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Empezó la segunda década del presente siglo y el mundo recibió el anunció del fin de una era de combustibles baratos y fáciles. Las reservas hidrocarburí- feras convencionales estaban decayendo. Se empezó a hablar, entonces, de la necesidad de descubrir los llamados yacimientos no convencionales y de que esta nueva época contendría una revolución energética. Esa revolución podría, no sólo “transformar radicalmente el panorama energético mundial, sino conllevar unas graves y profundas implicaciones sociales y ambientales. [Además], incrementar el conflicto en la disputa por el acceso a estas fuentes energéticas dentro del avance de una nueva frontera” (Roa Avendaño, 2013b).

27 En el libro Extractivismo, conflictos y resistencias (Roa Avendaño & Navas Camacho, 2012) de Censat Agua Viva se escribieron dos artículos sobre los conflictos ambientales por la construcción de represas. En 2015, junto a Bibiana Duarte y Rutgerd Boelens escribimos un artículo académico para la revista Human Organisation. En 2005, publicamos junto con Juan Pablo Soler el texto Colombia: desarrollo, hidrocracias y estrategias de resistencia de las comunidades afectadas por Hidroituango para el libro Despojo del Agua y Ecología Política. Hidroeléctricas, industrias extractivas y agro-exportación en Latino América (Yacoub, Duarte & Boelens, 2015) de la Alianza por la Justicia Hídrica

Estados Unidos empezó a caminar en ese sentido desde entonces. En 2012, el informe anual de la Agencia Internacional de Energía (International Energy Agency, IEA) previó que el país del norte se convertiría en la segunda década del siglo en el mayor productor mundial de petróleo. Su producción tendría sustento en el incremento de las reservas y la producción de petróleo y gas al aprovechar la incorporación de “tecnologías de exploración-producción ya usadas para la explo- tación de petróleo ligero y controladas por las empresas de servicios petroleros estadounidenses” (Roa Avendaño, 2013b). Se trataba de la combinación de tecno- logías y técnicas de extracción de hidrocarburos convencionales que permitiría explotar gas o petróleo almacenado en lutitas o arenas compactas. La técnica de fracturación hidráulica, más conocido como fracking, se puso en el centro de los debates internacionales relacionados al petróleo, y Colombia no fue ajeno a ello.

En Censat, nos dedicamos a investigar cuáles eran los avances en Colombia en proyectos de Yacimientos No Convencionales (YNC). Hicimos varios escritos sobre el tema que se publicaron, en su mayor parte, en revistas de Bolivia y Argentina, de organizaciones hermanas28 y se difundieron en nuestra web. Supimos que el gobier- no nacional se encaminaba a abrir las nuevas fronteras petroleras buscando YNC. La Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) contrató en 2009 un estudio a la empresa consultora Arthur Little y en el informe resultante se aseguraba que el país tenía un importante potencial de reservas de YNC expresadas en metano en vetas de carbón, arenas asfálticas, lutita gasífera y gas compacto y, de manera más limitada, en esquisto bituminoso e hidratos de gas. El gobierno había emitido el documento 3517 de 2008 del Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes) y allí consolidaba el marco normativo, contractual y técnico para la exploración y explo- tación de gas metano en mantos de carbón.29 En 2013, ya se habían ofertado 19 bloques petroleros con potencial no convencional (El Espectador, 2013).

Unos años después, empezamos a unirnos varias organizaciones del continente para frenar el avance del fracking y constituimos la Alianza Latinoamericana Frente Al 28 Algunos de nuestros artículos se publicaron en la Revista Petroexpress, de Cedib (Bolivia), y en

el portal de la organización argentina Observatorio Petrolero del Sur, Opsur.

29 A partir de este año, el gobierno continuó avanzando en la definición de un marco normativo para el desarrollo de los yacimientos no convencionales.

Fracking (ALFF). En Uruguay, en noviembre de 2016, la ALFF presentó un infor- me sobre la situación de seis países: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia y México, en materia de políticas públicas y dinámicas de movilización, incidencia y resistencia al fracking (Gutiérrez Ríos, 2016). La ALFF propone allí la necesidad de un cambio urgente en el modelo energético de la región, ir hacia uno sostenible y socialmente más justo.

En Colombia, la lucha contra el fracking comenzó a materializarse en experien- cias de resistencia de municipios en los que se sabe existen bloques para fracking. La primera, en Guasca, Cundinamarca, en 2012. A La empresa canadiense Nexen, el Estado colombiano le concedió un bloque en el Macizo de Chingaza. Tres años después, la lucha arrancó en San Martín, Cesar. Tan pronto la población supo que en su municipio se podría hacer fracking, proyectaron varias movilizaciones masi- vas, cuatro en un sólo año. En mayo de 2013, varias organizaciones30 impulsamos la Primera Jornada Anti-Fracking en Colombia. Con foros, talleres y recorridos, visitamos varios municipios de Boyacá y Meta para denunciar la amenaza que se cernía contra los territorios. Durante esos años, varias organizaciones adelanta- mos varios debates y movilizaciones contra el fracking.

En septiembre de 2016, se hizo la Marcha Carnaval contra el fracking, a la vez que concluía la Segunda Semana Nacional contra el Fracking, con presencia de delegaciones nacionales e internacionales. En esa semana, se dieron los primeros pasos para constituir la Alianza Colombia Libre de Fracking (véase recuadro), que se constituyó formalmente en Barrancabermeja en agosto de 2017. Este mismo año, hicimos el vídeo El ciego avance del fracking,31 que analiza los avances de estos proyec- tos en el país. También, una infografía, que se constituye en un importante mate- rial pedagógico para entender las implicaciones socioambientales de la técnica.

30 Convocaron la primera Jornada Censat Agua Viva, el Centro Regional de Estudios Orinocens- es (Creo), el Proyecto Gramalote, el Colectivo para la Defensa de la Provincia del Sogamuxi, el Observatorio de Territorios Étnicos, Oilwatch y el Observatorio Petrolero del Sur (Opsur); esta última es una organización argentina que hace parte de Oilwatch, con la que nos hemos hermanado en estos años de lucha antipetrolera y antifracking.

31 La Fundación Heinrich Böll financió este video. Véase https://www.youtube.com/ watch?v=qF_UKNFr-TU

Alianza Colombia Libre de Fracking.

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