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El fenómeno del ENTRETENIMIENTO seguía obsesionando al señor Cisneros. Cómo disfrutaba viendo la alegría de un cliente que se llevaba de su negocio un vehículo último modelo. Era una fiesta. Eso era para él vender alegría, felicidad. Su negocio era un pequeño abastecimiento para el entretenimiento, pero hacía falta algo mayúsculo. Si don Diego hubiera nacido en EE UU, habría estado entre los forjadores de Las Vegas y le habría hecho una gran competencia a Frank Sinatra. Pero bueno, en este país «sin grandeza» él hacía lo que podía: importar carros de lujo, e introducir en el país el deporte de los bellos rallies, donde hombres arriesgados, a alta velocidad, cruzan a Venezuela de extremo a extremo.

Y si de entretenimiento se trata, Laureano Vallenilla hace lo propio en el Club Paraíso o en el Círculo de las FAN, libando whisky caro, bailando como una fiera, levantándose junto con Tarugo y Llovera Páez buenas pollitas o tórtolas. Podía verse en el Club Paraíso, un gran cartel, que además se reproducía en las mejores revistas del país a página completa, donde aparecían unos honorables monjes sosteniendo unas barricas de licor y debajo esta leyenda: «Whisky los Monjes, de un

cría buena sangre y purifica la mala… que la sangre buena y pura cría buen humor, despierta buenas ideas… Que las ideas buenas se traducen en buenas acciones… Que las buenas acciones conducen al cielo… Luego el buen whisky lleva al hombre al Paraíso. Importadora N. Dominici. Piñango a

Llaguno 2-2».

No propiamente al Club Paraíso, sino al cielo.

El rey del entretenimiento en el gobierno de Pérez Jiménez, era Wolfang Larrazabal, Director General de Deportes. Se la pasaba Wolfang generalmente en el Círculo de las Fuerzas Armadas a donde iban a tomar whisky, con bastante frecuencia, y perdonen la insistencia, personalidades como Miguel Otero Silva. También Uslar Pietri asistía a los estos importante agasajos realizados en este centro, y la dictadura nunca lo molestó. Uslar junto con los Phelps dirigía concursos literarios, uno de los cuales ganó Guillermo Meneses con «El falso cuaderno de Narciso Espejo». Precisamente, en marzo de 1955 aparece en una fotografía de la revista Billiken, Miguel Otero Silva libando whisky junto a Juan Herrera Uslar, el capitán de navío Wolfang Larrazabal y Lucas Manzano. En estos encuentros era infaltable don Pedro Estrada, al igual que monseñor Pellín97. En esa misma revista Billeken, de marzo de 1955, aparece un gran homenaje gráfico que se le hace a Rafael Leonidas Trujillo, a quien se le cataloga de «fervoroso Bolivariano, quien ama sinceramente a la patria del Libertador, hondamente vinculado a la suya por la historia, por la sangre, por el ritmo democrático en que se desenvuelven ambos países…».

En 1956, don Diego contrata al cubano Orlando Cuevas, veterano publicista, y lo nombra vicepresidente de Mercadeo de Pepsi Cola; más tarde este mismo Cuevas quedará convertido en gran capataz de Televisa. Este personaje es el que trae a Venezuela el primer pelotón de cubanos para organizar Venevisión. Toda la estructura mental que Cuevas traería para la televisión venezolana era un transplante de la gringa, el mismo tipo de programación que había montado la USA-NBC,

un modelo en el que astutamente se puedan difundir falsedades, al tiempo que se ocultan las verdades inconvenientes. Así funcionarán los medios que controlen los Cisneros. Y al igual que el periódico fascista El Universal, los Cisneros mantendrán el mayor desprecio hacia todo hombre de izquierda. Cuevas era un gringuito, que amaba the american way of live, porque había trabajado durante once años para la Colgate, con su Asociación de Anunciantes. Ya para esa época, Diego Cisneros manejaba un capital moderado que no le era suficiente para mantener una televisora, al tiempo que honrar sus acuerdos con Pepsi Cola de Nueva York. Estos acuerdos con la Pepsi Cola los hizo con Alfred Steele, esposo de Joan Crawford, y por eso esta famosa actriz atenderá la invitación que se le hace para la inauguración del canal de los Cisneros. También don Diego había hecho grandes contactos con Leonard Goldenson, chairman de American Broadcasting, la famosa cadena ABC, con quien se asoció para alimentar su programación «criolla». En su época de los finales de los cincuenta, don Diego todavía no llegaba a la calidad de INNOMBRABLE. Sabía pasar inadvertido. Pero estaba consciente de que los poderosos tenían que ser unos innombrables. Innombrables llegaron a ser Al Capone, Chapita Trujillo, Duvalier, Stroessner, Juan Vicente Gómez. El precio de un innombrable es la soledad. Solo pero fuerte. Apartado. Aprendió que el dinero sólo compra a los hombres hasta un límite. Que antes de embarcarse en un negocio, primero hay que saber con quién va a contar en los momentos difíciles. Que el dinero no se debe acumular sino darle cauce, que fluya. Que el dinero ensucia sólo cuando se acumula en bruto. Que hay quienes nacen magos para inspirar y multiplicar el capital. Para hacerlo fluir. Para animarlo y convertirlo en fuerza capaz de reproducirse por sí mismo.

Para febrero de 1957, don Diego ya estaba en contacto con Mariano Picón Salas a los fines de incursionar en el medio televisivo. Don Mariano, como hemos dicho, tenía experiencia en el medio televisivo (director de la empresa Teleproducción S.A). Valga la pena referir que don Mariano además estaba flotando en la crema de la crema de la oligarquía caraqueña, con estrechos lazos con la dictadura, y era el más prominente

personaje (presidente) de la Sociedad de Amigos del Museo de Bellas Artes, por donde pululaban negociantes de la categoría de don Diego. En esta Sociedad de Amigos estaba Alejandro Pietri, Finita Vallenilla de Hardwicht, Marcel Roche, Yolanda Boulton entre otros mastodontes del arte y del dinero.

Estos personajes son los mismos que en ese mismo año, acuden a palacio para ser atendidos con excelentes condumios y bebidas, y en los que no faltan los que controlan la información y viven llenando de elogios a la dictadura: como el señor Freddy Muller (director de Políticas Económicas), el señor Jean Maillé de Travanges (director de France Press), Francisco Salazar Martínez (jefe de Redacción de El Heraldo), el señor Isaac Benarroch Pinto (jefe de información de El Universal), Oscar Yanes (jefe de redacción de La Esfera), el señor José Moradle (jefe de redacción de El Nacional), presbítero Jesús Hernández Chapellín (subdirector de La Religión). Toda esta gente que de alguna manera pasará a ser aliada o servil del señor Diego Cisneros, cuando él instale su poderosa empresa de televisión. El 19 de abril de 1957, se instala la Cámara Legislativa en Miraflores con la presencia del señor dictador, y estando presentes por el poder económico Arturo Brillembourg y Ricardo Mendoza.

En junio de 1957, Pérez Jiménez condecora a Marcel Granier.

El tanque de guerra en muchas de las obras del dictador es el señor Mathias Brewer.

Es decir que el mundo de los escuálidos que brotarán a partir de1998, está germinando en medio de esta dictadura, y luego cuando AD retorne a Miraflores, toda esa estructura de poder quedará intacta.

En septiembre de 1957, el señor Shen Chan-Huan, Primer Vice-ministro de Relaciones Exteriores y representante personal del Presidente Chiang Kai-Chek, condecora a Pérez Jiménez con la Orden Nube Propicia y Gran Cordón Especial.

Cuando estaba próximo a expirar el gobierno de Pérez Jiménez, el hermano de Arturo, don Juan Uslar Pietri, se desempeñaba como director de la Televisora Nacional.

Una vez instalados en el trono supremo de la televisión nacional, los Cisneros no querrán que haya más estaciones de televisión en Venezuela, a menos que sean ellos mismos quienes las controlen. Eso será lo que pasará con el tiempo. Durante el mandato de Raúl Leoni, se intenta crear el Canal 8, y la guerra será a muerte. Los que se lanzaron a la aventura de montar el Canal 8, contaba con tanto capital como los Cisneros, pero les faltaba capacidad de maniobra con los adecos. El Canal 8, cuando comienza a funcionar no se ve en lugares como Caricuao, Prados del Este o El Valle. Trataron sus gerentes de solicitar un permiso para operar desde Los Mecedores, pero don Diego estaba de por medio. El Canal 8 tenía su antena en la Colina de Los Caobos, y no lograba cubrir a toda Caracas. Al final, cuando el permiso llegue para que ubique su antena en Los Mecedores, ya el Canal 8 está casi quebrado: había pasado demasiado tiempo fuera del aire, y en pocos meses había perdido cincuenta millones de bolívares.