• No results found

Continuous Annotations: Obtaining the Ground Truth

Dos trabajos aparecidos en el mismo año, los artfculos de Markus (1977) y de Rogers, Kuiper y Kirker (1977), son responsables de la popularidad que durante la década de los ochenta ha tenido la aplicación de la noción de esquemas para conceptualizar el yo, ejerciendo además una gran influencia sobre la metodología y la

teoría implicada en ese tipo de investigaciones.

Al igual que no existe una definición unánime de “esquema cognitivo” (véase el Capítulo 5), tampoco entre Markus y Rogers et al. existe un acuerdo completo sobre como definir formalmente el autoesquema o el yo como esquema cognitivo. Markus definid los autoesquemas como ‘generalizaciones cognitivas sobre el yo, derivadas de experiencias pasadas, que organizan y guían el procesamiento de aquella información que, relacionada con yo, se encuentra en la experiencia vital de un individuo” (p. 192, Markus, 1977). Rogers a al. definieron el autoesquema tanto en términos de su contenido como en términos de su función23. En cuanto al contenido, el autoesquema se define como “una lista de características que han sido derivadas de un período vital o de experiencias con datos personales. De modo más que probable, una porción de la lista contiene términos generales - no diferentes a rasgos [de personalidad] - que representan las características esenciales de la visión que una persona tiene de sí mismo. Dichos términos están ligados tanto a aspectos menos sobresalientes y más contextuales de la autopercepción como a conductas específicas” (pp. 677-678, Rogers et al., 1977). En término de la función, el autoesquema “actúa como un fondo o marco contra el cual

23

Aunque en su trabajo de 1977, Rogers, Kuiper y Kirker proponían que el yo se podía considerar como un prototipo y de hecho la definición que presentaban correspondía a lo que ellos consideraban el prototipo del yo, en escritos posteriores del mismo grupo de investigación (e.g. Kuiper y Derry, 1981) se empieza a considerar el esquema y el prototipo como estructuras cognitivas semejantes, utilizando de manera indiscriminada los términos prototipo y autoesquemas y asumiendo la misma definición que daban en el artículo de 1977. Posteriormente, el grupo de investigación se decanta definitivamente por hablar de autoesquemas. manteniendo aún la misma definición que en los trabajos anteriores (e.g.. Derry y Kuiper, 1981; Kuiper y Derry. 1982>. Puesto que el trabajo de Rogers et al. (1977) ha servido de punto de partida a las investigaciones sobit los autoesquemas y puesto que la definición que ellos daban del yo como prototipo ha sido asumida por buena parte de tales investigaciones como la definición de los autoesquernas, se ha decidido incluirla como punto de partida para ¡a discusión de los autoesquemas.

los datos entrantes se interpretan y codifican”, que llega a activarse “cuando una persona encuentra una situación que implica información personal” (p. 678, Rogers et al., 1977).

A pesar de ciertas diferencias entre ambas definiciones, ambas retienen de la noción general de esquemas dos características críticas: por un lado, el conocimiento almacenado en los autoesquemas es un conocimiento genérico acerca del yo, por otro lado, los autoesquemas intervienen activamente en el procesamiento de la información. Sin embargo, ambas definiciones no hacen ninguna alusión explícita a las características estructurales de los autoesquemas y, aunque, en otras panes de esos trabajos tanto Markus como Rogers et al. se refieren de manera poco detallada a la existencia de una organización jerárquica en los autoesquemas, se evidencia de partida una falta de atención a la organización del conocimiento sobre el yo presente en los autoesquemas, un desinterés que se ha perpetuado posteriormente en la literatura hasta fechas muy recientes y que es responsable de algunos de los problemas actuales del constructo autoesquema en su aplicación al estudio de la depresión y la ansiedad. Sobre este punto se volverá en detalle más adelante puesto que constituye uno de los puntos de partida de la presente tesis doctoral.

Mientras la definición de Markus hace alusión directa a la existencia de distintos autoesquemas, la definición de Rogers et al. parece indicar la existencia de un único autoesquema. La diferencia radica en que para Markus un autoesquema integra a través de generalizaciones toda la información conocida acerca de uno mismo en un dominio conductual dado y específico, es decir, un individuo que se describe como “independiente”,”intelectual” y “perezoso” tendría un autoesquema para cada uno de estos dominios conductuales, de modo que el yo de ese sujeto se conceptualizaría como un sistema de esquemas, una estructura cognidva que contendría, al menos, esos tres autoesquemas (Markus y Smith, 1981). Sin embargo, la definición de Rogers et al. implica que todos los atributos del autoconcepto de una persona formarían parte del autoesquema, en el ejemplo anterior “independiente”, “intelectual” y “perezoso” serían atributos del yo que formarían parte del autoesquema del sujeto, sin explicitar si tales atributos forman a su vez un esquema cognitivo o cualquier otra clase de categoría o

Pág. 106

estructura cognitiva. Ambas definiciones son en cierto modo compatibles, puesto que para Markus los autoesquemas se relacionarían entre sí en un sistema o estructura cognitiva que sería el yo, sin embargo Markus no afirma explícitamente que dicha

estructura deba ser un autoesquema más global que incluya a los demás

subautoesquemas, aunque esta última posición sea la que implícitamente haya guiado muchas de las investigaciones posteriores.

Esta disparidad en las definiciones remite además al problema de la unicidad o multiplicidad del yo, un problema antiguo en Psicología y que ya había sido señalado por W. James. El “yo” parece ser bastante inestable tanto temporal como espacialmente. Es más que posible que para una misma persona, existan simultáneamente diferentes yoes (social, personal, laboral, etc.) que se ponen de manifiesto según las diferentes situaciones y papeles en que el individuo se desenvuelve (Harter, 1990; Vázquez, 1986a). Como señala Avia (1991) la relativa discrepancia entre estos yoes es más la norma que la excepción. Parece que la opinión más consensuada entre los investigadores del yo en e] marco de la teoría de los esquemas es enfatizar la multiplicidad o multidimensionalidad de los autoesquemas, lo que ha conducido a considerar el yo como un sistema o conjunto de autoesquemas y a suponer que, cuando se habla del “autoesquema del individuo”, se está haciendo referencia al autoesquema activo u operativo, aquél que se supone está regulando en un momento dado las acciones y reacciones de una persona (Markus y Wurf, 1987). Este autoesquema activo se traduce en término operativos en aquel autoesquema que es accesible a la conciencia del sujeto, lo que ha constreñido claramente el tipo de investigaciones que se han hecho en relación al yo considerado como esquema(s) cognitivo(s), puesto es fácil suponer que alguna parte del conocimiento que una persona tiene sobre sí misma no es accesible a la conciencia del sujeto pero aún así puede estar afectando al procesamiento de la información y a la conducta. En cualquier caso, la consideración de un sistema de autoesquemas trae a colación de nuevo el tema de la organización de los autoesquemas.