2.6 Microscopy Techniques
2.6.2 Confocal Laser Scanning Microscopy
en las guerrillas, que luego aplasté usando mano dura.
Rómulo Betancourt (carta a Rufino Tamayo, 28/2/77). Los adecos iban a imponer un montón de bellaquerías y vulgares transplantes en el modo de vestir, producto del exilio dorado que vivieron. Los que pasaron una temporada en México traerían las rancheras para amenizar fiestas y romerías; los que estuvieron en Colombia, la cumbia y el vallenato. Pero lo que más se impondría sería una mezcla de pachuco californiano o neoyorquino con salto atrás caraqueño. De cada oleada de adecos mulatos recién llegados del Norte se formaban grandes saraos para recibirlos y se podía ver a estos «agraciados» dirigentes con chaquetas de rayas muy ceñidas a la cintura. Traían la moda, sin requerirlos o no, de los lentes de carey con cristales semi-oscuros. En el comer durante un tiempo estuvieron experimentando con un plato de calamares con caraotas negras, bolas de queso holandés rellenas con alubias rojas o carne mechada. Con la era Betancourt, de 1959 a 1964, no faltará en casa de adeco el caviar con arepa y casabe. La moda de la pipa impuesta por Betancourt se la copiarán entre muchos otros cipayos, Jorge Olavarría, Allan Brewer Carias y Américo Martín. Entre los «blancos», en el primer barraganato, causarán furor los pasapalos «patilla con mortadela», que impondrá misia Blanca de Pérez.
De allí nos vendría parte de ese envilecedor consumismo que nos haría unos inútiles, y que abonaría el terreno para que los Cisneros hicieran con nosotros lo que les viniese en gana.
Para completar, se desató otro conflicto de identidad en el adecaje porque se quería hablar como Arturo Uslar Pietri. Enseñaba don Arturo en sus programas culturales por televisión pequeñas reglas de buena conducta para morigerar ciertos «malos» hábitos y costumbres de venezolano. Porque algo debe saber este pueblo y es que también el señor Uslar Pietri fue muy adeco, en ideas, pensamientos y acción. Era entonces inobjetable aquella frase de Betancourt: «En Venezuela lo que hay es: petróleo por debajo y adeco por arriba». Lo que pasa es que Uslar disfrazaba un poco su adequismo con aquellas palabritas sofisticadas de «amigos invisibles», y otras que les sonaban muy agudas a ministros de Educación como J. M. Siso Martínez o Manuel Peñalver.
A don Diego Cisneros, Siso Martínez le parecía una lumbrera: un venezolano de excepción y de calidad humana singular. Cualquier analfabeta funcional de los que hay por millares en el país, saben que Siso Martínez era un pobre diablo profundamente mediocre y falso, que nunca escribió nada que valiera la pena; pero resulta, claro, que para un redomado ignorante como don Diego, por ser amigo de Betancourt, tenía que valer mucho.
En el plano sindical era el supremo jefe José González Navarro quien estaba dedicado a coleccionar animales raros para montar un zoológico en su mansión. Los empresarios tenían totalmente comprado al máximo jefe sindical, y el Alcapone de la prensa, Miguel Ángel Capriles decía a los sigüices de la Cadena: «Hay que darle en nuestros diario calor al Congreso de los Trabajadores, y sus informaciones deben cubrirse totalmente. ¡Recuerden que Gonzalo Navarro y la CTV deben ser siempre tratados gentilmente porque yo tengo muchas empresas y demasiados obreros que, potencialmente, son fuentes de perturbaciones cuando surgen las discusiones para nuevos contratos laborales! Y con una CTV amistosa –agregó con burlona malicia- esas perturbaciones y esos problemas no me preocuparían jamás…99». Por cierto, cuando en mayo de 1962, todos los sindicatos llamaron a un paro general, Fedecámaras logró convencer a la CTV para que no participara.
Con la democracia representativa el país estaba perdiendo seriedad, y los dirigentes políticos en lugar de leer y prepararse, comenzaron a acicalarse y aparecer pepitos en las reuniones y fiestas que los periódicos no dejaban de recoger. Comenzaron a tomar clases de baile para dominar el twist y la charanga. Imponían la moda de las camisas deportivas manga corta y cuello abierto. La página social de los diarios más importantes aumentó notablemente sus espacios. Los salones de belleza no se daban abasto haciéndoles el pedicure y el manicure a los dirigentes de la CTV, que se lo dejaban hacer sin vergüenza ninguna; además de hacerse empolvar, sacarse las cejas, se empecinaban en unos retoques para taparse barros y espinillas. Por Dios, qué horrible era ver aquellos adecos acerados con base y coloretes en la cara. Al mismo tiempo, se desató una guerra al pelo ensortijado o «rebelde» de los mulatos recién llegados del Norte y se les echaban en la cabeza unas cremas ardientes para rebajarle la iracundia, y procurar alisarlos; por cierto que la perdición de la CTV también se debió a que muchos de sus altos dirigentes huyeron del país con sus peluqueras. Uno de los casos más emblemáticos fue el de Antonio Ríos quien huyó con la suya y acabó residenciando en Miami, acicalado, con el pelo bien liso y pintado de amarillo oscuro.
Igualmente se desataron el uso de los peluquines, pelucas y bisoñés, pero no prosperaron porque al menor coñazo o golpe de viento se erizaban solos y se caían. Pelucas tan buenas capaces de coger piojos por cuenta propia y hasta caspa, pero como digo, no prosperaron.