THE TIME BETWEEN THE TIMES: CONSTITUTIONAL INTERPRETATION IN PRE-INDEPENDENT SOUTH WEST AFRICA/NAMIBIA
3.3 Constitutional Developments after Katofa
En el plano de la materia, el hombre encarnado es la máxima manifestación del grado de evolución sobre la Tierra. Comprende en su naturaleza los reinos animal, vegetal y mineral. Es un súmmum de todos ellos; pero en un nivel celular más desarrollado.
Cada una de sus células han pasado por todos los estados: inerte del mineral, sensible del vegetal, instintivo del animal, para llegar al sensible y racional del hombre actual.
En su camino de evolución, el hombre ha tenido que experimentar, en cada una de sus células, todos los pasos que ha generado el proceso creativo en la materia. Ninguna criatura de cualquier especie puede soslayar
esta cadena de aprendizaje; es como un desenvolverse de paso en paso, de forma en forma, siempre en un grado ascendente, siempre mutante, de reino en reino, hasta llegar al hombre.
Al formarse un cuerpo en el espacio, destinado a ser matriz de vida en evolución, éste ya trae en sí todos los elementos con los cuales va a desarrollar los cuerpos que va a albergar. En sus primeros tiempos sólo se dedica a acondicionarse, a prepararse a sí mismo, cual una persona que, sabiendo que va a tener huéspedes, limpia y acondiciona la casa para recibirlos. A medida que su acondicionamiento avanza va comenzando a albergar vida; primero, sólo mineral. Cual crisol que va enfriándose, van cambiando de forma los elementos: se van enfriando; y de haber sido todo una masa homogénea, esos elementos van adquiriendo diferentes características. Se disgregan, se especializan, diríamos así. Al principio todo es un solo gas; luego, un líquido hirviente, pasando ciertas partes a ser sólidos; y así van transformándose. Comienza a diferenciarse en tierra, arcilla, minerales, etcétera. Van uniéndose los elementos por la atracción natural de los cuerpos en su semejanza,
y van cohesionándose, formando la primera
diferenciación en el planeta: la de los cuerpos minerales. Hasta ese instante todo el desenvolvimiento está regido por un orden natural, por una conformación genética. Es un proceso dirigido, como a distancia, por entidades muy elevadas: los Arcángeles, que van viendo como se cumple los principios de cohesión natural, resultantes de principios físicos de generación y disolución.
Conforme van diferenciándose los elementos primarios, de líquidos a sólidos, y comienza a formarse el reino mineral, el planeta atrae hacia sí una fuerza primaria, una clase de fuerza llamada de “atracción celular”, puramente física y química, sin ningún atributo superior. Esta fuerza está regida por la Conciencia Universal o Mente Universal, pero a nivel muy distante: como impulsos. Aún el planeta no alberga una entidad; aún no la necesita.
El planeta continúa dándole el curso natural a su materia, va acondicionándose lentamente; sus elementos van individualizándose dentro del reino mineral, ya son claramente diferentes unos de otros. En su fase diferencial van creando otros elementos constitutivos de nuevas formas de vida: como el vapor que se condensa en lluvia y, luego, genera el agua tan necesaria al reino vegetal. Pero ésta es un agua completamente diferente, químicamente distinta a la que tenéis ahora.
El vegetal surge como resultante de este cambio. Tiene todos los elementos del planeta, más el nuevo recién generado en su evolución: el agua o líquido en cualquiera de sus condiciones químicas. Todo planeta cuando se forma trae, en esencia, como una programación, todos los elementos completos de su evolución; y, por lo tanto, todos los genes constitutivos de sus múltiples formas de vida en su estado primitivo. Por ello, al formarse ya el agua, en ese momento, en la superficie del planeta aparecerá el género de vida que la necesita, acondicionado al medio donde se va a desarrollar. El vegetal, al igual que el mineral, al principio no estará diferenciado y será casi uniforme, variando sus
características según los lugares donde surja, con más o menos agua, con más o menos calor. Los vegetales serán exuberantes, de rápido crecimiento y disolución, por las condiciones que se generan en el planeta. Al desarrollarse el reino vegetal, irán variando entre sí las plantas, irán diferenciándose, manifestándose muchas variedades.
La descomposición de este mundo vegetal, en células ya diferenciadas, crea la base del mundo animal. Los cuerpos unicelulares, que después de miles de años van agrupándose, se clasifican y dan vida al reino animal. En este reino, los seres que van llegando a su fase más elevada reciben una entidad, convirtiéndose así en seres racionales.
Cada uno de estos cambios en el planeta, son producto de su desarrollo, de su evolución. El planeta va generando, a través de su evolución, las fuerzas que determinarán cada uno de los cambios. A cada fase varía su frecuencia vibratoria; y esta variación no es sólo interior, no es sólo del planeta en sí, sino de la frecuencia de las fuerzas que recibe. Estas variantes son las que desencadenan las diferentes fases en su evolución; la aparición de los distintos reinos, la aparición, en el momento adecuado, del hombre en su superficie. Es como un proceso de crecimiento, que en cada fase recibe otros elementos que lo van completando.
Así mismo, todos sus reinos, todas las formas de su evolución, van cambiando a través de sus fuerzas vibratorias. El mineral va madurando, volviéndose más “viejo”, embelleciéndose; el vegetal también va
desarrollándose en especies cada vez más útiles y generosas. El animal ha ido desarrollando una conciencia instintiva que en mucho supera a la del hombre. El hombre reúne en sí todas las características de los otros tres reinos, más la facultad humana de la razón.
Al desenvolverse todos los reinos simultáneamente en la superficie del planeta, éste va embelleciéndose con el intercambio de frecuencias entre sí.
Todos los reinos en su interrelación mutua con el planeta, la madre de la cual proceden, van cambiando su faz, haciéndose más bellos, adquiriendo un ritmo de desenvolvimiento conjunto cada vez más individualizado, más inteligente, con características cada vez más afines unos con otros. Así el planeta en su desarrollo evolutivo, con ese bagaje cósmico que trajo consigo, va creando las variedades en todas sus especies, que lo individualizan en el conjunto en todas sus formas; va adquiriendo un aspecto especial y particular que lo hará único en el Cosmos, tan individualizado como podrá serlo, por
ejemplo: cada hombre uno del otro. Esta
individualización se hace más bella, más específica, más elaborada, en cuanto mayor armonía se desenvuelva en el planeta que evoluciona en sus diferentes fases. A mayor armonía, más belleza y más perfección en sus formas.
Cuando el desarrollo evolutivo se desequilibra, en cualquiera de sus aspectos, en cualquier cuerpo en el Cosmos, la evolución comienza a ser dispareja, comienza a degenerar y sobreviene un caos en su desarrollo. Este caos va generando fuerzas que chocan entre sí; y, al final, con tantas fuerzas antagónicas, el planeta o cuerpo tiene
que sacudirse de esta desarmonía y acomodar sus frecuencias entre sí.
Como ya os he manifestado, el planeta en su fase mineral está regido por la Conciencia Universal o Mente Universal. En el momento en que su fuerza cohesiva marca un cambio vibratorio, y pasa al reino vegetal, comienza a desarrollar, junto con este reino, su sensibilidad como cuerpo integral. Va desarrollando su capacidad vibratoria, sus moléculas se van acelerando, atrayendo hacia sí unas entidades individualizantes: las entidades de las fuerzas naturales, las que van rigiendo este planeta y dirigiendo la evolución de sus cuatro elementos ya formados, como son el agua, aire, fuego y tierra. Estas son entidades sensitivas, elementos de activación primaria, que permanecen en el planeta colaborando con la entidad que lo regirá después.
Al cambiar nuevamente la frecuencia vibratoria del planeta, y aparecer el reino animal en todas sus formas, éste comienza a formar su cuerpo instintivo; se vuelve una fuerza vitalizante de tipo cíclico, con diferenciación en sus fases y épocas. Surgen las estaciones, ciclos sucesivos de tiempos cálidos y fríos, de hielos y deshielos, en todo el planeta. Estará, todo él, generando las condiciones para que se desarrolle la vida animal instintiva que junto con la vegetal, ya más desarrollada también, comienza a regirse por ciclos parejos de desarrollo.
Es en ese momento del cambio, a instintivo, que el planeta comienza a generar la fuerza creadora que formará en sí misma las condiciones necesarias para
transformar la materia instintiva a racional. Dicha fuerza comienza a desenvolver el reino animal, para irlo perfeccionando hasta que su desarrollo condicione su capacidad de albergar una entidad. En esta fase de su evolución, el planeta, con la fuerza que genera, atrae hacia sí a la Conciencia Universal en forma más directa; tiene mayor afinidad con Ella, pues se está sutilizando su materia. Cada cambio en el planeta conlleva un cambio en su frecuencia vibratoria, y esa variación de frecuencia atrae hacia sí otros tipos de fuerzas del Cosmos, según la Regla de la Semejanza.
Con el planeta ocurre lo mismo que ocurre con ustedes como individuos: una interrelación con las fuerzas del PADRE de diferente clase, en cada fase de su evolución. El planeta es un ser que va del estado embrionario al estado infantil, pasa por la niñez, la pubertad, la juventud, la madurez y, luego, por su decadencia y muerte. Tiene el mismo desarrollo que todo en la Creación, y sus cambios van determinados por sus fases de crecimiento, por su evolución y desarrollo. Así este planeta, igual que los seres humanos, tiene sus cambios, sus enfermedades, sus problemas, sus luchas por evolucionar en escala tan diferente en el tiempo que como encarnados no lo podéis apreciar fácilmente. Cada una de estas etapas o cambios acá explicados, son una parte de su crecimiento como cuerpo, como matriz, como madre de sus especies.
Esta comunión o interrelación creará una fuerza que conllevará el desarrollo de la Conciencia Instintiva o fase de la creación de las entidades colectivas, las que mediante su actuación en la materia propiciarán su
desarrollo, ya más condicionado, ya más especializado, en todas las especies tanto animales como vegetales y minerales.
A cada cambio de vibración del planeta, al acelerar éste su vibración, sus especies tendrán, igualmente, un desarrollo más rápido; más rápida será su mutación y su evolución. Al principio pasaron millones de años para un leve cambio; después, poco a poco, el tiempo entre fase y fase se va acortando. Siempre el avance es geométrico; a mayor cambio, más evolución. Es como una espiral que a cada vuelta su circunferencia es más amplia. Así, de fase en fase, de cambio en cambio, siempre el tiempo será proporcionalmente menor y el desarrollo cada vez mayor. Y cada pequeño cambio será como una nube que luego vierte sus aguas sobre una superficie mucho mayor a la nube en sí, generando con sus aguas el crecimiento de múltiples formas de vida.
Ya el planeta tiene la fuerza instintiva creadora de las entidades colectivas. Al funcionar estas entidades colectivas sobre la materia, van formando el cuerpo astral primitivo de las especies tanto vegetales como animales. En el vegetal sólo será sensitivo; y en el animal, sensitivo y sensorial, que es la base del instinto. Así cada especie de animales tendrá su desarrollo en un grado o más, mayor al vegetal; e irán acondicionándose para que en su paso de especie en especie vayan creando las cualidades y condiciones que los transformará en seres que puedan albergar una entidad propia y, en consecuencia, se individualicen.
Cada célula animal primitiva irá cohesionándose con otras, formando cuerpos más complejos, y así sucesivamente, hasta formar especies claramente diferenciadas entre sí. Estas especies irán desarrollando, evolucionando; irán adquiriendo cualidades comunes, y un avance en características que las hará propicios para ir pasando a encarnar luego en otros tipos de animales, que les añadirán otras características, otras facetas, hasta reunir todas las que necesiten para pasar al hombre. Por ejemplo, de cocodrilo a tigre, luego a león, a gato, a perro, a chimpancé y, luego, a hombre primitivo. Este cambio de especie en especie es lento, pero constante y perenne; no pude apreciarse más que en miles, millones, de años.
Las entidades colectivas van dirigiendo la evolución de especie en especie. Cada entidad colectiva se ocupa de una forma de evolución, como en una especialización. Una entidad se ocupa del avance colectivo de una especie, que la recibe en una fase y le da el avance hasta otra fase, en que la entrega a otra entidad colectiva que la desarrolla en otra forma, en otra característica, hasta completar esa fase, y así sucesivamente. Por ejemplo, cuando un grupo de animales desarrollan hasta el máximo en una clase de cuerpo animal: un tigre, por decirlo, y deben pasar a otro animal que les añada otra característica más a las ya adquiridas, pasarán de la dirección de una entidad colectiva a la de otra, de manera que con otra forma física les añada las características que necesitan para su próxima fase de evolución. Así van de clase en clase, como de aula en aula, desarrollando las características que les permitirá ya, en su fase celular e instintiva más completa, con un
cuerpo instintivo y sensitivo bien desarrollado, pasar a un cuerpo capaz de albergar una entidad individual.
Al mismo tiempo que un grupo llega al estado de estar apto para pasar a hominal, el planeta llegará también a otra fase, a otro cambio, en su frecuencia vibratoria; y ya completas sus fases primitivas, podrá, con mayor fuerza de más alta calidad vibratoria, atraer hacia sí la frecuencia vibratoria necesaria que en conjunción con la Chispa Divina dará vida a la Entidad del Planeta. Esta entidad será la fuerza racional que generará todos los cambios que acondicionen al planeta para albergar seres racionales; será la fuerza que en su irradiación de adentro hacia fuera fijará en sus animales superiores el magnetismo que les permitirá el contacto individualizado con la Chispa Divina y, por ende, la creación de su entidad.
Esta Entidad del Planeta, o Arquetipo de la Materia, irá evolucionando en un desenvolvimiento acondicionante con todo lo que mora en él. Esto es lo que determina el avance de un mundo en forma armoniosa y permite una evolución ascendente, en el que todo el avance es parejo, cada cual en su forma adecuada, y permite que pasen a otra fase todos sus reinos conjuntamente.
Cuando este avance sufre un choque, una
descompensación en cualquiera de sus reinos, es decir, que no armonicen entre sí, este avance se vuelve caótico, no sigue un ritmo parejo, se desequilibran sus fuerzas, se descompensan; y viene, entonces, un cambio brusco, una sacudida, “un destrozo”, que virtualmente lo reacomoda todo para que pueda después volverse a acondicionar. Este desequilibrio entre la materia y su entidad, cual una
enfermedad, cual un generador con los cables cruzados, no permite el normal pase de la Energía Cósmica en su fluir hacia el planeta, bloquea en parte su recepción y desencadena una fuerza contraria, un karma, que a nivel de planeta caerá sobre él y todo lo que lo compone. Entonces, ese planeta (entidad y sus reinos mineral, vegetal, animal y hominal) así desequilibrado comenzará a sufrir cíclicamente ciertos cambios bruscos, cada ciertos miles de años, en que irá desembarazándose, desintoxicándose, de las cargas nocivas, para luego poder volver a recobrar su condición natural de equilibrio entre sí y con el Cosmos. El planeta, su entidad y sus habitantes han sufrido el karma, juntos, como juntos lo han generado, y cada uno lo recibirá en su parte proporcional. Terminado el tiempo dado, el tiempo que se le da al planeta para sus reajustes periódicos, viene el tiempo del equilibrio final en el cual ya se incorporará armoniosamente con el conjunto a que pertenece. Lo que no haya podido acondicionarse a este equilibrio, o no lo haya querido, en el caso de los seres pensantes, tendrá que salir del planeta; quedando sólo los que por sus evolución armonicen entre sí y armonicen con la frecuencia del planeta. Ya armonizados pasarán a otra frecuencia más alta, y seguirán su ruta en el Esquema Universal.
Cada fase de la evolución del planeta va precedida de este reajuste armónico; ya que éste, como cuerpo en sí, no puede pasar a otra fase en su desarrollo, con mayor frecuencia vibratoria, si no equilibra sus fuerzas ya existentes. Igual que ustedes como seres humanos: no pueden dar un paso adelante en su evolución mientras
no enderecen y pongan firme el paso anterior. El paso, en todos los niveles, se da recibiendo la fuerza,
desarrollándola, equilibrándose con ella
armoniosamente; y, luego, ya integrados con ella, estáis listos para recibir la próxima fuerza. Lo mismo es en lo grande como en lo pequeño, nunca olvidéis este principio que os ayudará a comprender más fácilmente y a formar un cuadro mental muy simple de todos los procesos en la evolución.
La entidad actual del planeta, que ha sufrido junto con él, ya más preparada pasará a otro mundo en que podrá dirigir más sabiamente su desenvolvimiento armonioso. Y el planeta, con su nueva vibración, recibirá a otra entidad de frecuencia vibratoria más acorde con su nuevo estado ya más evolucionado, más elevado.
Los grandes Instructores del Universo que rigen los mundos, planetas, estrellas, galaxias, etcétera, son los rectores de ellos a manera de acondicionantes de la Chispa Divina. Son los que van irradiando de afuera hacia adentro, sobre el planeta, la cantidad de fuerza que éste debe recibir, cual un baño divino, en forma de energía radiante que lo interpenetra todo y se funde con la entidad. Ayudan a la entidad del planeta, le dan impulso, y así mismo a todos los seres que pueblan este mundo. La entidad recibe esta irradiación en la proporción en que lo reciben sus diferentes formas de vida, y a través de éstas. La absorción es indirecta y está condicionada por el avance de sus elementos constitutivos. A mayor avance de sus reinos o formas de vida, éstas formas absorberán más de la fuerza del Cosmos, de su Chispa
Divina, y también más dejarán recibir a la Entidad del Planeta.
El desarrollo es, por lo tanto, gradual y parejo en todos
los niveles de vida en la Creación, siendo
interdependientes unos de otros en forma perenne y perpetua; y de esa escalonada dependencia se originan todas las manifestaciones de vida en el Universo. Cada muestra de evolución es una manifestación de la interrelación entre la Creación y el Creador, entre el efecto y la Causa Primera. Cada fase es una adecuación al TODO, al momento en que está, al avance en conjunto de todo lo creado.
Así mismo ninguna fase de la creación avanza sin armonía, sin recibir y dar un intercambio generoso. En cada forma de manifestación de la vida ésta tiene que armonizar con su conjunto. No puede una célula de vuestro cuerpo avanzar independientemente del cuerpo en sí; ni un órgano, aisladamente, fortalecerse o debilitarse sin fortalecer o debilitar al resto del organismo. Igualmente, como seres pensantes que formáis conjuntos como familias, castas, naciones, etcétera, no pueden unos avanzar demasiado, sin ayudar al desarrollo del resto del grupo; pues descompensarían la fuerza del grupo en sí, crearían desarmonía dentro de él. Cada miembro, al avanzar, debe ayudar a progresar a los demás; siendo su avance el esfuerzo que los otros reciban, la fuerza extra que los impulse. Estamos