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Conclusions and Recommendations

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8. Conclusions and Recommendations

La historia de la recepción del Vaticano II fue paulatina y todavía está en marcha233. Muchas cosas fueron “dichas y desdichas” en nombre de la autoridad conciliar234. Por eso, para comprender mejor el alcance, dificultades y desafíos en este laborioso proceso de asimilación de lo que podemos considerar el evento más significativo en la vida de la Iglesia del siglo XX, es preciso volver sobre algunas consideraciones históricas.

De la modernidad a la postmodernidad policéntrica

Hasta el advenimiento de las dos grandes guerras mundiales (1914-1918 y 1939-1945), Europa había creído en el metarrelato moderno: en que el progreso de la ciencia conduciría a una felicidad cada vez mayor de los hombres (A. Conte) y a su mayoría de edad (E. Kant). Siguiendo estas convicciones, el positivismo había creado la enciclopedia, los Estados modernos se habían engrandecido, las grandes ideologías prosperaban; especialmente el liberalismo, el ʹ͵ʹ—ƒƒ„Ž‘”‡–‘ƒ”žƒ‰‹•–‡”‹ƒŽ‡–‡‡•–ƒ•–‡ž–‹…ƒ•…‘…‹Ž‹ƒ”‡•ƒŽ‘Žƒ”‰‘†‡–‘†‘ •— ’‘–‹ˆ‹…ƒ†‘Ǥ ‡‹–‘ ƒ Žƒ• ‹•ƒ• ‡ ‹ ‘„”ƒ—ƒ ƒ„Ž‘ ǣ ͸ͽ ƒÓ‘• †‡ ƒ‰‹•–‡”‹‘ ’ƒ•–‘”ƒŽǡ—ƒ†ƒŽ—’‡ǡ—‡‘•‹”‡•ʹͲͲͷǤ ʹ͵͵ˆǤAǡ…—ƒ”‡–ƒƒÓ‘•†‡Ž‘…‹Ž‹‘ƒ–‹…ƒ‘Ǥ‡…‡’…‹× ›ƒ…–—ƒŽ‹†ƒ†ǡƒ‡‹–‘ǡ—‡‘•‹”‡•ʹͲͲ͸Ǥ ʹ͵Ͷƒ‡”ƒ†‡‡Œ‡’Ž‘•†‹ƒ‡–”ƒŽ‡–‡‘’—‡•–‘•ǡ…‘’ƒ”ƒ”Ǥ ǡ…އ•‹‘‰±‡•‹•Ǥƒ• …‘—‹†ƒ†‡•†‡„ƒ•‡”‡‹˜‡–ƒŽƒ‰Ž‡•‹ƒǡƒŽ‡””ƒ‡ǡƒ–ƒ†‡”͵ͳͻͺͲǡ›ǤȂǤ ǡˆ‘”‡•‘„”‡Žƒˆ‡ǡƒ…ǡƒ†”‹†ͳͻͺ͸Ǥ

comunismo y el nazismo. El hombre tenía una gran confianza en su capacidad creadora, incluso y sobre todo a espaldas de Dios.

Pero a partir de los referidos conflictos bélicos, cuyo dramatismo y encarnizamiento, sufrimiento y degradación humana quedaron simbolizados en Auchwitz235, se produjo un profundo replanteo cultural que marcó época: el anhelo de paz en los pueblos del viejo mundo se hizo entonces acuciante. El mismo desarrollo de una eclesiología del cuerpo místico, y sobre todo la del pueblo de Dios, intentaba contribuir en esta línea; al procurar poner de relieve en la Iglesia categorías más aglutinadoras y de servicio a la sociedad, y menos conflictivas que la deSocietas perfecta236.

Sin embargo, la conmoción generada por las guerras mundiales desembocó en el nihilismo de algunos autores como A. Camus (La peste) y J. P. Sartre (El ser y la nada). La constatación de que no valía la pena trabajar para lo que se trabajó queda patentemente reflejada en el avión roto en el desierto de El principito de Saint-Exupery (A. López Quintás). Por eso la reacción postmoderna fue más bien la de conformarse con lo inmediato y pequeño, el instante fugaz y el pensamiento light. Hoy se habla de “vida líquida”237.

Si bien la reconstrucción europea con el plan Marshall de postguerra alentó un cierto optimismo en Europa, contagiado a occidente desde mediados de los 50’, el advenimiento del pensamiento débil fue sólo cuestión de tiempo, a medida que las ʹ͵ͷ ‘• ‡ˆ‡…–‘• †‡Ž Бޑ…ƒ—•–‘ Ї„”‡‘ ‡ Žƒ –‡‘Ž‘‰Àƒ › Žƒ ˜‹†ƒ …”‹•–‹ƒƒ ‡ ”‰‡–‹ƒ › ±”‹…ƒƒ–‹ƒ•‘‡•–—†‹ƒ†‘•‡ǣ ǡ‘Ž‘…ƒ—•–‘ DzŠ‘ždzǡŽƒ”‡–‹ƒƒǡ—‡‘•‹”‡•ʹͲͲ͹Ǥ ʹ͵͸ƒ”ƒ’”‘ˆ—†‹œƒ”Žƒ•–”ƒ•ˆ‘”ƒ…‹‘‡•‡‡Ž‘†‘†‡…‘’”‡†‡”‡Ž’‘•‹…‹‘ƒ‹‡–‘› ‹•‹×†‡Žƒ‰Ž‡•‹ƒƒŽ‘Žƒ”‰‘†‡Ž•‹‰Ž‘ǡ’—‡†‡˜‡”•‡ǤȂǤǡ‡‘Ž‘‰Àƒ ’ƒ”ƒŽƒ‹•‹×Š‘›Ǥ‘•–ƒ–‡•‡…‘–‡š–‘ǡ‡”„‘‹˜‹‘ǡƒ˜ƒ””ƒʹͲͲͻǡͶͳͷǦͶͺʹǤ ʹ͵͹ˆǤǤǡ‹†ƒŽÀ“—‹†ƒǡƒ‹†×•ǡƒ”…‡Ž‘ƒȂ—‡‘•‹”‡•Ȃ±š‹…‘ʹͲͲ͸Ǥ

ideologías iban cayendo casi “por efecto dominó”. No obstante, no deja de ser cierto que ante la dificultad de poder reconstruir un

nuevo humanismo, acabó prevaleciendo el pragmatismo

estadounidense, sobre todo a partir del desmoronamiento de la Unión Soviética en 1989; el cual se apoderará implacablemente del escenario mundial, incidiendo como ningún otro imperio lo había hecho hasta ahora en la historia. Esto hizo tomar conciencia a la Iglesia de la necesidad de proponer espacios de vida y sentido que vayan más allá del “modelo único”.

Por otra parte, a lo largo de este mismo período del que estamos hablando, las ex colonias de Asia y África se fueron independizando. La iniciativa la tuvo la India de Gandhi en 1947, cuyo liderazgo pacifista generó movimientos análogos en favor de la igualdad de derechos del negro estadounidense y del levantamiento delapartheiden Sudáfrica. Las nuevas naciones, ex colonias sobre todo inglesas y francesas, fueron así proponiendo, paulatinamente, modelos culturales y económicos alternativos o superpuestos al hasta entonces casi monolítico de occidente: Asia con sus religiones milenarias, pero también con esa laboriosidad que le permitió adaptarse pronto y competitivamente al modelo de mercado vigente, sobre todo Japón, China y el sudeste; África, si bien menos influyente en el concierto mundial desde un punto de vista económico, con su diversidad étnica. Esto hizo tomar conciencia a la Iglesia de la multiculturalidad de nuestro mundo, e incentivó en algunos sectores del pueblo de Dios la preocupación por respetar los procesos de inculturación en las Iglesias particulares.

Pero también la descolonización hizo tomar progresivamente conciencia a los hombres de las grandes desigualdades en las que

estaba sumido el mundo contemporáneo. Ya laMater et Magistray laPacem in Terrisde Juan XXIII a principios de los 60’, pero sobre todo laPopulorum Progressiode Pablo VI (1967) alertaban sobre la cuestión y exhortaban a tomar medidas eficaces para evitar que se siguiera acentuando la brecha de “ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres”.

“Hay situaciones cuya injusticia clama al cielo. Cuando poblaciones enteras carecen de lo necesario, y viven en una tal dependencia que les impide toda iniciativa y responsabilidad, lo mismo que toda posibilidad de promoción cultural y de participación en la vida social y política, es grande la tentación de rechazar con la violencia tan graves injurias contra la dignidad humana” (PP19).

Una teología para América Latina y Argentina

Esta última afirmación me da pie para detenerme en América Latina, que ingresó significativamente en escena teológica sobre todo a partir de la consolidación de la teología de la liberación, la cual encontró importantes y diversificados ecos en otras teologías del tercer mundo238. Gestada en su idiosincrasia y nacida al evangelio a partir del siglo XVcon el encuentro-choque de pueblos aborígenes e ibéricos; en gran parte considerada sólo como fuente de metales y materias primas para el naciente mercantilismo colberiano y la posterior revolución industrial, para cuya extracción y ʹ͵ͺƒ”ƒ•‡‰—‹”‡†‡–ƒŽŽ‡‡Ž†‡•ƒ””‘ŽŽ‘†‡Žƒ–‡‘Ž‘‰ÀƒŽƒ–‹‘ƒ‡”‹…ƒƒ†‡Ž•‹‰Ž‘ǡ˜‡”Ǥ ȋ‹”ǤȌǡ‡‘Ž‘‰Àƒ ‡ ±”‹…ƒ ƒ–‹ƒȋȌǡ „‡”‘ƒ‡”‹…ƒƒǡ ‡”˜—‡”– ʹͲͲʹǤ …—‡–”‘•ƒžŽ‘‰‘•ƒŽ‘•”‡ƒŽ‹œƒ†‘•‡—‡•–”‘•—„…‘–‹‡–‡‡‡†‡ŽŽÀȋͳͻ͸ͺȌǡ—‡„Žƒ ȋͳͻ͹ͺȌǡƒ–‘‘‹‰‘ȋͳͻͻʹȌ›’ƒ”‡…‹†ƒȋʹͲͲ͹Ȍǡ•‡Šƒ”‡ƒŽ‹œƒ†‘‡ƒ’ƒŽƒȋˆ”‹…ƒǡ ͳͻ͸ͻȌ›ƒ‹Žƒȋ•‹ƒǡͳͻ͹ͲȌǤ‘†‘•‡ŽŽ‘•…‘–”‹„—›‡”‘ƒ—ƒƒ›‘”–‘ƒ†‡…‘…‹‡…‹ƒ †‡ •— ‹†‡–‹†ƒ† ‡ Žƒ• †‹ˆ‡”‡–‡• ‰Ž‡•‹ƒ• …‘–‹‡–ƒŽ‡•ǡ …‘˜‹”–‹±†‘•‡ ‡ „—‡‘• ƒ–‡…‡†‡–‡•’ƒ”ƒŽ‘•À‘†‘•…‘˜‘…ƒ†‘•’‘”—ƒƒ„Ž‘›…‡Ž‡„”ƒ†‘•‡˜‹•–ƒ•ƒŽ”ƒ —„‹Ž‡‘†‡Ž͸ͶͶͶǤ

explotación se requirió también con posterioridad mano de obra esclava-negra, América Latina nació y vivió en muchos sentidos bajo el sello de la dependencia colonial. Esta teoría de adueñará del sentir de muchos latinoamericanos en la década de los 70’, como consecuencia del fracaso del “desarrollismo”. Según la teoría de la “dependencia”, la postergación de nuestro subcontinente es la contracara del crecimiento de los países nórdicos: sobre todo de Europa y los Estados Unidos.

La misma independencia de los países latinoamericanos a lo largo del siglo XIX benefició principalmente a las élites de sus capitales, cuyos comerciantes, en países como el nuestro, conseguirán importantes beneficios a costas de un capilar desangramiento de los recursos humanos y materiales del interior, que terminaban en su mayor parte en Inglaterra239. Del buen pasar de estas élites fueron participando en grados diferenciados los inmigrantes europeos llegados hacia finales del siglo XIX, que con mejores oportunidades que los criollos, sobre todo si eran de los países nórdicos del viejo mundo, lograban abrirse paso y “hacerse la América”. Con ellos “pactaban” también quienes en el interior formaban pequeñas élites, casi “feudos”, y se venían beneficiando desde hacía tiempo con redituables negocios locales240.

La Iglesia acompañó este proceso241, en parte evitando mayores atropellos, pero de fondo muchas veces legitimando, ʹ͵ͻ •–‡ ƒ„—•‘ ‹–‡”‘ǡ ’‘” ‘–”ƒ ’ƒ”–‡ǡ ’ƒ”‡…‡ ‡•–ƒ” ‡ Žƒ „ƒ•‡ †‡ — …‘’އŒ‘ ’”‘…‡•‘ •‘…‹‘Ǧ…—Ž–—”ƒŽ“—‡’”‘˜‘…ƒ—ƒ…À…Ž‹…ƒ…‘ˆŽ‹…–‹˜‹†ƒ†›Dz‡•–ƒŽŽ‹†‘•dz‡—‡•–”‘•’ƒÀ•‡•Ǥ ʹͶͲ  Žƒ „ƒ•‡ †‡ ‡•–‘• ‹–‡”‡•‡•ǡ ‡ ’ƒ”–‡ …‘—‡• › ‡ ’ƒ”–‡ …‘–”ƒ’—‡•–‘•ǡ ‡•–ž Žƒ –‡•‹× ’‘ŽÀ–‹…ƒ ‡–”‡ —‹–ƒ”‹‘• › ˆ‡†‡”ƒŽ‡• †‡Ž •‹‰Ž‘ Ǣ ‘ Ž‹„‡”ƒŽ‡• ȋƒ…—•ƒ†‘• †‡ Dz‘Ž‹‰ƒ”…ƒ•dzȌ›’‡”‘‹•–ƒ•ȋ–ƒ…Šƒ†‘•†‡Dz’‘’—Ž‹•–ƒ•dzȌ‡‡ŽǤŽ”ƒ†‹…ƒŽ‹•‘ǡ˜‹…—Žƒ†‘ž• „‹‡ ƒ —ƒ …Žƒ•‡ ‡†‹ƒ ‘”‹‰‹ƒ†ƒ ’‘” Ž‘• †‡•…‡†‹‡–‡• †‡ ‹–ƒŽ‹ƒ‘• › ‡•’ƒÓ‘އ•ǡ ˆ—‡ ‡ ‰‡‡”ƒŽ‡‘•Dzƒ…–‹˜‘dzǤ ʹͶͳƒ”ƒŽƒ…—‡•–‹×‡•’‡…Àˆ‹…ƒ‡–‡ƒ”‰‡–‹ƒǡ’—‡†‡•‡‰—‹”•‡ǣǤǡƒ‰Ž‡•‹ƒ‡Žƒ ”‰‡–‹ƒǤ —ƒ–”‘…‹‡–‘• ƒÓ‘• †‡ ‹•–‘”‹ƒǡ ‡•„ƒǡ —‡‘• ‹”‡• ͳͻͻ͵Ǣ †‡•†‡ —ƒ

generalmente por inconsciencia, procesos que ofenden la dignidad de las personas. Trabajó mucho en la evangelización (durante los siglos XVI-XVII), en la organización de los nuevos Estados (siglo XIX) y la promoción humana (hacia fines del XIX y primera mitad del XX), impregnando de expresiones cristianas el continente, pero no logrando que en la vida práctica y en las estructuras sociales se superase la injusticia y corrupción242.

La “Teología de la liberación” y la “Escuela argentina”

La teología de la liberación procuró salir al paso de estos escollos, si bien con variados matices y orientaciones en las diferentes regiones de nuestro subcontinente. A partir de principios de los 70’, inspirados en la teología política europea (Metz, Moltmann), como así también en las posibilidades que ofrecían la antropología y cristología rahnerianas, escoltando Medellín (1968) y anticipando Puebla (1979), autores como I. Ellacuría243 (y después J. Sobrino244, en El Salvador), G. Gutiérrez245 (en Perú) y L. Boff246 (en Brasil) comenzaron a introducir un método más incisivo de análisis de la realidad, que en muchos sentidos coincidía con aquél ’‡”•’‡…–‹˜ƒž•…”À–‹…ƒǡǤ2 ǡǦǤǡ‹•–‘”‹ƒ†‡Žƒ‰Ž‡•‹ƒ”‰‡–‹ƒǤ‡•†‡Žƒ ‘“—‹•–ƒ Šƒ•–ƒ ˆ‹‡• †‡Ž •‹‰Ž‘ ǡ‘†ƒ†‘”‹ǡ —‡‘• ‹”‡• ʹͲͲͲǤ ‡…‹‡–‡‡–‡ǡ ž• ‘’–‹‹•–ƒ‡Žƒ•ƒ’”‡…‹ƒ…‹‘‡•ǣǤǤȋ”‰ǤȌǡ‘‰”‡•‘ǣƒ…‹ƒ‡Ž‹…‡–‡ƒ”‹‘ȋ͸ͶͷͶǦ ͸ͶͷͼȌǤ‡‘”‹ƒǡ‹†‡–‹†ƒ†›”‡…‘…‹Ž‹ƒ…‹×ǡ†—…ƒǡ—‡‘•‹”‡•ʹͲͳͲǤ ʹͶʹƒ”ƒŽ‘•ƒ•’‡…–‘•’‘ŽÀ–‹…‘•†‡ŽƒŠ‹•–‘”‹ƒ†‡Žƒ‰Ž‡•‹ƒ”‡…‹‡–‡ǡ…ˆǤǤǤǡƒ‰Ž‡•‹ƒ ƒ–׎‹…ƒ‡Žƒ’‘ŽÀ–‹…ƒƒ”‰‡–‹ƒǡ”‘‡–‡‘ǡ—‡‘•‹”‡•ʹͲͲ͹Ǥ ʹͶ͵ ǤAǡ Dzƒ ‰Ž‡•‹ƒ †‡ Ž‘• ’‘„”‡•ǡ •ƒ…”ƒ‡–‘ Š‹•–×”‹…‘ †‡ Ž‹„‡”ƒ…‹×dzǡ•–—†‹‘• …‡–”‘Ǧƒ‡”‹…ƒ‘•͵ʹȋͳͻ͹͹Ȍ͹Ͳ͹Ǧ͹ʹʹǤ ʹͶͶ‘”‡Œ‡’Ž‘ǡǤǡ”‹•–‘Ž‘‰Àƒ†‡•†‡±”‹…ƒƒ–‹ƒǡ”–ǡ±š‹…‘ǡͳͻ͹͸Ǥ ʹͶͷ‘„”‡–‘†‘•—‘„”ƒˆ—†ƒ–‡ǣ‡‘Ž‘‰Àƒ†‡ŽƒŽ‹„‡”ƒ…‹×ȋͳͻ͹ͳȌǡÀ‰—‡‡ǡƒŽƒƒ…ƒ ͳͻ͹ͶǤ ʹͶ͸ †‡ž• †‡ Ž‘ ›ƒ …‹–ƒ†‘ǡ Ǥ ǡ”ƒ…‹ƒ › Ž‹„‡”ƒ…‹× †‡Ž Š‘„”‡ǡ ”‹•–‹ƒ†ƒ†ǡ ƒ†”‹† ͳͻ͹ͺǢŽ”‘•–”‘ƒ–‡”‘†‡‹‘•ǡƒ—Ž‹ƒ•ǡ—‡‘•‹”‡•ͳͻͺͷǢƒ”‹‹†ƒ†ǡŽƒ•‘…‹‡†ƒ†›Žƒ Ž‹„‡”ƒ…‹×ǡ †‹…‹‘‡• ƒ—Ž‹ƒ•ǡ ƒ†”‹† ͳͻͺ͹Ǣ‡•—…”‹•–‘ Ž‹„‡”ƒ†‘”Ǥ ‡…–—”ƒ Š‹•–×”‹…‘Ǧ –‡‘Ž×‰‹…ƒ†‡‡•‡ƒœƒ”‡–ǡ”‘––ƒǡƒ†”‹†ͳͻͻͳǤ

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