La hipótesis de la existencia de los autoesquemas depresivos y de los
autoesquemas ansiosos se fundamenta sobre bases parecidas a aquellas que sustentan la
existencia de los autoesquemas en las personas normales (véase el Capítulo 6), es decir,
se apoya principalmente en la evidencia experimental de los efectos del yo en el
procesamiento de la información autorreferente y de la interconexión estructural del
conocimiento del yo. Para hablar de autoesquemas depresivos y ansiosos esa evidencia
debería indicarque: (1) el conocimiento que conforma el yo de los individuos depresivos
contiene representaciones mentales o autoconstructos negativos-depresivos, mientras que el conocimiento que constituye el yo de los individuos ansiosos contiene autoconstructos negativos-ansiosos; (2) los efectos del yo en el procesamiento de información autorreferente reflejan el peculiar contenido del autoconcepto de los individuos
depresivos y ansiosos, y (3) la interconexión estructural del conocimiento del yo se
centra en los autoconstructos depresivos y los autoconstructos negativos-ansiosos.
2.1. El Contenido de los Autoespuemas Depresivosy Ansiosos
Existe una amplia evidencia empírica de que el conocimiento incluido en los autoesquemas de los individuos depresivos implica representaciones mentales negativas depresivas. Los estudios sobre el autoconcepto de los individuos deprimidos han demostrado de manera consistente que:
(1) Mientras los sujetos normales se autoatribuyen casi exclusivamente adjetivos de personalidad positivos, los individuos con niveles altos de depresión se autoatribuyen más adjetivos de personalidad negativos depresivos que positivos no depresivos (e.g.,
Derry y Kuiper, 1981; Dobson y Shaw, 1987; Greenberg y Beck, 1989; MacDonald y Kuiper, 1984; Myers. Lynch y Bakal, 1989) mientras que los individuos con niveles moderados de depresión se autoatribuyen un número parecido de adjetivos negativos depresivos y positivos no depresivos (e.g., Greenberg y Alloy, 1989; Kuiper y Derry,
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1982).
(2) En los cuestionarios que miden el autoconcepto en una serie de dimensiones,
tales como la apariencia física, la habilidad intelectual y la habilidad interpersonal (e.g.,
el Test de Autoconcepto de Beck), los pacientes depresivos se valoran más
negativamente que otros pacientes psiquiátricos no deprimidos (e.g., Beck, Steer, et al., 1989; Brown y Beck, 1989; Clark et aL, 1989).
Existen muchos menos estudios que hayan evaluado el autoconcepto de los individuos con ansiedad para comprobar hasta qué punto incluye información negativa relacionada con temas de vulnerabilidad o peligro. Los datos de los estudios de Greenberg y Alloy (1989) y Greenberg y Beck (1989) sugieren que las personas con ansiedad se autoatribuyen más adjetivos negativos relacionados con temas de ansiedad
que las personas normales, aunque también cuestionan la especificidad de esa
característica cognitiva frente a la depresión32•
2.2. Efectos en el Procesamiento de Información Autorreferente
2.2.1. El Efecto de Autorreferencia
La evidencia más citada sobre la que se fundamenta la noción de autoesquemas depresivos proviene de la investigación sobre procesos de autorreferencia usando el paradigma de los niveles de procesamiento (véase el Capítulo 6). Varios estudios han
demostrado que las personas clínicamente deprimidas recuerden mejor los adjetivos
autorreferentes negativos depresivos que los positivos no depresivos, mientras que los sujetos normales presentan justamente el patrón de recuerdo contrario (e.g., Bradley y
32 Lang. Mueller y Nelson (1983) encontraron que los sujetos con niveles altos en ansiedad a los
exámenes se adscribían como autorreferentes más frases que reflejaban rasgos o conductas negativas que los sujetos con niveles bajos de ansiedad a los exámenes. Sin embargo, este hallazgo no puede
considerarse como evidenciaempíricadeJ contenido dc lainformación de los autoesquemas “ansiosos” ya
que los rasgos y conductas que describían las frases estaban específicamente relacionados con los temas
de vulnerabilidad o peligro. Por otro lado, con anterioridad, Mueller y Courtois (1980) no habían
Mathews, 1983; Derry y Kuiper, 1981; MacDonald y Kuiper, 1984). Este hallazgo se interpreta como prueba de la existencia de autoesquemas depresivos en la depresión, los cuales habrían permitido una mejor codificación, elaboración y recuperación de los adjetivos negativos depresivos (unos adjetivos pertenecientes a su ámbito de contenido).
Por su parte, el que las personas con depresión subclínica manifiesten una tasa de
recuerdo parecida para los adjetivos autorreferentes positivos no depresivos y negativos
depresivos se interpreta como indicación de que los autoesquemas de las personas con niveles ligeros o moderados de depresión incluyen material positivo no depresivo y negativo depresivo en proporciones similares (e.g., Kuiper y Derry, 1982; Kuiper y MacDonald, 1 982)~~.
Los estudios sobre el efecto de autorreferencia en la ansiedad arrojan resultados
inconsistentes. Claeys (1989) encontró que los sujetos con niveles altos de ansiedad
social recordaban más adjetivos autorreferentes negativos que los sujetos con niveles bajos. Por el contrario, estudiando la ansiedad a los exámenes, Lang et al. (1983) y Mueller y Courtois (1980) no encontraron diferencias significativas entre sujetos con
niveles altos y bajos en ansiedad en el recuerdo de los adjetivos autorreferentes negativos o positivos. Tampoco Mogg, Mathews y Weinman (1987) encontraron diferencias significativas en el recuerdo entre un grupo de pacientes con ansiedad generalizada y un grupo de sujetos normales; ambos grupos de sujetos recordaban más adjetivos autorreferentes positivos que negativos. Sin embargo, los resultados de estos cuatro estudios se tienen que tomar con mucha precaución ya que no utilizaron adjetivos negativos cuyo contenido estuviera relacionado específicamente con la ansiedad.
No obstante, aún cuando esa deficiencia metodológica se subsana, los resultados de los estudios siguen siendo inconsistentes. Cuatro estudios han presentado datos
favorables a la existencia de un sesgo mnésico autorreferente en los individuos ansiosos predecible de la presencia de autoesquemas ansiosos. Greenberg y Beck (1989)
Algunos estudios han encontrado que también los pacientes clínicaniente deprimidos presentan una tasa similar de recuerdo para ¡os adjetivos negativos depresivos y para ¡os adjetivos positivos no depresivos (e.g., Myers,Lynch y Bakal, 1989).
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descubrieron que los pacientes con trastornos de ansiedad recordaban más adjetivos
autorreferentes negativos ansiosos que positivos, aunque sus tasas absolutas de recuerdo para los dos tipos de adjetivos no eran diferentes de las tasas de recuerdo de los sujetos normales. McNally, Foa y Donnelí (1989) encontraron que los pacientes con un trastorno
por angustia, en comparación a los individuos normales, recordaban más adjetivos autorreferentes negativos ansiosos que positivos. Mogg y Mathews (1990) también
constataron que los pacientes con trastornos de ansiedad, en comparación a los individuos normales, recordaban más adjetivos negativos relacionados con la ansiedad que adjetivos positivos no relacionados con la ansiedacP4. Finalmente, Ingran et al.
(1987) descubrieron que los universitarios con niveles altos de ansiedad a los exámenes recordaban más adjetivos negativos ansiosos que los estudiantes normales o depresivos.
En contradicción con los resultados de esos cuatro estudios, se han encontrado otros cuatro que no aportan resultados favorables a los autoesquemas ansiosos. Barrow,
Barefoot y Blick (1987)no encontraron ninguna relación entre el nivel de ansiedad a los
exámenes y el número de adjetivos positivos o negativos de contenido relacionado con la ansiedad que los sujetos recordaban. Foa, McNally y Murdock (1989) no hallaron un
mejor recuerdo de las palabras negativas ansiosas que de las palabras positivas en un
grupo de estudiantes con niveles altos de ansiedad a la audiencia. Los datos del estudio de Mathews, Mogg, May y Fysenck (1989) no demostraron que los pacientes con
ansiedad generalizada recordaran más palabras amenazantes que no amenazantes, ni que
mostraran un rendimiento mnésico autorreferente en relación a esas padabras diferente al de los sujetos normales. Finalmente, Richards y French (1991) tampoco han encontrado ninguna diferencia en el recuerdo autorreferente de palabras amenazantes y
~ En muchas revisiones (e.g., Dalgleish y Watts, 1990), al igual que hicieron ¡os autores de la investigación, este hallazgo no ha sido considerado como un sesgo mnésico. puesto que la tendencia de
los pacientes con ansiaíad a recordarmás adjetivos negativos ansiosos no se ¡imitaba a la condición de
autorreferencia, sino también aparecía en una instrucción orientadora de referencia a otra persona,y, por
otro lado, también se encontraba en los errores por intrusión que aparecían en los protocolos de recuerdo libre.En consecuencia, este patrón de resultados ha sido interpretado como el resultado de un sesgo de respuesta. No obstante, también podría explicarse por una combinación de efectos derivados de la
no amenazantes entre individuos con niveles altos y bajos de ansiedad rasgo35.
En conclusión y si se excluyen los resultados de los estudios metodológicamente deficientes, los resultados más generales (presente en tres estudios y ausente en uno) parecen indicar que los pacientes con trastornos de ansiedad presentan un sesgo mnésico que favorece el recuerdo de la información ansiosa negativa. En el caso de la ansiedad rasgo, la literatura empírica no permite concluir que los sujetos con niveles altos de ansiedad manifiesten un sesgo mnésico hacia la información ansiosa negativa.
2.2.2. Eficacia en el Procesamiento
Como se predice desde los modelos de autoesquemas, varios estudios han demostrado que los individuos clínicamente deprimidos procesan de manera más eficiente los estímulos que son congruentes con sus hipotéticos autoesquemas depresivos. Puesto que tales autoesquemas contienen sobre todo información negativa depresiva, se espera que en los juicios de autorreferencia sobre los adjetivos negativos depresivos (aquellos que son congruentes con el contenido de los autoesquemas) los individuos clínicamente deprimidos empleen menos tiempo que al hacer tales juicios sobre los adjetivos positivos no depresivos. Esto es efectivamente lo que ha demostrado la literatura empírica (e.g., Deny y Kuiper, 1981; MacDonald y Kuiper, 1984), aunque el fenómeno no parece ser todo lo fiable que se desearía ya que existen estudios que no han conseguido evidenciarlo (e.g., Bradley y Mathews, 1983; Dobson y Shaw, 1987; Myers et al., 1989). Por otro lado, puesto que los autoesquemas de los individuos
Es importante señalar que tanto en el estudio de Richards y French (1991) como en el de Mathews et al. (1989) ¡a tarea orientadora autorreferente no fue la clásica de los estudios sobre el efecto de
autorreferencia <véaseel Capítulo6),sino una tarea “imaginativa” que pedía al sujetoque imaginara una
escena (que le hubiera ocurrido o no) donde apareciemn tantoél mismo como la palabra. Este cambio en el tipo de instrucción orientadora autorreferente podía haber restado sensibilidad para encontrar efectos
de autorreferencia congruentes con la existencia de autoesquemas ansiosos. En este sentido, hay que
señalar que en el estudio de Mathews et al. (1989)se encontró una tendencia no significativa entre los
pacientes con ansiedad generalizada a recordar más palabras amenazantes que no amenazantes, y una
tendencia también no significativa entre los sujetos normales a recordar más palabrasno amenazantes que
amenazantes. Es más, Mathews et al. (1989) encontraron una correlación positiva y significativa entre el nivel de ansiedad rasgo y la proporción de palabras amenazantes recordadas.
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subclínicamente deprimidos contienen información tanto negativa depresiva como positiva, se espera que tales individuos muestren la misma eficiencia en el procesamiento de ambos tipos de información estimular, es decir, se espera que empleen el mismo tiempo en juzgar la autorreferencia de los adjetivos negativos depresivos y de los adjetivos positivosno depresivos. Esta hipótesis ha sido confirmada en los estudios
de Kuiper y MacDonald (1982) y de Greenberg y Alloy (1989). Por último, puesto que
los autoesquemas de los sujetos normales contienen fundamentalmente autoconstructos
positivos, se predice que juzgarán más rápidamente la autorreferencia de los adjetivos de personalidad positivos que la de los adjetivos negativos depresivos, predicción que se ha visto consistentemente confirmada (e.g., Derry y Kuiper, 1981; MacDonald y Kuiper, 1984).
Solamente se han encontrado dos estudios que hayan examinado la eficiencia con que los individuos ansiosos procesan la información autorreferente, y ambos estudios han llegado a la misma conclusión de que, en ese aspecto, los estudiantes con niveles altos de ansiedad no se diferencian de los sujetos normales (Mueller y Courtois, 1980; Greenberg y Alloy, 1989). Sin embargo, hay que dejar bien claro que ambos estudios no pudieron poner a prueba de forma adecuada la predicción que se seguiría de la existencia de autoesquemas ansiosos en los individuos con ansiedad, predicción que afirma que tales individuos emplearán menos tiempo en juzgar la autorreferencia de adjetivos negativos ansiosos que de adjetivos positivos no ansiosos. Mueller y Courtois (1980) no pudieron comprobar esa predicción porque los adjetivos negativos que utilizaron no eran específicamente relevantes a la ansiedad; Greenberg y Alloy (1989) sí utilizaron tales adjetivos, pero al realizar los análisis estadísticos no tuvieron en cuenta el factor contenido de los adjetivos (relevante o no relevante a la ansiedad) y por tanto
no pudieron aportar información al respecto.
2.2.3. Efectos Atencionales
Desde los modelos de los autoesquemas se predice una mayor atención a la información autorreferente, información que es consistente con el contenido de los
autoesquemas (véase el Capítulo 6). En la depresión clínica se esperaría, pues, una mayor atención a la información autorreferente negativa depresiva. Para estudiar este
posible sesgo atencional, los psicólogos han utilizado tres estrategias. La primera ha
consistido en emplear tareas experimentales en las que la tendencia a atender a estímulos negativos puede facilitar el rendimiento del sujeto en dichas tareas (tarea de umbral de reconocimiento visual, tarea de decisión léxica, tarea de distribución de la atención, tarea de percepción del color). La segunda estrategia ha empleado tareas experimentales en los que esa misma tendencia puede entornecer el rendimiento (tarea de Stroop emocional, tarea de escucha dicótica). Finalmente, la tercera estrategia ha consistido en tomar medidas psicofisiológicas que reflejaran los estadios iniciales del procesamiento
de la información, de forma que una atención selectiva a estímulos negativos supondría
un patrón osicofisiológico distinto al que resultaría de estímulos neutros o positivos (potenciales evocados, respuestas de orientación).
Usando una tarea de umbral de reconocimiento visual, Powell y Hemsley (1984) presentaron mediante un taquitoscopio palabras “desagradablest’ o negativas y palabras neutras a un grupo de pacientes depresivos y a un grupo de sujetos normales. Estos autores encontraron una tendencia significativa en los resultados que apuntaba a que los pacientes depresivos mostraban un umbral de reconocimiento menor para las palabras negativas que los sujetos normales; para las palabras neutras, en cambio, no había diferencias entre ambos grupos de sujetos. Sin embargo debe notarse que las palabras negativas utilizadas por Powell y Hemsley no tenían un contenido específicamente relacionado con ¡a depresión, hecho que podría explicar la ausencia de resultados más robustos favorables a la existencia de un sesgo atencional depresivo. La búsqueda de un efecto facilitador subyace al uso de la tarea de decisiónléxica, en la cual el sujeto debe decidir lo más rápidamente posible si la serie de letras que se le presenta forma una palabra real o no. Así, se esperaría que el tiempo de decisión para los sujetos clínicamente deprimidos fuera menor en el caso de palabras de contenido negativo depresivo que en el caso de palabras positivas o neutras. Esta predicción, sin embargo, no se ha visto confirmada con pacientes diagnosticados con un trastorno depresivo en el estudio de MacLeod, Tata y Mathews (1987), aunque debe señalarse que los adjetivos
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que se emplearon en esta investigación fueron los mismos que los utilizados por Powell
y Hemsley (1984). La tarea de distribución de la atención diseñada por MacLeod,
Mathews y Tata (1986) también persigue encontrar efectos facilitadores debidos a la atención selectiva. En esta tarea se presentan al sujeto pares de palabras, una a cierta distancia encima de la otra, y, ocasionalmente, a una u otra de estas palabras le sigue un punto. La variable dependiente es el tiempo empleado en detectar la aparición del punto cuando las palabras de la pareja difieren una de otra en contenido. MacLeod et al. (1986) no encontraron que un grupo de pacientes clínicamente deprimidos tardaran menos tiempo en detectar el punto cuando éste ocupaba la posición de una palabra con contenido de “amenaza física o social”, lo que hubiera indicado la presencia de un sesgo atencional hacia la información amenazante. De nuevo, en este estudio se debe observar lo poco relevante que era el contenido de los estímulos utilizados para evaluar la presencia de un sesgo atencional derivado de la existencia de autoesquemas depresivos en los individuos con depresión clínica.
La segunda estrategia, en la que el rendimiento en la variable dependiente se ve entorpecido como resultado de un sesgo atencional, queda ejemplificada en el paradigma Stroop y en el de escucha dicótica. Gotlib y Cane (1987) emplearon una tarea de Stroop
emocional con pacientes clínicamente deprimidos y sujetos normales no deprimidos. La
tarea de los sujetos consistía en nombrar el color de las palabras de tipo depresivo, de tipo maníaco, o de tipo neutro. Gotlib y Cane hallaron que cuando la palabra era de tipo negativo depresivo, los sujetos deprimidos tardaban más en nombrar el color en que estaba escrita dicha palabra, lo que parece demostrar que tales sujetos poseen una especial facilidad para atender a la información de contenido negativo depresivo: el procesamiento automático del significado de la palabra interfiere con la respuesta de nombrar el color de las palabras depresivas negativas. Por contra, los sujetos no deprimidos no mostraban una latencia diferente a la hora de nombrar el color de cualquiera de los tres tipos de palabras.
En las tareas de escucha dicótica, se pide al sujeto que repita (o siga) el mensaje
estímulos verbales que se presentan simultáneamente por el otro oído (canal ignorado), en este caso, palabras con diferente contenido emocional. La existencia de un sesgo atencional que favoreciera la información negativa supondría un mayor número de errores en el seguimiento del mensaje o un peor rendimiento en una tarea secundaria simultánea (típicamente, una tarea visual de tiempo de reacción simple) cuando se presenten por el canal ignorado palabras depresivas negativas en comparación a la presentación de otros tipos de palabras. En consonancia con esta predicción, McCabe y Gotlib (1991) encontraron que sujetos clínicamente deprimidos mostraban una mayor latencia en una tarea de tiempo de reacción secundaria cuando se les presentaba por el canal ignorado palabras de contenido negativo depresivo que cuando se les presentaba palabras de contenido maníaco o neutral, mientras que la latencia de los sujetos normales no difería en las tres condiciones. Otros estudios han hallado un mayor número de errores de seguimiento entre pacientes clinicaznente deprimidas cuando por el canal ignorado se presenta información negativa disfórica en comparación a información neutra (McMillan, Ghadirian y Pihí, 1989).
Los estudios de los potenciales evocados cerebrales (como la respuesta P300) asumen que los procesos de atención selectiva implican diferentes patrones psicofisiológicas asociados a diferentes tipos de estímulos varios milisegundos después de su presentación. La respuesta P300 ocurre alrededor de los 300 ms después de la presentación de un estímulo inesperado. Una menor amplitud de esta respuesta se encuentra asociada con una mayor expectativa de ocurrencia de ese estímulo y, por ende,
con un sesgo atencional hacia dicho estímulo. Blackbum, Roxborough, Muir, Glabus y
Blackwood (1990) evaluaron la respuesta P300 ante palabras positivas, negativas y
neutras en pacientes con depresión unipolar, pacientes que se habían recuperado de este
tipo de trastorno y sujetos normales. Los pacientes deprimidos y aquellos que se habían recuperado mostraron una amplitud menor de la respuesta P300 a las palabras negativas
que a las positivas, mientras que el patrón de respuesta de los sujetos normales fue el
contrario.
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autoesquemas depresivos, los resultados parecen indicar la presencia de un sesgo atencional hacia la información negativa depresiva entre los individuos diagnosticados
con un trastorno depresivo.
En la depresión subclínica, la mayoría de los autores predicen que se debería encontrar también un sesgo atencional hacia la información negativa depresiva. Sin embargo, dado que los autoesquemas de los individuos subclínicamente deprimidos contienen tanto autoconstructos positivos como negativos, probablemente lo que habría que esperar sería una distribución de los recursos atencionales equilibrada para la información positiva y la negativa. En cualquier caso, las investigaciones que han