CHAPTER 3 Admission Standards and Student Effort: An Example 78
3.5 Conclusions 100
Bien por la opinión contraria que existía respecto a las cuestaciones entre la mayoría de los obispos neerlandeses y entre ciertos obispos alemanes, bien por las resistencias que habían emergido en ciertas diócesis del Reino Unido, Irlanda y Francia —París inclusive—, a finales de 1885 los preparativos del Jubileo sacerdotal en Europa avanzaban discretamente cuando no se encontraban suspendido. A menos que se lograse reconducir la situación, la celebración internacional del jubileo tal y como había sido proyectada se encontraba seriamente comprometida. Así, Acquaderni solicitó ser recibido por el cardenal Jacobini y monseñor Mocenni a fin de trasladarles
78 F. Spolverini a L. Jacobini, 9 enero 1886, ASV, Segr. Stato, a. 1888, rub. 1, fasc. 2, f.º 3, prot.
65415.
personalmente la situación en el cual se encontraba la organización del jubileo en Europa y solicitarles «l’appoggio morale della Segreteria di Stato, altrimenti non potremo raggiungere l’esito che ci vi promettemmo».80 A tenor de los tres nuncios a los cuales
Jacobini remitió sendos despachos el mismo día de su encuentro con Acquaderni, los países donde apremiaba desencallar los preparativos eran España, Bélgica y los Países Bajos.
Non so in quanto siavi di vero in un tale supposto. Ad ogni modo io lo deduco a notizia di V. S. Illma. e Rma. affinchè, con quei delicati modi, che Le son propri, e come da se, vegga di spronare il Vescovo a favorire la impresa della Commissione ed a cooperare a che il risultato riesca quantopiù e possibile solenne ed universale.81
El mismo día que Acquaderni dejó Roma, el cardenal Jacobini remitió tres despachos a los nuncios de Madrid y Bruselas y al internuncio de La Haya instándoles a lograr la adhesión de los obispos al proyecto de Acquaderni. Según este, la raíz del problema se encontraba en su limitada capacidad personal para movilizar a los obispos, inherente a su condición de laico. En ningún momento cuestionó la idoneidad de los métodos empleados en la promoción del jubileo. Para hacer frente a este problema, Acquaderni le propuso a monseñor Mocenni la incorporación a la comisión general de un prelado de prestigio que fuese capaz de «prender una parte attiva nelle relazioni coi Vescovi».
El ofrecimiento al cardenal Schiaffino de la presidencia honoraria del Jubileo sacer- dotal pretendía capitalizar su influencia sobre el papa, ampliamente notoria, y su conocida opinión conciliadora para atraer definitivamente a los católicos liberales reticen- tes a impulsar un proyecto con evidentes connotaciones ultramontanas. Al situar al cardenal Schiaffino al frente del jubileo, Acquaderni se aliaba con la posición del catoli- cismo que tanto había combatido desde su años de activismo intransigente.
Los rumores sobre la incorporación en forma de presidente honorario no pasaron desapercibidos en la curia romana, donde el poderoso cardenal Lucido Maria Parocchi, vicario general de Roma, no ocultó sus deseos por obtener dicho cargo. Durante el ponti- ficado de Pío IX, Parocchi se había alineado con las posiciones más intransigentes de la curia romana, aunque adoptando siempre un perfil bajo, propio de una personalidad vo-
80 G. Acquaderni a M. Mocenni, noviembre 1885, ASV, Segr. Stato, a. 1888, rub. 1, fasc. 1, f.º
228, prot. 64770.
81 L. Jacobini a M. Rampolla, 17 noviembre 1885, ASV, Segr. Stato, a. 1888, rub. 1, fasc. 1, f.º
luble y astuta. Con León XIII, Parocchi había templado sus opiniones sin llegar a abra- zar abiertamente la corriente moderada. Su ambiciosa personalidad le había convertido en el cardenal con más cargos honorarios de la curia, como prueba el hecho de que fuese patrón de más de treinta instituciones eclesiásticas, mayoritariamente localizadas en Ro- ma.82 Así que, a pesar del carácter honorario del cargo, el nombramiento le podría
brindar la oportunidad de extender su influencia y notoriedad al resto de Italia y, sobre todo, al extranjero.
A pesar de los deseos manifestados por el cardenal Parocchi, Acquaderni no cambio de parecer respecto al prelado que necesitaba la organización del jubileo: el cardenal Pla- cido Maria Schiaffino. Esta decisión debe examinarse en el contexto de las orientaciones ideológicas de la curia romana, donde el cardenal era tenido por un moderado.
En el transcurso de audiencia al comité romano poco después de la designación ofi- cial de Schiaffino, el papa reiteraría su satisfacción por la elección del cardenal.83 Su
designación habría de contribuir a proyectar una nueva imagen de una comisión general presidida por Acquaderni, quien todavía continuaba teniendo mala prensa entre los cató- licos liberales como queda reflejado en una carta del canónigo agustiniano Arcangelo Lolli al propio Schiaffino: «Debbo dirle in confidenza che il nome dell’Acquaderni suona malissimo presso molti: qualcuno mi dice che se non fosse stato il nome di Vostra Emi- nenza, il poveretto avrebbe fatto fiasco questa volta.»84 A raíz de su nombramiento, el
cardenal Schiaffino inició una estrecha colaboración con Acquaderni, a quien prestaría su ayuda para resolver diversas cuestiones relacionadas con la organización del jubileo.85
La relación entre León XIII, el Jubileo sacerdotal y la Exposición Vaticana fue ha- ciéndose progresivamente más estrecha durante los años de preparativos. Tras los titubeos iniciales nada hubiera hecho imaginar la notoria apropiación que León XIII realizó del jubileo y la exposición en diversos documentos pontificios emanados en 1888.
82 Los cardenales que le iban a la zaga por el número de instituciones de las cuales habían sido
nombrados patronos eran el cardenal Raffaele Monaco La Valletta, Edward Howard y Gio- vanni Simeoni. El resto de cardenales eran patronos de una media de cinco institutos eclesiásticos. Véase La Gerarchia cattolica del año 1887.
83 Véase G. Acquaderni a P. M. Schiaffino, 23 julio 1886, Spogli, Placido Schiaffino, rub. 1, fasc.
B.
84 A. Lolli a P. M. Schiaffino, 5 febrero 1887, citada en Roberto Donghi, «Materiale per la co-
rrispondenza di Placido Maria Schiaffino nell’archivio dell’abbazia di Monte Oliveto Maggiore», en Placido Maria Schiaffino (1829-1889): Monaco e cardinale; Atti del X Incontro di Monte Oliveto 22-23 Settembre 1989 (Monte Oliveto Maggiore: Edizioni L’Ulivo, 1991), 233.
El 29 de junio de 1886, festividad de los Apóstoles Pedro y Pablo, el cardenal Schiaf- fino remitió una circular a través de la Secretaría de Estado y de la Sagrada Congregación De Propaganda Fide comunicando su designación como presidente hono- rario del jubileo:
L’E.mo Cardinale Schiaffino mi dice di pregare l’E.mo Sr. Cardinale di Stato, in
caso d’interpelanze di Vescovi, di avere la bontà di rispondere loro che se la sua nomina non venne ufficialmente dal Papa, il Papa sà e gradisce che egli sia il presidente onorario.86
Nacido en Génova en 1929, Placido Maria Schiaffino profesó en los benedictinos de Monte Oliveto en 1847, a la edad de 18 años, iniciando sucesivamente sus estudios, que cursaría entre Quarto (Génova) y Roma.87 En 1859 fue nombrado canciller por el
Capítulo General y en 1870 se convirtió en abad general de su congregación, cargo este ultimo que mantendría hasta su muerte. El mismo año de su elección al solio pontificio, León XIII lo nombraría presidente de la Academia Pontificia de los Nobles Eclesiásticos, una posición de significada relevancia en la curia romana. Exalumno de dicha academia y nuncio en Bruselas entre 1843 y 1846, el cardenal Pecci siempre fue reputado por persona diplomática, como demuestran los términos con los cuales se refería a él Léon Gambetta el mismo día de su elección en el conclave: «[…] more diplomat than priest […]».88 Al encomendarle la formación de sus futuros diplomáticos, León XIII estaba
mostrando la elevada confianza en las capacidades de Schiaffino, al cual debía de considerar un perfecto intérprete de su idea de relaciones internacionales.89 El control de
la oficina de comunicación de la Santa Sede había sido una de las primeros objetivos de
86 G. Acquaderni a M. Mocenni, 19 julio 1886, ASV, Segr. Stato, a. 1888, rub. 1, fasc. 2, f.º 130,
prot. 67627.
87 Véase Valerio Cattana, «Il cardinale Placido M. Schiaffino tra servizio alla Chiesa e alla Con-
gregazione di Monteoliveto (1870-1889): spunti per una biografia», en Placido Maria Schiaffino (1829-1889): Monaco e cardinale; Atti del X Incontro di Monte Oliveto 22-23 Settembre 1989 (Monte Oliveto Maggiore: Edizioni L’Ulivo, 1991), 50 y ss.
88 L. Gambetta a L. Léon, 20 febrero 1878, en Lettres de Gambetta, 1868-1882, eds. Daniel Halevy
y Emile Pillias (Paris, 1938), s/pág, citado en James E. Ward, «Leo XIII: “The Diplomat Po- pe”», The Review of Politics 28, n.o 1 (enero de 1966): 47.
89 El 28 de febrero de 1878, apenas una semana después de la elección del cardenal Pecci en el
cónclave, Schiaffino sería recibido en audiencia por el nuevo papa para tratar de la congrega- ción de la cual era abad. Una extraordinaria muestra de su aprecio personal por Schiaffino la constituye las primeras palabras que pronunció León XIII al recibirle en dicha audiencia: «Padre Schiaffino, mi sono fatto olivetano, mi volete come vostro novizio?». Archivio dell'ab- bazia di Monte Oliveto Maggiore, Carteggio Camillo Seriolo, citado en Cattana, «Il cardinale Placido M. Schiaffino», 53.
León XIII. En este sentido hemos de entender la fundación del periódico L’Aurora en enero de 1880, cuya dirección fue encargada al entonces obispo Placido Maria Schiaffino.
Schiaffino, recién creado cardenal en el consistorio de julio de 1885,90 era percibido
por sus contemporáneos un exponente de la tendencia moderada de la curia.91 Un elo-
cuente retrato del cardenal Schiaffino fue escrito por la precisa pluma de Juliette Adam, escritora y polemista francesa:92
Le cardinal Schiaffino, au contraire, est quelqu'un. Son éloquence, très remarquable, est bien à lui; ses opinions sont siennes, bien que conformes à celles du chef; mais on ne saurait dire qui des deux est le maître ou l'élève. C'est un actif ouvrier de la politique de conciliation, un prêcheur de la nouvelle doctrine. […] L'influence du cardinal Schiaffino est grande, c'est un convaincu. Il s'emploie de tout son cœur à servir l'Italie dans le Sacré-Collège, et, au conclave, ce sera un redoutable adversaire pour les ennemis de l'ordre de choses actuel.93
El cardenal Schiaffino tuvo una relación estrecha con los obispos Geremia Bonomelli y Giovanni Battista Scalabrini, a quienes les unió una amistad sincera alentada por una posición conciliadora. A raíz de la concesión del capelo a Schiaffino, monseñor Bonomelli le escribió confesándole que solo la conciliación entre la Santa Sede e Italia lograría evitar el ocaso del catolicismo y le expresó su esperanza en que el papa continuase realizando gestos que podrían, como la susodicha concesión, acercar posturas entre ambos, mientras que el camino contrario solo podría desembocar en la ruina de la religión. Monseñor Bonomelli le diría: «Ella che tra breve entrerà nei consigli del S.
90 En el consistorio de julio de 1885 también recibió el capelo Alfonso Capecelatro, un eclesiásti-
co bien considerado en la corte umbertina. Un año antes lo había recibido otro obispo bien relacionado con el rey, Guglielmo Sanfelice.
91 Véase al respecto Henri Des Houx, Souvenirs d’un journaliste français à Rome, 2.a ed. (Paris: Paul
Ollendorff, Éditeur, 1886), 84; Jean de Bonnefon, Le Pape de demain (Paris: E. Dentu, 1889), 87- 93; cf. Christoph Weber, Quellen und Studien zur Kurie und zur vatikanischen Politik unter Leo XIII (Tubingen: Max Niemeyer Verlag, 1973), 104.
92 Juliette Adam, 1836-1936, escritora y polemista francesa de ideología republicana y feminista,
su salón político y literario parisino fue un foco de oposición a Napoleón III por el cual pasa- ron emblemáticos nombres de la política y la literatura francesa, tales como Léon Gambetta, Adolphe Thiers, Gustave Flaubert y Victor Hugo. En 1879 fundó la revista y editorial Nouvelle revue, que dirigió durante los siguientes veinte años. Algunas de sus obras más significativas son: Idées antiproudhoniennes sur l’amour, la femme et le mariage (1858, con el seudónimo Juliette La Mes- sine), Laide (1878, con el seudónimo Juliette Lamber), La société de Rome (1887, con el seudónimo Paul Vasili) y Mes souvenirs, memorias en siete volúmenes (1902-1910).
Padre, potrà rendere servigii preziosi alla causa cattolica e all’Italia, che per noi non si debbono, non si possono separare, come taluni vorrebbero.»94
El cardenal Schiaffino se había mostrado aceradamente crítico con el óbolo de San Pedro, que era objeto de persistentes críticas entre los católicos liberales. Uno de los má- ximos detractores del óbolo, Antonio Stoppani, lo denominó «danaro di Giuda e di Simon Mago; monopolio ed arma potente in mano degl'intransigenti».95 Los acuciantes
problemas financieros del papa lo habrían llevado, según Stoppani, a dejarse manipular por los intransigentes. Si damos crédito a un testimonio publicado en el periódico Il Nuovo
Rosmini, dirigido por Stoppani, el cardenal Schiaffino también se habría referido en cierta
ocasión al óbolo como «il denaro di Giuda».96 La presencia de la colecta del óbolo, ade-
más de la limosna para la misa jubilar, en el programa del jubileo debió de significar un mal menor para Schiaffino, a cuya inteligencia perspicaz no se le escaparía las grandes posibilidades que ofrecía la presidencia honoraria.
94 G. Bonomelli a P. M. Schiaffino, 26 junio 1885, citada en Donghi, «Materiale per la corris-
pondenza di Placido Maria Schiaffino», 197-8.
95 El elocuente fragmento del cual procede la citación es el siguiente: «L'obolo di S. Pietro, ques-
ta nella mente, nel cuore e nell'intenzione dei pii fedeli istituzione provvida e santa, che odora i più bei tempi della chiesa primitiva, quando i fedeli si facevano un dovere e una gloria di provveder spontaneamente e largamente ai bisogni temporali dei ministri del Vangelo; l'obolo di S. Pietro, unica risorsa accettata dal Pontefice raccomandata dai Vescovi per provvedere all'inopia del Padre di tutti i fedeli, supplendo alle rendite cessate, divenne pur troppo [sic], per molta parte, denaro di Giuda e di Simon Mago; monopolio ed arma potente in mano de- gl'intransigenti, che confidarono, gli iniqui! di avervi trovato un sicuro espediente per assicurarsi il patrocinio e le compiacenze del Papa, punto atterriti della sacrilega idea si assog- gettare il Papato ad un nuovo genere di umiliante servaggio, ben più triste ed ignominioso di quello sopportato per tanti secoli prima e dopo Gregorio VII […].» Antonio Stoppani, Gl’intransigenti alla stregua dei fatti vecchi, nuovi e nuovissimi: note postume ad un’Appendice sull’Indirizzo del Clero Italiano al Papa nel 1862 (Milano: Fratelli Dumolard Editori, 1886), 195.
96 El fragmento del artículo es el siguiente: «In altra occasione, il cardinale Schiaffino conversava
con altro illustre ecclesiastico tuttora vivente. Il discorso cadde sulle arti che adoperavano gli intransigenti per impossessarsi dell'animo del S. Padre e piegarlo ai loro intenti, servendosi come di un mezzo di lusinga o di minaccia, specialmente dell'obolo di S. Pietro. A questo pun- to mons. Schiaffino (allora era soltanto arcivescovo) interruppe con queste precise parole: L'obolo di S. Pietro è il denaro di Giuda.» «Il cardinale Schiaffino», Il Nuovo Rosmini: periodico scientifico e letterario, 1889.