Chapter 2: Literature Review
2.4. Control Algorithm Studies for mixed-mode buildings
Los estudiosos del desarrollo económico en los actuales países subdesarrollados saben muy bien que la ruta hacia el desarrollo económico sostenido pasa por la revolución in dustrial. Lo que está sujeto todavía a controversia en rela ción con la estrategia de la industrialización es el papel de la agricultura en este proceso. Hay quien, en un extremo, opina que todo lo que debe hacer la agricultura es reducir su ámbito, aumentar su eficiencia y liberar mano de obra y re cursos para la industria moderna; y hay quien, en el extre mo opuesto, afirma que la revolución en las técnicas y en los métodos de organización agrícolas es una premisa esencial para la modernización de las industrias manufactureras y del transporte. Al elaborar su teoría de las fases del desarrollo económico, el profesor Rostow, por ejemplo, sostiene que «los cambios revolucionarios en la productividad agrícola son una condición esencial para un despegue con éxito».1 Se gún este punto de vista, la economía preindustrial debe apo yarse en la agricultura para disponer de los alimentos adi cionales de las materias primas, de los mercados y de los capitales que permiten la industrialización. En esta contro versia, tiene un interés especial la experiencia histórica del primer país que emprendió una revolución industrial.
Sabido es que la revolución industrial británica anduvo ligada a una revolución agrícola. ¿Qué carácter tuvo esta aso ciación? ¿Hasta qué punto precedió o reforzó el proceso de la industrialización británica o surgió de él?
En la revolución agraria británica sobresalen cuatro ras gos. En primer lugar, las unidades consolidadas de cultivo en gran escala sustituyeron a los campos abiertos cultiva dos, en franjas discontinuas, por los campesinos con derechos de pasto, de combustible y de caza sobre las tierras comu nales. En segundo lugar, el cultivo se extendió a los eriales y a las tierras comunales y se adoptó la ganadería intensiva. En tercer lugar, se transformó la aldea de campesinos auto- suficientes en una comunidad de trabajadores agrícolas cuyo
nivel de vida básico dependía de las condiciones de los mer cados nacionales e internacionales que de las circunstancias climáticas. En cuarto lugar, aumentó grandemente la pro ductividad de la agricultura, es decir, el volumen de produc ción por unidad de fuerza de trabajo en plena dedicación
(full-time).
Estas características se manifestaron gradualmente a lo largo de un extenso período y aparecieron en fases distintas en las diferentes regiones. Para relacionarlas con la revolu ción industrial hemos de identificar el período crucial de transformación, hemos de poder decir cuándo ocurrieron los cambios importantes en la práctica, en la organización y en las actitudes agrícolas. ¿Podemos especificar realmente es tos cambios importantes, podemos fecharlos con la suficien tes exactitud para establecer cuándo ocurrió efectivamente la revolución agrícola en Gran Bretaña? ¿Podemos decir si precedió, acompañó o siguió a los acontecimientos que cons tituyeron el núcleo de la revolución industrial propiamente dicha y que, en principio, podemos situar en el período 1780- 1850? Las respuestas a estas preguntas son difíciles a nivel nacional, debido a que la experiencia regional fue muy va riada. Podemos, sin embargo, arrojar un poco de luz sobre la cuestión de cuándo ocurrió la revolución agrícola ingle sa examinando tres procesos, relacionados entre sí, de los que dependió en gran parte: 1) la adopción de nuevas téc nicas de producción; 2) el cercamiento (enclosure); 3) los cambios en las actitudes de los empresarios. 1
1. Las nuevas técnicas de producción
Los rasgos esenciales de las nuevas técnicas de produc ción que caracterizaron la revolución agraria en los terre nos ligeros de Inglaterra fueron el cultivo continuo, las nue vas rotaciones de los cultivos y una asociación más estrecha entre la labranza y la ganadería. El método de Jethro Tull de plantar el trigo .y las raíces en líneas rectas lo bastante alejadas como para permitir el paso entre ellas de un arado arrastrado por un caballo constituyó la base de las nuevas técnicas de cultivo constante. La siembra en surcos se em pezó a practicar en 1700 y el método se dio a conocer amplia mente a principios de la década de 1730. La facilitó la utili>
/.ación del arado triangular de Rotherham (patentado en 1730), que permitía remover la tierra con rapidez y efectivi dad con un equipo de dos caballos y un hombre, en vez del lento y tradicional arado rectangular movido por cuatro, seis u ocho bueyes y atendido por el conductor de los bueyes y un encargado de manejar el arado. En la década de 1780 se experimentaron máquinas trilladoras. Fueron los primeros pasos importantes hacia la reducción del trabajo manual en las operaciones agrícolas en Gran Bretaña.
El abandono de las antiguas formas de rotación de los cultivos basadas en frecuentes períodos de barbecho (dos de cada tres años en algunas zonas), en favor de la rotación de legumbres y de cultivos herbáceos amplió la zona de cultivo efectivo y permitió disponer de forraje para el ganado du rante el invierno. Las semillas herbáceas eran cultivos recu perativos; los nabos y las patatas eran cultivos de escarda; permitían cultivar continuamente el suelo sin temor de ago tamiento; permitían, también, alimentar el ganado durante el invierno. Ya no era necesario dejar la tierra sin cultivar para conservar su fertilidad y se podían hacer inversiones en ganadería para mejorar las crías. Además, el ganado no tenía que apacentar exclusivamente en los pastos natura les sino que podía contribuir a las nuevas técnicas de rota ción y beneficiarse de ellas. El ganado comía el forraje y las raíces y aumentaba la fertilidad del suelo con sus residuos.
Es indudable que estas inversiones aumentaron grande mente la producción total de una determinada unidad de tie rra o de trabajo en todos los puntos en donde fueron intro ducidas. El problema consiste en decidir cuándo constituye ron una contribución efectiva a la producción agrícola na cional total. ¿Cuándo se generalizaron los nuevos cultivos, las nuevas rotaciones, las nuevas máquinas y las nuevas ra zas de ganado?
Sobre ésta, como sobre muchas otras cuestiones, los his toriadores de la economía acostumbraban a pronunciarse con más seguridad y confianza en el pasado que en la actuali dad. Se decía que los agricultores innovadores acumularon iortunas fabulosas. Se atribuía —y aún se atribuye algu nas veces— una importancia formidable, por ejemplo, al cul tivo del nabo y a los esfuerzos de su más famoso propugna- dor «Turnip» (Nabo) Townshend. El profesor Ragnar Nurkse, por ejemplo, ha escrito:
«Sabido es que la espectacular revolución industrial ha bría sido imposible sin la revolución agrícola que la prece dió. Ahora bien, ¿qué fue la revolución agrícola? Se basó esencialmente en la introducción del nabo. El humilde nabo hizo posible un cambio en la rotación de los cultivos que no requería mucho capital y que, en cambio, dio lugar a un enorme aumento de la productividad agrícola. El resultado fue que se pudieron producir más alimentos con menos mano de obra, la cual se liberó para la constitución de capital.» 2
En realidad, no existe prueba alguna de que el cultivo del nabo (que es un cultivo que exige un trabajo intensivo) diese lugar a ningún ahorro de trabajo ni de que las raíces o el trébol fuesen cultivos generalizados antes de comienzos del siglo xix. Existen dudas sobre la extensión de las me joras conseguidas por los innovadores más famosos, bien en cuanto al aumento de la producción en sus propias haciendas bien en cuanto a la aparición de imitadores inmediatos.3 La mayoría de los nuevos métodos no se podían introducir con eficacia en los campos abiertos —eliminados de la escena agrícola inglesa a finales del siglo xvm y principios del xix por el movimiento de enclosure— y tuvieron que adaptarse a las condiciones locales del suelo. Hasta 1820, el arado Rho- terham —calificado de «el mayor perfeccionamiento en el arado desde finales de la Edad del Hierro y desde los tiem pos romano-británicos»— no empezó a dar en la mayoría de los distritos mejores resultados que los tipos tradicionales.4
El hecho es que la mayoría de los campesinos arrendatarios, que cultivaban el 80 por ciento o más de las tierras labra das del país no tenían ni el incentivo ni el capital necesario para librarse a experimentos; incluso los propietarios más ricos y eficaces vacilaban, por razones políticas y sociales, en introducir máquinas ahorradoras de mano de obra en las zonas rurales que sufrían de subempleo crónico. En todo caso, la presión de la mano de obra se hacía sentir en las épocas de cosecha y no se ganaba mucho con economizar mano de obra en los demás meses del año. Además, pese al auténtico entusiasmo que se sentía por el progreso agrícola y pese a la abundancia de publicaciones en la segunda mitad del siglo xvm, es dudoso que la mayoría de los agricultores conociesen la nueva tecnología, hasta que veían aplicarla en la granja del vecino. Se ha calculado que el ritmo de progre
so de los nuevos métodos era únicamente de una milla anual a partir del punto de origen.s
Hay que recordar, por encima de todo, que la agricultura, más que cualquier otro ramo de la actividad económica, pre sentaba grandes diferencias de carácter y de trayectoria his tórica de región a región. No podemos dar por supuesto que las técnicas que resultaban efectivas en una región se adap taban fácilmente a las distintas condiciones de otras. Tam poco es fácil establecer con certeza que el ejemplo de los in novadores fuese seguido por todos, ni siquiera en sus pro pias regiones. Algunos observadores coetáneos, como Arthur Young, describieron muchas figuras de agricultores innova dores, pero no sabemos hasta qué punto su conducta puede considerarse típica y representativa. En muchos casos, hay razones para creer que lo que los coetáneos consideraban digno de registrar por su interés era, precisamente, el caso atípico. Éstas son algunas de las razones de las dudas que se experimentan en torno a esta cuestión. Muchas de las nuevas técnicas del siglo xvm sólo servían para los suelos ligeros y arenosos y no pudieron adaptarse en las zonas de suelo pe sado hasta que la utilización del tubo de desecación cilindri co y la aplicación del vapor a las bombas permitió drenar los suelos arcillosos y los terrenos pantanosos a mediados del siglo xix. Se necesitarán muchos trabajos de investiga ción a nivel regional antes de poder llegar a conclusiones ge nerales y ciertas sobre el impacto de las nuevas técnicas agrícolas en la productividad agrícola nacional durante la segunda mitad del siglo x v iii y la primera del xix. 2
2. El sistema de cercamientos (enclosures) Hasta cierto punto, podemos calibrar el ritmo de pro greso del movimiento de cercamiento de terrenos a base de los registros parlamentarios: pero también en este caso he mos de hacer dos reservas sobre los datos. La primera es que .el cercamiento privado se practicaba ya desde la época de los Tudor, y antes incluso. La enclosure parlamentaria no se convirtió en el método usual de consolidar las propieda des territoriales hasta mediados del siglo x v iii. La segunda es que aunque la enclosure puede haber sido una condición
.. Destruyó las restricciones que el sistema de campo abier to hacía pesar sobre el cambio tecnológico, pero no aseguró por sí misma la adopción de las nuevas técnicas de produc ción para el mercado y de la superior productividad que implicaban. Algunos de los pequeños agricultores que reci bieron una parcela en términos de una Enclosure Act se em pobrecieron hasta tal punto al tener que cargar con los gas tos de legalización y con los de construcción de la cerca, que no pudieron invertir gran cosa en la mejora de la tierra y de la propiedad o en la compra de maquinaria o de ganado. Al gunos grandes propietarios hicieron un uso menos intensivo de las nuevas tierras adquiridas (baldíos y tierras comuna les) que el que de ellas hacían los campesinos (cottagers y
squatters) para el sostenimiento de sus familias. Hay prue
bas de que el consumo de alimentos bajó entre los campe sinos pobres en la segunda mitad del siglo xvin, hasta redu cirse a una dieta compuesta básicamente de pan y queso, porque «el sistema de enclosures les había arrebatado sus pastos y la tierra donde recogían la leña para cocer sus co midas calientes».6 Al mismo tiempo, se redujeron sus posi bilidades de cazar con trampas o de pescar, porque en las tierras cercadas los propietarios invocaban terribles leyes de caza y protegían sus cotos con trampas contra seres huma nos y pistolas disparadas con resortes. La carne desapareció virtualmente de la mesa de los campesinos pobres.
Con estas salvedades, pues, ¿podemos decir cuándo el movimiento de enclosure adquirió un empuje revoluciona rio? Es difícil hacer afirmaciones concluyentes al respecto. Se ha calculado que en 1700 la mitad de la tierra arable del país, aproximadamente, se cultivaba todavía con el sistema de campo abierto. En 1820, sólo en media docena de conda dos ingleses más del 3 por ciento de sus tierras estaban sin cercar, y en ellas una gran parte del cercamiento por ley del Parlamento se completó antes de 1830.7 Se puede considerar que la enclosure privada (es decir, la realizada mediante ne gociaciones privadas para comprar los derechos de los due ños y los arrendatarios) continuó a lo largo de este período, como había continuado a lo largo de siglos. Pero, en las al deas donde el número de propietarios era importante, el te rrateniente que quería consolidar su propiedad tenía que llegar a acuerdos con una gran cantidad de individuos y sus posibilidades de hacerlo en privado disminuyeron a lo largo
del siglo xviii por dos razones: primero, porque los casos que sobrevivieron a los primeros siglos de negociación y de presión privadas eran los más difíciles; segundo, porque los ni tos precios de los cereales en la segunda mitad del si glo xvm hacían remunerador el cultivo de cualquier trozo ilc campo abierto, por pequeño que fuese.
El precio de los cereales fue el factor crucial que impul só al terrateniente a consolidar sus tierras y al campesino a aferrarse a las suyas. En la primera mitad del siglo xvm, los precios del grano fueron generalmente bajos; por ello, la presión para acelerar los cercamientos fue generalmente débil. El ritmo de la enclosure parlamentaria fue lento y con tinuo, generalmente, durante este período (1700-1760), y es significativo que «los únicos años en que se nota una clara uctividad del Parlamento son los de 1729-1730 y 1742-1743, es decir, períodos, ambos, inmediatamente posteriores a cose chas deficientes y con precios de los alimentos relativamen te altos».8 Se puede presumir que la enclosure privada siguió practicándose también de manera continua a medida que la tierra agotada por el sistema de campo abierto era llevada al mercado. A menudo, las tierras arables abiertas eran cer cadas porque se habían agotado demasiado para dar cose chas de cereales mínimamente aceptables, al nivel de subsis tencia de los cultivadores; por ello se convertían en pastos. Pero en la segunda mitad del siglo xvm, a medida que la población aumentaba y que las ciudades crecían, el precio del grano se elevó y el panorama cambió. Existen razones para creer que las enclosures privadas prosiguieron a un rit mo más lento que en el período anterior a 1760, porque los incentivos para resistir a la desposesión eran fuertes cuan do el precio de los artículos alimenticios era alto. Los aspiran tes a enclosers tenían que encontrar la manera de imponer el cercamiento. El ritmo de las enclosures parlamentarias, en cambio, se aceleró claramente. Vale la pena distinguir las
Acts relativas al cercamiento de las tierras arables y los te
rrenos cultivados según el sistema de campo abierto (junto con los terrenos comunales asociados) y las Acts relativas simplemente al cercamiento de los pastos comunales y de las tierras yermas. Las primeras permitían (aunque no ase guraban) la introducción de las nuevas técnicas de cultivo en gran escala, de mecanización, de crianza del ganado, de dre naje y de experimentación científica. Las segundas no hacían
más —en la mayoría de los casos— que extender el margen de los cultivos a tierras que no tienen valor alguno cuando el precio del grano era bajo. «Antes de 1760, el número de
Acts que se referían específicamente al sistema de campo
abierto (es decir, que se referían esencialmente a las tierras arables y a las praderas) no excedió de 130. Entre 1760 y 1815 su número se elevó a más de 1.800.»9 A finales del si glo xv'tii, los especialistas agrícolas ingleses estaban conven cidos de que el único medio de aumentar la producción del área cultivada, para responder a la creciente demanda, con sistía en eliminar las explotaciones de campo abierto y dar a los terrenos comunes una utilización comercial provecho sa. En 1801, la primera General Enclosure Act estableció un procedimiento más directo para la endosare impuesta por decreto, simplificando el mecanismo parlamentario para la
endosure de los terrenos comunes y reduciendo sus gastos.
El resultado fue una verdadera explosión de inversiones en terrenos pequeños que hasta entonces no se consideraban lo bastante rentables como para soportar los precios del cer- camiento.
Es imposible decir exactamente hasta qué punto la endo
sure de los campos abiertos contribuyó a la revolución en
las técnicas agrícolas. «Es significativo —escribe Ashton— que casi todos los perfeccionamientos de la técnica agríco la de que se tiene noticia se realizasen en terrenos ya cerca dos o en proceso de cercamiento.» 10 Es indudable que la
endosure amplió el área de la tierra productiva en Inglate
rra, aunque esa ampliación no se mantuvo plenamente des pués de la crisis agrícola que siguió a Waterloo. Cuando la presión en demanda de alimentos alcanzó su punto culminan te, sobre todo en los períodos de hambre de las guerras na poleónicas, hubo una tendencia a poner en cultivo las tierras yermas y las comunes y se sembró trigo en tierras margi nales que nunca habrían producido grano de regir los pre cios normales de tiempo de paz. Se ha calculado que entre 1727 y 1760, cuando los precios de los cereales eran general mente bajos, se cercaron por disposiciones del Parlamento menos de 75.000 acres de pastos y de yermos comunales; entre 1761 y 1792, la cifra se acercó al medio millón de acres (unos 478.000); después de las guerras francesas y napoleó nicas, se elevó a más de un millón; y en el período 1816-1845 volvió a caer por debajo de los 200.000 acres.11 Esta sustan
cial contribución a los recursos agrarios del país fue uno ile los elementos más importantes para explicar su capacidad de alimentar una población en rápido crecimiento (aunque con una dieta media inferior) y unos centros industriales en