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El revisionismo histórico, corriente con la que se identificaban el direc- tor de De Frente y muchos de sus colaboradores, como Luis Alberto Mu- rray, René Orsi y César Marcos, campea en las páginas de la revista que también habría publicado trabajos de José María Rosa y Ernesto Palacio. La Historia de la Argentina de Palacio, texto básico de la historiografía re- visionista, es elogiado por De Frente que destaca tanto la seriedad con que el autor ha trabajado sus materiales como su enfoque político de la histo- ria. Asimismo, la decidida postura antiperonista de Julio Irazusta, otro de los principales historiadores revisionistas, no impedirá el juicio elogioso sobre uno de sus libros, destacando sus aportes a la historia científica.30

La campaña por la repatriación de los restos de Juan Manuel de Rosas tuvo un fuerte apoyo,31como podía esperarse de una publicación cuyo di- rector era vicepresidente del Instituto de Investigaciones Históricas que llevaba el nombre del “Restaurador” y venía alentando esa repatriación

30 El comentario sobre el libro de Palacio en el N° 16, 24/06/1954. El texto sobre Irazus- ta en el N° 64, 30/05/1955.

31 Editorial del N°19, 15/07/1954. En el número siguiente, se rescata la postura de San Martín frente al gobierno rosista con un artículo cuyo título no deja lugar para las du- das: “Rosas el gobernante fuerte que quería San Martín”, N° 20, 22/07/1954.

desde años atrás. Este decidido alineamiento con las posturas del revisio- nismo no impide –como hemos visto–, una actitud receptiva frente a las más diversas tradiciones ideológicas. Por otra parte, ya en las intervencio- nes parlamentarias del diputado Cooke se advierte cómo coexiste la rei- vindicación del rosismo con el reconocimiento de que no es allí donde puede establecerse el corte para definir una postura popular. Intervinien- do en un homenaje a Juan Bautista Alberdi, admite que hay sectores de su propia bancada que no comparten su visión revisionista de la historia ar- gentina. En otra ocasión, recordando a Adolfo Saldías, uno de los prime- ros en rechazar la leyenda negra sobre Rosas, Cooke reconoce que el au- tor de la Historia de la Confederación Argentina no era rosista, pero “es- cudriñó con objetividad en la historia nacional”. “Ser rosista o antirrosis- ta –agrega– es embanderarse en una cosa desaparecida hace muchos años”.32

Prioridad de la política sobre la historia podría definirse la actitud de Cooke para explicar una postura menos sectaria que la de otros cultores del revisionismo. Sin embargo, sería un error no advertir hasta qué punto su pensamiento político se nutre de la historia. Las referencias al pasado argentino que caracterizaban los discursos parlamentarios de Cooke abundarán en las páginas de De Frente. Los textos, aún los que no tienen otra pretensión que la de un artículo periodístico, no desdeñan el aporte a la construcción de la historia. “Una justa y leal rectificación de la verdad histórica” se titula la nota que rechaza la versión mitrista sobre la Guerra de la Triple Alianza, en momentos en que Perón viaja al Paraguay. En “¿Quién mandó matar al Tigre de los Llanos?”, parece predominar el inte- rés periodístico por un asunto que sigue presentándose como enigma, pe- ro el articulista no deja de señalar que “algunos historiadores han acusa- do a Rosas, pero, serenamente considerada, la cosa no tiene asidero”. Fi- nalmente, los diálogos imaginarios con las estatuas de Buenos Aires –Do-

32 El discurso sobre Alberdi, en la sesión de la Cámara de Diputados del 3 de setiembre de 1948, la intervención de homenaje a Saldías, en la sesión del 7 de septiembre de 1949. Ver Cooke, John W., Acción Parlamentaria, Obras Completas, Tomo I, Buenos Ai- res, Colihue 2007, pp. 324 y 374.

rrego, Alvear, Moreno, Bernardo de Yrigoyen, Belgrano y otros– presen- tes en muchos números de la revista, permiten un acercamiento a los “próceres” de la historia, menos acartonado de lo habitual.

En su relación con la historia también el pensamiento de Cooke mues- tra esa originalidad que hemos registrado en otros aspectos. Se ha señala- do que no debería atribuirse al director de la publicación la responsabili- dad exclusiva de estas orientaciones, pero el hecho de que sólo muy excep- cionalmente la revista registra los nombres de los responsables de cada artículo hace muy difícil, y hasta aventurado, atribuir autorías, conside- rando, además, que ya no vive la mayoría de los participantes en la expe- riencia de De Frente. Por otra parte, cotejando los editoriales y las princi- pales orientaciones de la revista con la anterior trayectoria parlamentaria de Cooke y su desempeño político posterior a 1955, se advierte una nota- ble coherencia. Es cierto que, desde entonces, radicalizó su pensamiento político respecto a las formas de acceso al poder y la posible vigencia de la democracia o su visión del escenario internacional, pero su mirada sobre la historia argentina, su apertura frente a todas las tradiciones ideológi- cas, su actitud desprejuiciada frente a la cultura de vanguardia y su ubica- ción necesariamente crítica frente al universo peronista distinguen tanto al director de De Frente como a quien se convertirá en el principal teóri- co de la resistencia peronista.

Un caso particular que se diferencia en muchos aspectos de los medios de la cadena oficial, es que De Frente no puede ser considerada sin embar- go una publicación marginal, porque su director llegó a ocupar un lugar tan importante en el gobierno peronista como para haber sido uno de los dirigentes a quienes se encomendó la respuesta a los discursos de los líde- res de la oposición, cuando Perón inició el rápidamente frustrado intento de pacificación.33Por eso, el análisis de la experiencia de De Frente puede servir para mostrar las otras cosas que podían hacerse en la prensa pero- nista, a pesar de los dictados de Raúl Apold.

33 Cooke habla por Radio Belgrano el 26 de agosto de 1955 contestando el discurso de Luciano Molinas, veterano dirigente del Partido Demócrata Progresista.

El Cooke revolucionario de los años 60 probablemente sea mejor en- tendido si se analiza la frustrada experiencia en que su discurso militante se acompañaba de una constante apelación a la discusión racional. Por otra parte, aunque no intentemos ningún ejercicio contrafáctico, la lectu- ra de la revista también nos hace pensar en otros caminos que pudo seguir el peronismo en el gobierno y alumbra aún más la responsabilidad de quienes optaron entonces por la ruptura del orden constitucional.

D

ESCAMISADA

,

LA REVISTA IMPOSIBLE

(1946-1949)

Marcela GENÉ

“Oculta en bibliotecas y archivos yace una extraña subcultura, la historia de una relación escondida entre la cultura de masas y la política en la Argentina.” 1

El 22 de enero de 1946 apareció el primer número de Descamisada, la

revista imposible, autoproclamada la primera revista de humor peronis-

ta. Y con justa razón. En aquel verano apremiante para el Partido Laboris- ta, cuando el día 24 de febrero se imponía como un horizonte cercano, an- siado y a la vez temido, la aparición de una revista de estas características resultó una pieza clave en una campaña que mucho tuvo de improvisa- ción. Apenas cuatro meses mediaban entre los sucesos de octubre y la fe- cha de la elección, tiempo escaso para un movimiento naciente, sin tradi- ción política, que debía “inventarse” una identidad con urgencia, contan- do además con recursos económicos exiguos.

En esta coyuntura, el humor resultó un invalorable aliado. Accesible, poco pretenciosa, con un tono chacotero y provocador, Descamisada con- tribuyó a infundir un estilo a la campaña. Tan inicial como el movimiento mismo, elaboró iconografías que marcaron la vía seguida posteriormente por otras publicaciones de su tipo y una jerga que fue rápidamente incor- porada a lo cotidiano.

La iniciativa partió de Germinal Lubrano, joven dibujante y militante de FORJA con cierta experiencia como empresario en publicaciones po- pulares, quien por entonces editaba la revista Independiente, vinculada al club de fútbol. Cuenta Lubrano que una tarde vio pasar por la calle Co-

rrientes “una columna de obreros de overol” vivando a Perón, encabeza- dos por “un hombre que portaba una camisa atada a un palo” y en el mo- mento dibujó el croquis que luego fue el logo de la revista. Entusiasmado, presentó el proyecto de la revista humorística al director del diario en cu- yo establecimiento se imprimía Independiente, y en una semana la publi- cación ganaba la calle.2

Descamisada fue una revista inicialmente autogestionada. Lubrano y

un grupo de amigos pusieron un pequeño capital para la compra de papel y tinta –no cobraban por su trabajo y la imprenta les daba facilidades– y con más creatividad que recursos, se lanzaron a esta aventura editorial in- tentando conquistar una comunidad de lectores que prefiguraran la de potenciales votantes, sin imaginar el éxito que alcanzaría la empresa.

Lubrano, el periodista Juan Carlos Gianella, con quien compartió la di- rección, Arturo Jauretche, compañero de FORJA, José Gobello y Manuel Al-

cobre, entre otros simpatizantes de Perón, conformaban el equipo de redac- tores, a los que se sumaron los dibujantes Arnoldo Frachioni, Jorge Palacio, González Fossat, Arístides Rechaín y el mismo Lubrano, a cargo general- mente de las ilustraciones de tapa. La reunión de tan notable conjunto de di- bujantes revela la importancia atribuida a las imágenes: Descamisada es ante todo una revista visual, más para ver (y reír) que para leer. Extraordi- nariamente dinámica para el ojo del consumidor, sus páginas se animan por el juego establecido entre diversas tipografías, los títulos resaltados en tinta roja y el uso de cuatricromía en la tapa, retiro y contratapa y, en el momen- to más floreciente, hasta pudieron darse el lujo de imprimir su página doble central a colores, todo un mérito teniendo en cuenta el nulo apoyo publici- tario del que se quejaban con frecuencia.3Los recuadros con comentarios irónicos y las profusas caricaturas, viñetas y tiras cómicas arman el bastidor para alojar las notas que mantienen el mismo tono jocoso.

2 Entrevista a Germinal Lubrano, 14/02/2008.

3 No hay publicidad comercial. Los únicos ejemplos son avisos en broma redactados por ellos mismos: “Amura”, comida enlatada en descomposición, estafa de los frigoríficos en tiempos previos a la asunción de Perón o “S.U.F.R.A” una compañía (inventada) de préstamos usureros para la vivienda. Descamisada, Año II, Nº 33, 31/10/1947.

Al igual que muchas de las publicaciones similares de la época, Desca-

misada apuntaba a toda la familia. Barata, con un costo que se mantuvo

en 20 centavos a lo largo de su existencia –cuando un café costaba la mi- tad– implicaba mensualmente unos 40 centavos que cualquier hogar, aún de economía limitada podía sostener. En tiempos pre-televisivos, las edi- ciones semanales o quincenales cubrían gran parte del tiempo destinado al ocio y la diversión y en este sentido Descamisada era capaz de satisfa- cer con creces estas demandas: revista de humor (político), al que se su- maban la sátira de costumbres, retratos de tipos porteños, chistes de sue- gras y cierta picardía en las fotografías de pin-up girls,4

que no necesita- ban ocultarse de las miradas de los más chicos. El interrogante acerca de los lectores se impone pero la falta de registros o cartas de lectores hace difícil siquiera una aproximación. Contamos, eso sí, con una única certe- za: quien no simpatizara con Perón, difícilmente comprara la revista.

Descamisada no trataba de informar sino de promover la risa del pue-

blo que “sólo el peronismo” era capaz de suscitar. El antagonismo con

Cascabel,5el semanario humorístico que aparecía regularmente desde no- viembre de 1941, era manifiesto y es posible que Descamisada haya surgi- do como respuesta a las ironías que aquélla desplegaba sobre el Coronel desde agosto del 45. Para octubre, Cascabel redoblaba la apuesta: el epí- grafe de la primera página invitaba a la reflexión6y la caricatura de tapa, donde un gauchito pasa distraídamente junto a una “pera” caída de un ár- bol, celebraba la provisoria caída en desgracia del funcionario del gobier-

4 Las fotos de seductoras muchachas en shorts, o las despampanantes mujeres de Vidal Quera en Cascabel (1942), así como las señoritas de cintura pequeña de Divito en Rico Tipo (1944) anteceden a las de Descamisada.

5 Fundada por el publicista Jorge Piacentini. Colaboraban Carlos Warnes (César Bruto), casi el alma de la revista, Conrado Nalé Roxlo (Chamico), Florencio Escardó (Piolín de Macramé) y Sixto Pondal Ríos, entre muchos otros redactores. Los dibujantes eran Al- cides Gubellini, Ramón Caballé, Lino Palacio, Abel Ianniro, Lorenzo Molas, Vidal Quera, Camblor, y Rober-tito (Alvaro Roberto Ortiz). Hacia 1945 la dirección estuvo a cargo de Emilio Villalba Welsh y Alejandro Verbitsky.

6 “Cuando el rey oía los cascabeles del bufón, temblaba como un azogado. Llegaban en los cascabeles la verdad, el buen comentario, la justicia risueña, la más equitativa de todas las justicias”. Ramón Gómez de la Serna. Cascabel, Nº 204, 06/10/1945.

no de facto.7 De allí que la editorial con la que Descamisada se presentó en sociedad sonara a declaración de guerra: “Desde hoy ya tiene el perio- dismo de aquí [...] tan gustoso de uniformarse en el cuello y la camisa, un órgano que por su índole misma carece de gemelos y trabas: DESCAMI- SADA. Hacía falta una revista pecho al aire, franca y amplia como la risa

del pueblo. Hacía falta ¡qué embromar! Ya es hora de que empecemos a

tomar en soda ese aparato grandilocuente, fastuoso, tirado para atrás y voluminoso que empieza con los cargamentos de avisos y termina en los ciento cuarenta kilos del doctor Chanchorini [...]”.8

El fuego cruzado entre Cascabel y Descamisada durante algo más de un año, un combate librado principalmente en el terreno de las imágenes, es uno de los capítulos más interesantes de los orígenes del peronismo. Ambas revistas funcionaron en espejo, replicándose continuamente; fue- ron dispositivos creadores de modelos dicotómicos, – oligarca o “gorila” vs. “cabecita negra” – contribuyendo a crear un sentido de identidad pro- pio a cada uno de los sectores en pugna. Al mismo tiempo y con las mis- mas herramientas –la sátira, visual y escrita–, peronismo y antiperonis- mo fundaban su propia imagen. Pero en la gran pulseada por la risa, Des-

camisada fue ganando terreno en la medida en que las usinas del humor

opositor se iban desmantelando. Las restricciones en la entrega de papel y los mecanismos de censura puestos en marcha por el nuevo gobierno hi- cieron que Cascabel dejara de aparecer en 1947.