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Este concepto que hemos venido anticipando encuentra en este libro una de sus explicaciones definitivas. El mecanismo mimético está en el origen de la cultura y

también en la cultura actual. El escándalo de hoy en día viene de la rivalidad mimética, es una ambición vacía, es antagonismo puro que cada cual siente hacia el otro. El escándalo a pequeña escala, en una sociedad de masas, fácilmente deriva a gran escándalo, con un contagio creciente, debido a la influencia magnificadora de los medios de comunicación. Todo culmina con un resentimiento teledirigido. Este es el caso de los judíos en

Alemania. Antes del cristianismo este mecanismo mimético era aceptado socialmente, el pueblo creía en la culpabilidad de las víctimas. Con el judeocristianismo se denuncia esa creencia en la figura de los profetas y de Jesús como una construcción falsa de la

comunidad. El mecanismo del chivo expiatorio deja al descubierto que se trata de un simple asesinato227. Pero algunos no lo entienden así. Consideran que el

judeocristianismo es, en sí, una muestra del mecanismo del chivo expiatorio, por las veces que en la historia ha actuado como una religión pagana, primitiva. Pero la acción sacrificial es méconnaissance –desconocimiento– no inconsciencia. Inconsciencia es un término reciente, psicoanalítico. Cuanto más mimética es la persona, mayor es su

méconnaissance. La persona hipermimética es cercana al endemoniado de los

Evangelios, se ve presa de una acción que no es capaz de exteriorizar reflexivamente. Experimenta una especie de disociación o desdoblamiento de su personalidad. El importante papel que juegan las Sagradas Escrituras en el desenmascaramiento del

mecanismo mimético se debe a que desvelan en el deseo su naturaleza mimética y en que declaran a la víctima inocente. La postura del judeocristianismo es anti mítica228. Si la mitología era acusadora e inculpadora del

227 El mecanismo mimético no es la única fuente de violencia. Hay violencia que surge al

azar o que es calculada premeditadamente con objetivos distintos a la respuesta

mimética. Pero podemos decir que la historia de la violencia es principalmente mimética. El ‘asesinato’ implica consciencia, no es algo accidental, y casi siempre es reactivo,

responde a una agresión de cualquier tipo.

228 Cf. mi artículo: ‘Anti-mitología bíblica de las relaciones fraternales, IIª Parte: José’. Catechumenium, nº7 (2006), Callao, Perú. pp. 25-62.

chivo expiatorio, el propio Cristo es la voz defensora del acusado, mientras él mismo es el acusado por una masa enfurecida, como a los mártires que le imitan. Es importante la mención de Girard al martirio de San Esteban229, dado que Saulo apoya su lapidación justo antes de su conversión, forma parte de la turba unánime, pero su toma de

conciencia tiene que ser ayudada sobrenaturalmente. Para Girard, la conversión al

cristianismo, como la que él mismo experimentó, hace descubrir que se es partícipe de la persecución sin ser consciente del mecanismo mimético que nos envuelve. Esa

méconnaissance es puesta en evidencia por Esteban a imitación de Cristo: ‘Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen’ (Lc 23,34).

El fundamento de esta intuición es datada ya en el Antiguo Testamento, que presenta una condena clara de la mitología politeísta, debido a que no diviniza a la víctima expiatoria. Los profetas son indicativos de esta apología contra los ídolos paganos y preceden a esa revelación que culmina el cristianismo, donde Dios se convierte en la propia víctima voluntariamente para salvar a la humanidad, revelando los entresijos del mecanismo mimético y la inutilidad de los sacrificios. Pero lo revolucionario es que lo hace sin encontrar o buscar culpables. Declara inocentes hasta a los propios verdugos, porque ‘actúan por ignorancia’.

«La Biblia aporta no sólo la sustitución del objeto que debe ser sacrificado, sino incluso el final completo del orden sacrificial mismo, merced a Cristo, la víctima que consiente en serlo. Para liberarse del sacrificio, hay que renunciar incondicionalmente a las

represalias miméticas, es decir, ‘poner la otra mejilla’, como dijo Jesús. […] Estos consejos no tienen, desde luego, nada de masoquistas ni de exagerados. Son sencillamente realistas, habida cuenta de nuestra tendencia casi irresistible a tomar represalias»230.

Ante el modelo del rencor, de la venganza o la envidia, temas clásicos del mito, el

cristianismo bíblico propone el modelo del perdón, que desarbola el mecanismo mimético al renunciar radicalmente a las vendettas y a la violencia. En este punto, Girard, reconoce que las religiones y filosofías orientales, como el Jainísmo o el Budismo, suponen un progreso respecto de las otras religiones, ya que condenan explícitamente la violencia, pero a diferencia del cristianismo no constituyen un modelo de relaciones interpersonales, no son capaces de evidenciar el mecanismo del chivo expiatorio, no llegan a comprender la dimensión del sacrificio ni los entresijos que rigen las relaciones. Para Girard sólo el cristiano reconoce la libertad de resistir al mimetismo y denuncia las trampas del mecanismo expiatorio convirtiendo este descubrimiento en ciencia, por una parte, y en modelo ético-religioso, por otra.

229 OC., p. 85. 230 OC., p. 90.

Haciéndose eco del título que le otorga Serres –el Darwin de la cultura– los autores se plantean la similitud entre la obra darwiniana y sus consecuencias para las ciencias naturales, con la obra girardiana y sus consecuencias para la cultura. Michel Serres dice en la introducción de Girard en la toma de posesión de su silla en la Academia francesa que se trata de ‘una teoría construida sobre una larga argumentación acerca de la evolución de la cultura mediante una explicación universal’. El capítulo se convierte en un alegato contra los no quieren ni plantearse el hecho de que la religión pueda ser la cuna de la cultura humana. Destaca para ello el papel del sacrificio en la hominización, en el paso de la condición animal a la condición humana, al dotar al hombre de esa

conciencia simbólica que representa la repetición controlada y planificada de ese asesinato ritual que trae la cohesión a la sociedad. Es un papel tan importante que es considerado como un elemento más de la selección natural, dado que los grupos que no son capaces de alcanzar ese simbolismo que perpetúa la paz social, encuentran

dificultades para el desarrollo de las primeras instituciones y cuerpos normativos que contribuyen a poner parapetos y límites a la violencia y al conflicto social.

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