APPLICATION TO EMERGING FINANCIAL MARKETS
2.2. Specifications for the covariance and correlation models
2.2.9. Consistent Dynamic Conditional Correlation [CDCC(1,1,1,1)]
Otra de las formas en la que los medios de comunicación dominantes reproducen miradas racistas y coloniales es controlando qué tipo de sujeto interpreta a qué tipo de personajes en qué tipo de narrativas; es decir, construyendo una oferta audiovisual donde se filtra la diversidad con fines eugenésicos y la “blancura”, física y cultural, prevalece como modelo
aspiracional. La eugenesia narrativa opera con el objetivo de impedir que rostros
“indígenas” sean héroes de las historias y modelos a seguir; y que, en cambio, ese rol lo desempeñen rostros de tipo europeo. Por ello, limita a sujetos con rostros “indígenas” a
interpretar roles secundarios en narrativas de ficción como servidumbre o criminales; o a protagonizar espacios noticiosos como víctimas de desastres naturales o evidencia de precariedad socioeconómica, por ejemplo. En suma, privilegia la presencia a cuadro de sujetos de piel clara y tipo europeo, en detrimento de sujetos que sean o parezcan ser
“indígenas”; para lo cual blanquea a personajes “indígenas” haciendo que los interpreten
actrices o actores “no indígenas”, de piel clara y tipo europeo.
Estas prácticas narrativas son generadas desde una gramática de identidad/alteridad que ha sido configurada con una perspectiva política particular; la de la
“ideología mestizante” (Gómez Izquierdo y Sánchez Díaz, 2012), que desde el siglo XIX
propone “mejorar la raza” de los sujetos “indígenas” para garantizar el progreso nacional.
Son prácticas que asumen la superioridad de “lo europeo” frente a “lo indio” y por defecto excluyen a los sujetos “que no se amolden al paradigma cultural estético del mestizo”, con el fin último de “blanquear a la población de piel oscura y rasgos indo-africanos” (Gómez Izquierdo y Sánchez Díaz, 2012: 21). Y de esa forma, legitiman la perspectiva racista y colonial desde la cual se imponen unos determinados parámetros de lo bello y de lo feo.
La eugenesia narrativa opera como uno de los ejes fundamentales de la producción de contenido en los medios de comunicación dominantes; pues tiene lugar en un contexto histórico-social donde las ideas eugenésicas han moldeado las prácticas políticas de las
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élites nacionalistas. Y por ello, recuerda el ideario de la Sociedad Mexicana de Eugenesia para el Mejoramiento de la Raza, fundada en 1931, que promovía “instrumentar, vía mestizaje, el aclaramiento racial” para “mantener los esquemas europeos y orientar el desarrollo y dominancia de la raza blanca” (Suárez y López Guazo, 2005: 48).
Para Sánchez (2012), dichas prácticas son obra de una sociedad pigmentocrática, es decir, de un orden social de dominación de origen colonial en el que el color de piel de los sujetos les prescribe una posición determinada dentro de la estructura socioeconómica de la población. En ese orden social, los sujetos de piel clara y tipo europeo se encuentran en la cima del reconocimiento social y por ende del acceso a la participación política y a los
recursos materiales; mientras aquellos de piel oscura que son o parecen ser “indígenas” se
encuentran en el extremo opuesto, en los niveles más bajos de acceso a la justicia social. Por ello, desde su perspectiva, como reflejo de una sociedad que por principio
excluye a los Otros “indígenas”, en la producción de contenidos de los medios de
comunicación dominantes operan “prejuicios socio-raciales y de clase” para determinar “quién si y quién no aparece interpretando a determinados personajes”. Y en particular la televisión mexicana dominante, ha normalizado desde su nacimiento que “los modelos de éxito, belleza, protagonismo y de reconocimiento social” (Sánchez, 2012: 1504) sean personificados exclusivamente por personajes a los que la gran mayoría de la población
mexicana no se parece, “por su fenotipo y rasgos esencialmente de origen europeo”. Con sus contenidos propone “modelos de éxito y de poder, ligados directamente al
origen étnico, racial y de clase al que pertenecen las personas” y reproduce discursos en los que las desigualdades en la diversidad se presentan “como parte de la normalidad cotidiana
en la manera de ser de la sociedad mexicana” (Sánchez, 2012: 1504); contribuyendo a
construir una “pigmentocracia mediática” que naturalice el orden pigmentocrático de la sociedad en el imaginario de las audiencias.
Como consecuencia de los procesos de eugenesia narrativa que buscan consolidar
una pigmentocracia mediática, tienen lugar casos como el que describe el reportaje “Los ‘representantes de México’ no se parecen a los mexicanos” (Molina, 2013), acerca de una
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de la selección mexicana de fútbol y tuvieran “perfil internacional”, “piel blanca” pero que no parecieran “rancheros”, con apariencia de “clase alta” y definitivamente “no morenos”.
O como el caso que describió Laura, una estudiante que participó en el estudio, acerca de una amiga suya que es actriz “y teniendo rasgos completamente indígenas” nunca obtiene papeles que no sean de “mucama” (LAU/TR/28112015).
En ese sentido, son relevantes los testimonios de dos experimentados actores mexicanos, Iazua Larios y Tenoch Huerta, pues coinciden en que detrás del proceso eugenésico que impulsan los canales de televisión dominantes hay un racismo profundamente arraigado. Por una parte, ella denuncia que, de forma regular, la televisión
mexicana margina a mujeres morenas “que parecemos un poco más indígenas”, y sólo las emplea como personajes de servicio doméstico; entendiendo ese hecho como “prueba
clarísima de ese racismo que me molesta en gran manera y resulta sumamente ofensiva” (Maristain, 2015). Mientras él, señala que, de modo sistemático “la gente con mi tipo físico
hace personajes de jodidos, sufridores o rateros, hay un claro clasismo y racismo en la televisión nacional” (El Diario, 2016).
Además, es significativo que ese tipo de procesos no se limitan a moldear la producción de narrativas audiovisuales, pues también moldean, por ejemplo, la producción
de narrativas en el periodismo de “sociales”. Y al respecto, Arriagada (2013) recoge un interesante testimonio de un fotógrafo de sociales, que describe cuáles son los criterios que emplea para seleccionar a quien fotografía y a quien no; y qué proporción de las fotografías que toma no son publicadas luego de la selección que hacen los editores:
…te voy a ser honesto, yo como fotógrafo también selecciono a la persona, es decir, si yo veo alguien gordito, chaparrito, morenito, quizá es el director del centro Banamex, pero yo no sé, y si estética y visualmente no persigue el perfil que nosotros estamos trabajando, pues lo desprecias, lo quito (…) Lo que tú ves publicado no es ni el 10% de lo que mandamos los fotógrafos. Mando 100 fotos y [los editores] escogen 15, 10.
Por otra parte, en relación con el desprecio a “lo indígena” recoge también un caso de
eugenesia narrativa ocurrido durante la producción de un reportaje para uno de los suplementos de sociales de un diario de circulación nacional. La pieza periodística buscaba
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relatar cómo una historiadora del arte asociada con “una diseñadora con nombre, apellidos y rasgos indígenas para producir unas bolsas de mano” (Arriagada, 2013), lograron que sus creaciones se vendieran en la tienda del Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York. Para lo cual, las creadoras fueron entrevistadas y fotografiadas, pero posteriormente, representantes de la publicación le informaron a la historiadora del arte que las fotos donde
salían ambas, no le parecían adecuadas a la editora pues “no era el target que se estaba buscando”. Entonces, le ofrecieron ponerla a ella sola y lo rechazó, sin embargo, contra su
voluntad, terminaron publicando su imagen sin la de su socia “indígena”.
Además, señala que las pocas veces que aparecen sujetos morenos en los suplementos de sociales, de forma general aparecen representados como subalternos de aquellos de piel clara y tipo europeo, o bien sin ser reconocidos con su nombre, anónimos. Por ejemplo, en el suplemento R.S.V.P del Excélsior del viernes 22 de febrero de 2013, aparecieron reproducidas 676 imágenes de personas, de las cuales, 666 eran de piel clara y 10 eran morenas; además, de esas 10 morenas sólo la imagen de tres fue acompañada de su nombre. Y de las otras siete, cuatro eran ayudantes de un torero famoso marchando, una caddie en un campo de golf y las dos últimas aparecían ejercitándose delante y detrás del jefe de gobierno de la Ciudad de México.
Y es pertinente insistir en que los procesos de eugenesia narrativa forman parte de una lógica estructural de la sociedad nacional mexicana; que no son excepciones sino la norma y por ello, tienen su correlato en otros ámbitos del acontecer nacional. Por ejemplo, en el acceso a la educación y al mercado laboral, como lo indica el estudio sobre movilidad social intergeneracional del INEGI (2017). Investigación que aplicó una escala cromática que clasifica la piel de los sujetos en 11 tonalidades con el propósito de que el propio entrevistado identificara su color; revelando que, mientras más oscuro es el color de piel, los porcentajes de personas ocupadas en actividades de mayor calificación se reducen, al mismo tiempo que cuando se vuelve más claro, los porcentajes de ocupados en actividades de media y alta calificación se incrementan. Lo cual también tiene como consecuencia que la situación socioeconómica de los sujetos de piel más oscura mejore en menor proporción que la de aquellos con piel más clara.
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