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El concepto de episteme remite a reglas de juego relacionadas con el saber, que se constituyen en un a priori histórico de una época, en sus condiciones de posibilidad. Este término fue utilizado por Foucault para “hablar, precisamente, de esa disposición horizontal que rige los discursos de cada época” (Castro, 2014, p. 51), de “los códigos fundamentales de una cultura: —los que rigen su lenguaje, sus esquemas perceptivos, sus cambios, sus técnicas, sus valores, la jerarquía de sus prácticas—“ (Foucault, 2010, p. 13), ya que “en un determinado lapso del tiempo la cultura deja de pensar como lo había hecho hasta entonces y se pone a pensar en otra cosa y de otra manera diferente” (Zangaro, 2011, p. 31), es decir, una discontinuidad entre las formaciones discursivas que han constituido lo verdadero o lo falso en el orden del saber, del sujeto como objeto del conocimiento. La noción de episteme también fue utilizada por Foucault (2009) como sinónimo de saber, este constituyó un primer elemento de su obra y en la medida en que avanzó en su analítica del poder la articuló con los dispositivos y luego con las prácticas (tecnologías).

En esta tesis doctoral, se han relacionado algunas de las condiciones de posibilidad que favorecieron el desarrollo de la NGP en la administración pública de la ciudad (capítulo 3), una racionalidad dominante que ha implicado el traslado de prácticas contables empresariales al contexto público municipal. En esta perspectiva, se destacó que la era de la economía disciplinaria en la que surgieron prácticas asociadas al Estado Benefactor ha quedado atrás con la nueva racionalidad del gobierno neoliberal, en la que operan tecnologías de tipo ambiental, cuyo accionar no se dirige a los participantes del juego, sino sobre sus reglas, una intervención que no es individual sino poblacional. Ya no se trata de gobernar un sujeto de derecho sino económico, basado en un saber experto: la economía política, un dominio del saber que surgió “a partir del momento en que fue posible incorporar al campo no sólo de la teoría, sino de la práctica económica, ese nuevo sujeto, nuevo sujeto-objeto que es la población” (Foucault, 2011, p. 104). La economía política aparece entonces como un cambio que Foucault presentó de forma insistente y es el asunto

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de la población, un saber que ya no hace referencia al problema de la riqueza, sino a la población como elemento económico.

De acuerdo con lo expuesto, el análisis de la contabilidad pública en el Municipio de Medellín remite a dos situaciones: la primera, el reconocimiento de la episteme de las prácticas contables privadas trasladadas al ámbito público y la segunda, la implicación que generó el paso de una contabilidad de caja a una contabilidad basada en el principio de devengo, a una contabilidad por partida doble. Respecto a las prácticas contables del sector privado, se insiste en que la contabilidad durante el capitalismo industrial constituyó un cuerpo de conocimiento que era aplicado a la fábrica, en esta la contabilidad de costos y la contabilidad financiera tenían como finalidad medir la rentabilidad de la producción, calcular la utilidad y racionalizar pautas de comportamiento y de control a nivel individual, el ser humano constituía un sujeto productivo, en términos de su habilidad, su rapidez, su manera de trabajar y su conducta. Entonces “el proyecto de la ingeniería para la medición de la productividad, de los tiempos y movimientos, de la eficiencia y la eficacia entre otros, vendrían a posicionar a la contabilidad como un sistema para la medición detallada y, por ende, para la prescripción y el control del trabajo” (Gómez & Ospina, 2009, p. 26). Al respecto, el profesor Mauricio Gómez (2013b) plantea que la economía clásica y la ingeniería constituyeron la episteme (modos y prácticas discursivas de verdad) de la época en que predominaba la contabilidad en la fábrica, que daba relevancia a la materialidad, al proceso de producción y transformación para generar resultados y crear valor.

Hacia la década de 1970, el paso del capitalismo industrial a un capitalismo mundializado y financiero puso en el centro la forma financiarizada de la organización, lo importante ya no es producir en el sentido industrial, sino rentar en la lógica financiera. En este contexto, la contabilidad se redefine para traer a la luz instrumentos financieros como inversiones, riesgos, dividendos, préstamos y good will. En esta transformación histórica, la episteme ya no se centra en la economía clásica y en la ingeniería, sino en la economía monetaria y financiera; la fábrica pierde un protagonismo que es adquirido por la empresa que varía el mecanismo de sujeción de la productividad al desempeño, la rentabilidad y la auto-gestión (Gómez, 2013b). La producción adquiere un nuevo sentido con lo inmaterial, lo simbólico, la información, el estilo y logra ser clave para el consumo y el marketing como instrumentos de control neoliberal.

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En 1978, la Unión Europea estableció los principios contables y las normas de valoración para los estados financieros como protección de los intereses de quienes asumían riesgos en la empresa, bien como accionistas o acreedores. Por su parte, en Estados Unidos el Financial Accounting Standars Board (FASB) desarrolló los United States Generally Accepted Accounting Principles (US’GAAP), para la elaboración de los estados financieros en el mundo anglosajón y por extensión, en los países de su influencia (Fernández & Casado, 2011), tales como Colombia, que de conformidad con la Ley 43 de 1990, adaptó para el sector privado estas directrices en sus principios o normas de contabilidad generalmente aceptados43. Estos cambios que operaron en las prácticas contables empresariales fueron trasladados al Estado local, primero con el proyecto del departamento de contabilidad municipal desarrollado en la administración de Ramos (1992-1994) y luego con la aplicación de las reformas contables institucionales a partir de 1995.

En el Municipio de Medellín, este proceso permitió el paso de una contabilidad de caja a una contabilidad de causación. Como se señaló anteriormente, la contabilidad de caja constituía en un sistema de registros que reconocía el ingreso en el momento de cobrarse o el gasto en el momento de pagarse, una información asociada con la función de la Tesorería de Rentas Municipales para reconocer la disponibilidad del efectivo de la entidad. Mientras que en la contabilidad de causación se registraban los hechos económicos una vez estos eran generados, entre ellos, ingresos y gastos asociados a derechos y obligaciones de la entidad, y no solamente cuando era pagado el efectivo o su equivalente. Lo que había dominado en el Municipio de Medellín por años era la contabilidad de caja, pero el tránsito a un Estado gerencial reclamó el registro de una contabilidad de causación o de devengo. En las entrevistas realizadas a los contadores que han direccionado la Unidad de Contaduría municipal desde la década de 1990, estos coincidieron en afirmar que este cambio fue traumático para la entidad, implicaba otra orientación, ya no era solo “cuidar la plata” de la tesorería sino generar información para la sociedad, la toma de decisiones, el conocimiento, la visión de futuro, un giro inicial que busco centrar la contabilidad hacia el ciudadano, a la rendición de cuentas, a la visibilidad de lo que debe y tiene su municipio, pero que luego se enfocó a otros grupos de interés como organismos multilaterales e inversionistas.

43 Estas fueron una de las innovaciones clave del mercado de capitales, la creación de una infraestructura financiera,

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Uno de los entrevistados, auditor en la Contraloría General de Medellín y exfuncionario de la Unidad de Contaduría del ente municipal, planteó que el tránsito de la contabilidad de caja al devengo implicó configurar una nueva realidad a la luz de lo público, ya que:

La contabilidad de caja no reflejaba la realidad municipal porque los conceptos y datos solo estaban interesados en el efectivo, registro de ingresos con base en el recaudo y gastos de acuerdo a los desembolsos. Totalmente para fines presupuestales, esa contabilidad era como estar ciegos, no había reconocimiento del hecho económico. Entonces, la contabilidad de causación fue un cambio brutal que dio lugar a un nuevo lenguaje, a un conocimiento, yo te lo digo por experiencia: el Municipio de Medellín no sabía qué debía, ni qué tenía [“el que sabe lo que debe, sabe lo que tiene” (CGN, 2007, p.20)]. Por ejemplo, no tener registro del pasivo pensional, la falta de escrituras públicas de edificios, de la cárcel, del hospital, del Parque Berrio, imagina este emblema de la ciudad y no estaba valorizado ni registrado. Al principio el patrimonio de algunas entidades era negativo porque estaban los bienes pero no se tenía el soporte para el registro, ¡claro! era más fácil reconocer las obligaciones que los activos por el documento de propiedad (…). Hoy es difícil recordar que la contabilidad pública era aterradora, una oscuridad (Entrevista 17, 2016).

En consecuencia, se evidencia que, con la hegemonía de las finanzas, de la forma-empresa, la contabilidad de caja se concibe como un espejo imperfecto de la realidad municipal, que no permite calcular cuánto debe el ente público, ni cuánto tiene. Por ende, la cita anterior muestra el uso de dispositivos retóricos como la metáfora y la ironía paraseñalar que esta contabilidad ha sido “oscuridad”, “era como estar ciegos”. Por analogía se indica entonces que la contabilidad por partida doble es la luz, la visibilidad. Esta analogía fue reiterativa en la información analizada, por ejemplo, otra de las funcionarias del ente municipal, una las contadores que acompañó el cambio de contabilidad de caja a una contabilidad con base en el principio de devengo, planteó que “un municipio con contabilidad de caja es como tener los ojos cerrados a todo, es como tener los ojos cerrados y lo otro es como abrirse al mundo, es como decir hágase la luz y la luz fue hecha, Medellín comenzó a conocer qué tenía y a saber qué no tenía, a asombrarse, a preocuparse” (Entrevista 15, 2016). A renglón seguido otra de estas funcionarias señala “la contabilidad por partida doble implica tener historia, comenzar a rehacer la historia, a poner en la palestra pública la información municipal, a informar cuánto vale en un año el patrimonio del municipio de Medellín, luego mostrar sus incrementos con las inclusiones de activos, las valorizaciones” (Entrevista 18, 2016).

Entonces la metáfora de la luz, de abrir los ojos, devela que en el Estado gerencial las prácticas contables empresariales trasladadas al ente público se configuran en un régimen de verdad, que proyecta un horizonte y una visibilidad particular para la gestión municipal. En tanto instrumento de gobierno neoliberal la contabilidad interviene la realidad mediante el lenguaje (financiero) que incorpora, registra hechos económico-sociales con soportes que señalan la

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veracidad, los clasifica y cuantifica con una visión privada que naturaliza la búsqueda de la rentabilidad, el desempeño, la utilidad, una forma de enunciar y representar la realidad social en función del criterio financiero. Desde este punto de vista, a la nueva contabilidad municipal se le ha atribuido un estatus de saber en la construcción de una realidad de ciudad, según la funcionaria encarga del presupuesto “es la que hace una medición acumulada a través del tiempo, permite valorar el ente público, saber qué tiene este, a diferencia del presupuesto44 que con base en el criterio de caja tiene una vida finita [anual] para darle cumplimiento al plan de desarrollo municipal” (Entrevista 16, 2016).

La contabilidad de causación en la relación de saber selecciona aquello que le interesa apropiar al sistema capitalista y excluye lo que no le es útil informar, un cálculo del espacio y el tiempo (histórico), una nueva forma de concebir y configurar la realidad de la ciudad desde un fundamento económico y financiero, “un medio de absorber y mantener en suspensión, con el fin de interpretar luego, masas de datos que antes se perdían” (Crosby, 1998, p.180). En ese contexto, los entrevistados fueron reiterativos en indicar que el nuevo tipo de contabilidad municipal se percibió como un sistema de información apto para producir discursos de transparencia en el sector público y de rendición de cuentas. La validez de la verdad implica los registros temporales de los hechos económicos, políticos y sociales, determinar los activos, pasivos y el patrimonio de la ciudad, con base en el régimen de la información financiera validado por un conjunto de instituciones (CGN, FASB, IASB, organismos multilaterales), de reglas (RCP, PGCP) y de prácticas de control (auditorías externas, saneamiento contable, depuración contable). A tono con lo anterior, Foucault (1999) indicó que la producción de la verdad, “es un conjunto de procedimiento [la contabilización] que conducen a un determinado resultado, que puede ser considerado, en función de sus principios y de sus reglas de procedimiento, como válido o no, como ganador o perdedor” (p.411).

Todo saber tiene implicaciones normativas, entonces las reglas de juego que han variado con las reformas de la contabilidad pública, cada vez tuvieron más presión de las instituciones

44 Lafuncionaria encargada del área de presupuesto municipal señaló que la normatividad del presupuesto no cambia

sustancialmente desde el Decreto 111 de 1996 que compila las normas presupuestales. En el Municipio de Medellín la mayor variación del presupuesto se debe a la modernización de la administración pública, al cambio de la estructura, ya que si estas cambian las apropiaciones presupuestales varían porque estas se asignan a cada dependencia de acuerdo con el objeto y sus funciones.

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internacionales, en búsqueda de mejorar la revelación, la toma de decisiones, la comparabilidad y el control de las acciones. Desde mediados de la década de 1990, las disposiciones que rigen la contabilidad pública, han incluido estándares de información financiera, sin embargo, a partir del 2007 la racionalidad neoliberal ganó un amplio terreno con proyectos de convergencia y con la inserción de estándares internacionales de información financiera emitidos por el IASB. La economía política, como una episteme clave de la razón gubernamental (Salinas, 2014, p.61), trazó en parte la transformación del capitalismo en Colombia, pues a nivel mundial algunos cambios significativos en la economía incluyeron no solo el proceso de globalización con la internacionalización y la apertura de los mercados, sino también con la financiarización (Duménil & Lévi, 2005). Este término ha sido utilizado por historiadores y economistas para describir la transformación en la economía política internacional (Epstein, 2005), el aumento del poder político de las instituciones financieras (Arnold, 2012), la articulación del gobierno con la eficacia, el rendimiento, el acceso a los mercados del crédito, el desempeño y el riesgo. Una verdad del capitalismo que va más allá de las fronteras del mercado empresarial y produce una subjetividad contable y financiera que muestra la competencia como una norma de conducta para la población. En relación con lo anterior, el gobierno neoliberal de la población ha sido legitimado a partir de ese nuevo régimen de verdad que incluye la financiarización. En esta perspectiva, la contabilidad pública funge como un modo de intervención que desde la gestión municipal permite conducir a los individuos para que busquen su propio bienestar, ya no se trata de un espacio de jurisdicción, de derecho, sino de veridicción, de aquello que se justifica como cierto desde una determinada visión de mundo. Entonces, la transición de una contabilidad de caja a una contabilidad de causación, que adopta normas internacionales de información financiera, ha posibilitado otra racionalidad política para gobernar la ciudadanía que se gestiona con una lógica gerencial, con criterios financieros para regular su desempeño en la ciudad competitiva.

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