El paralelismo entre los dos grupos de categorías que dirige todo el análisis se completa con la introducción en el contexto del "relumbre" y de la "preestructuración" de lo que Heidegger denomina una "peculiaridad fundamental de la movilidad de la vida", el arruinamiento (Ruinanz) (GA 61, 120)163. Es muy significativo que, junto con este estado que antes había recibido el nombre de caída, mencione también el "endurecimiento" (Verhärtung) (GA 61, 120). La relación entre el arruinamiento y el endurecimiento es estrecha y se puede decir que el segundo describe uno de los efectos del primero. La tendencia a establecer una
163 Estrictamente hablando, no es la primera aparición del término, ya que al comienzo del
curso Heidegger alude a la necesidad de experienciar el arruinamiento como un modo en el que la filosofía puede explicitar su condición de fáctica (cf. GA 61, 2). Algo más adelante, vuelve a aparecer en una alusión a la actividad filosófica: "No hay una revelación de lo que
es y debe ser la filosofía . ¿Es entonces "inventada"? Se puede mostrar que "puede" haber
algo así. ¿Dónde? ¿para qué? Para la vida fáctica. ¿Qué quiere decir esto? ¿Debe ser filosofía? De alguna manera sí, si debe ser vida y existencia. ¿"Debe"? "está" ahí fácticamente. ¿Hay una tendencia a desplazarse? La huida arruinante hacia el mundo" (GA 61, 39). ("Eine Offenbarung darüber, was Philosophie ist und soll, gibt es nicht. Ist sie "erfunden"? Es ist aufzeigbar, daß es so etwas geben "kann". Wo, wofür? Für faktisches Leben. Was heißt das ? Muß Philosophie sein ? Irgendwie ja, wenn Leben, Existenz sein soll. "Soll"? - "es ist" faktisch da. Ist eine Tendenz zum Wegbringen da? Die ruinante Flucht in die Welt"). También había aparecido al comienzo del tratamiento de la categoría de la distancia, en el momento en que ésta queda caracterizada mejor como la eliminación de la misma: "su sentido propio [el de la eliminación de la distancia]: "ser" en el arruinamiento" (GA 61, 103). Por último, es interesante mencionar que cuando Heidegger alude a las posibilidades de dispersión de la vida está empleando el verbo mitnehmen y sus derivados (cf., por ejemplo, GA 61, 106, 123). Además del significado habitual de "llevar consigo", este verbo quiere decir también "arruinar".
seguridad vital, presente tanto en las primeras categorías (inclinación, eliminación de la distancia, bloqueo y lo fácil) como en las segundas ("relumbre" y "preestructuración") es entendida de manera general como un proceso en el que la vida se anquilosa. Desde otra perspectiva, la propensión al aseguramiento esquivando la dificultad supone al mismo tiempo un alejamiento progresivo del movimiento auténtico, caracterizado siempre por la "inseguridad" (GA 61, 120). Por esta razón, tomando como elemento común la tendencia a protegerse que no da cuenta del movimiento propio de la vida, Heidegger puede hablar de que las categorías describen una situación de caída en el primer grupo y de arruinamiento en el segundo.
La descripción de la condición de arruinamiento supone la conclusión en el tratamiento de las categorías. El movimiento de la vida se puede considerar de alguna manera como el hilo conductor que lo ha guiado. La última determinación que hace Heidegger a este respecto no es más que una consecuencia lógica de todos los desarrollos anteriores. Después de haber insistido en numerosas ocasiones y bajo diferentes perspectivas en la movilidad de la vida, termina negándole a ésta misma la capacidad para ejercer dicho movimiento: "[...] la vida fáctica, viviendo en el mundo, no hace ella misma propiamente (!) el movimiento, sino que el mundo vive como el "en lo que", "sobre lo que" y "para lo que" de la vida" (GA 61, 130)164. Se destaca así la idea de que la determinación de la vida con los dos grupos de categorías afecta también profundamente a la descripción del fenómeno del movimiento. Éste, en tanto que la primera está inclinada, se deforma y se omite a sí misma en el mundo, ve cómo la causa que lo produce queda modificada. El mundo se ha convertido así en el usurpador del movimiento de la vida.
La situación que resulta es bastante peculiar, ya que bajo este punto de vista la vida tiene su consistencia y su propia movilidad justamente en vivir fuera de ella. Por así decir, su discurrir consiste en un estado de expropiación permanente con respecto a sí misma. El hecho de que la vida viva fija en un mundo (Heidegger describe esta circunstancia con un solo término: festleben (GA 61, 130)165) muestra así todas sus consecuencias. Su determinación categorial ofrece un
164 "[...] das faktische Leben, als in der Welt lebend, die Bewegung eigentlich (!) nicht
selbst macht, sondern die Welt als das Worin und Worauf und Wofür des Lebens lebt".
165 Para la importancia de este término en la configuración del concepto de propiedad como
algo que afecta a todo el proyecto de la ontología fundamental, cf. Farrell Krell, David, "The "Factical Life" of Dasein: From the Early Freiburg Courses to Being and Time", op. cit., p. 376s.
panorama de pérdida continua y un alejamiento constante de la propiedad que ha desembocado en que ella misma ya no sea capaz de ejercer el control sobre su propia actividad. Este hecho general tiene diversas vertientes: la falta de responsabilidad y autonomía ante sí misma, su permisividad para dejarse arrastrar por exigencias que le vienen impuestas desde fuera (no hay que olvidar que Heidegger había aludido al impulso peculiar que lleva a la búsqueda del éxito, del rango y de la posición (cf. GA 61, 121)), etc.
Como una nueva vuelta de tuerca en la determinación categorial de la caída y el arruinamiento (Ruinanz), Heidegger otorga un nombre al movimiento en el que el mando le ha sido arrebatado a la vida en favor del mundo: derrumbe (Sturz). Este término, junto con los otros dos que habían aparecido con anterioridad, "caída" y "arruinamiento", son diversas formas, intercambiables entre sí, de nombrar un mismo fenómeno. La expresividad del lenguaje de Heidegger muestra toda su potencia cuando añade que el vacío es la posibilidad del movimiento del derrumbe (cf. GA 61, 131). Éste -algo también dicho con anterioridad de la caída y del arruinamiento- es un "sentido fundamental de la movilidad de la vida fáctica" (GA 61, 131)166. Se acentúa con ello que el estado que describen estos términos no obedece a una desviación radical de la vida de sí misma, sino que se los presenta como inherentes al movimiento de ésta, movimiento que por otra parte ella misma ya no realiza, puesto que esta función ha quedado atribuida al mundo.
Una vez que se ha ganado el concepto general de caída con sus diferentes versiones (arruinamiento y derrumbe), la táctica consiste en volver a repetir la interpretación general de la vida realizada hasta el momento, ahora bajo esta nueva perspectiva. Por esta razón, el desarrollo del curso de 1921-22 presenta una estructura circular intencionadamente acusada, ya que lo que le interesa a Heidegger es apartar la idea de una determinación lineal de las categorías de la vida en las que unas primarias, más fundamentales, sirven de apoyo a las siguientes. De igual manera que antes repetía el análisis del primer grupo (inclinación, distancia etc.) a la luz del segundo ("relumbre" y "preestructuración"), ahora hace lo propio con este último desde el concepto de arruinamiento. Evidentemente, no se puede esperar que los resultados del análisis sean muy diferentes, pero hay un efecto del arruinamiento que no había jugado un papel importante en las apariciones anteriores. Nos referimos a la peculiar relación que la vida gana con el tiempo en él. A este respecto se puede leer lo siguiente:
La vida fáctica, arruinante, "no tiene tiempo" porque su movilidad fundamental, el arruinamiento mismo, arrebata el "tiempo", un tiempo sustraíble que la vida arruinante fácticamente arrebata para sí misma en sí misma. El arruinamiento roba el tiempo, es decir, desde la facticidad busca borrar lo histórico. El arruinamiento de la vida fáctica tiene este sentido de ejecución de la borradura del tiempo (GA 61, 139-140)167. Esta relación tan precaria con el tiempo es, por tanto, uno de los efectos de la condición caediza. Sin embargo, es enlazando este hecho con los análisis anteriores cuando se ve realmente la importancia de la alusión a esta carencia. La caída, en su primera caracterización general, indicaba la circunstancia en la que la vida había perdido su modo propio de ser. En este momento, en el arruinamiento, el esquema se repite con respecto al tiempo. Uniendo los dos tramos a modo de conclusión final, se puede decir de esta manera que el ser y el tiempo de la vida quedan desfigurados hasta que desaparecen. El arruinamiento, la caída y el derrumbe son las determinaciones categoriales fundamentales que describen el estado en el que el ser y el tiempo de la vida quedan borrados. Bajo esta perspectiva no resulta sorprendente que Heidegger emplee expresiones como que la vida, en su intento de soportarse a sí misma, se vuelva insensata o demente (cf. GA 61, 140). Tampoco resulta extraño que rasgos como lo tentador, lo tranquilizador, lo alienante y lo destructivo se consideren propios de ella: "En la mirada interpretativa a la
preocupación, tomada en la movilidad plena, se pueden fijar los siguientes cuatro
caracteres indicativo-formales en relación al arruinamiento: 1. Lo tentador (Tentative), 2. lo tranquilizador (Quietive), 3. lo alienante (Alienative), 4. lo destructor (negativo; activamente, transitivamente)" (GA 61, 140)168. En cierto modo, aunque no es el propósito de Heidegger, se puede ver una secuencia de implicaciones en estos caracteres. Lo que tienta, por así decir, es en el fondo la
167 "Das faktische, ruinante Leben "hat keine Zeit", weil seine Grundbewegtheit, die
Ruinanz selbst, die "Zeit" wegnimmt, eine wegnehmbare Zeit, die faktisch ruinantes Leben für sich selbst in sich selbst wegnimmt. Die Ruinanz nimmt die Zeit weg, d. h. aus der Faktizität sucht sie das Historische zu tilgen. Die Ruinanz des faktischen Lebens hat diesen Vollzugssinn der Zeittilgung".
168 "Im interpretativen Blick auf die Besorgnis, und zwar sie genommen in der vollen Bewegtheit, lassen sich mit Beziehung auf die Ruinanz folgende vier formal-anzeigenden Charaktere fixieren: 1. das Verführerische (Tentative), 2. das Beruhigende (Quietive), 3. das Entfremdende (Alienative), 4. das Vernichtende (Negative; aktiv, transitiv)". Precisamente ahora, cuando estos cuatro rasgos son tomados como indicaciones formales, Heidegger alude al carácter prohibitivo de la indicación formal (cf. GA 61, 141), y también en este momento establece la conexión más clara entre la indicación formal y la destrucción, relación de la que nos ocuparemos más adelante.
comodidad y la seguridad de la vida en el mundo. Este acomodo al mismo tiempo tranquiliza, seda como un opiáceo -tal como se veía antes- y, por eso mismo, aliena, hace que lo propio de la vida quede transferido a una esfera que no le pertenece originariamente con lo que, bajo un cierto punto de vista, queda destruido, aniquilado.
Todo este proceso es presentado por Heidegger como un anhelo permanente de presencia aproblemática, de reposo, de descanso, como un intento de evitar a toda costa sentirse inquietado. La dimensión temporal de la vida personal queda reprimida e incluso el futuro se reduce a aquello de lo que se espera disponer en el presente, a aquello que es calculable169. En una anotación del semestre de verano de 1923 se puede leer lo siguiente: "El Dasein como histórico, su presente. Ser en el mundo, ser vivido por el mundo; presente-vida cotidiana" (GA 63, 29)170. En tanto que el mundo ha asumido el mando como si lo hubiese usurpado, tal como veíamos antes, la dimensión temporal de la vida ha quedado embarrancada y colapsada en el presente. El futuro también queda distorsionado en la medida en que el predominio del presente tiende a establecer cálculos y a ver lo que está por acontecer como algo de lo que se puede disponer en la actualidad. El futuro se convierte en un presente calculable que todavía no ha tenido lugar pero que se sabe a ciencia cierta el modo en que lo hará. De manera general, lo histórico como uno de los aspectos ineludibles del Dasein queda borrado y distorsionado en el arruinamiento (cf. GA 63, 19).
Bajo esta perspectiva, en tanto que Heidegger hace una aplicación de las categorías de la vida a la filosofía, también caracterizará la tradición filosófica como una recaída permanente en el enmascaramiento continuo ante las dificultades, como el emplazamiento persistente y posesivo del sentido del ser en el presente. Con ello lo que hace es igualar los resultados de la filosofía del pasado a la comprensión atemática deformante que la vida tiene de sí misma. Lo que comparten la vida cultural y la filosofía tradicional es la mascarada del ser como presencia fija171
,
como algo con validez universal, y de esta manera capaz de ser calculado y medido. Heidegger trata la tradición como una especie de "se"169 La pérdida del tiempo que sufre el Dasein al preguntar constantemente por el cuándo y
por el cuánto es un tema al que Heidegger viene otorgando bastante relevancia y que tratará en Der Begriff der Zeit, Max Niemeyer Verlag, Tübingen, 21995, pp. 20ss.
170 "Dasein als geschichtliches, seine Gegenwart. In der Welt sein, von der Welt gelebt
sein; Gegenwart-Alltag".
filosófico en la medida en que en las caracterizaciones generales sobre ella se repiten los mismos rasgos que en la descripción de la estructura del "de término medio". Tal como veremos más adelante, la misión de la crítica filosófica en forma de destrucción fenomenológica es contrarrestar y mantener a distancia este estado de sopor. Para ello, en primer lugar tendrá que percatarse de la propia situación de caída que domina. Sólo desde ahí es posible tener noticia de que se trata de un estado de ocultamiento (cf. GA 63, 76). Por otro lado, como la destrucción no tiene exclusivamente un momento negativo, contribuye a desarrollar la posibilidad de que el Dasein se comprenda a sí mismo (cf. GA 63, 15).
Centrando de nuevo nuestra atención en el semestre de invierno de 1921-22, hay que mencionar por último un aspecto que aparece implícitamente una y otra vez en la lectura del curso. Si se ha hablado hasta este momento de caída, de arruinamiento y de derrumbe, es lógico preguntarse por la dirección hacia la que se dirigen estos movimientos. Heidegger lo plantea de la siguiente manera: "¿dónde llega finalmente "lo que se derrumba" [...], dónde impacta, dónde encuentra su resistencia?" (GA 61, 144)172. En primera instancia su respuesta no deja de ser misteriosa, ya que escribe que "el derrumbe es sólo y únicamente derrumbe" (GA 61, 145). En la misma página, sin embargo, se puede obtener un poco más de precisión a este respecto: "El hacia dónde del derrumbe no es nada extraño a él, es del carácter de la vida fáctica, a saber, "la nada de la vida fáctica" (GA 61, 145)173. Atendiendo a la primera parte de la frase, lo que interesa poner de manifiesto es que la vida, cuando aterriza de su caída continua, no va a parar a ningún sitio distinto de ella misma. Puesto que la caída es una movilidad fundamental de la vida, ésta consiste precisamente en caer. En este sentido no podría hablarse estrictamente de una toma de tierra, ya que la condición caediza acentúa precisamente el carácter de continuidad. Con esta indicación, si se insiste en la segunda parte de la cita (en la alusión a la nada), la movilidad de la vida fáctica habría que entenderla en contacto permanente con la nada.
Para poder entender adecuadamente la irrupción de la nada es preciso retroceder hasta algo que ya ha desempeñado un papel con anterioridad. Nos referimos a la caracterización inicial de la vida como carencia, como privación, que a su vez tiene relación con su estructura intencional: "No [Nein]-no [Nicht]-nada
172 "Wo kommt "das Stürzende" [...] schließlich an, wo findet er seinen Aufschlag, seinen
Widerstand?".
173 "Das Wohin des Sturzes ist nicht ein ihm Fremdes, es ist selbst vom Charakter des
[Nichts]- como existenciarios. Este "no" [Nicht] está en la estructura de la facticidad. La intencionalidad, el modo de ejecución del propio "no", es una movilidad, por tanto en sí una maduración y justamente existencial arruinante. Puesto que la existencia y la facticidad dependen del "no"- privación" (GA 61, 148)174. En esta cita se concentran algunos de los temas tratados antes: la indigencia de la vida, el hecho de que su estructura intencional le proporcione permanentemente alimento nuevo, etc. Al mismo tiempo anticipa aspectos que nos ocuparán más adelante: la relación entre la facticidad y la falta de fundamento, reflejada metodológicamente en la tendencia continua de la fenomenología a utilizar términos negativos, etc175.
En la mayoría de las explicaciones de Heidegger sobre la caída, el arruinamiento y el derrumbe hay una preocupación constante por evitar la impresión de que estos fenómenos consisten en la pérdida de un estado privilegiado que, por las circunstancias que sean, le ha sido arrebatado a la vida. Sin embargo, parece que los propios términos elegidos ayudan a pensar en un ámbito de propiedad previo y ahora anhelado. En este sentido, la tarea ante la que se encontró Heidegger fue doble. Por una parte, la determinación categorial de la vida con ayuda del lenguaje elaborado intencionadamente en una dirección y, por la otra, la labor -siempre ardua y no del todo conseguida- consistente en mantener una cierta distancia con respecto a algunas implicaciones que dicho lenguaje tenía. Como es sabido, éstas son fundamentalmente teológicas. El tratamiento detallado de estas influencias nos llevaría a un trabajo distinto. Por esta razón, mencionamos únicamente líneas generales que hay que tener en cuenta para entender la interpretación de la caída.
Como ya ha aparecido antes en alguna ocasión, se puede decir que Heidegger era un buen conocedor de la obra de S. Pablo. Éste también había descrito la caída en el mundo como lo que provoca un sentido ilusorio de auto-satisfacción y seguridad. Es relevante que no asocia la caída sólo a algo relacionado en sí mismo con el mal, sino también específicamente con el error, con la pérdida de las
174 " [Nein-Nicht-Nichts als Existenzialien. Diese Nicht ist in der Faktizitätsstruktur.
Intentionalität - Vollzugswie - des Nicht selbst solche Bewegtheit, also in sich eine Zeitigung, und zwar gerade ruinant existenzielle. Weil die Existenz und Faktizität auf "Nicht" gestellt ist - Darbung]".
referencias y con la elección de un camino equivocado176
.
Del mismo modo, S. Agustín, en el libro X de las Confesiones, también había tratado con profusión el tema de la caída. Se centró principalmente en tres formas que Heidegger recoge convenientemente en el semestre de verano del año 1921, el placer de la carne, la gloria y la ambición del mundo y el placer de los ojos177. Éste último es el que recibe el nombre de curiositas en el sentido del cuidado que sólo aspira a ver y conocer las cosas, lo que trae como consecuencia distraerse y dejarse dominar por ellas.En tercer lugar habría que tener en cuenta la figura de Lutero. En el semestre de verano de 1923, explicando diversas propuestas de definición del animal
rationale, Heidegger, corrigiendo a Scheler, menciona a Lutero y hace alusiones al status corruptionis (cf. GA 63, 27). Lutero también había hecho una
interpretación de la caída y del mundo en términos de huida hacia la tranquilidad, pasando por encima de la relación sí mismo-Dios. Sin entrar en los detalles de su análisis, sí es conveniente llamar la atención de que algunos de sus escritos proporcionan parte del lenguaje que Heidegger utilizará para describir los efectos