CHAPTER 3. TESTING FOR NON-TERMINATION
3.2 Dependency Graph
3.2.1 Constructing dependency graph
2.1 El análisis existencial de la percepción: el caso Schneider en la teorización del arco intencional
En primer lugar, abordaremos brevemente el análisis existencial que Merleau-Ponty realiza en torno a la percepción y a los procesos intelectua-
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les en la Fenomenología de la percepción a partir de un caso estudiado por Gelb y Goldstein, el cual deja al descubierto la ligazón de estas operaciones con la experiencia. El caso de Schneider (un paciente que recibió un impacto de bala en su cabeza y que es sometido a un tratamiento para recomponer las funciones “perdidas”) ilustra la raigambre que poseen las funciones superiores y aquellas más básicas con la experiencia, expresándose así una unidad entre mi cuerpo y el mundo que lo circunda. En el análisis realizado por Merleau- Ponty, las significaciones que forman parte de la vida del enfermo no pueden ser reanudadas y puestas en relación con un mundo que de hecho lo sigue interrogando, pero que ha dejado de existir para él. Este análisis será abordado en el presente trabajo para comenzar a trazar un camino hacia la comprensión de uno de los conceptos vectores del proceso de embodiment en la fenomenología merleaupontyana: el arco intencional. El caso Schneider será el punto de partida en la reconstrucción de un proceso que nace y se realiza en el cuerpo vivido, para extenderse hacia la conformación del cuerpo que tiene por objeto la medicina actual.
En primer lugar, Merleau-Ponty centrará su análisis fenomenológico en los procesos perceptuales más elementales. Las deficiencias en la conexión entre sensibilidad y significación son redefinidas a partir de un análisis existencial: la conexión entre sensibilidad y significación se da en la existencia misma. Cuando a Schneider se le muestra una pluma estilográfica, no reconoce el ob- jeto a la brevedad, sino que describe de manera aislada todas sus propiedades sensibles: tiene brillo, determinado color, parece un bastón, etc. Lo que se ha roto allí para Merleau-Ponty no es sino “la familiaridad” con el objeto, el cual ha dejado de existir como un útil para el paciente. Su significación (en este caso, su utilidad) no viene dada de inmediato junto con los datos sensibles, sino que debe ser traída a partir de un acto de interpretación posterior a partir del cual se reúnen como un rompecabezas la totalidad de los datos sensibles. Es “el diálogo del sujeto con el objeto” lo que se ha roto. “La reanudación por parte del sujeto del sentido disperso en el objeto, y por parte del objeto de las intenciones del sujeto” será el mecanismo que disponga “alrededor del sujeto un mundo que le habla de sí mismo”.1
A las deficiencias intelectuales, Merleau-Ponty les otorga la misma signi- ficación existencial. En el análisis que efectúa Merleau-Ponty en torno a la relación que Schneider poseía con los números, advierte que es el suelo exis- tencial de las operaciones aritméticas lo que se ha dañado en el enfermo. En una secuencia numérica, las operaciones que realizamos con anterio- ridad permanecen como un “suelo” que nos permite abordar y resolver las operaciones subsiguientes. En el acto de numeración, las síntesis que hemos ido efectuando se mantienen presentes en nuestra conciencia, y podrán ser reanudadas o puestas en relación con nuevas operaciones. Es la ligazón del intelecto con la existencia lo que se ha truncado en la vida de Schneider.
1 MERLEAU-PONTY, Maurice. Fenomenología de la percepción. Trad. Jem Cabanes. Barcelona:
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Al igual que con los objetos, las otras personas no le proporcionan a Schneider ninguna significación. El lazo con los otros posee las mismas características que aquel que lo pone en relación con los objetos. El otro carece (aún mediado por las palabras que deberá descifrar una a una) de la significación que otorgan los lazos de coexistencia. Al igual que en las ope- raciones abstractas, las relaciones con los otros se ven afectadas cuando no poseen reglas estrictas que las condicionen. Schneider es un sujeto que no puede adecuarse a situaciones ficticias o imaginarias para llevar adelante una conversación con otra persona; le es imposible separarse de reglas fijadas con antelación que guíen y ordenen el devenir de las circunstancias. Por lo tanto, Schneider se presenta como un sujeto enlazado a una serie de reglas internas que lo aíslan de cualquier situación posible. Lo aleatorio de la existencia no es visto como una posibilidad en el proceder del enfermo, ligado a un mundo levemente variable: Schneider “está vinculado a lo actual”; carece de la libertad que consiste en “el poder general de ponerse en situación”.
A partir de este análisis, Merleau-Ponty concluye que debajo de la inte- ligencia y aún de la percepción existe una función que no solo nos pone en contacto con determinados objetos, sino que directamente los hace existir para nosotros. Merleau-Ponty llamará a esta función de ligazón existencial arco intencional y será la responsable de “proyectar alrededor nuestro, nuestro pasado, nuestro futuro y nuestro medio contextual humano”. La conciencia arrastra “una estela” en el momento en que es conciencia de algo, por lo cual, al pensar en un objeto, toda una serie de significaciones ligadas a él se ponen en juego, siendo las significaciones dadas el suelo sobre el que se construye ese mundo habitual. En el caso de Schneider, es este mundo previo el que se ha desmoronado y se ha perdido para él. Lo que se pierde para Schneider es esa generalidad o familiaridad que para Merleau-Ponty poseen nuestros hábi- tos y el mundo cultural que nos rodea.
La noción de arco intencional que Merleau-Ponty presenta a través del análisis de este caso, es una de los conceptos estructurantes de su teoría de la percepción, explicando la dinámica del embodiment en el marco de su filosofía. El arco intencional es lo que hace que pueda tener conciencia de un objeto o un sujeto como tal, y lo que estructura mi relación con un mundo que se presenta como existente en virtud de su incorporación a esta función. Entre el mundo y esta función existencial existe una correspondencia unívoca que condicionará una doble afectación. Por otra parte, la noción de arco intencional nos conecta directamente con el breve desarrollo que Merleau-Ponty realiza del proceso de aprendizaje a lo largo de la descripción de este caso patológico: en relación al caso de Schneider, el aprendizaje será equiparado con un proceso de incor- poración. Cuando hablamos de hábito motriz, Merleau-Ponty considera que un movimiento se aprende cuando el cuerpo lo ha comprendido, cuando “lo ha incorporado a su mundo”. La conciencia está emparejada estrechamente con la motricidad ya que su límite será el “yo puedo”; tengo conciencia del mundo
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en la medida en que existe para mí, en que puedo manipularlo. La motricidad es esa intencionalidad, ese “ir hacia” primordial que me pone en contacto con un entorno que me informa. El cuerpo, entonces, es para Merleau-Ponty un “patrón de medida” ya que la experiencia motriz que nuestro cuerpo aporta, nos facilita una manera de acceder al mundo. Por lo tanto, el cuerpo funciona para Merleau-Ponty como un sistema de equivalencias, a partir del cual mi corporalidad “atrapa” y “comprende” el movimiento percibido.
Este proceso, entonces, expresaría para Merleau-Ponty la capacidad que poseemos de reformularnos a través de la experiencia, de estar en constante cambio en virtud de un mundo que nos interroga y nos informa. A partir de la adquisición de habitualidades perceptivas reformulamos también nuestro dasein, nuestro ser-en-el-mundo, ya que nuestra existencia se verá afectada a partir de la incorporación de nuevos instrumentos. Merleau-Ponty ofrece algunos ejemplos que ilustran cómo nuestro esquema corporal se ve afecta- do y reformulado por la incorporación de herramientas que cambian nuestra relación con el mundo, con las cosas y con nosotros mismos. En el caso del no-vidente que explora el mundo a partir del bastón con el que se ayuda para desplazarse, su esquema corporal se extiende hasta la punta del bastón que empuña, ampliando la habilidad del “tocar” (incluso podríamos asimilar el “to- car” al “ver”) más allá del límite de su piel. El cuerpo se conformará así como un correlato de nuestras habilidades motrices y de ese mundo que nos habita y que indefectiblemente nos transforma. Habituarse a un objeto es “hacerlo participar” en nuestro propio cuerpo, estableciendo así una nueva relación con mi entorno. Es por ello que Merleau-Ponty considerará al cuerpo como “nuestro medio general de poseer un mundo”,2 ya que a partir de la adquisi- ción de hábitos motores, se extienden nuestras posibilidades de ser, estar y asir lo que nos rodea.
Sin embargo, ¿pueden producirse oscilaciones en las significaciones que se irán sedimentando a partir de mis actos de conciencia? ¿Qué es lo que permite que varias sensaciones disímiles formen parte de un mismo arco intencional, de una misma estela de conciencia? ¿Qué las ancla en una determinada red de significaciones? Considero que en casos no patológicos, los lazos afectivos y los sentimientos que se instalan como resultado de vivencias notables tienen un lugar relevante dentro de esta dinámica existencial que Merleau-Ponty ha descripto a partir de Schneider. Los sentimientos como el amor, el odio o los celos serán elementos disruptivos que producirán una reestructuración de mi relación con el mundo, con las cosas y conmigo mismo, sobre todo en períodos considerados críticos como la infancia y la adolescencia. La existencia se nos presenta, entonces, como el trasfondo de nuestras capacidades, aquello que sostiene y subtiende nuestro ser. Es en nuestra experiencia del mundo y de nosotros mismos donde nos reconocemos y constatamos nuestra existencia,
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la cual se presenta como el suelo mismo de mi percepción y de la organización e intelección de aquello que me rodea.
2.2 El juego como organizador primordial de mi entorno: la adquisición de las primeras habitudes perceptivas
El caso Schneider anteriormente analizado nos pone en contacto con la explicación que Merleau-Ponty brinda de la constitución del mundo por parte de un sujeto patológico. En la Fenomenología de la percepción, Merleau-Ponty apela en diversas ocasiones a este tipo de análisis partiendo desde la patología para extender su explicación hacia casos no patológicos. Sin embargo, cuando intentamos reconstruir una génesis de las habitualidades perceptivas desde su teoría, encontramos que su análisis se abre e implica las relaciones que el niño posee con su entorno directo. Tanto en Las relaciones del niño con los otros como en Psychologie et pédagogie de l’enfant. Cours de Sorbonne 1949-1952, el otro se instala como un polo dador de sentido que desde los inicios lúdicos de la relación del niño con el mundo, se instala como mediador de ese arco inten- cional que se trazará entre el cuerpo del niño y el universo que lo rodea. Las operaciones que en Schneider se han visto truncadas de manera accidental, tienen su origen en la vida infantil, siendo este período el epicentro para expli- car el embodiment en el marco de la fenomenología merleaupontyana.
En el juego, el niño no solo se auto constituye como sujeto, sino que tam- bién se afirma como portador de un mundo imaginario. La manifestación de su vida imaginaria se ejerce a través del lenguaje como una manifestación de sí mismo, como una suspensión voluntaria de las reglas de un mundo que aún desconoce. Citando a Sartre en L’imaginaire, Merleau-Ponty sostiene que el niño, al igual que el actor, no “finge” ser el personaje que ha asumido, sino que “abandona el plan de vida habitual por una vida onírica que él vive realmente”.3 El poder absoluto que el niño le otorga a la conciencia se expresa como un “pensamiento mágico”, todopoderoso, análogo al egocentrismo del que habla Piaget. En casos patológicos como el caso Schneider, se puede ver cómo la inserción del sujeto al ámbito de lo imaginario se ve impedida por el daño que se ha producido en el esquema motriz que sustenta dicho pasaje. Schneider no puede representar un rol, asumir verdaderamente una situación imaginaria; Schneider no puede cambiar de ‘medio contextual’. El mundo ficticio es con- vertido por Schneider en una situación real, ya que el enfermo no puede sino vivir en un mundo rígido en el que no puede acceder al ámbito del “como si”. El juego de roles entre padres e hijos se sitúa como la piedra angular que posibilita la asimilación del otro y, por ende, la construcción de una imagen diferenciada de mí mismo. Al cambiar de perspectiva, el niño asumiría la pro- pia. “Cuando se adopta un aspecto de la conducta del otro, la totalidad de
3 MERLEAU-PONTY, Maurice. Psychologie et pédagogie de l’enfant. Cours de Sorbonne 1949-1952.
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la conciencia toma el estilo de la persona imitada”. Para describir este fenó- meno, Guillaume toma el concepto de acomodación, fenómeno que “permite la apropiación de estructuras nuevas” así como también “la adquisición del lenguaje”.4 Dicho proceso será posible debido al dinamismo del esquema cor- poral, el cual se irá conformando a lo largo de toda la infancia y será lo que permita esta transposición por la que asumo mi subjetividad a partir del cuer- po del otro. En Las relaciones del niño con los otros, Merleau-Ponty sostiene que “es ese traspaso de mis intenciones, al cuerpo del otro y de las intenciones del otro a mi propio cuerpo, ese extrañamiento del otro por mí y de mí por el otro lo que hace posible la percepción del otro”,5 y por ende, lo que hace posible a posteriori la paulatina percepción de mi individualidad y diferencia. El niño comienza siendo uno con un otro indiferenciado que es asumido como parte constitutiva de sí. La imagen especular que el niño obtiene de sí mismo lo enfrentaría para Merleau-Ponty con toda su individualidad corporal. Una vez objetivado el cuerpo propio, comienzo a construir el cuerpo del otro, “el primer objeto cultural, aquel por el que todos existen”.6 Sin embargo, para Merleau-Ponty, “la percepción del otro y el mundo intersubjetivo sólo cons- tituyen problema para los adultos”. Debido al sincretismo que caracteriza la primera infancia, el niño considera que su mundo es accesible para todos; el mundo imaginario del niño se abre sin pudor frente a la mirada de los adultos que constituyen una unidad con su entorno. El niño “no sospecha que todos estemos, y lo esté él, limitados a un cierto punto de vista acerca del mundo”.7 Es este “pensamiento bárbaro” que Merleau-Ponty quiere enaltecer por sobre el pretendido pensamiento objetivo que el sujeto alcanzaría para Piaget con la llegada de los doce años.
En el juego de roles se evidencia entonces la plasticidad del esquema motriz, explicando la adaptación del niño a situaciones novedosas, como también así la capacidad de adaptación a un mundo imaginario que se sostiene moral- mente por la creencia en nuevas realidades. La aparición del juego como fenómeno de acomodación o como mecanismo que posibilita que esta se produzca, suscita algunos interrogantes al interior de la teoría de Merleau- Ponty. En primer lugar, la génesis del aparato perceptivo del niño en Merleau- Ponty sigue mostrando algunos sitios de penumbras. El juego, en tanto dinámica de acomodación y apropiación de estructuras, podría situarse a la base de la adquisición e intercambio de habitualidades perceptivas. Sin embargo, el origen de la condición de posibilidad de dicho proceso (la unidad corporal expresada como esquema motriz) permanecería aún sin explicaciones
4 Ibíd., p. 37.
5 MERLEAU-PONTY, Maurice. Las relaciones del niño con los otros. Trad. Irma Bocchino de
González. Paris: Centre de documentation Universitaire, 1951, p. 42.
6 MERLEAU-PONTY, Maurice. Fenomenología de la percepción. Op. cit., p. 360. 7 Ibíd., p. 366.
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demasiado precisas. ¿Cómo se instala esta unidad? ¿Cómo se impregna del “estilo” que condiciona la adquisición de nuestras significaciones? Por otra parte, en su debate con Jean Piaget en torno a la percepción del niño, Mer- leau-Ponty sostiene que la percepción infantil no difiere de aquella realizada por el adulto; las conclusiones a las cuales habría llegado el pedagogo sobre las diferencias en los procesos perceptuales de ambos, tendrían que ver más bien con el lenguaje que utilizan los niños para referir a un mundo que efecti- vamente compartirían con los adultos. Sin embargo, ¿es la teoría de la percep- ción presentada en Fenomenología de la percepción similar a la esbozada en Cours de Sorbonne? ¿Apela Merleau-Ponty en las dos obras a los mismos mecanismos y procesos a la hora de desarrollar su fenomenología de la percepción? ¿Es la Fenomenología de la percepción la base teórica de todo proceso perceptivo o es más bien una fenomenología de la percepción del sujeto adulto?
Analizar la posible génesis del proceso perceptivo en la teoría de Merleau- Ponty hace surgir el interrogante en torno a los cambios que sufre nuestro sistema perceptual a lo largo de nuestras vidas. ¿Es el “estilo” del que habla el filósofo definido en la infancia para luego permanecer inalterable? Hablar de plasticidad de la función de ligazón llamada arco intencional en la niñez, no resulta tan problemático cuando la situamos en los procesos iniciales de auto constitución del yo y de delimitación del mundo que nos rodea. Sin embargo, pensar en fluctuaciones en este proceso en la adultez amerita un análisis en el que logren identificarse los factores por las cuales se producen los cam- bios. ¿Son las condiciones materiales de existencia las que ocuparán en la vida adulta el rol que ocupaba en la primera infancia la interacción parental? A continuación, traeré a colación el análisis que Merleau-Ponty realiza de la vida afectiva y de los sentimientos como estrategia de acomodación a partir de las cuales podemos reestructurar nuestro repertorio de habitualidades perceptivas.
2.3 Infancia, sentimientos y percepción: la instauración de hábitos perceptivos en la instauración del otro
En Las relaciones del niño con los otros, Merleau-Ponty analiza la relación existente entre las funciones de conocimiento (inteligencia, imaginación, percepción, etc.) con la afectividad indagando cuál sería el rol que esta posee a la hora de conocer. El desarrollo del lenguaje y de la percepción en el niño se ven afectados y modificados por el entorno afectivo (esto es, el medio huma- no) que lo acoge. En este trabajo, Merleau-Ponty traerá a colación dos senti- mientos que se imponen en la vida del niño y del adulto y que condicionan en muchos casos la organización del mundo y de las relaciones interpersonales: los celos y el enamoramiento.
En el análisis de un niño que recibe con desagrado el nacimiento de un hermano menor, la adquisición y desarrollo del lenguaje en el mayor se pre- sentan como un complejo fenómeno de identificación resultante de sus celos
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incontrolables. Los sentimientos de celos en el niño hacen que se comporte