas contables empresariales ha sido fundamental para la creación de ciertos patrones organizacionales, ya que la contabilidad dinamiza intereses, visibiliza y articula ciertas formas de la estructura de la organización, su segmentación y relaciones de poder. Por consiguiente, una pregunta se formula como guía para el análisis de este ítem: ¿cómo ha obrado la nueva contabilidad pública en la transformación del Estado local en forma de organización empresarial? Un interrogante que propicia reconocer la participación de la infraestructura contable en la modernización del Municipio de Medellín y en su relación con la población. Aunque en Medellín no se logró consolidar un Estado Benefactor como

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en los centros de poder más desarrollados de Occidente, si se generaron prácticas asistencialistas y de tinte social, ahora intervenidas por el gobierno empresarial.

La pregunta anterior permite analizar dos elementos actuales relacionados con las reformas de la contabilidad pública y el ente municipal: la forma-empresa y el Conglomerado Público Municipio de Medellín. En el primer elemento se identifica la etiqueta de la forma-empresa para denominar la ciudad, un alma que según Deleuze (1999) introduce “una rivalidad inexplicable como sana emulación, excelente motivación que opone a los individuos entre ellos y atraviesa a cada uno, dividiéndolos en sí mismo” (p. 277), al incentivar la competitividad. Desde principios de la década de 1990, se evidencia la proliferación del discurso de la forma-empresa en los gobiernos locales. Por ejemplo, Luis Alfredo Ramos se propuso en su gobierno la dirección de “una empresa llamada Medellín” (El Tiempo, 1994), mientras que Sergio Naranjo habló de incorporar “los servicios de la empresa Municipio de Medellín en la mente del cliente45” (Plan de Desarrollo 1995- 1997, p. 62). Como se ha señalado, estas retóricas de la NGP incidieron en la incorporación temprana de prácticas contables empresariales en el ente municipal (antes que fueran de obligatorio cumplimiento la normatividad contable pública), prácticas que puestas en la organización pública se incorporan al contexto y se vuelven norma organizacional que configura otra racionalidad política.

En el Municipio de Medellín la elaboración de estados contables proporcionó una idea de complejidad organizacional y de necesidad de cambios estructurales en el ente público. Por ejemplo, la incorporación en los balances de los bienes inventariados (muebles, inmuebles, de uso público, bienes culturales e históricos), permitió generar una “cultura de gestión” de activos, pues si bien los presupuestos asignaban partidas para su mantenimiento, no se disponía de un inventario permanente para lograr su contabilización y control. Como resultado de esta situación, se restructuraron las Unidades de Bienes Muebles e Inmuebles para la administración jurídica y contable de los bienes y se encargó a cada dependencia de su vigilancia y mantenimiento físico. En este plano, la contabilidad implicó relaciones de saber/poder porque mientras ella es invisible,

45 La inserción de prácticas contables en el Municipio de Medellín tiene consecuencias sobre la noción del ciudadano-

cliente. En este sentido, Laval y Dardot (2013) plantean que “las normas contables constituyen no tanto una ideología como una forma específica de racionalidad importada de la economía (…). De este modo, se tienden a ocultar las finalidades propias de cada institución en provecho de una norma contable idéntica, como si no tuviera cada una de dichas instituciones valores constitutivos que le son propios” (p.317).

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impone una visibilidad obligatoria a los sujetos de sus cálculos. El balance general del 2005 (dictaminado en limpio por la CGN), muestra que este tipo de bienes constituían el 18% del total de activos, mientras que para el 2015 en el balance general estos representaban el 41%. Situación que evidencia que, en la NGP, los administradores públicos no son solo ordenadores del gasto, sino inversores y responsables de un patrimonio estatal que utilizan para el marketing de la ciudad. Así, en la propaganda de turismo que promociona la ciudad se evidencian imágenes de la ciudad, tales como: las obras de Botero, el Parque Berrio, de las Luces y Arví, el Jardín Botánico y el Pueblito Paisa, valorados como activos en la contabilidad.

La ACI y el Medellin Convention Bureau, son precisamente agencias que surgen para coadyuvar en ese andamiaje, de generar mayor competitividad e internacionalización de la ciudad, de ofrecerla al turismo, a la empresa privada para que se instale en ella y la convierta en una plataforma de negocios, en la cual el ciudadano vea oportunidades y no espere un Estado local asistencialista. En este sentido, uno de los directores de la ACI plantea que la existencia de la agencia constituye una prueba de que Medellín es una empresa de servicios abierta al mundo y nosotros, como ciudadanos, somos sus funcionarios activos (Entrevista 13, 2016). Por ende, el paso de una ciudad que mira a su interior a otra enfocada en la inversión y el turismo, señala un diseño más empresarial sobre la ciudad, basado en la creación de una imagen positiva y deseable de la misma. Una ciudad que busca homogenizarse por las presiones globales para aumentar el isomorfismo de las ciudades, pero al mismo tiempo diferenciarse para competir. En esa tensión, una serie de indicadores financieros juegan un rol importante para visibilizar a Medellín con cifras y cálculos que la hacen comparable a otras ciudades del ámbito internacional, mediante calificaciones de las finanzas, que muestra su cambio para que la reconozcan como la “más innovadora del mundo”, como una de las ciudades de América Latina con mayor crecimiento económico, que está entre las 50 zonas metropolitanas con más desarrollo mundial.

Desde el análisis foucaultiano, la constitución de aquello que se vuelve verdad implica directrices normativas y de gobierno. El traslado de prácticas contables de la empresa al ámbito público ha permitido que la contabilidad se incruste en la gestión de la ciudad, casi de manera incuestionable, e instale formas modernas de organización como el conglomerado empresarial Municipio de Medellín (en 1988, por el contrario, el discurso de posesión del primer alcalde elegido por voto popular en Medellín hablaba de conformar un conglomerado social). Entonces, la

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contabilidad pública ha permitido que se asuman como propios de las organizaciones públicas los discursos estratégicos de una maquinaria geopolítica de saber/poder, que amplifica normas de multinacionales, de organismos multilaterales y subordina el Estado a unos intereses matizados del mundo económico mercantil, ellos: la forma-empresa, la rentabilidad, el rendimiento, la eficiencia empresarial, el sujeto rentable y contable.

La figura del Conglomerado Público Municipio de Medellín fue una estrategia generada en contabilidad y justificada mediante el proyecto contable “Estados financieros consolidados” que inicio en 2008. La construcción del balance general y también del balance general consolidado de este nuevo ente fue posible dada la inserción de la contabilidad por causación en el ámbito público local. Una lógica articulada a la retórica del manejo eficiente de los recursos del Estado en un mundo cada vez más regido por el mercado. Para el 2012 el balance contable municipal tenía una estructura de activos por 11.576 billones de pesos, pasivos de 1.923 billones de pesos y un patrimonio de 9.653 billones de pesos, en ese mismo año se presentó el primer balance general consolidado con activos por 51.938 billones de pesos, pasivos e interés minoritario de 20.423 billones de pesos y un patrimonio de 31.515 billones de pesos. Es a partir de estos cálculo que se acercó un diagnóstico inicial para crear el Conglomerado Público Municipio de Medellín, acorde con principios y guías del gobierno corporativo de la OCDE, lineamientos del Banco de Desarrollo de América Latina, el Benchmarck de gobierno corporativo de Propiedad Pública, instituciones que han apoyado la inserción de prácticas de la forma empresarial al ente local.

En noviembre del 2014, el Municipio de Medellín comunicó la constitución de un modelo de gestión denominado Conglomerado Público Municipio de Medellín, en aras de fortalecer la transparencia, la unificación del actuar de las entidades descentralizados con los objetivos, planes, programas y proyectos del ente municipal, mejorar la presencia administrativa en el territorio de forma articulada y coherente para el desarrollo de la ciudad. En el Decreto Municipal 883 de 2015, capítulo II, se ratificó la adopción de este modelo de gerencia pública. La forma-empresa se impone a la forma-Estado, como objetivo de la política neoliberal, “se trata de hacer del mercado, de la competencia, y por consiguiente de la empresa, lo que podríamos llamar el poder informante de la sociedad” (Foucault, 2008, p.186). Manifiesta una de las secretarias de gobierno de la Hacienda pública que el balance general consolidado del Conglomerado Público ha facilitado la obtención de recursos de crédito, por ejemplo, la Agencia Francesa de Desarrollo concedió un crédito por 250

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millones de dólares que desembolsó en el 2014 para apoyar la política de urbanismo social, este ha sido un hecho histórico en el ente por el monto de la deuda.

Asimismo, la citada funcionaria señala que este balance influyó en el éxito que tuvo en el mercado bursátil la venta de la sexta emisión de bonos “ciudad de Medellín”, realizada en el 2013, por 248.560 millones de pesos:

Una de las ventajas de la contabilidad pública es que ha permitido tener en el radar lo que tiene la ciudad, valorarla y proyectarla. En el año 2013, los bonos se vendieron solo con el showroom en Bogotá y Medellín, los balances financieros consolidados permitieron vender una ciudad con activos por 56.586 billones de pesos, cifra que fue del total agrado para el mercado bursátil y permitió vender los bonos en 2.9 veces del valor inicialmente considerado. Esto es la contabilidad, en ella el Municipio de Medellín con sus estados financieros consolidados sabe lo que tiene. Además permite entender que el ente municipal no es una entidad de beneficencia, que no vive de lo que le manda el gobierno nacional, sino que hay que proyectarla y cuidarla porque se puede quebrar y esto conlleva a la pérdida de 56.586 billones de pesos, no de 12.339 millones de pesos como muestra el balance general del sector central (Entrevista 3, 2016).

En la cita anterior, se observa el discurso de una funcionaria que reproduce la racionalidad neoliberal de la NGP, clave en el nuevo direccionamiento del ente municipal. Allí, las prácticas contables empresariales instaladas en el contexto público, han incorporado una pedagogía que entra en acción con cifras y datos contables para proyectar la ciudad, para venderla, para señalar que esta “no es una entidad de beneficencia, ni vive de lo que manda el Gobierno Nacional, por el contrario esta es una empresa [Municipio de Medellín], que hay que cuidar, proteger, porque si no hacemos un buen uso de los recursos se pierden 56.586 billones de pesos” (Entrevista 10, 2017). Incluso la adopción de la NGP se legitima como un dispositivo de “modernización” que ha permitido justificar el cambio de estructura del Municipio de Medellín acorde con la estructura de la empresa privada. Mediante Decreto 1364 de 2012 se incorporó una nueva línea de mando en la estructura organizacional denominada vicealcaldías, “la cual buscó reducir la complejidad del mando y generar celeridad en la toma de decisiones gubernamentales (Entrevista 3, 2014). El neoliberalismo, como correlato de la razón gubernamental, ha tomado cuerpo en un conjunto de dispositivos del ente público local, en el cual la contabilidad se ha tornado en un instrumento de gobierno neoliberal que, junto a otras prácticas, ha articulado concepciones y discursos que contribuyen a que el ente municipal adquiera cada vez más la forma de organización empresarial y se reconozca así por los usuarios.

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