El número tan elevado de mili- tancia obrera anarcosindicalista, 3.350 en edad de trabajar, y 30 socialistas de una población total de poco más de
8.000 habitantes en 1919, no tenía una representatividad política efectiva en el Ayuntamiento, pese a que en 1890 se implantó el derecho al voto en la elec- ción de concejales para todos los va- rones mayores de veinticinco años que se hallasen en el pleno goce de sus de- rechos civiles y fuesen vecinos del mu- nicipio con al menos dos años de resi- dencia. Y, además, la real orden del 2 de octubre de 1903 concedió el derecho a ser elegible en las poblaciones mayores de 400 vecinos a los electores que, ade- más de llevar cuatro años de residencia en el término municipal, estuviesen sujetos al impuesto de cédulas perso- nales hasta la clase décimo primera in- clusive. Anteriormente, el derecho a ser elegible se determinaba según las cuotas de contribución directa por in- muebles e industrias. Esto significa que las organizaciones políticas del movimiento obrero tuvieron la posi- bilidad legal de elegir candidatos obre- ros a concejales para los ayuntamien- tos a partir de 1903. Ese mismo año, el Ayuntamiento de Elda había dividido el distrito municipal en cuatro seccio- nes con fines electorales.
Los anarcosindicalistas eran apo- líticos y rechazaban la participación de los obreros en las elecciones políti- cas mientras que los socialistas eran partidarios de la competencia electoral; pero el sistema político de la Restau- ración controlaba perfectamente el ac- ceso a la Alcaldía pese a los cambios de la Ley de sufragio universal mascu- lino de 1890 y la real orden de 1903 sobre elegibles ya citadas, y la poste- rior Ley de 1907 que pretendía apartar a las autoridades municipales del pro- cedimiento electoral cambiando la com- posición de la junta municipal del cen- so electoral. Toda esta legislación afec- taba sólo a la elección de concejales. La facultad de nombrar al alcalde era del Gobierno en los municipios ma- yores de 6.000 habitantes, capitales de provincia o cabeza de partido judicial, según la Ley municipal vigente de 1877, la cual no se reformó pese a la moder- nización y los cambios sociales experi- mentados por el país. Más aún, el Go- bierno podía suspender a los alcaldes, tenientes de alcalde y concejales por causa grave y nombrar concejales en el supuesto de vacancia de la tercera par- te del número de concejales del Ayun- tamiento. Esto significa que el poder Publicidad de «Rodolfo
Guarinos, S.A.» La industria del calzado se consolidó como la principal actividad económica de Elda durante las décadas iniciales del siglo XX (Archivo EMIDESA).
municipal de Elda dependía más de los vaivenes del Gobierno español que de las elecciones municipales.
Elda no fue una excepción a las in- tervenciones gubernativas fruto de la inestabilidad política española y de la crisis del sistema de la Restauración que vivió el país en la década de 1910. El jefe liberal Manuel Beltrán Aravid, que se había incorporado a las filas del li- beralismo a principios del siglo XX procedente del republicanismo caste- larino, ocupó la Alcaldía el 1 de enero de 1910, tras las elecciones municipa- les de 1909, y el gobernador civil lo de- puso el día 22 del mismo mes tras de- clarar nulas las elecciones y nombró como alcalde a José Joaquín González Payá. Más tarde, Manuel Beltrán fue repuesto en el cargo el 12 de agosto de 1910 mediante una real orden; pero dimitió y dejó la alcaldía en manos de José Joaquín Gonzalez Payá.
Tras las elecciones municipales de 1913, el nuevo Ayuntamiento electo tomó posesión el 1 de enero de 1914, pero el gobernador civil comunicó en el mismo acto el procesamiento y sus- pensión de cinco concejales electos, que abandonaron los escaños, y el nom- bramiento de sus sustitutos, que no comparecieron. El 6 de enero se dejó sin efecto la orden gubernativa, los con- cejales fueron repuestos y el alcalde li- beral Francisco Alonso Rico y sus te- nientes de alcalde dimitieron. Los con- cejales eligieron como nuevo alcalde a José Catalán Gras; pero el gobernador civil anuló las elecciones el 9 de enero y nombró nuevos concejales interinos y alcalde a Emérito Maestre. Las elec- ciones municipales se repitieron el 3 de mayo; pero, finalmente, una real or-
den repuso en el cargo de alcalde a José Catalán Gras y a los concejales electos de 1913.
En 1917 se produjo otra situación semejante. El alcalde de entonces, José Joaquín González Payá, fue depuesto y procesado junto a sus concejales por el gobernador civil el 2 de octubre de 1917, que nombró nuevos concejales y asumió la Alcaldía el conservador Joa- quín Coronel Rico. La Audiencia Pro- vincial de Alicante levantó la suspensión de los concejales anteriores, que recu- peraron sus cargos el 25 de diciembre de 1917, y fue nuevamente alcalde José Joaquín González Payá, que sólo ocu- pó la Alcaldía hasta el 5 de enero de 1918 en que tomó posesión el nuevo Ayuntamiento electo en las últimas elecciones y asumió la Alcaldía Manuel Beltrán Olcina tras una sesión de in- vestidura complicada en la que tuvo que intervenir la Guardia Civil.
La constante intervención guber- nativa en el Ayuntamiento de Elda no era fruto solamente de los vaivenes de la política del Gobierno español sino de la disputa local entre las viejas y nue- vas oligarquías y entre los miembros de los partidos del turno que querían asumir las jefaturas de los grandes ca- ciques ya fallecidos o retirados de la política activa. El jefe del Partido Con- servador José Joaquín González Amat se retiró de la política por motivos de salud en 1914 y el jefe del Partido Liberal Manuel Beltrán Aravid falleció en 1915. El viejo jefe del Partido Conservador Vicente Maestre Sempere no consiguió resolver los problemas internos y fa- lleció en 1920. Los conservadores que intentaba agrupar bajo su jefatura Joa- quín Coronel y los liberales que inten-
A partir de los años veinte, el número de automóviles en Elda se incrementó de forma notable, como reflejo del aumento del nivel de consumo burgués y de las necesidades de la industria (Revista Fiestas Mayores).
taba agrupar Francisco Alonso entra- ron en una dinámica de descomposición interna y enfrentamientos. En un in- tento desesperado para conseguir la unidad de los conservadores, Joaquín Coronel acompañó a José Antonio Ca- nals, hijo del jefe conservador provin- cial Salvador Canals, a Madrid para aceptar la jefatura de Juan de La Cier- va en mayo de 1921, antiguo enemigo de Salvador Canals. Curiosamente, Joa- quín Coronel, que había ocupado la Alcaldía de Elda el 12 de agosto de 1919, fue suspendido por orden gu- bernativa el 27 de noviembre de 1921 y lo sustituyó José Catalán Gras.
Al margen de los dos partidos del turno, que tenían numerosos problemas entre ellos y principalmente internos, surgieron los socialistas, que ya hemos visto y que presentaron candidaturas concejiles muy débiles a las elecciones municipales sin éxito, y el Partido Re- formista creado en 1913, que empezó a actuar en Elda a partir de 1914 bajo la jefatura de Manuel Maestre Payá. Su órgano semanal de expresión era El Re-
formista, dirigido por el mismo Manuel
Maestre.
Elda era una localidad con una tra- dición republicana castelarina muy marcada. La agonía de los posibilistas republicanos castelarinos de finales del siglo XIX empujo a los principales políticos castelarinos de la localidad
(Beltrán y Rico) a ingresar en las filas del liberalismo. Ello dejó un vacio po- lítico en el campo republicano que fue aprovechado por los creadores de la Federación Republicana de corte fede- ralista de 1901 para iniciar una campaña propagandística en Elda, donde los dis- cursos de Alejandro Lerroux y Vicente Blasco Ibáñez causaron una notable fascinación a principios del siglo XX. Mientras los republicanos federalistas causaban esta fascinación, el canale- jismo liberal se expandió en 1903 entre los viejos republicanos como Francis- co de Paula Rico que presidió el comi- té local canalejista, el mismo Francis- co de Paula que años antes había pre- s i d i d o e l C a s i n o R e p u b l i c a n o inaugurado en Elda el 10 de septiem- bre de 1899. Alejandro Lerroux rema- tó su labor propagandística en un mi- tin pronunciado en el Teatro de Castelar el 16 de enero de 1911. Sin embargo, la implantación definitiva del nuevo re- publicanismo vino de la mano del re- formismo de Melquíades Álvarez, a quien siguió el político local ya citado Manuel Maestre Payá. El Partido Re- formista consiguió su primer escaño municipal en el Ayuntamiento de 1915. Coincidiendo con el fallecimiento de Manuel Maestre Paya en octubre de 1918, José Maestre Vera reorganizó las fuerzas republicanas lerouxistas el- denses en el Partido Republicano Ra- dical, que publicó el periódico La Lucha como órgano del partido en 1920. Fi- nalmente, el Círculo Republicano se inauguró el 11 de febrero de 1922. Todo ello es una prueba irrefutable de la pu- janza alcanzada por el republicanismo en la localidad durante la década de 1910 y que el republicanismo era un rival político con garantías de éxito su- ficientes frente a los partidos tradi- cionales del turno liberal y conservador.
Los años de la dictadura de
Primo de Rivera
No hay duda de que el régimen de la Restauración atravesaba una crisis irreversible a principios de la década de 1920. Su sistema político del turno de partidos ya no funcionaba, las fuer- zas políticas alternativas republicanas y, en menor medida, las obreras gana- ban terreno a los partidos del turno, que se descomponían por enfrentamien- tos internos, y, para colmo de colmos, Redacción del periódico Idella,
en la segunda mitad de los años veinte (Archivo EMIDESA).
la Guerra de Marruecos sufrió un duro golpe en 1921 con la masacre de la tro- pa española. El golpe de Estado del ge- neral Primo de Rivera de 23 de sep- tiembre de 1923 fue acogido en los am- bientes eldenses más partidarios del orden tradicional como regenerador y fórmula que resolvería la crisis del sis- tema de la Restauración y los peligros que la acechaban: el republicanismo y la revolución obrera.
Lo primero que hizo en materia de ayuntamientos el nuevo Gobierno de- nominado Presidencia del Directorio Militar fue cambiar la Ley municipal de 1877 con el real decreto del 30 de sep- tiembre de 1923. El decreto dispuso el cese de todos los concejales de los ayun- tamientos constitucionales y su reem- plazo instantáneo por los vocales aso- ciados del mismo Ayuntamiento. El al- calde y los demás cargos municipales serían elegidos en votación secreta en- tre los vocales asociados posesionados de los cargos de concejales y el acto de la elección estaría presidido por la au- toridad militar. El requisito para ser vocal asociado era poseer título profe- sional, ejercer industria técnica o pri- vilegiada o ser mayor contribuyente. Las vacantes se cubrirían por sorteo. En esencia, se recuperaba el sistema censitario del siglo XIX ampliado con las capacidades profesionales.
El golpe de Estado se produjo cuan- do era alcalde de Elda el liberal Francisco Alonso Rico, que había accedido a la Al- caldía el 1 de abril de 1922. El decreto mencionado se aplicó en Elda el 2 de oc- tubre de 1923. La sesión fue presidida por el comandante del puesto de la Guardia Civil Juan Gómez Navarro. La autoridad militar cesó a todos los con- cejales y al alcalde mediante una or- den de la superioridad y tomaron po- sesión como concejales los vocales aso- ciados de la Junta Municipal, que eligieron como alcalde a Enrique Vera Gras.
Un nuevo real decreto de 20 de oc- tubre de 1923 creó la figura de dele- gados especiales de los gobernadores ci- viles en las cabezas de partidos judi- ciales para ayudar a los ayuntamientos. El 15 de febrero de 1924, el delegado gu- bernativo cesó al alcalde Enrique Vera y comunicó el nombramiento como nuevo alcalde del teniente coronel re- tirado Francisco López Pérez, que per- maneció en el cargo hasta su falleci-
miento el 29 de enero de 1927. Acto seguido, ocupó la Alcaldía Pablo Maes- tre Sirvent, que fue sustituido por el an- tiguo alcalde liberal Francisco Alonso Rico el 3 de diciembre de 1927. Francisco Alonso gobernó el municipio hasta el 26 de febrero de 1930.
Los gobiernos de la Dictadura in- tentaron desarrollar una política in- tensa de obras públicas y pacificar la conflictividad social para generar ac- tividades económicas y empleo. Algu- nos frutos de esta política fueron el
Semanario El Tirapié, de 1928 (Alberto Navarro: La prensa
periódica en Elda).
Boletín informativo del Ayuntamiento de Elda en 1930 (Alberto Navarro: La prensa
puente del camino de la Estación inau- gurado en 1927 y los edificios del Par- que de Bomberos, Gota de Leche y Dis- pensario de la Cruz Roja y la primera piedra del Grupo Escolar colocada el 9 de febrero de 1930 para resolver las ne- cesidades educativas de los niños de la ciudad, cada vez más numerosos y de- satendidos. También hay que sumar las obras de ampliación de la ciudad, la construcción de casas de lujo a través de la sociedad de casas de lujo Ciudad Vergel constituida en 1926 y la cons- trucción de las grandes fábricas de cal- zado de Rodolfo Guarinos Vera al final de la calle de la Purísima y la de Manuel Maestre Gras en la partida de Chapitel. Los empresarios también se organiza- ron con la creación de una Federación de Fabricantes de Calzado de Elda y Petrer, prueba evidente del germen de la conurbación Elda-Petrer que se estaba gestando con diversos polos de atrac- ción. Todo ello reactivó la economía de la ciudad y atrajo nuevamente po- blación. Elda paso de tener 8.078 ha- bitantes en 1920 a 13.445 en 1930.
En el terreno político, la Dictadu- ra intentó construir un partido políti- co único, la Unión Patriótica, que en Elda contó con la participación desta- cada de Antonio Rico Solares y del ex- liberal Francisco Alonso Rico a partir de 1926, lo cual explica su acceso a la Al- caldía en 1927. La dictadura fracasó de- finitivamente el 29 de enero de 1930, en que dimitió el dictador, y con ella la Unión Patriótica y la misma monar- quía de Alfonso XIII. La Dictadura, con su esfuerzo para crear la Unión Patrió- tica con los políticos descontentos del Partido Liberal y del Partido Conser- vador, lo único que consiguió fue des- componer definitivamente los viejos partidos del turno de la Restauración, que ya estaban muy divididos durante los años anteriores al golpe de 1923. Es más, la Dictadura duró tiempo su- ficiente para que dejasen de existir al- gunos de los últimos viejos políticos del turnismo decimonónico que podían haber intentado relanzarlo, como el an- tiguo jefe eldense romerista del Partido Conservador José Maestre Vera falleci- do en 1926, y, con ellos, su proyecto político de la Restauración.
Paralelamente a la descomposi- ción de los partidos del turno, duran- te los años de la Dictadura, ganaron fuerza el republicanismo y el socialis-
mo, este último consentido por la Dic- tadura y favorecido por la persecución implacable del régimen contra los anar- cosindicalistas cuyos sindicatos que formaban la CNT se disolvieron en 1924. En 1927 se constituyó la Juven- tud Socialista en Elda con 17 afilia- dos. En enero de 1928, el socialista Ro- dolfo Llopis habló en Elda, donde ha- bía 34 af iliados a la Agrupación Socialista Local entre los que sobresa- lía Luis Arráez Martínez, candidato del PSOE en las elecciones municipales de Elda en los años veinte. En 1930, mien- tras que la CNT trataba de reorganizarse, la UGT había conseguido ya la adhe- sión de 6 sociedades obreras en Elda.
En mayo de 1928, Marcelino Do- mingo pronunció una conferencia en el Circulo Republicano y el Partido Re- publicano Radical Socialista, creado por Marcelino Domingo y Juan Bote- lla Asensi entre otros políticos escin- didos en 1929 de la Alianza Republicana, encontró rápidamente seguidores en Elda. De hecho, en 1930, Vicente Gil Al- caraz representaba a los eldenses en la junta provincial del nuevo partido. Además, entre 1926 y 1930, se publicó el semanario literario, cultural y artís- tico Idella con un director y redactores simpatizantes de los republicanos.
El final de la Dictadura y de la Mo- narquía de Alfonso XIII estuvieron mar- cados por la conflictividad social. En una fecha tan temprana como agosto de 1927, hubo una huelga del calzado en las fábricas eldenses de Antonio Por- ta y Joaquín Vera, que se saldó con de- tenidos y un acuerdo precario. Pero el año más conflictivo fue 1930, el año de la intentona republicana de Jaca que costó la vida a García Hernández y Fer- mín Galán. En Elda, hubo una huelga general en marzo y abril de 1930, pero la más violenta fue la huelga de di- ciembre. Los obreros controlaron la población entre el 15 y 18 de diciembre de 1930 y tuvo que intervenir la Le- gión para restablecer el orden. Hubo de- tenidos y los legionarios tuvieron que permanecer varios días en la ciudad para garantizar su control. El alcalde de la ciudad en esos momento era el ve- terano político conservador Joaquín Coronel Rico, que había accedido a la Alcaldía el 2 de abril de 1930 para in- tentar salvar el régimen de la Restau- ración y permaneció en el cargo hasta el 12 de abril de 1931.
El 29 de enero de 1930 había di- mitido el dictador Primo de Rivera y el nuevo Gobierno presidido por el ge- neral Berenguer cesó a todos los miem- bros de los ayuntamientos de la Dic- tadura mediante el real decreto del 15 de febrero de 1930 y constituyó ayun- tamientos provisionales con los con- cejales anteriores al golpe de 1923 y mayores contribuyentes. El nuevo Ayun- tamiento de Elda se instaló el 26 de fe- brero presidido por José Martínez Sán- chez, a quien sustituyo Joaquín Coro- nel como acabamos de ver, e intentó desarrollar una actividad municipal transparente con la publicación del Bo-
letín del Excmo. Ayuntamiento de Elda a
partir de mayo de 1930 para publicitar su gestión municipal.