• No results found

Complete process – implicit simulations

v and a n of the previous increment.

6. Robot Roller hemming simulations

6.2. Robot roller hemming simulation model development

6.2.2. Complete process – implicit simulations

La fractura del mundo medieval

En efecto, las mayores aperturas culturales que los incipientes viajes comerciales y el contacto con oriente y el mundo árabe generaron, fueron suscitando en el hombre europeo una nueva actitud metodológica frente al conocimiento, que hasta el momento tendía a recibir “lo ya dado” por la tradición y los maestros: en los albores de la modernidad, se comenzó a “experimentar”. Así, anticipándose al empirismo de Bacon en Oxford, surge el nominalismo de Ockam (+1349) en Francia.

ͳ͹ͺƒ”ƒ—ƒ‹–”‘†—……‹×‰‡‡”ƒŽƒŽŽƒ”‰‘’‡”À‘†‘“—‡ƒ“—À•‡‹‹…‹ƒǡ…ˆǤǤ ǡDz‡‘Ž‘‰Àƒ

Se trata de una innovación revolucionaria, ya que lo que pone en tela de juicio es el valor de los universales, sobre los cuales se había construido el pensamiento europeo durante siglos. Para el nominalismo, lisa y llanamente, estos no existen179: cada realidad es única en su género. Además, para una mentalidad empírica es inconducente ponerse a buscar causalidades, como lo formulará más adelante D. Hume. Así, cortada la posibilidad de un pensamiento estrictamente deductivo a partir de principios universales, las leyes se establecerán en el plano empírico a partir de procedimientos inductivos de prueba-error, observación- generalización.

Las consecuencias para la teología de esta revolución epistemológica no tardarán en hacerse ver: la unidad de las disciplinas intrateológicas se irá atomizando. Se separará la moral de la dogmática, y la espiritualidad empezará a correr por cuenta propia. Irá ganando terreno la casuística y será difícil recuperar la noción de sistema. La escolástica se irá deteriorando cada vez más y, a falta de otro modo de contención, primará lo jurídico-normativo asociado a los argumentos de autoridad.

Un profundo anhelo de renovación espiritual

Simultáneamente se irá gestando una vida espiritual menos vinculada a las estructuras visibles y tradicionales del medioevo. Wyclif (1324-1384) justamente en Inglaterra y Hus (1370-1415) en Bohemia, ahondarán la crítica iniciada en tiempo de los mendicantes (siglo XII) por los albigenses, valdenses y “fraticelli”.

De cara a las luchas de poder en torno al Papado, ya que del siglo XIV y principios del XV son la cautividad de Avignony el Cisma de Occidente (1379-1417), se pugnará por una Iglesia más espiritual180.

De esta época es Joaquín de Fiore, que sostenía la teoría milenarista de las tres edades del mundo: la edad del Padre en el Antiguo Testamento, la del Hijo en el Nuevo, y la del Espíritu en el tiempo de la Iglesia. O también el franciscano Savonarola, que iba en una línea parecida cuando anunciaba un reinado de Cristo por mil años; teoría que, entre paréntesis, confirió una mística particular a los descubrimientos geográficos del siglo siguiente, ya que las nuevas tierras podían ser vistas como reinos conquistados para el señorío de Cristo. Por último, la misma Catalina de Siena, quien consiguió que el Papa Gregorio XI regresara a Roma, padeció los influjos de este tiempo tormentoso en su propia experiencia espiritual. Por ejemplo, en suCarta a los presos de Siena, les decía:

“Yo, Catalina, sierva y esclava de los siervos de Jesucristo, les escribo en su preciosa sangre con el deseo de verlos bañados con el santo deseo de la sangre de Cristo crucificado. Pónganlo ante su mente como finalidad y así adquirirán una verdadera paciencia, puesto que la sangre de Cristo nos manifiesta nuestras maldades y la infinita misericordia y caridad de Dios. Esta consideración nos hace odiar y rechazar nuestros pecados y defectos y llegar al amor a las virtudes”181.

ͳͺͲ—‡†‡•‡‰—‹”•‡Žƒ•˜‹…‹•‹–—†‡•‡…އ•‹ƒŽ‡•†‡‡•–‡’‡”À‘†‘‡ǤǡDzƒƒ’ƒ”‹…‹×†‡Ž †‘‰ƒ‡…އ•‹ƒŽdz›Dzƒ‡…އ•‹‘Ž‘‰Àƒ†‡Ž–‹‡’‘†‡Žƒ‡ˆ‘”ƒdzǡ‡Ǥo2ȂǤ ȋ†•ǤȌǡ‹•–‘”‹ƒ†‡Ž‘•†‘‰ƒ•ȋȌǡ͵͵͹Ǧ͵ͷʹ›͵ͷ͵Ǧ͵͸͹”‡•’‡…–‹˜ƒ‡–‡Ǥ ͳͺͳǡ•…”‹–‘•‡•…‘‰‹†‘•ǡ‡”‹‡”ƒ†‡•ƒ‡•–”‘•ιͳͺǡ’‘•–‘Žƒ†‘ ƒ”‹ƒ‘ǡ‡˜‹ŽŽƒͳͻͻʹǡ͵ͳǤ

La reforma protestante

Los aires reformistas no siempre maduraron en el seno de la Iglesia Católica. La necesidad de una Iglesia más espiritual queda puesta de manifiesto por Melanchton (1497-1560), redactor de la Confesión de Ausburgo (1530) y amigo y colaborador personal de Lutero. Para él,

“la Iglesia es la asamblea de los santos, en la que se enseña el Evangelio en su pureza y se administran regularmente los sacramentos. Para que haya una verdadera unidad en la Iglesia, basta con estar de acuerdo en la doctrina del Evangelio y en la administración de los sacramentos. No es necesario que haya por todas partes las mismas tradiciones humanas o los mismos ritos y las mismas ceremonias, de institución humana”182.

El movimiento de reforma eclosionará con Lutero, a principios del siglo XVI. Los Coloquiosde Worms (1540) y Ratisbona (1541), por ejemplo, emiten decretos ambiguos y no logran consenso. En el caso del reformador alemán se añadía además una visión pesimista de la condición humana, que en realidad era propia del agustinismo, y que a futuro dará también origen al jansenismo dentro de ambientes católicos (heterodoxos). Esta percepción negativa de las posibilidades humanas, conducirá al reformador protestante a identificar pecado original con concupiscencia:

“Si hacemos caso de las sutilezas de los teólogos escolásticos, [el pecado original] es la privación o falta de la justicia original [...]. Pero [...] además es también la inclinación misma hacia el mal, el desagrado por el bien, la repugnancia por la luz y la sabiduría, y también el amor al error y a las tinieblas [...]. El pecado original es el mismo ‘tizón’, la ley de la carne,

la ley de los miembros, la debilidad de la naturaleza, el tirano, la enfermedad original”183.

La disolución del modelo medieval tendrá consecuencias eclesiales: con el surgimiento progresivo de los nuevos Estados acabarán por escindirse “nuevas Iglesias”. A la pretensión de una Iglesia oculta de Lutero, se añadirá la de Zwinglio (1484-1531), que la entendía como “reunión de los elegidos”. En Inglaterra, cuna del nominalismo y el empirismo, Enrique VIII se separará de Roma, en gran parte a causa de una nulidad matrimonial que no le podía ser reconocida por la Sede Romana; dando origen a la Iglesia Anglicana, madre a su vez de otras nuevas Iglesias reformadas. En el centro de Europa hace lo propio Calvino (1509-1564), que en un clima de tensiones y violencia propugna una Iglesia invisible.

Cabe añadir, además, que los movimientos humanista y renacentista, en ocasiones vinculados al mundo de los reformadores, contribuyeron decisivamente al “giro antropocéntrico” y al espíritu de reforma. Sin embargo no hay que identificarlos con un necesario viraje hacia el protestantismo, como queda de manifiesto en figuras como Pico de la Mirándola (+1494), Erasmo de Rótterdam (+1536) o Tomás Moro (+1535).

El ciclo

de

Trento:

hacia

una

teología

de la

sacramentalidad

Todo este orden de cosas hizo por entonces a un cambio de época, en el que ad intra venían también convergiendo las periódicas lacras de la Iglesia: la poca formación, mundanidad y

amancebamiento del clero; el enriquecimiento exagerado de los monasterios, la falta de espíritu evangelizador-misionero; y particularmente la mentalidad vana y principesca de los Papas del siglo XVI. Todas estas realidades pedían a gritos un concilio ecuménico que fuera capaz de reformar “Cabeza y miembros”; que por diferentes motivos fue siempre postergado, y a cuya convocación sólo accederá después de bastantes reticencias Pablo III. El mismo se desarrollará en tres períodos muy accidentados: 1545-1547; 1551-1552 y 1562-1563.

Los decretos y reformas del concilio

A mediados del siglo XVI el concilio de Trento marcará un hito sumamente significativo en la posterior vida de la Iglesia y del pensamiento teológico. Allí las preocupaciones disciplinares elencadas, expresadas en una necesidad de reforma del clero, de la cura pastoral diocesana y parroquial, y de la administración de los sacramentos, convergerán con las teológicas: especialmente, la gran objeción de los reformados respecto a lo visible, institucional, normativo y sacramental de la Iglesia. Los grandes adalides intelectuales del concilio serán, entre otros, Cayetano (1480-1534), Francisco de Vitoria (1483/93-1546) y Melchor Cano (1505-1560).

De Trento saldrá expresada la obligación de residencia para obispos y abades en sus respectivas diócesis y abadías, y la de los párrocos en sus curatos; la imposibilidad de asumir dos beneficios simultáneamente (obispados, abadías o parroquias); la obligación de las visitas pastorales para los encargados del cuidado pastoral; el mandato de crear seminarios para la formación del clero, antes

librada a la buena voluntad de algún sacerdote a cambio de servicios personales del candidato; y la obligación de que haya un ministro presente para celebrar lícitamente el matrimonio.

En lo referente a los contenidos dogmáticos del Concilio, y atendiendo a las objeciones fundamentales del protestantismo, se destaca el Decreto sobre la justificación. En él, la gracia es entendida como la transformación habitual que Dios hace del creyente; convirtiéndolo en “nueva criatura”, frente alsimul iustus et peccatorde Lutero184:

“La justificación no es una simple remisión de los pecados, sino también una santificación y renovación del hombre interior, por la recepción voluntaria de la gracia y de los dones. Por ello, el hombre pasa de injusto a ser justo, de enemigo se convierte en amigo, para ser ‘heredero, en esperanza, de la vida eterna’ (Ti3,7)” (DS1528).

Con respecto alpecado original, contracara de la gracia, en el decreto correspondiente a la 5ª Sesión se afirma su remisión por medio del bautismo:

“Si alguien afirma que este pecado de Adán que es uno sólo por su origen y que, transmitido por propagación y no por imitación, está en cada uno como propio, se puede quitar por las fuerzas de la naturaleza humana o por cualquier otro remedio que no sean los méritos del único mediador, nuestro Señor Jesucristo que nos reconcilió con Dios en su sangre, ‘hecho justicia, santificación y redención para nosotros’ (1 Co 1,30); o niega que estos méritos de Jesucristo se aplican tanto a los adultos como a los niños por medio del sacramento del bautismo administrado según el uso y la forma de la Iglesia, sea anatema” (DS1513).

No obstante, Trento sostiene que

ͳͺͶ —‡†‡ •‡‰—‹”•‡ Žƒ …—‡•–‹× ‡ ǤȂǤo2ǡ Dz”ƒ…‹ƒ › Œ—•–‹ˆ‹…ƒ…‹×ǣ †‡•†‡ ‡Ž ‘…‹Ž‹‘ †‡ ”‡–‘ Šƒ•–ƒ Žƒ ±’‘…ƒ …‘–‡’‘”ž‡ƒdzǡ ‡ Ǥ o2ȂǤȋ†•ǤȌǡ ‹•–‘”‹ƒ†‡Ž‘•†‘‰ƒ•ȋȌǡʹͶͷǦʹͺͳǤ

“continúa en los bautizados la concupiscencia”, la cual, “dejada para que luchemos, no es capaz de dañar a los que no consienten, sino que resisten varonilmente con la gracia de Jesucristo” (DS1515).

Además se define el número de sacramentos en siete (DS 1601), y se sostiene el tan mentadoex opere operatode los mismos (DS1608): es decir, la certeza de su eficacia por el mismo hecho de ser celebrados185. Con respecto a laeucaristíase afirma que

“después de la consagración del pan y del vino, se contiene verdadera, real y sustancialmente nuestro Señor Jesucristo, bajo la apariencia de esas cosas sensibles” (DS1636); y que “por la consagración del pan y del vino se realiza la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del cuerpo de Cristo nuestro Señor; y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su sangre” (DS1642).

Por último, de este concilio saldrá también el mandato de confeccionar unCatecismo romano, que redactará finalmente Pedro Canisio (1521-1597); un Índice de libros prohibidos, asociado a la creación de laSagrada Congregación del Santo Oficiopor Pablo III, en 1542; y se hará un pedido de reforma para elMisaly elBreviario.

Como vemos, Trento responde disciplinalmente a los abusos internos, y dogmáticamente a las objeciones externas de la Iglesia. Sus decretos estimularon la misión no sólo de cara al protestantismo, especialmente aquél Sobre la justificación, sino sobre todo en relación a la evangelización del nuevo mundo; en apoyo de lo cual vino, hacia 1621, la creación de la Sagrada Congregación para la Propagación de la fe por parte de Gregorio XV. Por último, los decretos tridentinos fortalecieron a la Iglesia Católica en su aspecto visible y organizativo. Los efectos benéficos

ͳͺͷ—‡†‡•‡‰—‹”•‡‡Ž†‡•ƒ””‘ŽŽ‘–”‹†‡–‹‘†‡Žƒ…—‡•–‹×•ƒ…”ƒ‡–ƒŽ‡ǤȂǤ o2ǡ Dzƒ †‘…–”‹ƒ •ƒ…”ƒ‡–ƒŽ †‡Ž ‘…‹Ž‹‘ †‡ ”‡–‘dzǡ ‡ Ǥ o2ȂǤ ȋ†•ǤȌǡ‹•–‘”‹ƒ†‡Ž‘•†‘‰ƒ•ȋȌǡͳͳ͵ǦͳͷͻǤ

del concilio se extenderán a lo largo de los siglos XVI y XVII, y darán lugar a la creativa manifestación religioso-cultural del Barroco186.

Los frutos de la renovación en los siglos XVI-XVII

En la península ibérica sobresaldrá la figura de Ignacio de Loyola, autor de los Ejercicios Espirituales, que son como una escuela de discernimiento de espíritus para la vida diaria, asociada a una profunda participación en las filas de la “Iglesia militante”; y que marcarán no sólo la espiritualidad de la Compañía de Jesús, por él fundada y aprobada por Pablo III en 1540, sino también el talante de la misión ad gentes en esos siglos decisivos para la expansión del cristianismo a nuevos pueblos. El núcleo medular de los mismos se encuentra en suPrincipio y fundamento:

“El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su alma; y las otras cosas sobre la faz de la tierra son creadas para el hombre y para que le ayuden a conseguir el fin para el que es creado. De donde se sigue que el hombre tanto ha de usar de ellas cuanto le ayuden para su fin, y tanto debe privarse de ellas cuanto para ello le impiden. Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas creadas”187.

También fueron artífices de esta renovación espiritual Teresa de Jesús (+1582) y Juan de la Cruz. Los místicos carmelitas supieron captar la nueva sensibilidad antropológica del siglo XVI español, y desarrollaron un camino de interioridad centrado en la

ͳͺ͸ï•‹…ƒǡ’‘”‡Œ‡’Ž‘ǡ–‡‡‘•ƒ—–‘”‡•…‘‘ƒ‡†‡Žǡƒ…Š›‹˜ƒŽ†‹Ǥ–‡”‹‘”‡–‡ –‡Àƒ‘•Ž‘•…‘”ƒŽ‡•†‡ƒŽ‡•–”‹ƒǤ

capacidad “esponsal” del hombre, a saber, de transformación profunda en Dios:

“Se me ofreció lo que ahora diré para comenzar con algún fundamento, que es considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, ansí como en el cielo hay muchas moradas. Que si bien lo consideramos, hermanas, no es otra cosa el alma del justo sino un paraíso adonde dice Él tiene sus deleites”188.

“Y en la transformación que el alma tiene en esta vida [...], ¿qué increíble cosa es que obre ella también su obra de entendimiento, noticia y amor, o, por mejor decir, la tenga obrada en la Trinidad juntamente con ella como la misma Trinidad? Pero por modo comunicado y participado, obrándolo Dios en la misma alma; porque esto es estar transformada en las tres Personas en potencia y sabiduría y amor, y en esto es semejante el alma a Dios”189.

También se convertirá en artífice destacada de esta renovación espiritual, humana y cultural en la península ibérica190laEscuela de Salamanca, por ejemplo con juristas de la talla de Francisco de Vitoria, quien además de aportar al Concilio contribuyó a la redacción de las Leyes de India; o teólogos como Melchor Cano, que procuró puntualizar los “lugares teológicos” tras la invectiva protestante, y Francisco Suárez (1548-1617), que subrayó la corresponsabilidad de los obispos con el Papa en el gobierno de la Iglesia, como promotor de lo que hoy llamaríamos espíritu de “colegialidad”.

En su vertiente positiva, esta fecunda renovación peninsular será trasvasada al continente americano a través de la gran

ͳͺͺlǡ”‹‡”ƒ•‘”ƒ†ƒ•ǡͳǡͳǤ

ͳͺͻǡž–‹…‘‡•’‹”‹–—ƒŽǡ͵ͻǡͶǦͷǤ

ͳͻͲ —›ƒ ‰”ƒ†‡œƒǡ ƒ—“—‡ –ƒ„‹± ƒ„‹…‹‘‡•ǡ ‡ •— •‹‰Ž‘ †‡ ‘”‘ ȋ‡Ž Ȍ “—‡†ƒ”ž ’Žƒ•ƒ†ƒ‡‡Ž—‹Œ‘–‡†‡‡”˜ƒ–‡•Ǥ

epopeya de la primera evangelización, animada sobre todo por las órdenes religiosas: franciscanos, dominicos, jesuitas, carmelitas y mercedarios. Esta épica gesta evangelizadora sólo es comparable a la asimilación de los pueblos bárbaros en los albores del medioevo europeo; por más que un justo revisionismo histórico introduzca hoy algunos bemoles que en algún momento no fueron suficientemente considerados, a saber, la legitimación indirecta de atropellos por codicia, invasión cultural, y en ocasiones, la misma imposición de la fe, etc.

De los influjos benéficos de Trento se alimentará Carlos Borromeo en el norte de Italia (Milán), quien con su lema “la gloria de Dios y el bien de las almas”, organizará el seminario de su diócesis, publicará catecismos, y reavivará la vida pastoral y litúrgica con sus visitas y homilías; convirtiéndose de este modo en el representante más destacado del pastor tridentino. En Francia, por su parte, el obispo de Ginebra Francisco de Sales será el propulsor de la devotio moderna en espiritualidad, especialmente con suIntroducción a la vida devota y elTratado del amor de Dios; como así también por medio de una sistemática acción pastoral en medio de amargas vicisitudes con el calvinismo.

“Amar al prójimo por caridad, es amar a Dios en el hombre o al hombre en Dios; es amar a Dios por amor al mismo, y a la criatura por amor a Dios [...]. Cuando vemos al prójimo creado a imagen y semejanza de Dios, ¿no deberíamos decirnos, los unos a los otros: ‘Miren cómo se parece a su Creador esta criatura’? ¿No deberíamos llenarle de bendiciones?”191.

El ciclo del Vaticano I: hacia una teología de la

Related documents