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Respondiendo a algunas críticas sobre la confusión entre mimetismo e imitación el primer paso será diferenciarlos. ‘Mimetismo’ cuando se trata de la tendencia a reproducir un modelo como un dato cultural, cuya fuerza reside no en el individuo que reproduce aisladamente determinado comportamiento o gesto sino en la colectividad reflejada en tales comportamientos o gestos y con un tono menos consciente que la imitación. En este sentido, actuar de un determinado modo es una forma de expresar la pertenencia a un grupo. Se traza una línea de demarcación entre los dos conceptos:

«En el mimetismo hay un menor grado de conciencia, y en la imitación la conciencia es mayor»214.

214 René Girard, Los orígenes de la cultura, Editorial Trotta, Madrid 2006, p. 54.

La mímesis aparece como un proceso: imitación, rivalidad y sacrificio. No es un fenómeno puntual, sino más bien un proceso, casi mecánico215.

El análisis del deseo es lo que ha llevado a Girard hasta la construcción de toda una antropología. Ante las críticas acerca de la confusión del concepto de deseo, Girard trata de distinguir deseo de apetito. Para él, el apetito no es todavía deseo. Es un mero asunto biológico, que se convierte en deseo cuando entra en juego la imitación de un modelo:

«… la presencia de dicho modelo es un factor decisivo en mi teoría»216.

Este tema ya abordado en Mentira romántica, vuelve a ser retomado para afrontar la presencia de la rivalidad en los orígenes de la cultura. En la rivalidad desaparece el objeto del deseo y la única obsesión de los rivales es derrotar al contrario. Los rivales se vuelven idénticos entre sí, son dobles uno del otro. La crisis mimética supone una crisis de las diferencias. Este fenómeno está omnipresente en «los mitos y en textos religiosos como los Vedas hindúes o la misma Biblia»217. La coincidencia de dos manos que se tienden a la vez hacia un mismo objeto es la expresión gráfica de esta rivalidad mítica e histórica que se observa por doquier cuando se describen las relaciones humanas, o las relaciones entre los dioses y demonios, y entre ambos y los hombres.

Las sucesivas y variadas situaciones que degeneran en disputas, de las cuales ambas partes quieren sacar ventaja sobre el competidor, realimentan una ‘reciprocidad

violenta’218. Es esta tensión la que Girard denomina ‘rivalidad mimética’219: conflictos, luchas tribales, clánicas, guerras nacionales220, o disputas entre individuos de todo tipo, incluso deportivas, festivas o rituales.

215 OC., p. 51. 216 OC., p. 51.

217 OC., p. 57 y Cf. p. 49. 218 OC., p. 61.

219 OC., p. 63.

220 Cf. sobre el nacionalismo… OC., p. 128-130.

La teoría mimética es transversal y omnicomprensiva, y éste podría ser su popperiano punto débil, y por eso no siempre ha sido bien entendida. Este libro contiene las claves interpretativas de las relaciones humanas, dando lugar a un marco teórico que nos

permite comprender mejor la emergencia de la cultura, como producto de un mecanismo de control de la violencia que nace de la mímesis de apropiación, de la tendencia a poseer lo que el otro exhibe como fuente de su felicidad y del mecanismo que canaliza las

tensiones sobre un pobre individuo, que es la esencia de las religiones.

Esta hipótesis antropológica intenta explicar los fenómenos culturales desde sus orígenes religiosos, superando la reduccionista explicación durkheimniana que entiende a la cultura como un producto de la física social. A partir de Girard, dice Michel Serres, hay que hablar del sacrificio como origen de la cultura. Nuestros autores citan a Serres como

argumento de autoridad para avalar sus propias tesis.

«Los sacerdotes no pueden existir con anterioridad a la invención de la cultura, de modo que lo religioso tiene que venir primero y, lejos de ser algo irrisorio, constituye el origen de toda cultura. La humanidad es hija de lo religioso»221.

Para Serres, Girard, aporta un nuevo paradigma antropológico de tipo generativo que explica la evolución de la cultura. En su lenta ascensión evolutiva, el hombre encuentra en el mecanismo victimario un instrumento para controlar la escalada mimética, que podría llegar a expandir la sed de venganza hasta el paroxismo destructor en el interior del grupo. Se concentra la violencia colectiva sobre un individuo que se considera responsable de una determinada crisis social. La sociedad puede reducir el caos al que periódicamente se ve arrastrada. De este sacrificio surgen los tabúes, normas e

instituciones, porque determina lo profiláctico, lo que se puede, se debe o no hacer y cómo. El sacrificio se entiende como evento sistémico contingente, debido al azar y a la necesidad. Azar por haber sido descubierto de forma accidental por la sociedad primitiva. Necesidad por ser el mecanismo estructurante que permite la convivencia y mutua

adaptación de los miembros de las comunidades primitivas. Sin este mecanismo sacrificial descubierto accidentalmente, las comunidades primitivas habrían corrido el peligro de la autodestrucción. El sacrificio se convierte en un motor generador de reglas sociales:

«El único medio de interrumpir la crisis y salvar la comunidad de la autodestrucción, pasa por la convergencia de toda esa cólera, de toda esa rabia colectiva, en una víctima designada por el mimetismo mismo y adoptada de forma unánime […] El asesinato del chivo expiatorio pone fin a la crisis, por el hecho de ser unánime»222.

Pero también porque tras el crimen surge la primera ley. Génesis 4,15 es el texto revelador por excelencia. La historia revela que…

«…Caín es el fundador de la primera cultura, aunque el texto bíblico no mencione ningún acto específico de fundación. ¿qué encontramos exactamente? lo primero de todo, el crimen, es decir, el asesinato de Abel; e inmediatamente después, la ley contra el crimen: ‘cierto que cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado’ […] esta ley representa la fundación de la cultura, puesto que la pena capital es ya el asesinato ritual del que estamos hablando, y la prueba de ello la tenemos en la lapidación, que establece el Levítico, y que es una forma de ejecución debidamente codificada en la que participa toda la comunidad»223.

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