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Detecting non-termination

CHAPTER 3. TESTING FOR NON-TERMINATION

3.2 Dependency Graph

3.2.2 Detecting non-termination

Hasta aquí hemos esbozado un breve recorrido por la teorización que Merleau-Ponty realiza de la estructuración y cambio de las habitualidades perceptivas, haciendo hincapié en el concepto de arco intencional como sostén del embodiment o realización en el cuerpo habitual de los hábitos de percepción sedimentados. El caso Schneider como explicación exponencial y existencial del concepto anteriormente mencionado; el juego de roles en la primera infancia, como eje de la instauración de los primeros hábitos percep- tuales; los sentimientos y afectos, como elementos que renuevan y conmue- ven el arco intencional expresando su plasticidad. Todos estos aspectos hacen de la existencia aquello que moldea y determina nuestro cuerpo habi- tual. El mundo se realiza en nuestro cuerpo y será nuestro cuerpo el que lo lleve a su realización. Sin embargo, en la actualidad, el concepto de embodiment se ha utilizado no solo para expresar las injerencias que nuestro entorno posee en la construcción del cuerpo vivido, sino que este análisis se ha hecho extensivo al cuerpo físico objeto de la medicina. De esta manera, el concepto de embodiment fenomenológico se ha “biologizado” y por ello trasladado al seno de estudios ambientalistas que analizan las repercusiones que las condi- ciones socioeconómicas poseen en el cuerpo (esto es, en la salud) de un individuo. Considero que en la inclusión de las variables socioeconómicas en el proceso de embodiment (tanto aplicable al cuerpo “medicalizado” como al cuerpo habitual) se encuentra la vertiente política del análisis existencial merleaupontyano. Cuando el mundo “se hace carne” en nosotros, no solo se realiza en tanto lazos afectivos, sentimientos o vivencias, sino que las condi- ciones materiales que nos aquejan hacen mella en nuestro ser, recorriendo todas las dimensiones de nuestra corporalidad. A continuación, analizaremos el trabajo de Peter Gianaros y Stephen Manuck en donde toman el concepto de embodiment para explicar las repercusiones que las condiciones socioeconó- micas poseen en la salud de un individuo.

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En su trabajo Neurobiological Pathways Linking Socioeconomic Position and Health,

Peter Gianaros y Stephen Manuck retoman el concepto de embodiment para describir las consecuencias que las condiciones socioeconómicas poseen en el desarrollo biológico. Para ellos, estas condiciones son “encarnadas” por el cerebro y poseen consecuencias a lo largo de la vida del sujeto; la pobreza

“se hace carne” en el cuerpo de quienes la padecen. El trabajo de Gianaros

y Manuck (el cual será brevemente desarrollado a continuación) formulará el siguiente interrogante: ¿Cómo se produce este proceso de corporeización de la pobreza? ¿Cuáles son las vías por las cuales las condiciones socio-económicas logran hacerse carne en quienes las padecen?

Los caminos por los cuales las condiciones socioeconómicas interfieren en la salud, han sido cotejados desde perspectivas epidemiológicas para las cuales la desigualdad socioeconómica en salubridad nace de la relación entre procesos ambientales, sociales, familiares, psicológicos, conductuales y fisiológicos que se despliegan a lo largo de la vida de un sujeto. Según estos autores, estas perspectivas no han integrado aún los nuevos descubrimientos de otras áreas (genética molecular, neuroimágenes, etc.) realizando un análisis sesgado de la problemática. Gianaros y Manuck consideran que los futuros estudios en neurobiología sobre esta cuestión pueden mejorar nuestra com- prensión de los caminos por los cuales las diferentes dimensiones de las posiciones socioeconómicas resultan “encarnadas”, “asimiladas” o “realiza- das” (embodied) por el cerebro, influyendo así en la salud de una persona a lo largo de toda su vida. Asimismo, estos investigadores se preguntan cómo el cerebro representa las diferentes dimensiones socioeconómicas (SEP. socioeco- nomic position) y en qué momento de la vida se hacen efectivas en la vida de un individuo. ¿Cómo cambian con el pasar del tiempo y cómo resultan incorporadas o encarnadas (embodied) mediante la acumulación de las experiencias vividas a partir de las cuales se forman? ¿Cómo estas representaciones afectan signi- ficativamente las facetas sociales, cognitivas y emocionales de nuestra vida? Para Gianaros y Manuck, las SEP son constructos multidimensionales que deben ser conceptualizados como tales en el cuerpo de una investigación. Históricamente, los indicadores de SEP han sido rotulados como “objetivos” o “subjetivos”. Los indicadores objetivos por lo general evalúan aspectos rela- cionados con los logros académicos, el rango laboral, ingresos, riquezas acu- muladas y posesiones. Los indicadores subjetivos se establecen a partir de la mirada del propio encuestado sobre un solo ítem (referidos también a valores como la educación, los ingresos y el empleo). El argumento que adoptan estos autores es que la expresión de las disparidades socioeconómicas entre los indicadores SEP objetivos y subjetivos en la salud depende del embodiment por parte del cerebro de factores ambientales, sociales, biológicos y psicológicos socialmente estratificados, vinculados a la salud y a la mortalidad a través de los individuos. Sin embargo, ¿qué quiere decir que el cerebro logra corporeizar los factores que lo aquejan? ¿Refiere a cierta “conciencia” o “conocimiento” que un individuo posee de las circunstancias que lo apremian haciendo de

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ello el horizonte (en un sentido fenomenológico) de todas sus decisiones? Los indicadores subjetivos responderían más bien a la realización en el cuerpo habitual de las SEP, esto es, cómo estos factores son recogidos y asumidos a lo largo de mi existencia estableciéndose una interrelación de estos últimos con las variables materiales cuantificables.

Traeremos a continuación una serie de definiciones de embodiment que los propios Gianaros y Manuck mencionan en su trabajo, lo cual nos ayudará a comprender qué dimensión de esta dinámica estarán considerando estos autores para su análisis. Desde una perspectiva ecosocial, Krieger define embodiment como “un concepto que se refiere al modo en que incorporamos literalmente y de manera biológica el mundo material y social en el que vivimos, desde el útero hasta la muerte”. Desde el punto de vista de la neurociencia cognitiva, Marshall define embodiment como un concepto vector que “sitúa la mente dentro del cuerpo y del cerebro de un organismo activo el cual está profundamente inmerso en el mundo”. Por ello Gianaros y Manuck consideran que embodiment puede entenderse como un concepto central para los estudios neurobiológicos acerca de las desigualdades socioeconómicas en la salud, en la medida en que el cerebro es el blanco de las influencias ambientales y sociales. Sin embargo, para ambos autores será necesario apelar a otras disci- plinas como la psicología social o la epidemiología para dilucidar los caminos por los cuales los factores socioeconómicos podrían ser “encarnados” por el cerebro influyendo en la salud a lo largo de la vida.

Simon McCarthy-Jones et al., realizan un trabajo sobre las alucinaciones verbales y auditivas, en donde describen la importancia que un análisis feno- menológico y corporal podría aparejar en el entendimiento de este fenómeno. De la misma manera que Peter Gianaros y Stephen Manuck, estos autores consideran que un análisis fenomenológico que recoja las experiencias del sujeto inmerso en determinadas circunstancias es crucial para entender el fenómeno que se intenta comprender. Sin una aproximación al “mundo tal cual es vivido”, no se puede poseer un entendimiento acabado de la proble- mática, siendo esto último condición necesaria para escapar de un análisis rígido y sesgado. De esta forma, pareciera no haber un estudio real del

embodiment si no se considera la vivencia de la función que describiera

Merleau-Ponty: el arco intencional, la forma en la que las cosas se me presentan

y existen para mí. Así, Simon McCarthy-Jones et al., utilizan las estrategias del

método de análisis fenomenológico para acceder a la experiencia personal de los sujetos que padecen alucinaciones. De esta manera, proporcionan un camino para comprender las apreciaciones que una persona posee sobre sus propias vivencias como así también los mecanismos que las sostienen.

McCarthy-Jones et al., sugieren que las alucinaciones verbales y auditivas necesitan de una nueva metodología que las coteje como una experiencia distinta del habla interna o la memoria, teniendo sus raíces en los procesos cognitivos normales. La filosofía fenomenológica será la herramienta a partir

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de la cual se intentará examinar dicho fenómeno, apelando a los conceptos que Husserl pensara por fuera del ámbito clínico. En el campo de la psicología, la investigación fenomenológica será valiosa en la medida en que parte de la experiencia del “yo”: a partir de estructuras básicas como la temporalidad, la espacialidad o el mismo embodiment, el mundo se hace presente en la vida de nuestra conciencia. Desde un análisis fenomenológico, podremos acceder para McCarthy-Jones et al., a los procesos a partir de los cuales el mundo se me presenta.

En primer lugar, la epoché es adoptada como el paso inicial de la investigación clínica. Así, el investigador debe suspender todo juicio o diagnóstico respecto a la situación clínica del paciente para focalizarse en el significado que el propio paciente le da a su experiencia. De esta manera, el investigador no “patologiza” la situación del paciente sin antes conocer la elaboración que el mismo hace de su experiencia patológica. En segundo lugar, la llamada variación eidética es utilizada para discernir las propiedades invariantes de un fenómeno a partir de la separación y análisis de todos sus componentes. Por último, McCarthy- Jones et al., precisan la necesidad de regresar a la experiencia tal cual es vivida por el paciente, siendo este el punto de partida de todo análisis para poder así descender hasta las estructuras más básicas de la conciencia.

4. Conclusión

El análisis realizado por Gianaros y Manuck nos hace pensar en las conse- cuencias metodológicas que un cruce entre filosofía y neurociencias podría reportar para ambas disciplinas. ¿Podemos hablar de embodiment sin hablar al mismo tiempo de un cuerpo habitual que se correlacione con tal noción? ¿Es la teoría merleuapontyana sin más un vehículo para entender cómo la desigualdad que nos circunda se integra a un cuerpo que se informa a partir y a pesar de un entorno hostil? Si bien Gianaros y Manuck retoman este concepto para aplicarlo en primer lugar al cuerpo biológico, podemos pensar a partir de aquí la constitución del cuerpo habitual como resultado también de las condiciones materiales del entorno, instalando la noción de embodiment como un mecanismo que recorre la conformación de la corporalidad en todas sus dimensiones. Pensar el cuerpo habitual como “habitado” por un mundo conformado por particularidades socioeconómicas que terminarán, en defini- tiva, por afectarlo, nos arroja frente a las implicancias políticas de la teoría de la percepción merleaupontyana, extendiendo así sus mecanismos hacia otros aspectos de la existencia. El mundo no solo será aquellos colores que evocan un aroma o un sabor determinado; será también la continuación en el cuerpo propio de la inequidad y el sufrimiento humano.

Cuando pensamos la noción de embodiment como el vehículo por el cual las condiciones materiales del medio se realizan en un sujeto, nos enfrentamos con las implicancias políticas de un mecanismo hasta entonces desligado de este ámbito. En la medida en que somos el mundo que habitamos, la teoría de

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la percepción de Merleau-Ponty nos podría conducir hacia un determinismo indeseable a partir del cual no podríamos ser otra cosa que aquello en lo que nuestro medio nos convierte. Desde una óptica materialista y política, ¿puede la teoría merleaupontyana de la percepción o cualquier otra que teorice el embo- diment como eje de este proceso dar lugar a un hombre libre que determine y decida sobre su intercambio con el entorno? Desde la apropiación que hacen Gianaros y Manuck en su investigación sobre pobreza, un determinado contacto con el mundo determinaría y condicionaría la forma en la que un sujeto va a elaborar o tener acceso al conocimiento. La biologización del concepto de embodiment pareciera tornarlo un tanto rígido y frente a ello, pensar en una intervención pedagógica que facilite la aproximación del sujeto a su entorno, se torna un tanto problemática. El mundo se hace carne en el cuerpo biológico debilitando, al mismo tiempo, la agencia de su propia subjetividad.

Esta concepción del embodiment nos hace pensar en ciertas consecuencias que su aplicación aparejaría al interior del proceso de aprendizaje. ¿Hay lugar para un planteo constructivista que logre vencer la correspondencia unívoca entre mundo y sujeto? ¿Cuáles serían las mediaciones eficaces para intervenir en la corporeización o realización del mundo en el cuerpo habitual (y por qué no, biológico) de un niño? Sobre este punto, adquiere relevancia nuevamente la noción de arco intencional escasamente desarrollada por Merleau-Ponty, a partir de la cual explica la constitución de las habitualidades perceptivas que conformarán el cuerpo habitual de un sujeto. Merleau-Ponty no realizó expe- riencias ni trabajos de campo que puedan testear la flexibilidad o el intervalo con el que cambiaría el arco intencional a partir de mediaciones direccionadas a tal fin. Este concepto bien puede ser testeado hoy día desde este aparato teórico que, si bien no fue desarrollado para ser aplicado en el marco de un trabajo de campo, aporta todas las herramientas para un análisis empírico de casos. Creemos que desde un planteo merleaupontyano en donde no hay una raigambre biologicista fuerte, el concepto de embodiment admitiría inter- venciones y, de hecho, las facilitaría. En tanto el mundo se hace carne en mí, puedo hacer uso del entorno inmediato del niño para hacer del conocimiento impartido, conocimiento vivido y experienciado. La tendencia actual de hacer que los niños “vivencien” hasta los contenidos más abstractos de los currícu- los, da cuenta de la plasticidad del cuerpo de asir nuevas experiencias y, con ello, nuevos mundos. Al mismo tiempo, pensar a otro que se posiciona como dador de sentido y que pueda así intervenir en la asimilación o deconstrucción de las habitualidades perceptivas (pensando al proceso de aprendizaje mismo como facilitador de estas intervenciones), nos lleva a pensar en la génesis misma del proceso perceptivo y en el carácter innato o construido de esta estructura que parece sostener la existencia misma. ¿Es el arco intencional una estructura que se auto configura o puede haber un otro dador de sentido que lo irá reconfigurando durante los primeros meses de vida?

La trasposición del concepto de embodiment a las neurociencias, suscita ciertas reformulaciones metodológicas al interior de ambas disciplinas. Por

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un lado, la utilización de este concepto en las neurociencias, enfrenta a los especialistas en este campo al desafío de incluir en sus análisis la figura del cuerpo habitual desarrollado por la fenomenología para poder así explicar en qué medida se realiza ese mundo que se hará carne en el cuerpo biológico (en el caso de Gianaros y Manuck, específicamente en el cerebro). El cuerpo habitual, expresado en alguna medida en los indicadores subjetivos de las SEP, nos aportará en gran medida las características de la interacción entre mundo y sujeto, y un análisis del cuerpo biológico que refiera a la relación de este último con su entorno no puede prescindir de su inclusión. El trabajo que realizan estos investigadores nos hace pensar en la necesidad de un enfoque fenomenológico alternativo en estudios de estas características, incluyendo en el esquema de análisis la constitución del cuerpo habitual no solo como correlato del cuerpo biológico, sino como una dimensión que interactúa acti- vamente con esta última.

Por último, desentrañar las implicancias que el desarrollo del cuerpo habi- tual y de las habitualidades perceptivas poseen sobre el cuerpo biológico, es uno de los escollos con los que indefectiblemente aquellos que trabajamos desde una perspectiva fenomenológica debemos enfrentar en la actualidad a partir de la apropiación por parte de las neurociencias de conceptos acuña- dos al interior de la fenomenología misma. ¿Podemos intervenir desde el pro- ceso de aprendizaje (a partir de la modulación del arco intencional que sostiene en la existencia las habitualidades mismas) en el cuerpo de la biología? ¿En qué medida sería sistematizable la intervención pedagógica en la estructura que Merleau-Ponty llamó arco intencional? ¿Es la capacidad de adquirir habi- tualidades perceptivas parte del cuerpo habitual instituido por la cultura o es una mera capacidad que nace con nosotros en la misma génesis del proceso perceptivo?

Hemos visto cómo la apropiación de este concepto por parte de las neuro- ciencias abre nuevas dimensiones al interior de ambas disciplinas, ampliando incluso los alcances de su aplicación. Si bien Merleau-Ponty no ha menciona- do las consecuencias político-metodológicas que su teoría de la percepción podría aparejar (incluso la ausencia de un pensamiento político claro en sus obras ha sido en muchos casos objeto de crítica), podemos vislumbrar a partir de la apropiación posterior de algunos conceptos fenomenológicos un pen- samiento fuertemente ligado con el mundo y con las condiciones materiales del mismo, haciendo del existencialismo merleaupontyano que se desprende de su teoría perceptual, la puerta de entrada a un pensamiento fuertemente e inherentemente político.

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Bibliografía

GIANAROS, Peter. MANUCK, Stephen. “Neurobiological Pathways Linking

Socioeconomic Position and Health”. En: Psychosomatic Medicine. Vol. 72(5), 2010, pp. 450–461.

MCCARTHY-JONES, Simon et al. “Stop, look, listen: the need for philo- sophical phenomenological perspectives on auditory verbal hallucinations”. En: Frontiers in human neurosciences . Vol. 7, 2013, artículo 127. Disponible en: www.frontiersin.org

MERLEAU-PONTY, Maurice. Las relaciones del niño con los otros. Trad. Irma Bocchino de González. Paris: Centre de documentation Universitaire, 1951.

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Actitud natural, angustia y absurdidad. Anotaciones sobre

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