3.2 A state of the art optimization study
3.2.6 Concluding remarks
JOSÉRAMÓNVALEROESCANDELL
Universidad de Alicante
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Cuadro 1
Elda, evolución de la población en el siglo XX
Año del censo Habitantes
1900 6.131 1910 8.028 1920 8.078 1930 13.445 1940 20.050 1950 20.699 1960 28.151 1970 41.511 1981 52.185 1991 54.010 2001 51.816
Elaboración propia con datos de los censos de población del INE.
Cuadro 2
Elda en su entorno: comparación de incrementos porcentuales de población en el siglo XX
Periodo ELDA PROV. ALICANTE ESPAÑA
1900-2001 741.5 211.0 119.4 1901-1950 237.6 35.0 51.0 1951-2001 149.3 130.6 45.3 1901-1910 30.9 5.8 7.4 1911-1920 0.6 2.9 7.0 1921-1930 66.4 6.6 10.7 1931-1940 49.1 11.3 9.5 1941-1950 3.2 4.4 8.1 1951-1960 36.0 12.3 8.8 1961-1970 47.5 29.4 11.0 1971-1981 25.7 24.8 11.1 1981-1991 3.5 16.2 4.5 1991-2001 - 4.5 9.5 3.6
La población de Elda se ha incre- mentado esencialmente a lo largo de tres grandes periodos: el primero, iniciado ya a finales del siglo XIX, duró hasta la Gran Guerra Europea y fue el menos in- tenso de los tres; se produjo, como todos, gracias al desarrollo de la industria za- patera, que creó las primeras factorías verdaderamente modernas (las de Ra- fael Romero y Silvestre Hernández) un poco antes del inicio del siglo y multiplicó las empresas al amparo de la demanda ma- siva europea surgida en 1914, lo que in- crementó la necesidad de mano de obra, sin exigir excesiva capacitación específi- ca a los recién llegados. En la primera
década del XX, el momento del asenta- miento industrial, los eldenses aumen- taron más de un 30%, con un ritmo de cre- cimiento que en toda la provincia sólo su- peraban algunos municipios de la Vega Baja, una comarca que vivía una época de fuerte desarrollo agrario; fueron los años de la concesión del título de ciudad, de la creación del Casino y del Teatro Cas- telar, de la introducción del anarquismo entre los obreros, muchos de ellos recién llegados, otros hijos de campesinos el- denses que no querían seguir supedita- dos al trabajo de la tierra como sus an- tepasados.
La segunda fase, la de mayor creci- miento porcentual, fue la que se corres- ponde con la Dictadura de Primo de Ri- vera y la fase pacífica de la II República: la Elda de 1935, con 18.030 residentes, do- bla con holgura el número de censados en 1920, 8.078 personas. El crecimiento fue rapidísimo durante los años veinte (un 66,4%) y algo menor en los treinta (el 49,13%), sin duda debido a la Guerra Ci- vil porque de haber continuado el ritmo previo a 1936 hubiese superado a la dé- cada anterior; en ambas fue el mayor cre- cimiento de toda la provincia, entonces relativamente estancada. Elda, que to- davía era el quinto municipio del Alto y Medio Vinalopó en 1920 (tras Villena, Novelda, Monóvar y Pinoso) se convier- te en 1935 en la más poblada de la co- marca y en la quinta provincial (tras Ali- cante, Elche, Alcoy y Orihuela). Son años de llegada de miles de trabajadores de municipios próximos, de fuertes tensio- nes sociales, de intensa mecanización de algunas empresas, de fomento de las ac- tividades culturales y de una burguesía progresista capaz de iniciativas como el Banco de Elda.
La tercera fase de crecimiento rápi- do, la más recordada hoy en día por ser la más reciente, la vivida por buena par- te de la población adulta residente en la ciudad y la de mayor incremento en cifras absolutas, fue la de las décadas de los cincuenta a los setenta, especialmente entre 1955 y 1973; esos dieciocho años comprenden desde el inicio de la revita- lización industrial (tras los duros años de posguerra) a la crisis del petróleo, que afectó fuertemente al comercio interna- cional y, consiguientemente, a una in- dustria basada en la exportación; Elda duplicó en 1973 (46.749 residentes se- gún el padrón final de dicho año) los 23.365 habitantes de 1955. Fue una épo- Vista de Elda anterior a la
Guerra Civil. La contienda truncó de raíz el mayor proceso de crecimiento demográfico vivido nunca en la ciudad (Archivo EMIDESA).
Tumba de los guardias civiles asesinados en Elda en 1936; junto con la primera posguerra, fue la época de mayores muertes violentas en nuestra ciudad (Foto del autor).
ca de esplendor zapatero –desde la FI- CIA a la apertura de par en par del mer- cado americano–, de inicio del consu- mo, de llegada de población de otras re- giones, de conurbación con Petrer y edificios altos. El crecimiento eldense careció del carácter excepcional de los años de preguerra: se insertó en una ten- dencia general entre los pueblos indus- triales y turísticos de la provincia; su au- mento porcentual fue muy rápido, pero inferior al vivido por Alicante y Elche, la comarca turística centrada en Benidorm y otros pueblos industriales (como San Vicente, crecido al amparo de Alicante, y el núcleo juguetero de Ibi-Onil).
A lo largo del siglo, Elda vivió dos pe- riodos de claro estancamiento: la déca- da de los diez y la de los cuarenta, pero en ambos casos resulta necesario mati- zar las cifras. Los años diez son un periodo de altibajos, con momentos de crisis y otros de fortísimo recalentamiento de la producción zapatera, como los meses que siguieron al inicio de la guerra de 1914. En los momentos duros, buena parte de la población obrera, escasa- mente asentada en la ciudad, con posi- bilidades de regresar al trabajo agrario en municipios vecinos o de emplearse en las zonas urbanas industrializadas –es- pecialmente, Barcelona–, apostaba por la emigración; por el contrario, cuando aumenta la faena, se incrementan las lle- gadas en busca de unos jornales que no eran altos (porque el desarrollo de la in- dustria se basó en salarios bajos) pero sí accesibles a prácticamente todos los miembros de la familia: según el censo, Elda sólo creció en 50 habitantes en esa década. Tampoco aumentó más que en unos centenares a lo largo de los años cua- renta, lo que supondría una notable emi- gración en la década; aunque esta sí exis- tió, por lo menos en los famélicos y bru- tales años del final de la Guerra Civil, existe otra razón más convincente: el censo de población de Elda de 1940 está inflado, como en muchas otras pobla- ciones; sólo así se comprende que la ciu- dad tuviese bastante más población que en 1935 pese a la sobremortalidad de todo tipo, los menores nacimientos y el exilio de tantos paisanos; en realidad, la Corporación eldense, igual que tantas otras, falsificó conscientemente al alza su número de residentes puesto que –en los años del hambre y del racionamien- to– el escaso suministro alimenticio fa- cilitado estaba en función de los veci-
nos de cada lugar. Pese a todo, Elda no volvió a crecer en población hasta me- diados de los cincuenta.
El otro periodo de estancamiento, y aún retroceso demográfico, son los años finales del siglo. Entre 1986 y 2001 Elda perdió más de tres mil habitantes. Re- sulta muy fácil justificarlo en función de una redistribución interna en un área urbana compartida con Petrer, tenien- do en cuenta que el crecimiento del mu- nicipio vecino ha sido notable en estos años y muy superior a la pérdida de po- blación eldense. Sin embargo, si anali- zamos el conjunto Elda-Petrer a lo largo de las dos últimas décadas del siglo vemos que sus habitantes se han incrementado sólo en un 12,6% en veinte años, mientras la media provincial superó el 27%, y ello pese a que en 1981 se trataba de una po- blación bastante más joven que la del conjunto alicantino, lo que debió im- plicar un crecimiento vegetativo mayor. La situación no es nada original y se ase- meja a las crisis vividas en otras áreas in- dustriales de Europa Occidental en los úl- timos años del siglo XX (fácil de com- prender en películas como Full Monty,
Hoy empieza todo o Los lunes al sol), con
paro endémico y dificultades de adap- tación a una sociedad enfocada hacia el sector terciario, que han visto reducirse el empleo estable y los ingresos reales de los trabajos menos cualificados; así, en nuestra provincia, en Alcoy (el núcleo pionero de la industrialización valen- ciana) el descenso demográfico ha sido aún mayor que en Elda, igual que en Ji- jona; el crecimiento de otros, como Mo- nóvar, Ibi o Cocentaina ha sido menor que el conjunto de Elda-Petrer; el de Elche, más diversificado económicamente, no ha al-
Plazoleta de las Monjas. Pese al evidente progreso material del siglo, algunos hogares eldenses aún carecían de agua potable cuando el hombre ya había llegado a la Luna (Archivo EMIDESA).
canzado la media provincial; sólo San Vicente, entre los municipios industria- les, ha mantenido un crecimiento rápi- do, pero en función de su carácter resi- dencial en el área metropolitana de Ali- cante.