De acuerdo a lo planteado por North en 1990, el desarrollo y el medioambiente tienen un crecimiento interdependiente y se fortalecen a través de las instituciones. La sociedad requiere de instituciones que puedan permitir los cambios para fortalecer el desarrollo. El tiempo ha determinado que “la llave está en el aprendizaje de las organizaciones para sobre vivir”. Se diferencia las instituciones de las organizaciones porque las instituciones son “las reglas de juego de una sociedad, o más formalmente, son las restricciones ideadas de la interacción de la estructura humana” (Pág. 23), que están compuestas por reglas formales (leyes, regulaciones), restricciones informales (convenciones, normas y códigos de
conducta) y aplicación de características de ambos. “La organización son los jugadores: grupos de individuos ligados con propósitos comunes para lograr los objetivos” (Pág. 23), que incluye un cuerpo de políticas económicas, sociales y políticas educativas (Harris, H.; Hunter, J. & Lewis, C., 1995).
Las instituciones y organizaciones tienen cambios y las instituciones cambian porque los individuos perciben que es necesario realizar el cambio de la institución, pero lo más importante es que los cambios son mejores con las experiencias realizadas por ellas mismas y deben estar relacionado con la competición existente y con los modelos, visiones y políticas que rigen. Políticamente, las instituciones se sostienen cuando las organizaciones están interesadas en su perpetuidad (Harris, H.; Hunter, J. & Lewis, C., 1995).
Las instituciones y organizaciones son ejes fundamentales para el desarrollo. El crecimiento y el desarrollo implican cambios en los sistemas económicos y en los ecosistemas físicos que no se puede dejar de usarlos por lo que se hace preciso definir el máximo rendimiento durable después de haber considerado los efectos de la explotación sobre el conjunto del sistema. En los recursos no renovables, su uso reduce las existencias disponibles pero el criterio es que la tasa de agotamiento, el énfasis en el reciclaje, el cálculo del óptimo de contaminación y la economía del uso debería graduarse para que no se agote y se protejan para las futuras generaciones, que es la preocupación del desarrollo sostenible.
La teoría del capital humano, aportes de Theodore Schultz (1968) y de Gary Becker (1964) es considerado como un factor propiciador de crecimiento económico y del desarrollo. Para la formación de la teoría, los elementos más importantes son la educación y la capacitación laboral, pues a través de ellos se forman y desarrollan las capacidades, los talentos, las destrezas y habilidades de los individuos, factores que participan en la teoría del bienestar social [usamos la concepción de bienestar social de Martha Naussbaum y Amartya Sen, 1998, que plantean que el bienestar sea evaluado en función del estado de ser de una
persona (su propia felicidad) o bien desde la contribución que esta persona puede hacer al resto de la sociedad]. En la teoría del Capital humano se introduce el enfoque sobre las necesidades humanas básicas, el cual centra su atención en el suministro de bienes y servicios esenciales (alimentos, ropa, vivienda, estudios), en lugar de hacerlo en el escenario más amplio de oportunidades para el ser humano (Becker, 1977). Este planteamiento indica la importancia del factor humano en el desarrollo, el cual se tiende a combinar con los problemas ecológicos.
El crecimiento y el desarrollo implican cambios en los sistemas económicos y en los ecosistemas físicos, y se hace preciso definir el máximo rendimiento durable después de haber considerado los efectos de la explotación sobre el conjunto del sistema. En los recursos no renovables, su uso reduce las existencias disponibles pero el criterio es que la tasa de agotamiento, el énfasis en el reciclaje, el cálculo del óptimo de contaminación y la economía del uso debería graduarse para que no se agote y se protejan para las futuras generaciones, que es la preocupación del desarrollo sostenible.
El término desarrollo fue utilizado por primera vez por Schumpeter en 1957 (1996), indicando que “el desarrollo se define por la puesta en práctica de nuevas combinaciones” (Pág. 76), considera que la innovación es el fenómeno para el desarrollo. La universidad es parte de la sociedad y generadora de profesionales que deben ser activos partícipes de innovaciones en el proceso de gestión de la formación educativa para el desarrollo sostenible.
El desarrollo sostenible es visión sistémica porque se ocupa de observar las estructuras que subyacen en un problema de interés, que trata de describir y explicar las interrelaciones entre las variables del problema, que reúne un conjunto de determinantes de la sostenibilidad que comprende la disponibilidad del recurso, la adaptabilidad/flexibilidad, la homeostasis (equilibrio interno), la capacidad de respuesta, la auto dependencia y el empoderamiento. En
este sentido, se asume que el problema es la contradicción que se desprende de la relación de los componentes económico, social y natural o ambiental (Díaz, 2011).
La preocupación del medioambiente surge en la década de los ’50 y el ambientalismo científico visto socialmente se da en los ’60 y como ética ambiental y filosofía ambiental surge en los años ‘70 y hasta la actualidad es vista en forma globalizada. El desarrollo sostenible es un concepto que se ha venido construyendo y debatiendo. El inicio para la concepción se puede decir que fue en el año de 1968, donde el Club de Roma convoca a distintas personalidades del mundo académico, industriales y políticos con el propósito de discutir los problemas globales que amenazaban a la especie humana. El objetivo de la convocatoria fue determinar los métodos para estudiar los cambios naturales y su incidencia en los ecosistemas, y también para sensibilizar a los políticos de los países predominantes de la magnitud de la crisis ambiental global.
En el año 1971, se reunieron en Suiza para tratar sobre desarrollo y medioambiente, elaborándose un documento que serviría de base para la reunión de Estocolmo de 1972, donde se consideró que el hombre tiene derecho a disfrutar de las condiciones de vida adecuadas en un medioambiente adecuado, disfrutar de bienestar con la obligación de proteger y mejorar el medio para las generaciones presentes y futuras. Se publicó el Informe Meadows y era la primera vez que se daba a conocer la grave crisis ecológica que afectaba al planeta y a la vida misma. Este informe tuvo gran difusión y despertó por primera vez una preocupación global por la sostenibilidad de la vida del planeta. Se utilizaba los términos de ecodesarrollo, crecimiento intensivo o desarrollo orgánico (1972, en el segundo Informe del Club de Roma)
En 1983 se estableció la Comisión Mundial sobre el Ambiente y el Desarrollo (CMMAD o WCED por sus siglas en inglés), también conocida como la Comisión Brundtland, tomado del apellido de la Presidenta de la Comisión, Gro Harlem Brundtland
(Ministra del Ambiente de Suecia). Esta Comisión realizó diversos estudios y encuentros por casi tres años, culminando en abril de 1987 con la publicación del Informe Nuestro Futuro Común o Informe Brundtland y define al desarrollo sostenible como “el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades” (WCED, 1987: 8; Lescano, et.al, 2015). En el Informe se vincula definitivamente el desarrollo con el medioambiente, interdependientes e imprescindible.
En la definición de desarrollo sostenible (Informe Brundtland), el hombre es el elemento central y a partir del individuo, se extiende a escala global para el bienestar (weak sustainability o sustentabilidad débil) y para el sostenimiento del capital natural (strong sustainability), sustentado en cambio de valores. Los Estados, Gobiernos, las instituciones privadas y públicas comprometidos con el desarrollo intentan una transformación progresiva de la economía y de la sociedad, involucrando el componente político, la reorientación de los procesos tecnológicos y formación de una conciencia ambientalista o ecologista; requiere de un sistema administrativo flexible, capaz de corregirse de manera autónoma, y entre estas instituciones esta la universidad.
En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Programa Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD), realizada del 3 al 14 de junio de 1992 en Rio de Janeiro, Brasil, se elaboró la Declaración de Rio sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo para guiar a los gobiernos nacionales y locales en la formulación de estrategias para la configuración de planes para el desarrollo sostenible (se le conoce como la Agenda 21). Se comenzó a buscar una frase que permitiera combinar los conceptos y aspiraciones expresados en las acepciones desarrollo humano y desarrollo sostenible. La concepción del PNUD estuvo basada en que esta fusión fuera conceptual y operativa, dando lugar al nacimiento de la frase, desarrollo humano sostenible.
2.2.3.2. Contradicción entre sostenible y desarrollo. La protección ambiental en el