Chapter 2. The rhetoric of employability
2.5 What is wrong with employability?
2.5.3 Constructing and governing the subject
En el historial del Hombre de los Lobos, les decía, el esquema va a ser el mismo que ya encontramos en el artículo de 1894, pero lo que complica la cosa es que todo el caso no se funda sólo en esto que acabamos de ver. Es decir, aquí ya no se trata de que hay una "representación inconciliable", que el mecanismo de la Verwerfung se ejerce sobre esa representación, y que en eso consiste todo. Aquí ya tenemos en función el complejo de Edipo y el complejo de castración, cosa que no estaba en juego en el artículo de 1894. Es decir, hay una articulación de la neurosis de un nivel mucho más complejo que el mero análisis de un solo síntoma.
Entre paréntesis, lo repito, pues creo que ya lo he dicho en este seminario: creo que esta "neurosis infantil", como Freud califica a la del Hombre de los Lobos, es una neurosis, que no es una psicosis. No obstante, el diagnóstico del Hombre de los Lobos ha dado lugar a discusiones, que no conviene desconocer. Incluso, Lacan mismo no efectúa un diagnóstico de una vez y para siempre, ha considerado distintas alternativas. ¿Es una neurosis, fóbica u obsesiva, según el momento en que nos detengamos? ¿Es una psicosis? ¿Comporta un "episodio psicótico" en una neurosis... lo que no es lo mismo que decir "alucinación histérica" o "delirio obsesivo"? No es lo mismo hablar de una "alucinación neurótica", o de un "delirio neurótico", que de un "episodio psicótico" en
una neurosis. ¿Es un borderline? — Pero no era en primer lugar a esto que quería referirme. En fin, yo creo que se trata de una neurosis, pero supongamos que no fuera eso, que se tratara de una psicosis... Lo que trato de decir, lo podría decir más
fácilmente con el caso de Schreber, pero me atengo al hecho de que estamos con el caso del Hombre de los Lobos. No importa. Lo que trato de decir es esto, que me parece importante subrayar, dado lo que suele escucharse en el discurso corriente: la psicosis no está por fuera del complejo de Edipo y del complejo de castración. En todo caso, implica una manera de responder distinta, distinta a la de la neurosis, al problema planteado por este complejo, pero precisamente, en la medida en que implica una manera de responder al problema planteado por la castración, no está por fuera del campo del complejo de castración.
Señalo esto, porque en el discurso corriente circula un esquema de tipo psicogenético y evolutivo, según el cual "el sujeto no ha accedido a lo simbólico", por ejemplo, que a continuación se transforma en "el sujeto no ha accedido al Edipo" o "no ha accedido a la castración"... ¡De ninguna manera! ¡No se trata de eso! Creo que ya les he citado,
porque me la acuerdo de memoria, la primera frase del escrito sobre «La significación del falo»:
Es sabido que el complejo de castración inconsciente tiene una fun-ción de nudo.
1º. en la estructuración dinámica de los síntomas en el sentido analítico del término, queremos decir de lo que es analizable en las neurosis, las perversiones y las psicosis (29)
En las psicosis, también tiene una "función de nudo", el complejo de castración in- consciente. La diferencia no pasa por si "accedió" o "no accedió", sino por cómo respondió a eso. Es decir, que me parece altamente incorrecto decir que en la psicosis no hay acceso al Edipo o que no hay acceso a la castración. Hay acceso, y se responde de una manera diferente a la manera en que responde la neurosis.
HILDA SCHVARZMAN: Ahora, los mismos Seminarios de Lacan, los primeros, ¿no hacen pensar un poco en eso? Porque cuando habla del tiempo de la frustración, de la privación, de la castración, sugiere como un cierto pasaje hacia... Y entonces algunas lecturas se han detenido en esos tiempos previos a lo que Lacan ubica como castración.
Sí... Digamos, el andar de Lacan en los Seminarios es un andar, no digamos vacilante, al menos no todo el tiempo, pero sí de búsqueda. Lacan no tiene, cada vez, en la cabeza, todo lo que va a desarrollar en el Seminario. Cosa que me interesa destacar,
anticipándome a cuando tenga que mostrarles la manera diferente en que Lacan entra en el Seminario sobre Las psicosis y sale del Seminario sobre Las psicosis. Así como hace dos años me preocupé por mostrar la manera diferente en que Lacan entra en el
Seminario sobre El sínthoma y sale del Seminario sobre El sínthoma.(30). Es que hacer un planteo de temporalidad —no me acuerdo si en este seminario ya hablé de eso—, plantear que está primero Freud, que después está Lacan, y que después venimos
nosotros, sin que estos tres tiempos deban confundirse ni borrarse,(31) implica trasladar la función del tiempo a la lectura misma de los textos, por lo que no es posible hacer como Fenichel, quien homogeneiza todo Freud. No se puede hacer eso con Lacan, ni tampoco con un Seminario de Lacan. Por eso decía: la posición de Lacan a veces es titubeante, de búsqueda, a veces hace avances que no tienen ulterioridades — por ejemplo, hay un momento del Seminario sobre Las psicosis en el que parece avanzar hacia la fórmula de que no hay Otro en la psicosis, mientras que en el escrito que dos años después resume dos tercios de ese Seminario, que comporta una posición ya más meditada, y además estamos seguros de que lo escribió él, cosa que en el Seminario nunca se sabe, en el escrito «De una cuestión preliminar...» precisa claramente que la forclusión comporta la ausencia de un significante en el lugar del Otro, es decir: no es que no hay Otro en la psicosis, es que en el Otro falta un significante, un significante muy particular. — También hay otro aspecto, que depende de lo que podríamos llamar la propedéutica: la manera en que se introducen los conceptos no es necesariamente la manera en que los conceptos funcionan entre sí. A veces uno necesita, cuando se dirige a un público, pasar por un planteo pseudo-evolutivo. Pero me parece, por ejemplo, que no convendría considerar la tríada privación-frustración-castración como tres momentos de un desarrollo, de una evolución, de un pasaje de lo menos a lo más, digamos, sino que conviene considerarla como tres modos de abordar la falta de objeto, íntimamente relacionadas y articuladas entre sí.
Bueno, volvamos a nuestro Hombre de los Lobos. No les voy a recordar el historial, porque se supone que lo conocemos todos. Si hubiera, no obstante, algún interés al respecto, de parte de ustedes, no tengo ningún inconveniente en dedicarle todo el tiempo que parezca necesario — pero en principio, y hasta nuevo aviso, lo paso por arriba, y voy directamente a la cuestión de la Verwerfung.
Ustedes recuerdan que un punto central de ese historial gira en torno a una escena construida por el análisis —que el Hombre de los Lobos termina aceptando, aunque no llega a recordarla—, construida, precisamente, a partir del sueño donde están esos lobos que pasaron a su nombre. La idea es que en el sueño el sujeto habría interpretado après coup lo que, supuestamente, habría vivenciado anteriormente en dicha escena, que no sabemos si existió realmente o si es resultado de la elucubración freudiana al servicio de la lógica del caso. No importa eso, ahora. Lo recuerdo simplemente como contexto de lo que voy a leerles: algunas reflexiones de Freud en las que se instala la remisión al mecanismo de la Verwerfung. Como conviene que empiece por algún lugar, empiezo entonces por aquí:
Entre el empleo atrevido de la incontinencia a los 3½ años y el horror a ella a los 4½ años se sitúa el sueño con que empezó su período de angustia, el sueño que le
permitió entender con efecto retardado {nachträglich} la escena vivenciada cuando tenía 1½ año y que esclareció el papel de la mujer en el acto sexual. [...] Tenemos que suponer, en efecto, que en el curso del proceso onírico comprendió que la mujer era castrada...(32)
Bueno, este "comprendió que la mujer era castrada" es interesante, ¿pero qué quiere decir? ¿El sujeto se habría dicho a sí mismo: "¡ah! ahora me doy cuenta de que la mujer está castrada"? No, este "comprender" no es un "darse cuenta"...
PARTICIPANTE: ¿Y qué es?
Pero... ¡es que la mujer no está castrada! ¿Cómo podría uno "darse cuenta" de que está castrada? Este "comprendió que la mujer era castrada" quiere decir que, en ese
momento, él interpretó la diferencia de los sexos en términos de castración. Es decir, atribuyó la diferencia de los sexos a la acción de un agente. Lo que es muy diferente de un "¡Ah! ¡Ahora me avivo!". Pero en la manera en que Freud lo formula, es difícil decidir en cuanto a quién dice eso: ¿Freud o el paciente? En fin, sigamos:
Tenemos que suponer, en efecto, que en el curso del proceso onírico comprendió que la mujer era castrada, tenía en lugar del miembro masculino una herida que servía para el comercio sexual...
—¡es un fantasma, esto! Esto que "comprendió", en verdad es un "fantasma", el que Freud denomina "fantasía de castración"—
...que la castración era la condición de la feminidad, y por causa de esta amenazadora pérdida él había reprimido la actitud femenina hacia el varón y había despertado con angustia de la ensoñación homosexual. (33)
A partir de aquí Freud hace como una reconsideración del caso, estableciendo una especie de temporización, y dice que, lo que primero funciona en el niño, y en el Hombre de los Lobos como en cualquier niño, es lo que califica como "la antigua concepción", es decir "la teoría de la cloaca". Es decir, algo que ya había establecido en su texto «Sobre las teorías sexuales infantiles», de 1908, teorías sexuales infantiles que tienen como supuesto... el falo. Si bien ahí, en 1908, el falo es una teoría sexual infantil más, en verdad, si uno lee el texto con tranquilidad, puede ver que la del falo no es una teoría sexual infantil más, sino que es lo que hace necesarias a las teorías, lo que hace necesario que el niño se forje teorías sexuales allí donde no hay saber sobre el sexo, es decir: ¿cómo es posible que haya sexos diferentes si existe un único órgano genital, el masculino? Si el falo es algo que debe existir siempre, y en la experiencia veo que no lo hay, entonces... es que fue quitado — lo que define la teoría de la castración. ¿Y cómo son engendrados los niños dado que la vagina constituye para el niño el sitio de "una ignorancia que nada puede paliar"? — por vía anal, y ésta es la teoría de la cloaca. Entonces, esa, "la teoría de la cloaca", sería "la antigua concepción". Y según parece sostener Freud en este lugar, la escena habría sido interpretada según esa antigua concepción de la teoría de la cloaca. Pero en el interín, entre esa vivencia traumática supuesta y el sueño, Freud dice que este niño tuvo datos que le permitieron un nuevo esclarecimiento de lo que pasaba. Es ahí que aparece por primera vez en el historial la palabra Verwerfung. En ese tiempo, dice Freud, el futuro Hombre de los Lobos
Se comportó entonces como suelen hacerlo los niños a quienes se da un esclarecimiento indeseado —sexual o de otra clase—. Desestimó lo nuevo —en nuestro caso por motivos derivados de la angustia frente a la castración— y se atuvo a lo antiguo.(34)
Subrayo el "en nuestro caso" de la frase, que especifica a los motivos. Dado que esa desestimación de las informaciones nuevas es algo que puede darse en todos los niños, y referido a cualquier noticia indeseada. Hay ahí algo del "no quiero saber", sin que esto comporte una "defensa" en el sentido técnico del término, puesto que en principio no comportaría ningún retorno sintomático. Pero en el caso del Hombre de los Lobos no se trata de cualquier "esclarecimiento indeseado", sino de uno que suscita en él "la angustia frente a la castración", por lo que, entonces, "desestimó lo nuevo". ¿Pero qué quiere decir aquí "desestimó"? Conviene precisarlo, porque según cómo se lo interprete tendrá diversas consecuencias... y entiendo que aquí Lacan fuerza un poco su interpretación. Freud lo dice, sin embargo: esta nueva intelección, pese a ser desestimada, no por ello ha desaparecido:
No es que la nueva intelección no surtiera efecto alguno; todo lo contrario, desplegó un efecto extraordinariamente intenso, conviertiéndose en el motivo para mantener en la represión el proceso onírico íntegro y excluirlo de un posterior procesamiento conciente.(35)
Y a continuación, tras unas pocas consideraciones al respecto, Freud escribe una frase que Lacan interpreta en un sentido unívoco y yo les confieso que, cada vez que la leo nuevamente, le veo menos univocidad:
Una represión {Verdrängung} es algo diverso de una desestimación {Verwerfung}.(36)
Es decir, Lacan citó bien el texto: una represión, Verdrängung, es otra cosa, es algo distinto que una desestimación, Verwerfung. Sí, es algo distinto. Lo que no queda tan claro, me parece, es qué radica la distinción. Sobre todo por la manera en que después lo va a interpretar Lacan, basándose en esta otra frase del historial freudiano, donde vuelve a aparecer el término Verwerfung:
Nos ha devenido notoria la inicial toma de posición de nuestro paciente frente al problema de la castración. La desestimó y se atuvo al punto de vista del comercio por el ano. Cuando dije que la desestimó, el significado más inmediato de esta expresión es que no quiso saber nada de ella siguiendo el sentido de la represión.(37)
Bien, parece claro... En Lacan está muy claro, cuando dice: "no quiso saber nada de ella siguiendo el sentido de la represión"... porque la represión es un modo de saber.(38) Lo que a mí no me queda tan claro es que, en Freud, no estoy tan seguro que el
inconsciente sea un saber. ¿Se entiende? Quiero decir, que la palabra saber no significa lo mismo en Freud que en Lacan. Saber, en Freud, vamos a decir así, es "anoticiarse", tal vez "sacar las consecuencias"; en Lacan, es una articulación de significantes. Bueno, dejamos esta cuestión para más adelante.
Les estaba diciendo, entonces, que Freud establecía cierta secuencia. Primero, la premisa fálica, y cuando aparece la noticia de la castración surge entonces una "corriente" que la desestima. Finalmente, dice Freud, el Hombre de los Lobos se ve obligado a aceptarla de alguna manera: ya no puede desestimarla más. Y entonces,
frente a esto que ya no puede desestimar más, van a surgir dos "corrientes": en una, "abomina" de ella, de la castración, no quiere saber nada de ella, ya no en el sentido de la Verwerfung, sino de la represión —no quiere saber nada, y eso implica una serie de síntomas que ahora no vienen al caso—, mientras que en la otra corriente la acepta con resignación, pronto para "consolarse con la feminidad como sustituto". Pero la corriente anterior, que había surgido de la Verwerfung, "más antigua y profunda", no es
abandonada: "seguía siendo sin duda activable".(39) Entonces, el Hombre de los Lobos, es como que tiene tres "corrientes" en relación a la castración: una, en la que la
desestimó, una segunda que abomina de ella y que da origen a una serie de síntomas, y una tercera que la acepta, y que también da origen a una serie de síntomas y a una serie de identificaciones.
Ahora bien, en relación a la corriente de la desestimación, es que Freud va a plantear también un síntoma, consistente en un episodio alucinatorio. Pero este episodio alucinatorio —subrayo— sobreviene en un momento en el que la castración ya no puede ser desestimada: el Hombre de los Lobos está bajo el peso de la desestimación de la castración... en un momento en el que ya no puede desestimarla. Pero entonces, cuando se conjugan la desestimación y el ya no poder desestimarla, lo que aparece en ese lugar es un fenómeno alucinatorio.
Les recuerdo brevemente en qué consistió ese episodio: el Hombre de los Lobos estaba jugando a tajear con su navaja la corteza de un árbol, y de pronto creyó haberse cortado el dedo meñique de su mano, cuyo colgajo se mantenía colgado por un pedazo de piel; eso lo sumió en un estado de estupor, que Lacan califica de "infundíbulo temporal" o algo así en su respuesta a Hyppolite,(40) y después el fenómeno desaparece, finalizando el episodio. Tiene incluso sobre eso, por otra parte, un recuerdo agregado, que no se sabe tampoco si formó parte de la alucinación, si es un falso recuerdo, un recuerdo encubridor, consistente en que él habría cortado el árbol, y que del árbol habría brotado sangre. Ambas cosas, Freud las interpreta en términos de castración: son equivalentes de la castración, simbolizan la castración. Pero lo que me parecía interesante poner de relieve era lo siguiente. En un texto publicado antes que el historial sobre el Hombre de los Lobos, pero cuyo contenido nace de ese análisis, Freud habla también de este paciente. Se trata del texto «Acerca del fausse reconnaissance («déjà raconté») en el curso del trabajo psicoanalítico», donde Freud dice en relación a esta alucinación del Hombre de los Lobos:
Entendió muy bien que yo no podía haber dejado de valorizar semejante prueba de la existencia de la angustia de castración...
—es decir, para Freud, esta alucinación constituye una "prueba de la existencia de la angustia de castración"—
...cuando él tenía cinco años. Así se quebraba su resistencia a aceptar el complejo de castración...(41) Mientras que en su historial sobre el Hombre de los Lobos escribirá lo siguiente:
...esta alucinación cayó en la época en que se decidió a reconocer la realidad objetiva de la castración, y acaso estuvo destinada a marcar precisamente ese paso.(42) No obstante, por lo que Freud puede comprobar en su análisis del caso, este
reconocimiento tampoco resuelve el asunto, y la "corriente" nacida de la Verwerfung permanece activa —lo cual, según la conjetura de algunos autores, tal vez tenga que ver con el episodio paranoico o pseudo-paranoico que aparecerá luego de su análisis con Freud—. Pero, de todos modos, ustedes ven: visto de cerca, el modo en que Freud plantea las cosas no permite pasar tan rápida y fácilmente a la fórmula canónica de Lacan: "lo rechazado de lo simbólico retorna en lo real". Pues, aceptando por el momento un juego de correspondencias sobre el que habría bastante para decir, se ve aquí que lo que retorna en lo real, retorna precisamente en el momento en que, y tal vez a causa de que, lo que había sido rechazado de lo simbólico pasa a ser aceptado en lo