Identificar y situar el papel que ha desempeñado la comunicación popular en el
fortalecimiento de la lucha campesina sumapaceña por la constitución y reconocimiento de la Zona de Reserva Campesina, ha vivificado los procesos adelantados, ha permitido encontrar los aciertos y así mismo, decantar las debilidades y las exigencias que el momento histórico impone al movimiento campesino en Sumpaz y en general, a los movimientos sociales en América Latina y el mundo.
Al respecto, es necesario tener en cuenta uno de los planteamientos más concretos para entender estos procesos populares de comunicación “hablar de comunicación popular es hablar de comunicación en dos sentidos: de las clases populares entre sí (y cuando digo clases estoy entendiendo los grupos, las comunidades, incluso los individuos que viven una determinada situación de clase) pero estoy hablando también de la comunicación de las clases populares con la otra clase. Con aquella otra contra la cual se definen como subalternas, como dominadas” (Martín Barbero, 1983, pág. 5).
En una coyuntura global en la que el medio ambiente reacciona de forma natural aunque potente al desequilibrio impuesto por prácticas humanas depredadoras, no protectoras de los recursos, sino todo lo contrario, explotadora de los mismos, situar la discusión de las Zonas de Reserva Campesina en la agenda pública es una tarea urgente, romper el cerco mediático frente a la invisibilización, la criminalización de las luchas campesinas históricas
125 y la violencia simbólica ejercida desde las altas esferas del poder político y comunicacional, es un deber inaplazable pues la conservación del planeta es tarea urgente de la humanidad. Porque lo que se busca es sacar del contexto interno la circulación, discusión y ruptura de toda aquella producción comunicativa que emerja desde el movimiento sumapaceño, con el interés de adentrase en los asuntos públicos, la opinión pública, la agenda pública, en palabras de Mata (2011) y a partir de la experiencia en Argentina, en la que se logró una política pública sobre la comunicación popular:
Así, la comunicación popular fue saliendo de las zonas marginales y artesanales; la voz popular fortalecida en los ámbitos comunitarios y organizativos pugnó por alcanzar el escenario mayor donde se producía y regulaba incesantemente el discurso público. Las experiencias de medios masivos gestionados por organizaciones populares o instituciones aliadas a sus causas –las radios educativas y populares, las televisiones obreras, el cine documental alternativo– constituyeron en la década del 80 y de allí en más, acabadas muestras de ese proceso. Al mismo tiempo crecía la convicción de que incluso careciendo de medios propios, la voz acallada debía hacerse un lugar en el mercado mediático funcional al poder. Se habló entonces de las brechas existentes. Se reconoció que esa voz debía dotarse de estrategias para interactuar en el espacio marcado por la voz de los dominadores interrumpiendo su monólogo, interfiriendo, confrontando: era necesario el aprendizaje de ciertos códigos, el empleo de recursos ajenos –la conferencia o el comunicado de prensa, por ejemplo-, el establecimiento de relaciones fluidas con algunos profesionales que desde esos medios podían compartir un horizonte común con quienes impugnaban el orden social existente (pág. 4).
Otra de las disyuntivas que evidenció este proceso reflexivo, tiene que ver con la necesidad de hacer evidente, visible, protagónico, el de vida campesina, pues no sólo se trata de la preservación de los ecosistemas, sino de la vida humana y cultural de la sociedad. Tal y como lo evidenció Silva (2014) en relación a los procesos de memoria y el movimiento
126 campesino en Sumapaz. “La apuesta intrínseca en las acciones del campesinado del
Sumapaz muestra que es necesaria la creación, hoy más que nunca, de territorios diferenciales, como las Zonas de Reserva Campesina, que resisten desde ejercicios de memoria colectiva particulares y que han entendido y asumido su papel histórico en la trama de los problemas más cruciales del país. Resistir desde una territorialidad otra, desde una memoria otra” (pág. 29).
Este tránsito por la memoria, tan arraigado en la organización agraria en la región del Sumapaz, es pues no sólo un enorme proceso autoformativo, sino que requiere de mayor visibilización hacia afuera, de tal forma que irrumpa en los discursos hegemónicos sobre nuestra historia pues como bien conocemos “la historia oficial de la Nación invisibiliza narrativas emancipatorias de actores subalternados por el Estado y las elites del país. La memoria colectiva ha tenido la tarea de romper con la hegemonía de la memoria histórica” (pág.30). Los espacios de la memoria también requieren ser debatidos con mayor
contundencia en los espacios comunitarios, los académicos, los políticos, la escuela, la ciudad, el país.
El modelo de producción capitalista, en su fase neoliberal ha buscado amplia las fronteras entre las clases, una clase cada vez más minoritaria pero dueña de la mayoría de los
recursos a nivel mundial y la otra, cada vez más amplia y mayoritaria, pero más pobre, esta brecha está ha sido mediada por el mercado y las formas de vida que promueve alrededor del consumo y el narcicismo, prácticas contrarias al equilibrio necesario para la
preservación de la vida, la agricultura, las reservas acuíferas, los bosques y la diversidad cultural humana.
127 Las luchas agrarias en el país con diferentes intensidades y particularidades según la región del país donde se haya desarrollado, tiene como característica común que a lo largo delas décadas ha sufrido de parte del Estado y más delante, de los medios de comunicación masiva, que vale la pena recordar pertenecen a los hombres más ricos del país, todo tipo de adjetivos para deslegitimar sus luchas “bandoleros” “criminales” “aliados de las FARC” “terroristas” y posicionar en la opinión pública la necesidad de ampliar los latifundios, de permitir la llegada a los territorios de las multinacionales, el control de las semillas y por tanto la pérdida irreparable de identidad y soberanía.
En ese sentido, las reflexiones que se suscitaron en este proceso frente a los procesos de la comunicación popular requieren, como lo advierte Carlos Morales en la entrevista, de voluntad política, “hace falta un compromiso desde lo político para el tema de la
comunicación pues resulta siendo marginal, porque lo que nos interesa en transmitir ideas y las organizaciones no nos pensamos la importancia de la comunicación” (Entrevista, 2019). Como parte de las tareas urgentes a desarrollar por el movimiento campesino sumapaceño, en especial por la Juventud Sumapaceña quien es la encargada de dirigir y materializar los procesos comunicativos en la región, tiene que ver la consolidación de una escuela
permanente de comunicaciones, no sólo en lo referente a temas técnicos, sino der una mirada relacional entre los movimientos sociales y la comunicación popular, la diferencia entre esta comunicación y otros tipos de comunicación; al análisis del discurso, la oratoria, entre otros. “Con los temas de la escuela, garantizar mayores niveles de calidad en cuanto a la selección de los contenidos y cómo estos vincularlos a la defensa del territorio, no solo hacer comunicados que nadie lee, sino entrar en sintonía con esas nuevas formas de
128 comunicar a través de lo estético, lo gráfico, cosa que lleguen a la gente y circule para visibilizarnos” (Carlos, 2019, Miembro SINTRAPAZ).
Potenciar los escenarios radiales, de prensa y video, son esenciales para contrarrestar la desinformación de los procesos que se adelantan en el seno del movimiento, la urgencia de la constitución de la Zona de Reserva Campesina en la región y la continuidad de la
preservación por parte los habitantes del páramo y su ecosistema. Pero entonces, vale la pena recordar, la importancia de los sujetos que asumen estas labores desde los liderazgos pero también desde los escenarios cotidianos, la comunidad sumapaceña ha sido víctima de violencia militar, paramilitar, estatal, mediática y esto implica ubicar estos procesos en la urgencia de someter a discusión esos otros discursos frente a la historia, la memoria y las forma de vida campesina, pues “la memoria de las víctimas sin escritura plantea problemas dramáticos en un caso como el colombiano: porque allí donde hay fuertes identidades étnicas, como ocurre en el caso de los judíos, sus intelectuales son en gran medida portavoces….de la etnia… En cambio en Colombia se trata de una sociedad extremadamente fragmentada, en donde las identidades políticas, los partidos, solo atraviesan la dimensión pública de la sociedad. La dimensión subjetiva se queda sin expresión” (Sánchez, 2008, pág. 21).
Es muy claro que gracias a la formación política que se adelanta en la región ha sido sostenido a lo largo de las décadas, sobre todo desde que el Partido Comunista
Colombiano, comprometido con las luchas agrarias en Colombia, sin embargo, el proceso de comunicación debe ir de la mano necesariamente de más formación política, sobre todo en campo Comunicación- Educación, pues redoblaría los esfuerzos ya construidos para
129 consolidar un escenario tanto desde la educación popular como desde la comunicación popular.