El poner las manos sobre el cuerpo para curar los dolores no es algo acerca de lo que los seres humanos hayan meditado; es un método instintivo de tratamiento.
En el pasado y en el presente, en el Este y el Oeste, las personas se han presionado un diente que les dolía con su mano y se han apretado el estómago cuando les dolía. No se trata de presionar el cuerpo porque uno crea que le va a curar; es tan sólo un acto reflejo. La acción de poner las manos sobre el cuerpo a fin de curar una dolencia probablemente comenzó hace millones de años, cuando el primer hombre comenzó a caminar erecto y empezó a usar sus manos.
Sin embargo, los hombres comenzaron a emplear paulatinamente sus cerebros en el día a día y, a causa de su modo de vida deterioraron su estado salvaje original; esta capacidad empezó a crecer débilmente y, siguiendo el ejemplo de los perros y los ciervos, aprendieron a masticar cortezas y a chupar las raíces de las plantas y así aprendieron a tratarse con sustancias medicinales; y, siguiendo el ejemplo de pájaros y osos, comenzaron a tomar baños termales. Estos hallazgos evolucionaron hacia los sistemas de salud que tenemos hoy día, pero el método instintivo natural de tratamiento del hombre siguió siendo el poner las manos sobre el cuerpo. Incluso hoy día la gente hace esto inconscientemente. Pero suponemos que las medicinas curativas buenas para los seres humanos se pueden encontrar en montañas deshabitadas o bajo terrenos ocultos, y que las medicinas que curan a los japoneses provienen de factorías alemanas; de hecho, la única razón de esta situación es que hemos olvidado que vivimos gracias a nuestra propia fuerza vital.
El hombre tiene en sí mismo las medicinas que necesita para que le ayuden. La adrenalina y la insulina no son sino sustitutos de las sustancias segregadas por el cuerpo. Pero antes de ofrecerle ayuda al cuerpo e intentar compensar sus deficiencias, debemos decirle que produzca las sustancias que son necesarias. No importa la habilidad que tenga una persona para protegerse contra las cosas del exterior, no se puede decir que es fuerte a menos que se fortalezca a través de su propia energía vital. Uno solamente es fuerte cuando toda su fuerza está en su plenitud y cuando su cuerpo se mantiene bien gracias a su energía vital.
De modo que en la época actual debemos reexaminar y hacer uso pleno del hecho de poner las manos sobre el cuerpo para hacer que surjan las fuerzas que poseen las personas, de forma que se vuelvan fuertes. Esta es la única razón por la que yo enseño a hacer yuki. Es un error pensar en el yuki como un método que surge, por así decir, en los intersticios de los diferentes tipos de tratamientos médicos existentes. Tan sólo el yuki es original en el ser humano.
Lo mejor es que los seres humanos se vuelvan fuertes por sí mismos. Es más sabio que las personas intenten llevar sus energías al máximo de su potencial en vez de ir de acá para allá intentando escapar de gérmenes o sustancias nocivas. El mantener la salud debe significar ampliar el rango vital; algo que implica la proliferación de “se puede” y “no se puede” y que limita el rango vital del hombre no es absoluto una forma de mantener la salud.
Hay personas que intentar estar sanas haciendo, por así decir, las cosas cautelosamente entre las hendiduras del universo, pero el único modo genuino de estar saludable es vivir exuberantemente. El cielo azul es bello, un estómago lleno se siente bien. Pensar que estas cosas son alarmantes y que deben evitarse es totalmente opuesto a estar sano.
Debemos pensar en mantener la salud tan solo en términos de vivir exuberantemente y con plenitud. Aunque podamos sufrir en ciertas épocas, y aunque podamos sentir dolor, debemos tener en mente y estar totalmente resueltos de volvernos absolutamente fuertes de forma que surja la auténtica salud y, de este modo, que podamos vivir la vida con plenitud. Debemos cambiar la orientación de los métodos sentimentales que principalmente buscan aliviar el sufrimiento presente.
Las personas que vayan a hacer uso del yuki no deberán emplearlo como un sustituto de las medicinas. Tan sólo debe emplearse para conseguir que las personas se vuelvan genuinamente fuertes.
Las instituciones y sistemas que tenemos hoy día en el mundo están muy lejos, con sus complicaciones y planes, de dejarnos vivir de un modo vigoroso. Querámoslo o no, estamos atados por montones de “esto se debe” y “esto no se debe”. Debemos restituir la salud y el vigor a las personas que han sido aplastadas por el peso de las instituciones y los sistemas y que por ello han crecido débiles. El yuki debe emplearse con este único fin.
Echamos la culpa a los gérmenes de la tuberculosis o de la neumonía. Pero debemos corregir el pensamiento que echa la culpa a las personas por haberse vuelto débiles, enfermas o cualquier cosa similar. Debemos reconocer que caemos enfermos porque somos débiles y que los gérmenes nos recuerdan que nos hemos vuelto descuidados; debemos admitir con franqueza que tenemos la culpa y considerar a los gérmenes como meros indicadores. Debemos tomar esto como un punto de partida de nuestra vida.
Hay parte de verdad en el concepto indio del prajñâ y en la teoría de Gurvich sobre los rayos mitogénicos, pero no explican la totalidad. Es cierto que el yuki se hace por medio de cierto tipo de sentimiento de complementariedad y respuesta, pero es un fenómeno tan recóndito que es difícil de encajar en las definiciones científicas que han sido propuestas por ahora. La teoría de los reflejos medulares de Abraham es también valiosa en términos de comprensión física del yuki pero no da una explicación completa. De modo similar, las teorías que subyacen en las prácticas quiroprácticas de Palmer y la osteopatía de Steel son de interés. Pero uno no puede negar que se incluyen algunos factores de naturaleza más física. En el momento presente no podemos decir más que el yuki es un modo de estimular la habilidad natural de curación que emplea la sensibilidad de los seres humanos.
La primera cuestión en el uso práctico del yuki surge en el modo de incrementar la sensibilidad. La siguiente es cómo hacer uso de esta sensibilidad en el modo deseado. Cuando se trata de sistematizar dentro del seitai sôhô (tratamiento seitai) este método instintivo y físico de curación que consiste en poner las manos sobre el cuerpo, los factores físicos y fisiológicos se vuelven más importantes. En particular, uno no puede separar la cuestión de la sensibilidad del modo en que una persona piensa o siente.
HACER YUKI
Ante todo es importante practicar, todos los días, la concentración del ki en las palmas de las manos poniendo para ello las manos juntas y visualizando que se respira por ellas; profundizando la respiración gradualmente de forma que la respiración llegue y surja de la parte baja de la columna vertebral.
Cuando se hace yuki a alguien, hay que poner las manos sobre la persona transmitiéndola
ki. El ki transmitido no debe ser fuerte ni violento sino que debe ser tranquilo. El yuki no se
hace para curar enfermedades, sino que hace que el cuerpo que lo recibe se vuelve tal que la enfermedad se cura por sí sola de forma natural. Por ello apenas es necesario decir que en vez de poner las manos en las zonas afectadas, deben ser colocadas en aquellas zonas que son necesarias e importantes para la vigorización del cuerpo. Lo que hace el yuki es permitir al cuerpo que use su propia energía para que pueda habérselas con las enfermedades. Por eso, al hacer yuki, uno no necesita ninguna de esas técnicas diseñadas para dar caza a los gérmenes. Cuanto mejor sea nuestro yuki, más simple nos será habérnoslas con las enfermedades.
Cuando se emplea el yuki, pasar una enfermedad quiere decir que el cuerpo sale de la misma más fuerte que antes de caer enfermo. Así que lo que parece ser distintivo del yuki es que uno obtiene un nuevo cuerpo más fuerte tras cada enfermedad.
No es la enfermedad algo a lo que haya que tener miedo; renueva el cuerpo y lo hace más fuerte, más aún, es una válvula de seguridad para vivir. Por eso no debemos gastar nuestra vida odiando las enfermedades o librando trifulcas contra los gérmenes. Los seres humanos han aprendido a capturar osos y a usar las vacas; debemos ser capaces de aplicar nuestra sabiduría con las enfermedades.
Hacer yuki implica, primero, calmar nuestra mente y respirar de modo que el ki se vuelva puro. Luego hay que respirar profundamente a través de la base de nuestra columna vertebral hacia la parte baja del estómago y mantener la respiración de modo que el ki se concentre por entero allí.
Después respire a través de los dedos. Cuando sienta el ki fluir a través de las palmas de las manos o por los dedos, ponga las palmas o los dedos sobre la parte del cuerpo del receptor donde sea necesario hacer yuki y transmita el ki con profundidad a su cuerpo. Una parte importante donde hacer yuki es en la cabeza. También lo es sobre el estómago. Pero no es estas zonas en particular donde se debe aplicar el yuki. Uno hace el yuki sobre el ki del receptor. Al hacer yuki conviene que el donante ajuste su respiración con la del receptor en el momento de poner las manos sobre él, haciendo el donante yuki durante la espiración. Tras ese primer momento ya no es necesario que ambas respiraciones vayan al unísono. Si el donante respira tranquila y profundamente las respiraciones se ajustarán por sí solas de forma natural. No es necesario hacer nada para ajustar la respiración del receptor. Si la respiración del donante es tranquila y profunda también se volverá así la del receptor. La esencia del seitai sôhô es el yuki y la sensación de respuesta de la que ya hablé anteriormente. No hay otro modo de comprender el ki y sus diferentes aspectos más que a través de la experiencia directa. Puedo intentar hacerles comprender el ki pero, como dice el antiguo proverbio, es como pintar un dragón sin ponerle los ojos. No hay otro modo de comprensión del ki más que el conocimiento que surge de trabajar con él. Esto es lo que hace el yuki.
Cuando alguien que está entrenado en hacer yuki toca algún punto anormal en el cuerpo de otra persona con su palma, puede sentir en la misma algo similar a un hormigueo en la palma, o como una ligera sensación de aire frío; o también una sensación de calor o similar. Además de estas sensaciones, puede tener otra distinta que se asemeje a un entumecimiento, pero que no es ninguna de estas cosas. El receptor, por su parte, también puede tener una sensación de picazón o de pequeños pinchazos o una extraña sensación de calor, pero algunas cosas son ciertas y no apariencias: se puede observar claramente como se expande la arteria carótida y su respiración se vuelve calmada y profunda. El cuerpo se relaja y la persona empieza a sentirse adormilada.
La conciencia de una sensación y una respuesta, en la palma de la mano de la persona que hace yuki, desaparecerá tras un rato y ya no tendrá ninguna sensación en especial; cuando esto suceda la persona que hace yuki deberá retirar sus manos de la zona. Cuando se ponen las palmas de las manos sobre el cuerpo de otra persona para hacerle yuki, no deben quitarse de la zona hasta que la conciencia de la sensación y respuesta han desaparecido.
El primer efecto de hacer yuki es el de provocar una respuesta en el cuerpo del receptor. Las reacciones subsiguientes son las mismas que las que provoca el katsugen undô, esto es: 1) relajación; 2) hipersensibilidad; 3) evacuación.