5.6 An Optimal Junction Tree of a Tree
5.6.5 Constructing a greedy cover
Se toma, a efectos de comparación, la última de aquellas teorías tradicionales, que ha sido llamada Modelo Estructuralista —Estructura, Conducta y Desempeño— (Bain, J.,1963, Scherer, F. y Ross, D., 1990), adoptada e incorporada posteriormente a la corriente “Organización Industrial” (Porter, M., 1983,1995). Su denominación genérica de estructuralista, deviene de la postura que considera como mayor determinante del éxito empresario, la adopción como estrategia propia a la que sigue toda la industria del sector en la cual interactúa.
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Esta actitud determina que las diferencias entre las organizaciones solo sean sustentables en el corto plazo; en el largo, cada una ajusta sus recursos y/o los copia, para alcanzar el rendimiento de otras similares. Además, se agrega que las estrategias podrán ser por menores costos o por diferenciación —diseño, propiedades del produc- to/servicio, etc.—, o por cualquiera de las dos, pero posicionando a la organización en un nicho determinado o en todo el mercado de su industria en la cual interactúa.
Estas ideas otorgan además un papel relevante a los factores externos, como variable fundamental para explicar el resultado empresarial. En tal sentido, se ha delineado un modelo de cinco fuerzas (Porter, M., 1982) para exponer su visión del éxito/ fracaso empresario.
En años recientes, esta idea comenzó a ser cuestionada. En efecto, si las condiciones externas son objetivas y no pueden ser alteradas por las firmas, resulta natural que los distintos niveles de rentabilidad observados, deberían explicarse por la existencia de diferentes condiciones internas. Así lo pusieron de manifiesto desde un principio, importantes estudios empíricos (Montgomery, C. y Wernerfelt, B., 1988); Rumelt, R., 1991).
La tendencia actual de la literatura consiste en profundizar los estudios acerca de la teoría basada en los Recursos (Wernerfelt, B.,1984); Capacidades Dinámicas ( Teece D., Pisano,G., Shuen, A. 1997) y en el Conocimiento (Grant , R. 1991) , considerando la idea de que las organizaciones son únicas e irrepetibles, producto de un conjunto de rutinas observables (explícitas) o no observables (implícitas), originadas en aptitudes humanas personales y de grupos, producto de la interacción del conocimiento desarrollado en el interior de cada una de ellas.
Se mencionan las asimetrías de la información (Brush,T. y Artz, K.,1999), como las variables que permiten mantener el control sobre recursos valiosos y escasos, impidiendo que sean robados, copiados o reinventados. Entonces, el éxito de su estrategia determinando ventajas competitivas, tiene su origen en el interior de la organización y será sustentable en la medida que se puedan mantener esas asimetrías informativas.
Por lo tanto, la empresa existe y se justifica por la existencia de asimetrías en la información (Grant, R. (1997). Y a su vez, esta origina al mismo tiempo la necesidad de elaborar estrategias que no son, en definitiva, más que la obtención de capacidades diferentes a los de la competencia.
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C
ONCLUSIONESEn la literatura existe convicción sobre la relación riesgo, beta y los mercados de capitales. Incluso subyace la idea de que los conceptos que la determinan son estáticos y permanentes. Por lo menos, en la certeza de que la información estadística del pasado, sirve para obtener conclusiones acerca del presente y porque no, también del futuro inmediato.
Pero más allá de la discusión académica sobre estos aspectos, lo que no se discute en esa posición, es entender que las empresas se mueven y compiten de acuerdo a la dinámica impuesta por la teoría estructura-conducta-desempeño. No tienen diferencias sustanciales entre sí, cuando conforman una industria o sector similar. Como sostiene M. Porter, dentro de cada sector no existen diferencias estructurales y cualquier propuesta de modificación, que se materializa a través de cambio de estrategias, se copia rápidamente y se anulan las ventajas competitivas. Sobre esa síntesis —empresas estructuralmente iguales— descansa fundamentalmente el criterio del coeficiente “beta comparable” (pure-playtechnique) y el de “beta contable”. El primero, utilizando como instrumento de acoplamiento la estructura financiera total y el segundo, la rentabilidad del patrimonio neto (ROE).
En esa idea de pensamiento, donde se considera que las empresas de un mismo sector, son iguales en cuanto a capacidades y habilidades, surge como correcta la aplicación de ambos métodos, como medida de aproximación para conocer el coeficiente beta de una organización que no cotiza en el mercado de valores. Como los lados izquierdos del balance son similares —suponen— en cuanto a capacidades y habilidades, el procedimiento permite buscar betas, que serían similares a las empresas como si cotizaran en el mercado.
Caso contrario el razonamiento es totalmente diferente, si uno se posiciona en la nueva teoría de la firma, para la cual no existen empresas similares, por cuanto todas son el resultado de sus propias capacidades y habilidades, nacidas en un proceso único e irrepetible de aprendizaje permanente.
En el mundo real, uno de los argumentos más sólidos para sostener esa premisa, surge del descubrimiento que el desvío estándar sobre la rentabilidad empresaria intra sector, siempre es mucho mayor que aquella que se origina entre sectores. Esta evidencia estadística sorprendió a los investigadores.
Y sucede porque la ventaja competitiva no siempre se copia, porque opera el fenómeno conocido como “información asimétrica”. Más aún, la empresa que posee esa ventaja, suele generar otras nuevas y distintas antes que finalicen los intentos de ser
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copiada la primera de ellas. Como resultado, se originan permanentemente creci- mientos y estancamientos imprevistos —de las empresas— dentro de una industria.
Esta situación le otorga un dinamismo a la varianza sobre la rentabilidad dentro del sector, que hace casi imposible sostener algún argumento a favor de armar una recta SML que pueda ser considerada como estable o permanente. La volatilidad no solo es alta entre las firmas del sector, sino también —y esto es clave para el concepto— que el lapso de duración de una situación determinada es muy corto. En definitiva, la volatilidad en rango y tiempo es constante y permanente.
Los coeficientes beta no solo toman en cuenta diferencias en las rentabilidades, sino que agregan otros aspectos más abarcativos respecto de las estrategias empresarias. Los éxitos o fracasos —el mantenimiento o desaparición de las ventajas competitivas— dejan huellas más profundas en el papel que cada organización juega dentro de su sector industrial. Cada estrategia ejerce modificaciones en el peso relativo que las empresas ejercen entre ellas. La duración de la ventaja competitiva y su influencia en el tiempo, modifica no solo la participación unitaria en un mercado, sino también la influencia que se puede ejercer sobre los clientes. Innovación, rentabilidad, participación, cambio de hábitos en el consumo. No es aventurado decir que son capaces de “crear” nuevas necesidades.
En definitiva, esa situación conduce a resultados que a su vez producen variaciones constantes en los indicadores que son los elementos utilizados en la elaboración de cada beta. Estos comportamientos erráticos en profundidad y en tiempo, indican que el coeficiente beta de un mercado es un dato en permanente modificación y que, solo por un momento, es una referencia sobre la influencia que ejercen entre sí las empresas que lo componen, operando como una medida relevante del riesgo de mercado de una acción.
Para finalizar, se plantean varias conclusiones centrales, pero necesariamente deberán ser objeto de profundas investigaciones futuras:
1- Significado de beta y su comportamiento dentro de un sector, mirándolo desde la teoría de la firma. Su volatilidad.
2- Opciones Reales como metodología de valoración de PyMEs, pero intro- duciendo también, los recursos y capacidades necesarios como elemento central, para que se pueda optar por esa alternativa de decisión.
3- Para el caso de empresas que no cotizan en el mercado de valores –incluye a las PyMEs- la técnica de valuación a través de “beta comparable”, que utiliza como referencia empresas similares cotizantes, no es tan consistente a la luz de los argumentos ofrecidos por la Teoría de Recursos y Capacidades. Igual
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consideración, surge para el método de “beta contable” aplicando en este caso ratios (específicamente ROE) de empresas cotizantes, para compararlo con similar índice de la empresa testigo. En ambos casos, el argumento central —empresas similares o comparables— es fuertemente cuestionado por nuevas investigaciones sobre cómo compiten las empresas en su sector.
4- La duración temporal de beta, como medida del riesgo de un activo, es muy corta. La volatilidad de los rendimientos empresarios dentro de un sector, producto de la alta y permanente competencia que plantea como escenario la teoría de la firma, cuestiona la continuidad de los valores beta en el corto plazo.
B
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