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Concepts and Notation for Activity Dependency Model

5 4 Transition Guidelines

e 3 value Model Process Model

6 Goal and Value Driven Process Design

6.2 Concepts and Notation for Activity Dependency Model

Para que tenga lugar el “decir”, para que sea posible, para que vayan surgiendo estos sujetos que “dicen”, es necesario el diálogo, la habi- litación del diálogo. Por supuesto que eso requiere de una posición, de un docente, de una autoridad, frente a un chico, una posición que habilite esa posibilidad.

La otra cuestión que debe estar presente es lo que llamamos el reco- nocimiento. Para que sea posible el decir, hace falta el reconocimiento. ¿Qué quiere decir reconocimiento? Aquí aparece un concepto de la psicología, que toma también la filosofía. Reconocer sería “el ser visto por otros”. Uno podría decir que ser reconocido es ser visto por los otros, es existir.

Tzevan Todorov, en un libro llamado “La vida en común”17, hace un recorrido por el concepto de reconocimiento. Dice allí que los sujetos humanos necesitan reconocimiento como necesitan alimentarse, es decir, es tan vital la necesidad de reconocimiento, como las necesida- des biológicas. Y que a diferencia de las necesidades biológicas, que a veces se pueden satisfacer, la necesidad de reconocimiento es insacia- ble. Es decir, los sujetos humanos necesitan reconocimiento, y nunca dejan de necesitarlo.

Hay una diferencia en el texto de Todorov, entre vida y existencia. Mientras que todos los seres vivos, plantas, animales y humanos nece- sitan vivir, y para eso necesitan satisfacer sus necesidades, biológicas, el sujeto humano es el único entre los seres vivos que además de vivir necesita existir. Y existir va mucho más allá de la vida, la existencia tiene que ver con poder ser para otros, tiene que ver con la vida en común. No hay existencia sin otros, sólo existimos cuando hay otros, y existimos también para otros. Existimos también porque los otros están en nosotros, es decir que existimos como sujetos, constituidos también por los otros.

Todorov dice la necesidad de ser mirado no es una motivación humana entre otras, es la verdad de las otras necesidades. Y cita a Víctor Hugo, los animales viven, el hombre existe. De ahí toma Todorov esta idea de vida y existencia que nos permite pensar que se puede existir aun cuando ya no se viva. Uno podría reconocer la existencia de sujetos que ya no viven hace mucho, pero siguen siendo reconocidos. Siguen siendo ha- blados, siguen siendo nombrados, siguen siendo relatados, para bien o para mal, pero siguen existiendo.

Y además está la existencia de los otros en nosotros. Eso hace posible que alguien pueda existir cuando ya no vive. Por ejemplo, mi padre ya no vive pero existe. Yo puedo reconocer su existencia en mí mismo, lo puedo reconocer porque veo que hay algo de él en mí. Estoy constitui- do por él, aunque él ya no viva, soy algo de él. Entonces los otros hacen que alguien siga existiendo aunque ya no viva.

También podría darse el caso de alguien que aún vive, pero que no existe, o que tiene muy debilitada su existencia. Cuando hablamos de inclusión social, no nos referimos solamente a una cuestión económica, nos referimos también a una cuestión existencial. Sujetos que no están incluidos, pueden estar sufriendo el debilitamiento de su existencia. Son personas olvidadas por otros, aun cuando estén viviendo.

Yo comencé la muerte por soledad escribe Víctor Hugo. La existencia pue- de morir antes de que la vida se apague. Esto que dice Victor Hugo, y que toma Todorov, es clave a la hora de pensar en la educación, y en algunas cuestiones que tienen que ver con la vida en las instituciones. Muchos de los malestares que sufren los adultos en las instituciones, los docentes, las autoridades, tiene que ver con la ausencia de recono- cimiento. Muchas de las quejas que encontramos en los espacios de capacitación, tienen que ver con sujetos que no se sienten reconocidos, que no se sienten valorados en lo que hacen. Que no se sienten vistos. O que solo son vistos cuando aparece la falla, o el defecto. Solamente son vistos cuando aparece la reprimenda, es decir, son vistos en la ac- ción defectuosa, nunca en la buena acción.

Esto se puede trasladar también al mundo de los chicos, al mundo de los adolescentes. Chicos que no se sienten mirados, que no existen, no sienten su existencia dentro de esa institución o dentro de ese grupo. Aparecen solamente a la vista de otros cuando producen algo disrupti- vo. Incluso alguien podría pensar y creo que a veces es clave para pen- sar algunas conductas de los chicos, que esas disrupciones, o esas ac- titudes que tienen que ver con llamar la atención podrían ser también formas de intentar exhibir, modos de intentar ser vistos, aunque sea por la negativa, aunque sea a través de un rechazo, porque el rechazo aún es mejor que la absoluta indiferencia de los otros. Ahí podría estar la clave de por qué suceden ciertas cosas con algunos chicos en algu- nas instituciones, y cómo hay espacios que dan un mejor lugar a esos chicos, dan una mejor posibilidad de que sean vistos, reconocidos. Es- pacios, actividades, proyectos, que proponen que los chicos sean vistos, no para ser castigados, no para ser reprimidos, sino para ser valorados. Todorov habla de dos tipos de reconocimiento: uno es el reconocimien- to por conformidad, que es el deseo que tenemos los sujetos huma- nos, de ser tratados como iguales. Es decir, nosotros no queremos ser discriminados, ser considerados inferiores. Menos aún queremos ser maltratados, o pasar indiferentes para los otros, o que los demás sean

indiferentes respecto de nosotros. El reconocimiento por conformidad tiene que ver simplemente con no ser tratados como inferiores. Pero somos tan neuróticos, que, además, los sujetos humanos quere- mos ser reconocidos como distintos. Es decir, por un lado como igua- les, pero también como diferentes. Queremos ser valorados por aque- llo que podemos aportar, por aquello que nosotros somos en cuanto sujetos. Yo distinto, e igual que otro. Queremos ser reconocidos en nuestra especificidad. Queremos ser valorados, y en lo posible, valora- dos positivamente. A esta forma de reconocimiento, Todorov la llama reconocimiento por distinción.

Esta continua necesidad de reconocimiento es lo que se pone en jue- go en cualquier situación de convivencia humana, ya sea en la familia, entre hermanos, chicos, alumnos, o en situaciones profesionales entre adultos. Sentiríamos insatisfacción si no fuéramos reconocidos en algo en lo que podemos aportar. El reconocimiento, que se podría vincular con el intento de propiciar la autoestima de los sujetos, es el motor del compromiso. Los sujetos humanos pueden tener un deseo de com- prometerse en un proyecto colectivo, si sienten que lo que pueden dar, vale. En cambio, si se sienten despreciados, si sienten que lo de ellos no vale, que nunca ha sido visto, que a nadie le interesa, ¿por qué habrían de querer comprometerse con algo?

A veces solemos exigir cierto compromiso de los sujetos, cuando en realidad no los estamos valorando en lo que puedan dar, en aquello que puedan hacer. Entonces por qué alguien podría querer compro- meterse en una acción colectiva, o en una producción colectiva con otros, si considera que lo suyo vale nada, o no vale. Hay que pensar el reconocimiento como algo importante a la hora de hacer que el sujeto se comprometa, participe y se exprese.