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Influence of element-types on the results of a tabletop simulation

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5. Die and Tabletop hemming simulations

5.2. Influence of element-types on the results of a tabletop simulation

Antes de despedirnos de oriente y entrar en la cristiandad occidental vamos a destacar las figuras de los dos emblemáticos Padres de oriente en su “edad de oro”: Juan Crisóstomo y Juan Damasceno.

Juan Crisóstomo: los pobres y la eucaristía

Predicador y profeta de la justicia en la corrompida vida cortesana de Bizancio en tiempos de la emperatriz Eudoxia, Juan Crisóstomo se caracterizó por la vehemencia y radicalidad de su predicación:

“¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies, pues, cuando lo contemples desnudo en los pobres, ni lo honres aquí, en el templo, con lienzos de seda, si al salir lo abandonas en su frío y desnudez [...]. ¿De qué serviría adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si el mismo Cristo muere de hambre? Da primero de comer al hambriento y luego, con lo que te sobre, adornarás la mesa de Cristo”148.

Este estilo homilético “poco diplomático”, y que llegó a tener por destinataria, en alguna ocasión, a la misma emperatriz, le valió a su autor el destierro. Pero también le granjeó el apoyo incondicional de

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su feligresía que lo fue a buscar al Ponto e hizo que fuera restituido en su sede. Al respecto, Juan pudo decir:

“Cristo está conmigo, ¿qué puedo temer? Que vengan a asaltarme las olas del mar y la ira de los poderosos; todo eso no pesa más que una tela de araña”149.

Por otra parte, este gran predicador tenía en muy alta estima tanto los sacramentos de iniciación como el del orden. Respecto a los primeros se manifiesta típicamente oriental, mostrando como estos “misterios” originan la Iglesia; mientras que en occidente, por ejemplo en Cipriano, los sacramentos son más bien “instituciones salvíficas”dela Iglesia:

“‘Del costado salió sangre y agua’ [...]. Esta agua y esta sangre eran símbolos del bautismo y de la eucaristía. Pues bien, con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: con el agua de la regeneración y con la renovación del Espíritu Santo, es decir, con el bautismo y la eucaristía, que han brotado, ambos, del costado. Del costado de Jesús se formó, pues, la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva”150.

En relación a la eminente dignidad del sacerdocio ministerial, sostiene el Crisóstomo:

“Cuando tú ves al Señor sacrificado y puesto sobre el altar, y al sacerdote que ora puesto de pie delante del sacrificio, y a todos los fieles bañados con el rojo de esa sangre preciosa, ¿piensas que todavía estás entre los hombres y que pisas sobre la tierra? ¿No piensas más bien que has sido trasladado de pronto a los cielos?”151.

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Juan Damasceno y el Niceno II (787)

El otro Padre significativo hacia el siglo VIII es Juan Damasceno, cuyo aporte teológico pasa tanto por el campo trinitario como el cristológico-sacramental. En efecto, por un lado intuyó y desarrolló la perijoresis, que en occidente se tradujo por circunmicessio o circunmisessio, a saber: “La permanencia y la morada de la una en la otra de las tres Personas [...], que tienen entre sí una compenetración sin mezcla, no de forma que se fundan y se mezclen entre sí, sino de forma que se conjuguen mutuamente”152.

Sin embargo, la contribución más notoria de Juan Damasceno se desplegó en relación a la querella que surgió en torno alculto de las imágenes, motivada en parte por el contacto relativamente pacífico del cristianismo oriental con el naciente Islam (a partir del 622), que propugnaba a partir de la predicación del profeta Mahoma un férreo monoteísmo sin representación alguna de Alá. La teología de Juan Damasceno, argumentando a partir de la encarnación y humanidad de Cristo, y la posterior corroboración dogmática de Nicea II (en 787), esclarecieron la fe de la Iglesia; afirmando al respecto que debía tributarse un culto dedoulíaa las imágenes y a los santos, de hyperdoulía para la santísima Virgen María, y de latríasólo para con Dios. El motivo es que

“cuanto con más frecuencia son contemplados por medio de su representación en la imagen, tanto más se mueven los que éstas miran al

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recuerdo y deseo de los originales, y a tributarles el saludo y adoración de honor; no ciertamente de latría verdadera, que según nuestra fe sólo conviene a la naturaleza divina [...]. ‘Porque el honor de la imagen se dirige al original’, y el que venera una imagen, venera a la persona en ella representada” (DS600-603).

Así prosperó casi inalterada la tradición y liturgia bizantinas en torno a la teología de los Padres, especialmente la de los capadocios, y los iconos; custodiados en su delicado proceso de elaboración por la celosa mirada de los monjes del monte Athos. De las muchas representaciones iconográficas resultará paradigmática la de la Trinidad de Rublëv, “escrita” hacia el siglo XVI como inspiradora de unidad social en una, por entonces, convulsionada Rusia. La misma se convierte en una invitación a participar de la vida trinitaria, representada por tres ángeles que nos evocan la teofanía de Mambré; pero también a cada una de las personas divinas unidas entre sí por un mismo solio y vara de poder, como así también por la confluencia de pies, alas, y sobre todo miradas.

* * *

Ejercicio de aplicación:

1) ¿Cómo se explica el surgimiento del monacato, y cuál fue su postura respecto de la teología?

2) ¿Qué aconteció con el arrianismo, y qué era lo que sostenía su fundador Arrio? ¿Qué le respondieron Atanasio de Alejandría y el Concilio de Nicea (325)?

3) ¿Qué definió el Concilio de Constantinopla I (381) respecto del Espíritu Santo?

4) ¿Qué afirmaba Pelagio sobre la gracia, y qué le respondió el Concilio de Cartago (418) al respecto?

5) ¿Cuáles fueron las principales aportaciones teológicas de Agustín de Hipona?

6) ¿Quién fue el adalid del Concilio de Calcedonia, y qué se definió en esta instancia de cara a las afirmaciones de Nestorio?

7) Señalar algunas características significativas de la teología oriental en su edad dorada (siglos VI-VIII).

V. La

progresiva incorporación

de la

dialéctica en la teología medieval (siglos VI-

XIII)

Volvamos a occidente para analizar el complejo período medieval153. En el mismo, podemos distinguir un primer momento, concomitante a las invasiones y sus efectos, en el que colapsa el mundo antiguo (siglos VI-VII); un período de progresiva configuración de lo que se denominará Sacro Imperio Romano Germánico (siglos VIII-XI, comúnmente conocidos como Alta Edad Media); y una última etapa en donde empiezan a respirarse los nuevos aires de una vida que progresivamente va saliendo de los castillos y monasterios, y va desplazándose hacia las ciudades (siglos XII-XIII, o Baja Edad Media).

El desmoronamiento del mundo antiguo y el nuevo

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