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Single mutants of AMN1, AMN2 and AMN3 are unaffected in their ability

4.2 Results and Discussion

4.2.3 Single mutants of AMN1, AMN2 and AMN3 are unaffected in their ability

DE COMUNICACIÓN».

Estoy seguro que el país perdió con esta entrega de Televisa al señor Diego Cisneros, y que mil veces más hubiese ganado el Estado de haberlo dejado en manos de los trabajadores. Sin Venevisión, aquí se hubiera engañado mucho menos al pueblo, se hubiese envenenado muchos menos a

nuestra juventud y el país no hubiese sufrido el trauma horrible de la transculturización y de ese menú perverso y permanente de violencia que es el pan de cada día desde 1961. Sin Venevi- sión Gustavo Cisneros no sería hoy el cuarto vagabundo más millonario de Latinoamérica. Sin Venevisión no se hubiera dicho por boca del lacayo Napoleón Bravo: «Gracias Globovisión, gracias RCTV, gracias Televen»; sin Venevisión no se hubiera dado la masacre del 11-A, el paro petrolero de diciembre del 2002, ni el reflejo sombrío en busca de referendo, ni el Guarimbazo ni la intromisión paramilitar colombiana en Venezuela.

La maldición de la política entreguista de Betancourt la estamos sufriendo todavía. Completa el biógrafo oficial: «Diego Cisneros con el crucial y decisivo respaldo de su esposa Albertina, se colocó a la altura de las exigencias del país democrático. Luego de pocos días de reflexión le comunicó al Presidente Betancourt su decisión y acudió al remate de Televisa105».

Para que se viera que no fue fortuito el hecho de aquel fabuloso negocio, nos encontramos con que para marzo de 1961, don Diego estaba firmando en Nueva York un convenio de apoyo técnico y de intercambio de programas con la poderosa American Broadcasting Company. Inmediatamente se instaló en nuestro país una numerosa camada de gusanos que luego habrían de vivir conspirando contra el país.

Venevisión se volvió profundamente anti-fidelista, anti- izquierdista y pro-norteamericana. Era el canal defensor de la democracia representativa por excelencia, y a donde se arrastraron hasta lo indescriptible, para que los aceptaran en los programas de opinión, personajes como Raúl Leoni, Gonzalo Barrios, Rafael Caldera, Jóvito Villalba, Carlos Andrés Pérez, David Morales Bello, Luis Piñerúa Ordaz y Jaime Lusinchi.

Sin este canal, Betancourt no habría sobrevivido a la lucha popular, por la política represiva y de hambre que estaba llevando a cabo su gobierno. Ni tampoco se habría podido consolidar la mascarada de ese sistema sostenido sobre el vil Pacto de Punto Fijo. Ellos mismo dicen, los dueños de este

canal, que cuando se dieron las segundas elecciones en «democracia», las cámaras de Venevisión salieron a las calles «PARA QUE EL PUEBLO SE OBSERVASE A SÍ MISMO DESAFIANDO EL MIEDO, EN LARGAS Y SERENAS FILAS QUE SE FORMARON EN LOS CENTROS DE VOTACIÓN A LO LARGO Y ANCHO DEL PAÍS». Claro, todos los enfoques se harán de manera que favorezcan al gobierno.

Luego, cuando ciertos acontecimientos del país perjudiquen a la dirigencia política aliada a los Cisneros, éstos no encenderán sus cámaras, no tendrán reporteros para recoger esas noticias, y apagarán sus micrófonos. Miles de crímenes ejecutados por la DIGEPOL, en nombre de la democracia, calló y ocultó Venevisión. Nunca este canal mostró imágenes de hombres torturados por los adecos o copeyanos. Jamás sus periodistas hicieron un trabajo de investigación sobre los crímenes contra el profesor Alberto Lovera o contra Jorge Rodríguez, ni con los miles de desaparecidos y torturados. Bastaba una orden de Miraflores para que no se trasmitiera una noticia, para que no se recogiera una información. Cuando a la democracia criminal y personalista de los adecos o copeyanos no le convenía noticiar algo, Venevisión callaba como calló en 12, el 13 y 14 de abril del 2002.

He aquí la reveladora carta que dejó Miguel Ángel de Quevedo antes de darse un tiro en la sien:

Sr. Ernesto Montaner

Miami Florida- 12 de agosto de 1969 Querido Ernesto:

Cuando recibas esta carta ya te habrás enterado por la radio de la noticia de mi muerte. Ya me habré suicidado ¡al fin! Sin que nadie pudiera impedírmelo, como me lo impidieron tú y Agustín Alles, el 21 de enero 1965.

Sé que después de muerto llevarán sobre mi tumba montañas de inculpaciones. Que querrán presentarme como el «único culpable» de la desgracia de Cuba. Y yo no niego mis errores ni mi culpabilidad;

lo que sí niego es que fuera el único culpable». Culpables fuimos todos, en mayor o menor grado de responsabilidad.

Culpables fuimos todos. Los periodistas que llenaban mi mesa de artículos demoledores, arremetiendo contra todos los gobernantes. Buscadores de aplausos, que por satisfacer el morbo infecundo y brutal de la multitud, por sentirse halagados por la aprobación de la plebe, vestían el odioso uniforme que no se quitaban nunca. No importa quien fuera el presidente. Ni las cosas buenas que estuviese realizando a favor de Cuba. Había que atacarlos, y había que destruirlos. El mismo pueblo que los elegía, pedía a gritos sus cabezas en la plaza pública. El pueblo también fue culpable. El pueblo que quería a Guiteras. El pueblo que quería a Chibás. El pueblo que aplaudía a Pardo Llada. El pueblo que comprobaba Bohemia, porque Bohemia era vocero de ese pueblo. El pueblo que acompañó a Fidel desde Oriente hasta el campamento de Columbia.

Fidel no es más que el resultado de estadillo de la demagogia y de la insensatez. Todos contribuimos a crearlo. Y todos, por resentidos, por demagogos, por estúpidos o por malvados, somos culpables de que llegara al poder. Los periodistas que conociendo la hoja penal de Fidel, su participación en el Bogotazo Comunista, el asesinato de Manolo Castro, y su conducta gangsteril en la Universidad de la Habana, pedíamos una amnistía para él y sus cómplices en el asalto del Cuartel Moncada, cuando se encontraba en prisión.

Fue culpable en el Congreso que aprobó la Ley de Amnistía. Los comentaristas de radio y televisión que la colmaron de elogios. Y la chusma que la aplaudió delirantemente en las graderías del Congreso de la República.

Bohemia no era más que un eco de la calle. Aquella calle contaminada por el odio que aplaudió a Bohemia cuando INVENTÓ «LOS VEINTE MIL MUERTOS». INVENCIÓN DIABÓLICA DEL DIPSÓMANO ENRIQUITO DE LA OSA, QUE SABÍA QUE BOHEMIA ERA UN ECO DE LA CALLE, PERO QUE TAMBIÉN LA CALLE SE HACÍA ECO DE LO QUE PUBLICABA BOHEMIA.

Fueron culpables los millonarios que llenaron de dinero a Fidel para que derribara al régimen. Los miles de traidores que se vendieron al barbudo criminal. Y los que se ocuparon más del contrabando y del robo que de las acciones militares de la Sierra Maestra. Fueron culpables

los curas y sotanas rojas que mandaban a los jóvenes a servir a Castro y sus guerrilleros. Y el Clero, oficialmente, que respaldaba a la revolución comunista con aquellas pastorales encendidas, conminando al Gobierno a entregar el poder.

Fue culpable Estados Unidos de América, que incautó las armas destinadas a las Fuerzas Armadas de Cuba en su lucha contra los guerrilleros.

Y los culpables del State Departament, que respaldó la conjura internacional dirigida por los comunistas para adueñarse de Cuba.

Fueron culpables gobierno y Oposición, cuando el diálogo cívico, por no ceder y llegar a un acuerdo decoroso, pacífico y patriótico. Los infiltrados por Fidel en aquella gestión para sabotearla y hacerla fracasar como lo hicieron.

Fueron culpables los políticos abstencionistas que cerraron las puertas a todos los c ambios electoralistas. Y a los periódicos que como Bohemia, le hicieron el juego a los abstencionistas, negándose a publicar nada relacionado con aquellas elecciones.

Todos fuimos culpables. Todos. Por acción u omisión. Viejos y jóvenes. Ricos y pobres. Blancos y negros. Honrados y ladrones. Virtuosos y pecadores. Claro, que nos faltaba por aprender la lección increíble y amarga: virtuosos y los más honrados eran los pobres.

Muero asqueado. Solo. Proscrito. Desterrado. Y traicionado y abandonado por amigos a quienes brindé generosamente mi apoyo moral y económico en días muy difíciles. Como Rómulo Betancourt, Figueres, Muñoz Marín. Los titanes de esa izquierda democrática que tan poco tiene de democrática y tanto tiene de izquierda. Todos deshumanizados y fríos me abandonaron en la caída. Cuando se convencieron de que yo era anticomunista, me demostraron que ellos eran antiquevedistas. Son los presuntos fundadores del Tercer Mundo. El mundo de MAO TSE TUNG.

Ojalá mi muerte sea fecunda. Y obligue a la meditación. Para que los que pueden aprendan la lección. Y a los periódicos y los

periodistas no vuelvan a decir jamás lo que las turbas incultas y desenfrenadas quieran que ellos digan. Para que la prensa no sea más un eco de la calle, sino un faro de orientación para esa propia calle. Para que los millonarios no den más sus dineros a quienes después los despojan de todo. Para que los anunciantes no llenen

de poderío con sus anuncios a publicaciones tendenciosas, sembradoras de odio y de infamia, capaces de destruir hasta la integridad física y moral de una nación, o de un destierro. Y para

que el pueblo recapacite y repudie a esos voceros del odio, cuyas frutas hemos visto que no podían ser más amargas.

Fuimos un pueblo cegado por el odio. Y todos éramos víctimas de esa ceguera. Nuestros pecados pesaron más que nuestras virtudes. Nos olvidamos de Núñez de Arce cuando dijo:

Cuando un pueblo olvida sus virtudes, lleva en sus propios vicios su tirano. Adiós. Éste es mi último adiós. Y dile a todos mis compatriotas que yo perdono con los brazos en cruz sobre mi pecho, para que me perdonen todo el mal que he hecho.

No hay duda, pues, de que el gran mecenas de los Cisneros en la venta de Televisa, fue Betancourt. Y es por eso por lo que Venevisión se convierte luego en uno de los mayores cuarteles de Acción Democrática.

Y es así como Diego Cisneros se encontró un buen día frente a un micrófono, cual maestro de ceremonias en la inauguración de su canal Venevisión, ante el más ruidoso sarao que hasta aquel momento había conocido; incluía el entertainment a Joan Crawford, esposa de Al Steele, amo y señor de la Pepsi Cola. El mingo se arrimaba un poco más a la suerte de los Cisneros con una jugada clamorosa, donde el mayor capital lo estaba poniendo el imperio norteamericano.

Será allí donde se ganen las elecciones antes de que el Consejo Electoral haga los cómputos; donde se cuadrarán los candidatos; donde se mostrarán las cifras «verdaderas» del crecimiento económico del país, su libertad y su progreso. Y donde acudirán los sesudos analistas, expertos enderezadores de entuertos, a mentir, a engañar, cada vez que el país entre en algún caos financiero o popular.

Después vendrá el pavoroso empujón que Carlos Andrés Pérez le dará a esta empresa, convirtiendo a Gustavo Cisneros en el impresionante magnate que es hoy, todo por la fuerza que requería para él gobernar con «amplitud».

Luego de la derrota sufrida por el candidato Gonzalo Barrios, Venevisión jugará un papel decisivo para que Caldera

pueda ejercer la presidencia sin que se genere un gran trauma político o militar. Fue así como todas las televisoras iban a verse obligadas a ser gobierneras.