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La literatura fue una vía utilizada por el romántico para transformar la socie- dad y plasmar sus ideales y actitudes ante la vida. Fueron escritores compro- metidos que intervinieron activamente en la política y los conflictos sociales, a la vez que se dedicaron al periodismo como medio para llegar a la masa. Las convulsiones políticas y sociales que pueblan el siglo XIX se manifestaron principalmente a través de los escritos en prosa. Destacaron tres géneros: novela, cuadro de costumbres y periodismo, to- dos ellos con su correlato en nuestra li- teratura local.

En cuanto a la novela, durante los primeros treinta años del siglo, debido al Absolutismo, la cultura y la novela en particular tienden a inmovilizarse. Los moralistas y censores combatieron toda clase de novedades, sin embargo, hay constancia de múltiples traducciones de novelas europeas y se inició tímida- mente una narrativa que surgió junto al desarrollo de la industria editorial. A partir de 1830 ya se podía hablar de una narración puramente romántica: la no- vela histórica.

Y novela histórica es El castillo de Elda de Juan Rico y Amat publicada en el fo- lletín de La Ilustración de Madrid duran- te el período 1843-1844. Esta obra res- ponde a esa actitud romántica que mira de manera nostálgica hacia un pasado en el que se recrea el universo legendario e idealizado de la Edad Media española, en este caso eldense, como principal fuen-

te. En el ámbito de la literatura españo- la, la primera novela histórica: Ramiro, con-

de de Lucena, de tema musulmán, había

aparecido en 1823; El Doncel de Don En-

rique el Doliente de Mariano José de Larra

y Sancho Saldaña o El castellano de Cuéllar de José de Espronceda en 1834; la obra más importante de este género: El señor

de Bembibre de Enrique Gil y Carrasco

fue publicada en 1844 –coetánea al fo- lletín de Rico y Amat. El paralelismo temporal de ambas obras muestra a un Juan Rico imbuido por completo en las corrientes literarias de su época. También el joven Emilio Castelar es ejemplo de la vigencia de la novela histórica pues sus primeros escarceos literarios se ma- nifestaron en el ámbito de este género literario; tal es el caso de sus novelas: Fra Filippo

Lippi en 1877-1878 y San- tiaguillo el posadero (que

carece de fecha de pu- blicación). La incursión de Emilio Castelar en el género novela fue temprana: Ernesto. No-

vela de costumbres fue

publicada en 18551y

las Leyendas populares en 1857. Sin embar- go, el nombre de Cas- telar será tenido en cuenta en el campo de la novela a partir del éxi- to editorial de La herma-

na de la Caridad, editado

en 1857 y reeditado en 1862 y 1881, además de traducida al italiano y al portugués, en ella se presenta la influencia de Lamar- tine y Chateaubriand. Tras esta novela, Emilio Castelar se aparta de la corrien- te realista-costumbrista iniciada por Fer- nán Caballero con su novela La Gaviota (1849) y tiende hacia unos credos esté- ticos enraizados en la prosa histórica y con múltiples secuencias propias de la no- vela sentimental. Historia de un corazón (1874), Fra Filippo Lippi, El Suspiro del moro (1885-1886) y Don Alfonso el Sabio o el hijo

de San Fernando (1867) son la evidente

prueba de su alejamiento de la novela realista»2.

Las guerras contra Napoleón Bo- naparte suscitaron un fuerte senti- miento nacionalista en los pueblos; así, se exaltaron todas las peculiarida- des y tipismos populares, el Romanti- cismo reivindica lo tradicional y se de-

Retrato de Juan Rico y Amat, en su Historia política y

sarrolla un género nuevo: el costum- brismo. En general, se trata de una des- cripción inmovilista de la realidad que carece de desarrollo dramático, utiliza la técnica folklórica, es de extensión breve; procura amenidad y gracia en el estilo y lenguaje; sus temas tratan la actualidad de su tiempo: pintura de usos y costumbres de la sociedad de- cimonónica, calles, diversiones, gus- tos, paseos, etc. Mariano José de Larra, Ramón Mesonero Romanos y Serafín Estébanez Calderón son los autores más representativos de este género li- terario. Juan Rico y Amat publicó sus

Cuadros de costumbres en 1844 siguien-

do las líneas generales arriba citadas. La escuela de los maestros costumbristas se percibe en los escritos de famosos periodistas publicados en las colec- ciones de la segunda mitad del siglo XIX, como Los Hombres Españoles, Ame-

ricanos y Lusitanos pintados por sí mismo en

el que Emilio Castelar colabora con el artículo «El hombre de Estado».

Las impresiones o libros de viaje en- troncan con una ilustre tradición literaria que siempre ha tenido una buena acogida por el público; Emilio Castelar publicó

Un año en París (1875) y Recuerdos de Ita- lia (1870) en los que relata sus expe-

riencias y sensaciones como viajero por estos lugares.

En la órbita de la prosa satírico- costumbrista romántica se inscribe el Dic-

cionario de los políticos o verdadero sentido de las voces y frases más usuales entre los mismos, escrito para divertimento de los que ya lo han sido y enseñanza para los que aún quieren serlo (1855) de Juan Rico y Amat.

Durante la segunda mitad del XIX, Francisco Laliga aporta una prosa que según Emilio Maestre debe considerar- se «como una manifestación más de su poesía»3y por ello, se podría sugerir afín

en cuanto a temas a los maestros del Realismo aunque permanece un ele- mento intimista común a todas sus obras. Laliga siempre deja traslucir sus ideas de corte romántico tradicional que se manifiestan en sus obras: Páginas de un

moribundo, La primavera, Impresiones de partida y El descubrimiento de América.

La prosa de Juan Rico y Amat Emi- lio Castelar y Francisco Laliga de- muestran la pervivencia del Romanti- cismo en sus obras, aunque Realis- m o / Na t u r a l i s m o y M o d e r n i s m o hubiesen irrumpido en el panorama de las letras hispanas.

La vida cultural y política y las transformaciones sociales y económi- cas del siglo XIX se vertieron en la pren- sa periódica hasta convertirse en un medio imprescindible para una socie- dad moderna. El poder de la burguesía y los avances técnicos propiciaron la rápida difusión de estos diarios y revistas y una mayor calidad en la transmisión. En sus páginas se difundían ideas, opi- niones, acontecimientos y proyectos y permitió el nacimiento de un nuevo género: el artículo.

La prosa periodística tal como hoy la conocemos nació en las Cortes de Cádiz en 1812 y alcanzó su máximo esplendor en la revolución de 1868. El periodismo de opinión cumplía una función de educación política; la lite- ratura se acomodó a los reducidos for- matos de la prensa y en ella aparecieron ensayos, poemas, relatos cortos y a par- tir de la década de los cuarenta se reservó un espacio para la novela por entregas que gozó de gran popularidad. Los es- critores y pensadores románticos se sirvieron del periódico como vehículo perfecto para transmitir sus ideas de progreso.

La actividad periodística de los el- denses del siglo XIX posee un enorme di- namismo, publican sus artículos no sólo en Elda, sino también en Alicante y Ma- drid.

Así, Juan Rico y Amat publicó en el folletín de La Ilustración de Madrid en 1843-1844 El castillo de Elda. Obra de juventud de la que se ha hablado arri- ba. Colaboró con El Almanaque ilustrado

y Libro de memorias de Alcoy en 1864.

Fundó y dirigió en Madrid La Farsa4en

1867, El noticiero de España en 1868 y

Don Quijote5en 1869 siendo el primero

y el último de claro matiz antirrevolu- cionario con predominio de la sátira política. Por lo tanto, no tiene nada de extraño que su conservadurismo ideo- lógico y el carácter satírico de buena parte de su obra se trasladaran también al ámbito teatral, como se verá más ade- lante. Las colaboraciones periodísticas de Lamberto Amat y Sempere se esta- blecieron en Alicante con El Graduador en el que publicó las biografías de Juan Sempere y Guarinos y Juan Rico y Amat. Estos artículos vieron la luz en 1882 durante los meses de julio y agosto6 y

dada la calidad de las mismos Milego y Galdó los reprodujo en su obra Alican-

duador vieron la luz los escritos de Jus-

to Juez Sirvent (1808-1891) que trata- ban temas locales y de opinión. Agustín María Tato y Vidal (1835-1899) fue el di- rector de uno de los primeros periódi- cos eldenses: El Bien General que tuvo una vida de dos años: 1886 y 1887; ade- más, colaboró con artículos de actuali- dad y opinión en El Graduador, La Unión

Democrática, La Tarde, La Correspondencia Alicantina, El Municipio, La Patria, La Mo- narquía, La Péñola, El laurel y El Consti- tucional Dinástico de Alicante; El Globo y El álbum de las familias de Madrid y con La Aurora de Ymuri de Matanzas (Cuba).

Hombre de sólida formación intelec- tual Antonio del Val y Ripoll (1839- 1886) colaboró con artículos de temá- tica heterogénea en La Democracia fun- dado por don Emilio Castelar en Madrid en 1864. Tras el golpe de estado de Pa- vía que acabó con la I República Espa- ñola publicó en los periódicos madri- leños El Globo y La Democracia. Sus ar- tículos son de carácter diverso: de opinión, crítica literaria y artística; la crítica musical también tuvo su hueco con escritos sobre ópera y zarzuela que firmaba con sus iniciales o con el pseu- dónimo Davell. Emilio Castelar y Ri- poll (1832-1899) fue, sin duda, uno de los insignes escritores de la prensa ilus- trada de la época, sus publicaciones so- bre acontecimientos literarios, cientí- ficos e históricos encontraron en este me- dio un lugar privilegiado desde el que difundió sus opiniones; en sus páginas, el análisis de la literatura de su tiempo tuvo siempre un lugar destacado y des- de ellas puede ser estudiada la evolu- ción de las ideas estéticas y las formas literarias. Se ha de recordar la publica- ción en La Ilustración Española de Re-

cuerdos de Elda o las fiestas de mi pueblo en

1879. Domingo Tomás Vera Maestre (1850-1904) realizó colaboraciones en la prensa eldense como El Bien General (1886), El Vinalapó (1902-1904) y El Cen-

tenario (1903-1904); sus primeros artí-

culos en la prensa alicantina aparecie- ron en 1878 en La Provincia en los que abordó temas políticos de carácter local y nacional; a lo largo de 1883 aparecie- ron publicaciones suyas en El Eco de la

provincia y El Periódico para todos. José

Payá Pertusa (1853-1925?), cultivó la amistad de Manuel Rico García quien le dedicó un apartado importante en su Ensayo biográfico y bibliográfico de es-

critores de Alicante y su provincia. La Co-

rrespondencia Militar, fundada en 1877,

acogió las publicaciones de este mili- tar de prestigio a partir de 18827en que

se publicaron artículos de opinión como

«El fomento de la Marina de Guerra» e

incluso cuentos como La Nochebuena

del Soldado. El periódico eldense El Bien General recogió su colaboración sobre la

figura de Antonio del Val el 10 de mar- zo de 1887. Realizó colaboraciones para

El empleado cívico militar y fue el funda-

dor de Los destinos civiles, el 1 de abril de 1890. Cabe destacar el artículo que con el título «Elda y Castelar» (1899) apareció en la publicación Recuerdos de Elda o Las

Fiestas de mi pueblo al que Azorín hizo

referencia en sus escritos sobre el ilus- tre tribuno. Ricardo Pérez Pomares (1859-1887), abogado, escritor y poeta romántico «sentimental» fue el funda- dor de El Bien General8; publicó sus ar-

tículos con el seudónimo de Aroldo y tra- tó temas diversos de interés general; sus artículos aparecieron en otros periódi- cos como El Termómetro de Monóvar y

El Novel de Novelda; además, el periódico El Eco de la Provincia de Alicante recogió

en 1883 su artículo de carácter históri- co: «Disertación histórica sobre un acon- tecimiento de la provincia de Alicante: Alicante en 1812». Manuel Payá Pertu- sa (1862-1947) publicó sus artículos de carácter filosófico /moralizante en El

Bien General de Elda durante los años

1886-1887 y en el periódico eldense El

Vinalapó durante el bienio 1902-1904.

Francisco Sempere Maestre (1867-1935) utilizó la prensa como medio de pro- paganda de las ideas republicanas y so- cialistas, como solía ser frecuente en la prensa de la época: es el denominado ge- néricamente «periodismo de combate». Sus artículos aparecieron publicados en el madrileño La República, y desde 1891en los periódicos alicantinos: El

Ciclón, El Clarín, La Correspondencia de Alicante, El Noticiero, El Pueblo Republi- cano, Heraldo de Alicante. Parece ser que

no firmaba sus artículos o lo hacía con seudónimos no identificados hasta aho- ra, según indica Alberto Navarro.

Los articulistas eldenses partici- pan de las características de la prensa del siglo: fundamentalmente difusora de ideas políticas y culturales. Se trata de que la palabra llegue cada vez con ma- yor nitidez a un pueblo todavía iletra- do pero con inquietudes despiertas y prestas a entrar en acción como prue- ba la Historia de la época.

Teatro

El teatro de la primera mitad del si- glo se hizo eco de la concepción des- garrada y dramática del espíritu ro- mántico, convirtiéndose en uno de los géneros más característicos. Sobre todos los géneros triunfó el drama aunque se siguió cultivando la comedia. Nació en Alemania con Schiller. En España su aparición fue tardía, se produjo en 1834 con el estreno de La Conjuración de

Venecia, de Martínez de la Rosa y pervivió

escasamente quince años. Se puede ha- blar de la obra de José Zorrilla, Traidor,

inconfeso y mártir, de 1849, como último

ejemplo. Temas, personajes, esceno- grafía, recursos formales y finalidades se muestran como características ge- nerales del teatro romántico, donde el tema fundamental es el amor; más allá del bien y del mal, los amantes aspiran a la unión perfecta, pero es un sueño im- posible. Unidos a este tema aparecen el azar, la libertad, la rebeldía política o moral, las pasiones ilícitas o la ven- ganza. A veces la falta de profundidad dramática en el planteamiento del tema es compensada por una gran habilidad para construir la intriga. Entre los per- sonajes sobresale por encima de todos el héroe del que destaca su origen des- conocido, el misterio que envuelve su persona, su amor a la libertad, su bús- queda de la felicidad y la inevitable des- gracia que acaba con sus sueños. De la heroína que lo acompaña destacamos su inocencia, dulzura y la intensidad de su pasión. Alrededor de ellos los de- más personajes parecen existir sólo para oponerse al amor de la pareja protago- nista o para asistir, impotentes, a la destrucción final. La escenografía es muy importante en el teatro románti- co; tienen predilección por panteones, paisajes abruptos y solitarios, mazmo- rras, riscos y montañas, etc. Frente a la ausencia de acotaciones en el teatro neo- clásico, abundan aquí tanto las que se re- fieren a la escenografía como a las ac- titudes de los personajes. La esceno- grafía no es un simple marco de acción sino que cumple una función dramática importante. Entre los recursos forma- les, atendiendo a la libertad como prin- cipio artístico, el teatro romántico re- chaza todas las reglas, busca reflejar lo grotesco de la realidad más que la ve- rosimilitud, mezcla lo trágico y lo cómico y la prosa y el verso en todas sus va-

riantes métricas. Se rompen las unida- des aristotélicas de tiempo y lugar, la complicada intriga requiere cambios constantes de lugares escénicos; res- pondiendo todo ello a una estructura dinámica de la acción. El número de actos varía entre tres, cuatro y cinco; a veces se les da el nombre de jornadas en un claro entronque con el teatro na- cional del Siglo de Oro. Son también uti- lizados elementos efectistas como in- tensificadores del clima trágico para producir sorpresa, horror y todo tipo de efectos teatrales. La finalidad última es conmover al espectador, llegar a su fi- bra más sensible, hacerle reír y llorar. Se toman elementos del teatro del Siglo de Oro, intensificando la pasión amorosa; la Historia aparece como telón de fon- do, pero sólo captan la anécdota, el de- talle de lo pintoresco, no su esencia ver- dadera. El desenlace siempre es trágico: la destrucción del individuo por el mun- do en la línea de la fatalidad románti- ca. Coincidimos con Juan A. Ríos9en que

las obras de Juan Rico y Amat, tanto

Los misterios de palacio (1852) como la

obra teatral en prosa ¡¡¡El miércoles!!! (1864) muestran los tópicos del teatro de la época si bien esta última obra es un juego teatral destinado a hacer reír al espectador. Conspirar con buena suer-

te (1853) recoge las características tipo

del género teatral en Juan Rico y Amat que queda inscrito en una especie de interregno en el que las corrientes lite- rarias no están bien definidas, esto es, se encuentra a caballo entre las carac- terísticas del Romanticismo y las de la Alta comedia o comedia burguesa que adquirió toda su fuerza durante la Res- tauración. Sin embargo, nos encontra- mos ante un autor que plasma todos los rasgos que perviven del teatro romántico, se trata de un autor de género que man- tiene los esquemas de la comedia neoclá- sica y la de costumbres. En definitiva son obras que mezclan el costumbrismo con la moraleja final, tal es el caso de La

escuela de las madres (1859), Vivir sobre el país (1863), El mundo por dentro (1863)

y La belleza del alma (1864). Juan Rico y Amat se convirtió en apologista de la monarquía isabelina en Costumbres po-

líticas (1855) obra que muestra una sá-

tira de la vida política de entonces teñida de rasgos reaccionarios y demagógicos.

El infierno con honra (1870), zarzuela

bufo-político-social en tres actos, es un ataque frontal contra la Revolución de

1868, presentada como fuente de to- dos los males que acucian al país.

La obra teatral de Francisco Laliga Gorgues (1861-1928) ha sido estudia- da por Alberto Navarro Pastor10quien

señala que debido a «lo escaso de la producción teatral de Francisco Lali- ga que ha llegado a nosotros (De los in-

convenientes de no hablar claro (1876) y El hijo de las lagunas (s.f.) no es posible va-

lorar la importancia de su obra si se desea hacerlo con estricta objetividad». Si bien De los inconvenientes de no hablar

claro queda calificada como una obrita

de juventud; diferente es el caso de El hijo

de las lagunas que reúne las característi-

cas propias de los dramas románticos arriba citadas que perviven en el tiem- po a pesar de que el movimiento ro- mántico se había extinguido dando paso al Realismo y al Naturalismo cu- yas características no serán recogidas por el autor eldense que, o bien no se sen- tía identificado con las nuevas corrientes, o quizá las desconocía. Otras obras de Francisco Laliga fueron: La felicidad con-

siste en la virtud, Esclavos del corazón, Un

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