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CHAPTER 3 Admission Standards and Student Effort: An Example 78

3.4 Extensions 95

La organización en los Países Bajos tuvo de sortear las dificultades impuestas por la condición minoritaria del catolicismo y el secular enfrentamiento con el protestantismo,74

condiciones que habían contribuido a configurar el marcado carácter autónomo de los obispos neerlandeses tras la restauración de la jerarquía católica en el país en 1853. En todo caso, el establecimiento de un comité nacional en los Países Bajos fue un asunto por el que Acquaderni había mostrado un interés especial, como pone de manifiesto que ya en noviembre de 1884 escribiera al internuncio en La Haya Francesco Spolverini solicitándole el nombre de un católico con el suficiente prestigio para encomendarle la formación del comité nacional, es decir, antes de haberse formado incluso la comisión general. El internuncio arguyó la imposibilidad de señalar un nombre que pudiera y quisiera asumir dicha tarea, dado que el carácter eminentemente provincial de las asociaciones impedía la existencia de líderes influyentes en todo el país.75 De modo que

monseñor Spolverini sugirió el nombre de Petrus Mathias Snickers, arzobispo de Útrecht. Contrario al modelo de Iglesia interesada en influir políticamente sobre la sociedad, el arzobispo Snickers se había mostrado sensible a los problemas puestos por la industrialización y abogaba por reconocer el valor de los trabajadores en el diálogo entre Iglesia y sociedad. Sus contemporáneos resaltaban su capacidad intelectual y lo definían

74 Para una buena síntesis sobre el conflicto entre católicos y protestantes en los Países Bajos,

véase Altermatt, Metzger, y Wintle, «Protestant Dominance and Confessional Politics: Switzerland and the Netherlands».

75 Véase F. Spolverini a L. Jacobini, 13 marzo 1885, ASV, Segr. Stato, a. 1888, rub. 1, fasc. 1, f.º

como un «wise judge of human nature».76 Tras haberle tenido conocimiento de que

monseñor Snickers se encontraba en Roma con un grupo de peregrinos, Acquaderni le pidió a la Secretaría de Estado que se aprovechase la ocasión para informarle de los preparativos del Jubileo sacerdotal del papa. No hemos logrado averiguar si finalmente se le llegó a informar.

Puesto que el año 1885 había sido en buena medida improductivo para la organiza- ción del jubileo en los Países Bajos, Acquaderni consideró oportuno desplazarse hasta él para conocer de primera mano los problemas que amenazaban su proyecto.77 De este

modo, a comienzos de enero de 1886, viajó hasta La Haya, donde pudo entrevistarse con el internuncio Spolverini, quien le trasladó que el principal obstáculo lo ponían los pro- pios obispos al mantenerse firmes en su propósito de no dar comienzo a los preparativos. Monseñor Snickers había declarado desafiante que para iniciar los preparativos del jubi- leo sería necesaria una orden del prefecto de la Sagrada Congregación De Propaganda Fide, congregación de la cual dependía el episcopado neerlandés. Esta negativa ponía de manifiesto las dificultades que enfrentaba la Secretaría de Estado al trata de actuar de manera homogénea la línea política de la Santa Sede. La acción diplomática a través del establecimiento de concordatos y nuncios mostraba sus limitaciones frente las limitacio- nes inherentes al desempeño de las funciones representativas ante el clero local. La carta enviada por el secretario de Estado Ludovico Jacobini al periódico español El Siglo Futuro permitió comunicar públicamente la nueva doctrina que ampliaba cualitativamente la ju- risdicción de los nuncios, convirtiéndoles en auténticos intermediarios entre las iglesias locales y el papa.

A pesar de todo, Acquaderni quiso tratar de persuadir al arzobispo Snickers sobre la importancia de una celebración conjunta de todo los católicos del mundo. En compañía del auditor de la nunciatura Antonio Baroncini se dirigió a Utrecht, donde pudo com- probar personalmente la hostilidad del arzobispo Snickers, que se negó a establecer un comité dependiente de la comisión general argumentando el deseo de preservar su inde- pendencia con respecto a Roma. La tenaz oposición no debió de haberle sido ajena a monseñor Spolverini, pues había hecho caso omiso de la petición del Secretario de Esta- do de tratar de persuadir al arzobispo de sumarse a los preparativos para el jubileo y la

76 L. J. Rogier y N. De Rooy, In vrijheid herboren (La Haya: 1953), 461, citado en Willem Frijhoff,

Embodied Belief: Ten Essays on Religious Culture in Dutch History (Hilversum: Verloren, 2002), 251.

77 Véase G. Acquaderni a M. Mocenni, 10 enero 1886, ASV, Segr. Stato, a. 1888, rub. 1, fasc. 2,

exposición. Monseñor Snickers se reafirmó ante Acquaderni en su negativa a emprender la colecta del óbolo: «L’Episcopato pensa di non invitare i fedeli ad offerte di denaro al S. Padre sotto il titolo della Messa, per evitare l’accusa, tante volte ripetuta qui dai prote- stanti, contro la Chiesa cattolica sull’elemosina delle Messe.»78 Sin embargo, el arzobispo

afirmó estar impulsando autónomamente los preparativos del jubileo, en particular una colecta extraordinaria y una recogida de paramentos sacerdotales a través de cierta socie- dad en pro de las iglesias pobres, cuyo nombre en neerlandés no hemos logrado obtener, y que, según el arzobispo, gozaba de una buena organización en los Países Bajos.

Años más tarde, monseñor Snickers mostraría nuevamente reticencias a recibir in- dulgencias de Roma para promover la construcción del santuario de Hasselt, convertido en un símbolo espiritual para los católicos.79 Así, la actitud circunspecta mostrada por

Snickers pocos años después al respecto de la conveniencia de solicitar al Vaticano la concesión de indulgencias para el santuario de Hasselt viene a confirmar esa precaución ya exhibida ante Acquaderni por evitar las acusaciones de los protestantes. En esos años, Hasselt se había convertido en un importante símbolo católico en los Países Bajos, de modo que era más prudente evitar dar una imagen de excesiva subordinación de la jerar- quía católica neerlandesa con respecto a Roma, máxime en un contexto de acerada guerra cultural.

EL CARDENAL SCHIAFFINO, PRESIDENTE HONORARIO DEL JUBILEO