CHAPTER 5. CONCLUSION
5.2 Future Work
Que vivimos en actitud natural la mayor parte de nuestro tiempo es un he- cho que atestigua la cotidianidad misma. Ahora bien, lo que interesa destacar para este trabajo es que la familiaridad del mundo al que decimos estar acos- tumbrados presupone siempre un sentido o sentidos que estructuran nuestra comprensión del mismo. En palabras de Camus, se trata de ideas, ilusiones o razones que parecen justificar nuestra presencia en el mundo, nuestra vida. Sin embargo, ya desde el comienzo de El mito de Sísifo tales ideas o razones empiezan a perder claridad y evidencia con respecto a su rol en la vida de las personas. Dos son las situaciones que parecen cuestionar la supuesta clari- dad del sentido de la vida sobre el que parece (tener que) apoyarse nuestra existencia en actitud natural: i) que “[l]o que se llama una razón para vivir es, al mismo tiempo, una excelente razón para morir”20 y ii) que “[q]uienes se suicidan suelen estar con frecuencia seguros del sentido de la vida”.21 Dicho de otra manera, parece que lo que motiva la actitud natural puede conducir a situaciones que provocan la negación o renuncia a la vida misma. La relación, entonces, entre sentido y vida se problematiza dando pie para que una posi- ble salida de la actitud natural, la cotidianidad y la costumbre de vivir, aparez- ca en la forma de pérdida de sentido: extrañamiento o angustia.
Ya para el año 1937 Albert Camus había considerado nuestra problemática situación dentro de lo que parece una condición a-problemática. En su obra El derecho y el revés, conjunto de relatos breves sobre asuntos relacionados con la condición humana y las paradojas de la misma, Camus escribiría sobre la cotidianidad y la salida de esta. En su relato titulado Amor a la vida, se refiere al viaje como una forma de quebrar con la rutina, agregando que
[l]o que da valor al viaje es el miedo. El viaje quiebra en nosotros una especie de decorado interior. Ya no es posible hacer trampas…, enmascararse detrás de las horas de oficina y taller (esas horas contra las cuales protestamos con tanta vehemencia y que nos defienden con tanta seguridad del sufrimiento de estar solos). Por eso siempre tengo ganas de escribir novelas en que mis héroes dijeran: “¿Qué sería de mí sin mis horas de oficina?” O bien: “Ha muerto mi mujer; pero afortunadamente tengo que despachar para mañana una nutrida correspondencia”.22
20 CAMUS, Albert. Obras. Op. cit., p. 215. 21 Ibíd., p. 217.
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Para Camus, de esta manera, la condición de extranjeros nos sacaría de las comodidades de un mundo familiar gobernado por la rutina. De este modo, algo tan común como el hecho de viajar hace que nos sintamos desprotegidos, carentes de la identidad que opera como máscara y que nos hace sentir fami- liares. Y el miedo23 que acompaña el viaje, esa inquietud o inseguridad pade- cida con el alejamiento, hace que, sin refugio, “nos encontremos por entero en la superficie de nosotros mismos”.24 El viaje -y la condición de extraños que ganamos con este- implica, paradójicamente, que nos encontremos con nosotros mismos. Para decirlo con más brevedad, y adelantando un poco la conclusión de este trabajo, la vida como viaje me dice que “seré siempre extraño para mí mismo”.25
La condición de extranjero problematiza de este modo la relación senti- do-vida, pues implica la pérdida de ese “sentido de la orientación” que me presenta el mundo como algo familiar y conocido. Llevado a una situación extrema, para retomar el vocabulario de Eugen Fink que mencionábamos en la introducción de este trabajo, la sensación de extrañamiento ante “El” mundo y mi vida como un todo genera ese miedo que, en ocasiones, conduce a la evasión mediante el suicidio. Esta idea es presentada en el primer apartado de El mito de Sísifo (“El absurdo y el suicidio”) y nos exige pensar mejor la relación entre el sentido de la vida y la vida en sí misma. Ya Camus ha mostrado, al comienzo de El mito de Sísifo,26 que la sensación de extrañamiento ante nuestra propia vida, la pérdida de sentido, no nos conduce necesariamente al suicidio, como el miedo que acompaña al viaje no nos impide, necesariamente, viajar. Ahora bien, y siguiendo el ejemplo del viajero que fuera de su tierra se siente
23 Entiendo que no es posible equiparar sin más “miedo” y “angustia”. El mismo Heidegger
en ¿Qué es metafísica?: “angustia es radicalmente distinto de miedo. Tenemos miedo siempre de tal o cual ente determinado que nos amenaza en un determinado respecto […] como el miedo se caracteriza por esta determinación del de y del a, resulta que el temeroso y el medroso queda
sujeto a la circunstancia que lo amedrenta. Al esforzarse por escapar de ello –de ese algo determi-
nado– pierde la seguridad para todo lo demás, es decir, ‘pierde la cabeza’. La angustia no permite que sobrevenga semejante confusión […] la angustia de… es siempre angustia por…, pero no por esto o lo otro. Sin embargo, esta indeterminación de aquello de que y aquello por que nos angustiamos no es una mera ausencia de determinación, sino la imposibilidad de ser determi- nado”. HEIDEGGER, Martin. ¿Qué es metafísica? Op. cit., pp. 25-26. No obstante la distinción aquí evidenciada por la determinación del miedo o la indeterminación de la angustia, me tomo la libertad de considerar, desde el texto de Camus sobre el viaje, un miedo que se asume en términos de inquietud ante lo que se presenta extraño. Si el viaje no es determinado, esto es, no es hacia X o Y lugar, sino que constituye la vida misma en su indeterminación, cabría hablar de un miedo indeterminado en el texto de Camus que genera inquietud ante el extrañamiento de la vida misma.
24 CAMUS, Albert. Obras. Op. cit., p. 259. 25 Ibíd., p. 228.
26 “no es vano se ha jugado hasta ahora con las palabras y se ha fingido creer que negar un
sentido a la vida lleva forzosamente a declarar que no vale la pena vivirla. En verdad, no hay equivalencia forzosa alguna entre ambos juicios”. Ibíd., p. 218.
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extranjero, habrá que considerar esa sensación de extrañamiento que produce la pérdida de sentido27 a propósito de la condición humana en general.